“Todo lo que hacen dos monedas”

“Todo lo que hacen dos monedas”

Lucas: 21, 1-4

En aquel tiempo, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en las alcancías del templo. Vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos moneditas, y dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos. Porque éstos dan a Dios de lo que les sobra; pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir”.

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En éste mundo las escalas de valores son tan inestables que varían según la necesidad pero también según la conveniencia, de tal manera que un día amanecemos con los productos básicos en un valor, para al siguiente cambiarlos y darle una exagerada estima a un metal o a un líquido como lo pueden ser los energéticos. 

Vivimos en un vaivén de inestabilidad que se ve reflejado aún en nuestra propia personalidad, y de hecho lo tomamos como lo común actualmente entre los mortales. Sin embargo hay escalas que nunca varían pero que a su vez no se valoran en la misma intensidad. 

Entre las mismas encontramos aquellos valores que nunca cambian como lo son los espirituales, ya que no son mensurables con las escalas humanas, sino con las divinas aunque algo nos damos cuenta del valor de ello.

La cuestión radica en que un hecho o actitud realizada, refleja los dos mundos tanto el material como el espiritual con muy diferentes apreciaciones y consecuencias. El ejemplo claro es la mujer viuda y pobre, que el hecho de echar dos monedas de poco valor al cepo de las ofrendas, desatará una serie de controversias según el mundo que lo analice.

Para el mundo financiero, ciertamente la juzgará de totalmente inservible su obra, porque dos monedas de poco valor, no cotizan en la bolsa, aunque sí cuentan las mismas en el caso de que falten para completar un billón de dólares, pero aisladas e indiferentes resultan infructuosas porque en el mundo de los millones, despegadas de una gran cuenta no califican, al contrario de ser el sobrante de miles son la base que inician el siguiente millón por lo que nunca son descartables.

Por el contrario, dos monedas en el plano de la fe, resultan en la manifestación de una confianza total en Dios, de una fe que sabe que aunque le falten no quedará desprotegida, de que su vida y felicidad no dependen de ellas, son totalmente accesorias y no son indispensables para que el corazón le deje de funcionar. Hablan de una donación total y de un conocimiento en la esperanza de la providencia divina que nunca falla.

Hasta allá llegan las dos moneditas, así que ya sabes, con ellas puedes invertir en tu primer millón y desvivirte por ello, o usarlas sabiamente, conociendo que sin ellas, sigues siendo el mismo y el renombre, como su nombre lo indica es un RE-nombre que no deja de ser accesorio y totalmente inútil porque así como llega, así se va, en cambio tu vida es la que realmente vale, no lo que tienes.

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