“Sin la fe…”

“Sin la fe…”

Lucas 17, 1-6 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «lo siento» , lo perdonarás. Los apóstoles le pidieron al Señor: Auméntanos la fe. El Señor contestó: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a ese árbol: «Arráncate de raíz y plántate en el mar» , y os obedecería. 

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Pareciese que la fe es una opción a elegir o descartar en cualquier momento, y que depende del estado de ánimo o necesidad urgente que nos acontezca, por lo que se desconocen todos aquellos dones que complementa en nuestra vida.

Sin la fe, es muy probable que caigas en la desesperanza ante todo lo que acontece, la tristeza deja de ser pasajera para echar raíces hasta enfermar a la persona en depresión; la confianza se ve mermada y se manifiesta dudosa en toda relación personal, y ante tal cuadro la caridad es imposible de realizarse, tornando a la persona en un egocentrismo del que parece imposible salir sin ayuda ajena y ante la cual se le rechaza.

Sin la fe, es muy probable que no puedas perdonar, porque el dolor invade profundamente los miedos y las debilidades de las que adolecemos, las cuales sin la virtud se refuerzan negativamente.

Sin la fe, utilizamos el recurso del escándalo, porque no tenemos la paz necesaria para manejar las situaciones que nos rebasan, por ello hacemos los problemas más grandes e involucramos a los demás, ya que solos nos es imposible arreglarlos.

Sin la fe, no podemos abrirnos al Don del Espíritu Santo que ilumina nuestras vidas y nos hace comprender la profundidad de su palabra.

Por ello, sin la fe, desatamos como vida ordinaria un infierno al que llamamos vida personal y privada, que deseamos imponer a los demás. Conviene tener un poquito de fe, porque con ella, nada se te traba, a tal grado como dice el evangelio de pedir a un árbol que se arranque de raíz y que se plante en el mar, parece absurdo pero hasta allá puede llegar.

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