“Hay niveles de alegría”

“Hay niveles de alegría”

Juan: 15, 9-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena”.

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Por lo general conceptualizamos la alegría como una actitud que se vive en momentos, a veces hay quienes consideran que la alegría proviene de ciertas actividades como ir al circo, a actividades culturales, a visitar personas, a comprar cosas, o a exigirla a los demás como un deber hacia nosotros, casi como si fuéramos bufones, para tener contenta a la gente y darle pos su lado.

Esas alegrías no negamos que se vivan confortablemente, pero la alegría que propone Jesús, no radica ni en momentos, ni en personas, radica en una actitud permanente que brota de la gracia que Dios nos participa al cumplir y tener la satisfacción de realizar un deber bien hecho y aún más por motivos de fe y divinos que se complementan con la amistad a través de la oración, los sacramentos y las sagradas escrituras.

Es una alegría que no se ubica en el nivel de lo afectivo sentimental, sino que es una forma de vida que irradia algo más que una moción, sino una plenitud de lo que se vive intensa y pacificamente. 

Alegría que se mueve en el nivel del amor, aquél que no se solicita como necesidad a los demás, sino aquel que se comparte sin interés alguno, más que el simple participar del mismo amor de Dios.

Por ello Jesús nos invita a que permanezcamos en su amor, para que precisamente, la alegría esté al nivel del amor de Dios.