“El dolor ajeno”

El dolor ajeno”

Mateo: 11, 20-24

En aquel tiempo, Jesús se puso a reprender a las ciudades que habían visto sus numerosos milagros, por no haberse arrepentido. Les decía:

“¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Pero yo les aseguro que el día del juicio será menos riguroso para Tiro y Sidón, que para ustedes.

Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo, porque si en Sodoma se hubieran realizado los milagros que en ti se han hecho, quizás estaría en pie hasta el día de hoy. Pero yo te digo que será menos riguroso el día del juicio para Sodoma que para ti”.

____________________

Cuantas veces no hemos sentido pena por alguien que se encuentra en una situación lastimera, o que está sufriendo, y es que aunque no tengamos una preparación profesional para ello, sabemos detectar cuando alguna persona vive una situación que no es la ordinaria, ya que puede estar en un dolor crónico causado por su propia forma de vida, sin ubicar la procedencia del mal, en el que se queda estancado y que claramente lo ve quien ha sabido salir de esas crisis que precisamente los han hecho madurar.

Jesús además de ser más que un profeta, sino el mismo Hijo de Dios, ve hacia donde se están orillado todos aquellos, que aún en masa, por la cultura deteriorada, viven situaciones denigrantes como si fuera lo normal y ordinario, sin la capacidad de proponerse una situación nueva, porque no hay quien la avale desde el mismo cieno que rodea el entorno.

No son amenazas las que remarca Jesús, son tan sólo las consecuencias lógicas que secundan una forma de vida no muy buena, que no se pueden evitar porque son parte de una elección personal, que Dios mismo no contradice porque respeta el uso de la inteligencia y la libertad mal usada de nuestra parte, aquella que nos ha regalado en plenitud.

Es muy claro el dolor ajeno que detectamos en quien vive saturado en medio de un mundo lleno de ruido y propuestas de alimentar el pecado, cayendo en un circulo vicioso del que no se puede salir por sí mismo. 

Si alguien detecta un error o mal en nosotros y su intención no es remarcarlo para dañarnos, sino ayudarnos a salir del mismo, vale la pena escucharle, porque la conciencia se nubla cuando el mal domina en nuestro actuar, y es Dios mismo que nos envía a quienes en medio de su amor nos quiere rescatar, escuchémosle. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s