“El Reino que no vemos”

“El Reino que no vemos”

Marcos: 8, 34-9,1

En aquel tiempo, Jesús llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie así mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta gente, idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre, entre los santos ángeles”.

Y añadió: “Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su poder”.

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Es muy común vivir hoy en día estresados y cansados, con una visión ciertamente no tan optimista del mundo, sobre todo porque la tónica suele marcarla nuestra actitud disminuida y con perfil bajo, por la saturación de lo que el mundo nos presenta y que no podemos ser. 

Es entonces cuando se nos invita a alzar la mirada a lo alto, hacia Dios que nos ha regalado una vida llena de dones y gracias, aquellas que sabiéndolas conjugar con los valores que el Señor Jesús nos ha otorgado al hacer presente el Reino de los Cielos entre nosotros, podemos potenciar y vivir con todas las herramientas y dones espirituales para vivir en felicidad sin depender de lo que el mundo maneja aún viviendo en el mundo.

Pero precisamente hay toda una campaña para hacernos notar tan sólo lo malo del mundo y lo bueno pero comprado; que no alcanzamos a ver el Reino, y es que la promesa está hecha y cumplida, verlo, pero no desde fuera sino desde nuestro ser hacia afuera.

No es un reino fantasma ni fantasioso, ni está en la otra vida tan sólo, se nos participa desde la eternidad para hacer nuestra vida ya desde este mundo feliz y en camino de constante perfección. 

Ya depende de nosotros si lo deseamos tomar y hacerlo nuestro o verlo presente en esta vida, porque ya ha llegado con todo su poder, e inicia conociendo y amando al autor, a Dios y a su Hijo Jesucristo, y el resto se nos dará por añadidura sin exagerar ni fanatizarnos, sino en la vida real, en el aquí y el ahora. Ama y lo empezarás a ver con un corazón bien intencionado.

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