“Un alimento único y original”

“Un alimento único y original”

Juan: 6, 52-59

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.
Esto lo dijo Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.

____________________

Dentro de toda la historia de la salvación, nos hemos encontrado con el hecho tan importante que es el alimentarnos para tener vida, Dios lo ha ido perfilando desde antiguo para plenificarlo en su momento con el envío de su único Hijo, quien llevará su labor hacia las más altas concepciones de la redención y donde se quedará posteriormente de que hayamos sido liberados del pecado, en la misma eucaristía.

No es fácil cambiar un concepto tan básico, pero haciendo el recuento del proyecto de Dios, es totalmente factible y no hay por que rechazarlo.

Desde las narraciones de la misma creación, se nos informa que lo que le ofrecían a Dios en gratitud son alimentos agrícolas y ganaderos, cosa buena y acepta de parte de Dios al ver el agradecimiento de aquellos que ama.

Sin embargo no basta esa acción, hay que llevarla al cúlmen de la acción de gracias, por lo que fue necesario enviar a aquél que pagará el precio del pecado y quien una vez liberados se nos dará como alimento para a través de esa comunión con el Señor, llevar nuestras vidas de retorno a la gracia y santidad que se había planeado desde el principio.

Es necesario reconocer ese alimento que nos da la vida eterna, y la manera de obtenerla, que habla de una generosidad y donación total, y que es para quien desee libremente recibirlo, sin aspavientos, ni rechazos donde el pecado desea seguir minando nuestras vidas y permanecer donde no pertenece, es decir a tu vida.

“Procede de Dios”

“Procede de Dios”

Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.

Y yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios».

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.

No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

——————————————

Las cosas tienen un camino de vida lógico y comprensible, asimilable en nuestro esquema de pensamiento, que no porque algo entendamos, pensemos que lo conocemos todo. Hay cosas que tienen su consecuencia necesaria, y todo lo que hacemos lleva a algún fin o intención.

Estas acciones en nuestra vida las podemos inclusive programar como una meta a llegar, como puede ser comprar un auto, ir a un viaje, planear los estudios, entre otras mil, desde la menor hasta la mayor escala según nuestras posibilidades. 

Mas sin embargo podríamos decir que todas ellas son en su mayoría generadas o proceden de nuestra dedicación y trabajo, son muy nuestras, con la diferencia que de igual manera tienen una caducidad y pasan.

Sin embargo, el Señor Jesús nos comparte algo que ciertamente no es algo que sea muy nuestro, pero que sí es para nosotros, y es que sabiéndonos capaces de hacer y deshacer lo que se nos ocurra, pues entonces nos regala un complemento en el ámbito espiritual que no es ajeno a nosotros.

Nos invita a alimentarnos del Pan de vida eterna, aquél que no podemos nosotros fabricar aunque los frutos de la tierra nos den para ello, porque no procede de nosotros, procede de Dios, aquel que solamente Él es capaz de dar porque de nadie mas puede emanar, aquel que se nos da hoy en día en la Eucaristía, y del que el sacerdote, como instrumento de la gracia de Dios, lo hace no en nombre propio, ni de su propio poder porque no lo tiene, sino en nombre de Jesucristo, quien hace presente su cuerpo y su sangre sacramentada en el mismo altar, como un milagro que se renueva día a día.

Hay que alimentarnos de eso que sólo Dios da, del Pan de Vida, porque es para ti y porque complementa perfectamente tu vida y la eleva al rango divino, a hacernos uno con Él sin perder ni su individualidad ni la nuestra. 

“Sin rechazos”

“Sin rechazos”

Juan 6, 35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

————————————

Uno de los temores que nos afectan más en la vida, es el rechazo, es decir, la aceptación es una cualidad que estabiliza a la persona y le da seguridad, pero cuando vienen los rechazos inclusive desde el vientre materno, marcan toda la vida con una actitud de felicidad incompleta, que se pretende saciar con satisfactores que nunca lo logran complementar.

