“Recibir bendiciones en personas”

“Recibir bendiciones en personas”

Mateo: 10, 37-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

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Cada vez más se está perdiendo la capacidad de santificarnos a través de la hospitalidad que se sacrifica en pro de la seguridad, ya no es tan fácil recibir a extraños, y en cierta medida es razonable, porque las personas así como las comunidades y la sociedad en general ha perdido los valores fundamentales que daban confianza al otro.

Una antigua tradición remarca cómo Dios permite que sus bendiciones lleguen a ti a través de aquellas personas que se han consagrado a Él y que tratan de vivir los valores del Reino de los cielos en medio de un mundo infestado de pobreza espiritual y saturado de pecado como lo ordinario del día a día.

Recibrirlos, ayudarlos, acompañarlos y convivir con ellos, es un gran valor, ya que el mundo en medio de sus temores al compromiso o, al miedo reverencial a la persona por no saber tratar a los consagrados a Dios, no porque sean entes distintos del resto, sino que su función radica en dar un testimonio efectivo de que se puede vivir en y con la gracia de Dios en cualquier circunstancia.

De tal manera que hacerlos parte de nuestra vida, es aceptar que su misión de alguna manera la apoyamos, y claro, Dios no deja de bendecirnos. Si de suyo Dios bendice cuanta obra buena hagamos con nuestros prójimos, con cuánta mayor razón no dejará sin recompensa a quien tan sólo les de un vaso de agua con buena voluntad por ser enviados del Señor.

Es por ello que vale la pena abrir el corazón y nuestras puertas a la gracia de Dios, ya sea en los sacramentos de la Iglesia o en sus personas.