“Pecado: Misericordia o castigo”

“Pecado: Misericordia o castigo”

Mateo: 18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

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En todo lo que concierne al pecado, podemos derramar todo un sinfín de vertientes y opiniones, tanto las oficiales, que por cierto no son muy bien conocidas, como las de tendencias puritanas radicalistas, hasta las laxas y totalmente permisivas.

De principio debemos de ubicar el contexto del pecado en el plan de Dios, que por cierto no estaba contemplado, por lo que Dios ante su presencia, tiene que reinventar su plan y convertirlo ahora en uno de recuperación por la pérdida de toda la gracia de Dios, quedando desproveídos de su contexto y viviendo al día con nosotros mismos y la vida simple para recuperar la divina.

Por lo que el pecado, claro que tiene una culpa y un castigo, pero éste no viene de Dios, sino que permite que las consecuencias de nuestros propios actos nos afecten, ya que las sembramos nosotros mismos.

Aunque por otro lado está la misericordia de Dios que no deja al ser humano solo, sino que lo acompaña en el camino de la recuperación de la gracia, cosa que pocos asimilan cuando Dios da la oportunidad de redimirnos.

No hay que olvidar que también existe la justicia, y no pasa desapercibida por Dios lleno de misericordia, ésta se cumple en la caridad cuando solicita el creador el reparo de los daños ocasionados y entonces sanos de toda falta, devolvernos la gracia, he ahí una justicia que debe resarcir y que se le da la oportunidad de hacerlo. 

El castigo lo pagamos nosotros como elemento obvio ante el mal que causamos, véase el fenómeno causa – efecto, y la misericordia divina está presente al no juzgarnos sin clemencia, sino con la paciencia de que volvamos a hacer no el mal, sino aún mejor un bien.