Esos mismos temores con los que nos hacen erróneamente creer que Dios nos rechazará por nuestras faltas y pecados, más sin embargo olvidamos que el pecado no es algo que le afecte a Dios, sino todo lo contrario, nosotros somos los dañados y los que nos auto excluimos, tachando a Dios de falto de misericordia, pero esos somos nosotros.

En lo absoluto Dios no puede rechazar a sus propios hijos, a su propia creación, rechaza el pecado pero no a la persona. Debemos acercarnos a Él sin miedos ni temores porque no lo ameritan, de suyo remarca que a nadie lo echará fuera, porque no es su decisión, sino la voluntad del Padre y la respeta, no la toma ni abusa de ella.

Ante esta plataforma de caridad, aunque seamos los peores pecadores, su perdón es mucho más grande, falta que nos convenzamos de ello, ya que sin dicha afirmación, la sanción espiritual es nula. 

Si el mundo, tus amigos, tu familia, hasta tu propia madre te rechaza, Dios no lo hará jamás, pero no te hagas reo digno de ser rechazado por tu falta de amor, la oportunidad siempre está presente en ésta vida, para así llegar a la eterna. Sin rechazos de ninguna parte.

"No fue Moisés…"

“No fue Moisés…”

Juan: 6, 30-35

En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué señal vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”.

Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”.

Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

____________________

El mundo está plagado de personas que usurpan identidades, pensamientos, obras, acciones, y hasta títulos. Somos el conjunto de una experiencia común humana y de sabiduría que lleva milenios, aún así nos creemos tan únicos y originales que hasta a las frases más gastadas y comunes de la sabiduría tanto humana como Divina les ponemos nombres y apellidos.

Los inventos son el producto de un todo que al final coincide en una persona que se atribuye el título depuesto de que otros tantos lo han perfeccionado hasta que alguien lo usurpa como propio y original.

Al final no deja de ser una participación de la sabiduría divina que se pone en práctica y al servicio de los demás. Es por ello que el mismo Jesús remarca que la obra de la salvación no es de Moisés, ciertamente tuvo su participación, pero no es ni el actor ni el ejecutor de la misma obra que es participada de Dios.

Jesús es quien con toda la sencillez del mundo y con toda verdad pone las cosas tan claras como son, y da el crédito a quien lo merece, por lo que no debemos de creer en eso protagonistas que usurpan todo para sentirse que valen algo, cuando en realidad todo proviene de alguien más y que no deja de ser una bendición, pero no hay que atribuir la gracia como a Moisés, cuando en realidad es participada de Dios.

“¿Qué hay que hacer?”

“¿Qué hay que hacer?”

Juan 6, 22-29

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio, donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: –«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó: –«Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron: –«Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»

Respondió Jesús: –«La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

———————————————————-

El permitirnos dejar guiarnos por algo o alguien, se refiere a una confianza depositada totalmente ante aquello que decidimos seguir. Nuestra voluntad desaparece para asirnos a la del guía, y muchas de las veces habrá que analizar realmente en quién está depositada.

Es un hecho que en los momentos más cansados de alguna situación adversa, se busca un descanso y una palabra de aliento, pero curiosamente parece que dejamos de pensar de manera autónoma para exigir soluciones prefabricadas y hasta casi mágicas como si fuera una fórmula y así no procede la sabiduría de Dios.

Es muy claro el conjunto de signos y parábolas de Jesús, donde claramente marcan un libre camino de obras y actitudes que hablan del seguimiento del Señor, pero como que se nos dificulta asimilarlos y, aunque sean evidentes, preguntamos a manera de justificación ¿qué obras tenemos que hacer…? Necesitamos que nos digan exactamente con peras y manzanas para entender, y qué pena que sea así, porque implica una voluntad perezosa que en vez de ser responsable de sus actos, pretende seguir lo que le digan otros, estratégicamente para al no cumplirlos, echar culpas. 

Se acaban las iniciativas y vienen los tiempos de la espera del mandato para poder hacer algo, cuando el camino es claro.  Pues para empezar, hay que creer en Jesús y pedir sus dones para ser libres y no depender ni del qué dirán, ni del qué tengo que hacer, sino hacerlo y ya. Porque capacidad tenemos para ello y más, falta que la utilicemos com tal.

