“Asalariados interesados”

“Asalariados interesados”

Juan: 10, 11-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre”.

____________________

Queda muy clara la intención de Jesús cuando revela precisamente que no desea obtener un beneficio de aquellos que le han sido encomendados, todo en Él es una completa donación, todo generosidad, un amor no asfixiante, ni codependiente, sino dado en plenitud hasta el extremo donde no se puede amar más porque se ha dado todo.

El mayor interés al que llega Jesús, es el que no nos perdamos, solicitando tan sólo una respuesta en el mismo aspecto por el que obra, es decir el amor.

No viene asalariado, ya que entonces el interés del trabajo sería por la remuneración económica y el cuidado de las ovejas pasaría a un segundo término.

Es más que claro la evidencia que se nos da, donde la misma encarnación del Hijo de Dios, de suyo es ya un acto de amor por nosotros, al despojarse de su dignidad divina, para revestirse de la nuestra.

Un asalariado busca su propio bien, su propio interés, el del Señor es todo lo contrario, por ello ante un mundo donde todo se compra y se vende, pareciera que lo gratuito no tiene valor, cuando en realidad no tiene un precio alcanzable, a tal grado que mejor se otorga como un don.

Hasta allá llega su confianza y su obra por nosotros, para saber valorar esos valores que no alcanzamos a percibir de tan grandes que son, pero que se nos dan para aprender a evaluar eso que no tiene precio y lo apreciemos como tal.