“Corregirnos, es de sabios y santos”

“Corregirnos, es de sabios y santos”

Lucas 19, 1-10 

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: —«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» É1 bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: —«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: —«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó: —«Hoy ha sido la salvación de esta casa, también éste es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.» 

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Hoy en nuestros días vivimos pensando que las consecuencias de nuestros actos no afectan a nadie, seguimos haciendo el bien, pero también el mal, estableciéndolo como lo más ordinario y natural, a tal grado de molestarnos si somos corregidos ya que nos aferramos a mantenernos indiferente.

El cambio de vida o actitud ante un mundo ensoberbecido resulta intolerante, cualquier sugerencia de corrección se toma como un ataque a la propia persona o un insulto, olvidando que encapsularnos en nuestros propios ritos, mitos, e ideas fantasiosas, tanto como en pecados cíclicos, dan un cierto efecto de estabilidad y satisfacción, pero enceguecen el mayor bien futuro que podríamos hacer. 

Es por ello que las mismas Sagradas Escrituras proponen de la manera más atenta, el reconocer la situación errónea de vida que podríamos estar viviendo, para salir de ella y migrar a un estado mejor de estabilidad, paz e incluso de gracia de Dios.

Ya lo dice el dicho atribuido al filósofo Inmanuel Kant, “Es de sabios cambiar de opinión”, aunque su tendencia sea racionalista e idealista, en el fondo esa frase sigue el mismo esquema de la Salvación, ya que precisamente lo que Dios quiere es un cambio de vida como ocurrió con el mismo Zaqueo, quien el contacto personal con el Señor Jesús, transforma su vida, corrigiendo lo que mal hacía. 

Lo mismo nos invita el Señor, a sabia y prudentemente saber cambiar a un estado mayor de gracia y de santidad, extirpando todo cuando pueda limitarnos incluso a vivir en sana libertad nuestra propia vida.

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