“El miedo de la verdad”

“El miedo de la verdad”

Juan: 10, 22-30

Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón.

Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente”.

Jesús les respondió: “Ya se lo he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y Él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.

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La verdad en sí misma, conlleva una serie de valores y satisfactores que sacian nuestra propia inteligencia, aquella que queda clara cuando se adecua la realidad con la verdad, formando un todo comprensible.

¿Pero qué pasa cuando empezamos a dar cabida a la mentira?, la confianza se deposita en ideales no reales que convertimos en esperanzas que por cierto nunca llegan porque son inexistentes. 

Entonces la verdad da miedo, no porque sea violenta, de hecho vivir en la verdad es lo más sano, pero a quienes viven en sus propias mentiras ideales, institucionales o personales, buscan a toda costa que las secunden y que todo el tiempo les den la razón para no perder la estabilidad y ponerse mal.

Pero qué flojera es tener que andar tratando a personas que las puedes herir con lo evidente, eso ya no está bien, porque tienes que hacerte parte de sus errores para poder congeniar.

A Jesús no le cuesta trabajo la verdad, de hecho Él es la verdad, pero a los que viven en sus ideales sublimemente exagerados, les cuesta adecuarse, conflictuando sus principios mal basados o así malamente aprendidos.

Vale la pena encontrarnos con nuestra propia verdad y la del mundo en el mismo plan de Dios, porque con ella, seremos libres, sin miedos, ni temores, la crisis de conocerla es buena, porque sabremos a ciencia cierta lo que hacemos y donde estamos.