“Odios de defensa”

“Odios de defensa”

Juan: 15, 18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo.

Acuérdense de lo que les dije: ‘El siervo no es superior a su señor’. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán, y el caso que han hecho de mis palabras lo harán de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer por mi causa, pues no conocen a aquel que me envió”.

_____________________

Tan amplia y tan compleja es nuestra propia psicología, que las reacciones más básicas y comunes se manifiestan de una manera tan similar, que parecen un patrón impreso en  el comportamiento de la propia humanidad.

Y cuando de odio se trata, en realidad no considero que el mismo sea tan puro, natural y autentico, que no provenga de una situación previa que lo respalda.

Por lo general dicho odio surge de los propios miedos que alguien en su momento nos implantó, suelen ser los mismo miedos heredados de nuestros propios padres y así sucesivamente transmitidos de una generación a otra. 

No dudo que en su momento alguien con la basta inteligencia, desee sanar y rompa dichas cadenas que no tienen porque continuar. Pero en lo que identificamos esos miedos impregnados de odio, el primer receptor será Dios, ya que todo cuanto acontece aunque procede de Él, de igual manera le colgamos lo negativo que proviene del maligno y nos quejamos.

Es por ello que la primera reacción ante esos odios implantados, es rechazar a Dios, como autor indirecto según nuestra concepción populachera. Cuando en realidad sin conocerlo ya lo alejamos, dejando atrás la oportunidad de amarle, seguirle y dejarse impregnar de su gracia, paz y felicidad.

Con su presencia, santidad y amistad, ningún miedo, ni odio, puede permanecer, porque resulta más grande la gracia que el pecado.