"Explicó los pasajes"

Explicó los pasajes”

Lucas: 24,13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?” Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” Él les preguntó: “¿Qué cosa?”. Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.

Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.

Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”.

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

______________________

Cuánta necesidad tenemos de obtener conocimientos, de tener la oportunidad de adquirirlos y por otro lado de poder asimilarlos, ya que no cualquier persona tiene acceso a ellos de manera oficial, y aunque hoy en día se dice que la educación es gratuita, la calidad y manipulación de la misma no da para mucho.

Se ha creado una conciencia de que es mejor por la situación que cada persona vive, quedarse navegando en en el analfabetismo, cuando en realidad si la persona lo desea puede salir de dicha situación. 

De hecho existen por doquier lugares de profundización del conocimiento en todos los aspectos y materias de manera gratuita, pero aun así no los aprovechamos. Y claro que eso redunda en nuestra vida.

Esa necesidad de conocer, es la que nos hace equivocarnos y sufrir, porque ya no tenemos esa ciencia infusa que se nos había participado desde los orígenes de la creación adjunta a la santidad y gracia divina, pero junto con el pecado se han perdido.

Ahora hay que aprender, y quien tiene el conocimiento lo usa para manipular y limitarlo a los demás, para nada se asemeja eso al plan De Dios.

Sin embargo Jesús, restaurando la gracia, a su vez da a conocer y a explicar ese conocimiento a veces perdido, olvidado o no bien entendido sobre el plan de Dios expuesto desde antiguo en las Sagradas Escrituras.

Su plan es dar a conocer la verdad y restaurarla desde la gracia. Por ello dejemos que la verdad sea la que se nos descubra y la hagamos nuestra, ya que complementa aquello que habíamos pedido, y que en realidad necesitamos para cambiar y caminar en nuestra vida por el verdadero plan y, no por el que nos presentan para beneficio de otros. Es por ello que Jesús también nos explicó esos pasajes, para darnos a conocer lo que de suyo desconocíamos. 

“…Se iban encrespado”

“…Se iban encrespado”

Juan: 6, 16-2

Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.

Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no tengan miedo”. Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.

___________________________

Cuántos cuidados no deja de tener el Señor para con nosotros, que en todo está al pendiente de cuanto necesitamos y a su vez de aquello que puede afectarnos. 

Los que no dejan de llegar, son esos vientos que no sabemos de dónde vienen, ni a dónde van, aquellos que vienen llenos de odios, rencores, murmuraciones, entre otras cosas demás, vientos que inician como suave brisa, pero que enganchados a los miedos, y todas las debilidades así como vacíos, mientras más lo permitimos, más fuertes se van haciendo y cada vez más van encrespando las aguas hasta perder el control. 

Por ello el Señor Jesús nos exhorta a no tener miedo, a enfrentarlos como roca firme asentada y fuerte, que por más que se vayan encrespado las olas por esos vientos, que se sueltan para hacernos naufragar, sabiendo que el es el Señor quien está cerca de nosotros quien nos da esa fortaleza y seguridad para seguir adelante.  

Es por ello de vital importancia que no permitamos, ni alimentemos los vientos violentos, aquellos que impactan a los demás, y que los hacen claudicar, para que en vez de encresparse, los calmemos.

"Objetivo claro: la vida"

“Objetivo claro: la vida”

Juan: 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto las señales milagrosas que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?” Le hizo esta pregunta para ponerlo aprueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?” Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”. En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.


Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien”. Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.


Entonces la gente, al ver la señal milagrosa que Jesús había hecho, decía: “Este es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, Él solo.

________________________

No cabe duda que nuestra Santa Madre Iglesia, propone y provee en este tiempo de gracia de la pascua, los recursos que el Señor Jesús transmitió a sus discípulos, enfatizando la misión encomendada que jamás desvía, porque el pueblo en sus múltiples necesidades, solicita aquello que según el momento histórico requiera.

Su objetivo claro es restaurar la vida, pero no solamente la vida biológica, sino la vida plena que incluye nuestro espíritu, situación de la que hay hacer conciencia, cuando lo inmanente parece ser lo único que importa por los requerimientos de las necesidades físico – biológicas.

