“Crece”

“Crece”

Lucas 13, 18-21 

En aquel tiempo, Jesús decía: ¿A qué se parece el reino de Dios ? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas. Y añadió: ¿A qué compararé el Reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta. 

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Cuántas veces hemos pasado por desapercibido todo el potencial que tiene una semilla, y es que de la misma manera, aunque no sean semillas lo que manejamos en la vida, los efectos de nuestros actos coinciden en el mismo esquema, crecen. 

Parece que no pasa nada cuando hacemos nuestro un mal pensamiento y lo alojamos en el corazón por más pequeño que sea, olvidando que una vez depositado no se queda inerte, éste crece. Lo malo es cuando ya lo hacemos nuestro, rompiendo así la primera barrera de la permisión, para posteriormente romper sin problema ni restricción mental la que sigue, de manera imperceptible a nuestra conciencia y así la que le continúa sucesivamente.

Porque lo que permitamos asintiendo en nuestro ser, ya sea lo bueno, ya sea lo malo, éste como efecto inmediato será el crecimiento, de tal manera que si permitimos sembrar el pecado en nuestra vida, sin saber cómo crecerá y nos será tan ordinario como cualquier otro acto.

Por el contrario si sembramos obras buenas, principios y valores, éstos en su momento de igual manera crecerán, como el mismo Reino de los cielos, ya que el bien tiene ese potencial y más cuando Dios sabiendo que se ha sembrado en nosotros con mayor intención lo hace crecer.

Nos toca poco a por ir sembrando esas semillas de bien, y el resto lo realiza el Señor porque Él es quien las hace crecer permaneciendo a su lado.