Es evidente el dolor de las situaciones sociales y morales que en su momento evocan a una solución de intervención divina, y se le busca a Jesús para sanar todas estas realidades que aquejan a todo ser humano. 

Un aspecto realmente de necesidad se ve reflejado cuando a Jesús lo quieren proclamar rey, precisamente porque sació una necesidad y les dio alimento, encontrando la gente una zona de confort que atañe a una necesidad, pero manifestando que salta hasta el extremo de la comodidad y la flojera. 

Jesús no se deja impactar, aún sabiendo que en esa área puede hacer mucho bien, no se engancha en el ego de ser un héroe alimenticio con los vítores del pueblo que le adula. Sigue adelante, su objetivo es claro, la vida eterna es la meta.

De igual manera no dejemos que pequeños triunfos opaquen el verdadero sentido de la vida, sino que sigamos caminando para que las ambiciones materiales, que se pueden con toda dignidad obtener, o de igual manera atarnos a personas e ideologías que no permiten que lleguemos a la meta deseada y obtenida por Jesús en el plan del Padre Misericordioso, es decir, la vida eterna.

“¿Hasta dónde conocemos?”

“¿Hasta dónde conocemos?”

Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

—————————————-

Escuchamos en el evangelio que aquel que viene de lo alto está por encima de todos, pero no se trata de una superioridad en contraposición con una inferioridad del resto, sino que en realidad, se refiere a que ese lugar que ocupa lo es en virtud precisamente de la responsabilidad que conlleva, ya que mientras más alto esté, más responsabilidad tiene de aquellos que están desproveídos sin esa conciencia total de sus deberes y su propio ser.

Es su responsabilidad hacerlos crecer en ese estado de conciencia y también de conocimiento para que no queden limitados a su propia capacidad, sino que tienen la virtud de conocer cada vez más y ser cada vez más. 

Pero nos da miedo conocer porque sabemos que seremos más responsables de nosotros mismos y de los demás, por ello preferimos no adentrarnos en los misterios de Dios ni tampoco en el de los otros cercanos a nosotros. 

Ese que viene de lo alto, lo ve todo, aquello que no vemos porque no estamos ahí, pero que podemos hacerlo si lo decidimos. De aquí la importancia del “Testimonio”, que no solo habla, sino que comparte vivencialmente aquello que no conocemos.

Vale la pena conocer cada vez más, y más aún los misterios de Dios, los cuales dejan de ser misterio, porque no lo son, sino que son revelados generosamente, pero que seguirán siendo insondables para los que no los quieren conocer. Anímate, que la gracia va acompañada con ello.

“Causas evitables”

“Causas evitables”

Juan: 3, 16-21 

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

______________________

Suena duro el decir que precisamente la causa de la condenación es precisamente conocerlo y no creer en Él, porque más que nunca hoy en día, resulta muy fácil hacer llegar el mensaje de Jesús, por todos los medios accesibles e inmediatos para facilitar el comunicado, que hasta de manera gratuita se aprovecha.

Entonces resulta mucho peor la causa condenativa, ya que el desperdicio de tiempos y oportunidades destaca en negligencia, ya que pudiendo emplear esos medios para la difusión de el mensaje evangélico, lo utilizamos exactamente para lo contrario, es decir, para hacer nuestro el mal, así como los antivalores y propagarlos de manera ya natural y ordinaria.

Pensamos que los destinos ya están asignados, por ello se recurre a la adivinación, que solicita tantas explicaciones ante el miedo al futuro y a la seguridad de estar cerca de Dios porque compromete.

Olvidamos que todas esas causas no son inevitables, la condenación es totalmente reversible y opcional, siempre Dios otorga la oportunidad de retroceder al pecado y avanzar en la gracia y santidad. La misma condenación no es un designio decidido por un poder divino y superior, sino que resulta de la propia elección de vida que deseemos vivir.

Por ello toda causa de condenación es evitable, y no basta tan sólo una vida espiritual, sino una vida espiritual pero llena de gracia, fortalecida y alimentada por los sacramentos, la Palabra de Dios, la oración y las obras permanentes en una actitud de caridad para con todos.