“Enviados con una finalidad”

Lucas: 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”. Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

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El llamado, preparación, testimonio y seguimiento de Jesús, no son para ver si algo tomamos como una opción, porque no lo es. A todos aquellos que invitó a estar cerca de Él, precisamente los prepara para hacer extensiva su misión de preparar a toda la humanidad para implementar el Reino de Dios sobre nuestras vidas, no importa la circunstancia que vivamos.

No los envía para ver que hacen, que encuentran, que pueden aprender, o a que decidan por su propia voluntad para dar solución a problemas de los que pudiesen enterarse de ellos, porque de otra manera empaparán la solución con sus propias limitaciones, sino que van con la finalidad de llevar el anuncio de la Buena Nueva y a Jesús mismo.

Situación que hasta el momento no ha cambiado, por lo que a su vez nos invita a no perder el rumbo, porque el mensaje es claro: la gracia está por ser restaurada y la muerte pierde fuerza, el mal está condenado y el Espíritu Santo nos llenará de sus dones a quienes deseen recibirlo. 

Es por ello que cuando en el camino nos encontramos con ambientes que nos distraen o invitan incluso a claudicar, por muy agradable que sea lo que nos ofrecen, el mismo Jesús nos invita a rechazarlo, no a las personas, sí al mal y al pecado, de tal manera que ni el polvo se nos pegue a los pies, para no llevarnos fragmentos que remarquen estar sucios y nos quiten la paz.

El resultado es tal que hasta se alegran de que los mismos demonios se les sometan en el nombre de Jesús, pero si somos nosotros los que nos predicamos, entonces el mismo demonio utilizará tu debilidad y carencias para que el mal siga y no sea extirpado. La finalidad es clara, y cuando ésta no se cumple, el envío fracasa y Jesús, su salvación y gracia no llega a los demás.

“Obstáculos diversos”

Lucas: 9, 57-62

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: “Te seguiré a dondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.

A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”.

Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

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En cualquier decisión que tomemos en la vida, sobre todo aquello que implique una nueva forma de vida, ya sea desde el estudio o en lo laboral, así como en lo religioso, encontramos dificultades, ningún camino es llano, todos tienen tramos adversos que precisamente hay que saber llevar y pasar sin dificultad.

A veces olvidamos que esos retazos en el camino escabrosos, en realidad son muy benéficos, ya que hacen fortalecer nuestra propia voluntad, y en cierto grado son normales y llevaderos.

Por el contrario encontramos obstáculos que no dependen absolutamente de ninguna circunstancia, sino tan sólo de nosotros mismos, de nuestra voluntad y deseo de hacer aquello a lo que somos invitados o realizamos de manera propia.

En el caso del Seguimiento a Jesús, encontramos que ante todo la verdad es lo que predomina para que aquellos que deciden ir tras de Él, para que se atengan a la realidad. Encontramos que para seguirlo hay que estar libre de compromisos y de codependencias porque éstas se harán presentes constantemente truncando la libertad de la respuesta que se espera.

Por ello remarca Jesús: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”, sobre todo cuando los obstáculos son mentales y personales, ya que éstos son los que más pesan, porque lo demás externos suelen ser llevaderos.

“Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael”

Juan 1, 47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tienes a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

Natanael le contesta: ¿De qué me conoces?

Jesús le responde: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Natanael respondió: Rabí, tú eres Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.

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La Creación implica tanto la material como la espiritual, de tal manera que las Sagradas escrituras nos hacen conciencia de esos seres maravillosos y espirituales que a la par existen y de igual manera tienen una misión. entre ellos encontramos a los Santos Arcángeles, son siete, pero en esta fecha encabezan la lista Miguel, Gabriel y Rafael, que  lideran un aspecto del plan de Dios sobre la creación material. 

Expongo una pequeña información al respecto:

Hoy celebramos la fiesta de los tres Arcángeles que nombra la Sagrada Escritura

La palabra Arcángel proviene de dos palabras. Arc = el principal. Y ángel. O sea “principal entre los ángeles. Arcángel es como un jefe de los ángeles.

San Miguel.

Este nombre significa: “¿Quién como Dios? O: “Nadie es como Dios”.

A San Miguel lo nombre tres veces la S. Biblia. Primero en el capítulo 12 del libro de Daniel a donde se dice: “Al final de los tiempos aparecerá Miguel, al gran Príncipe que defiende a los hijos del pueblo de Dios. Y entonces los muertos resucitarán. Los que hicieron el bien, para la Vida Eterna, y los que hicieron el mal, para el horror eterno”.

En el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis se cuenta lo siguiente: “Hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra Satanás y los suyos, que fueron derrotados, y no hubo lugar para ellos en el cielo, y fue arrojada la Serpiente antigua, el diablo, el seductor del mundo. Ay de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”.

En la Carta de San Judas Tadeo se dice: “El Arcángel San Miguel cuando se le enfrentó al diablo le dijo: ‘Que te castigue el Señor’”.

Por eso a San Miguel lo pintan atacando a la serpiente infernal.

La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción al Arcángel San Miguel, especialmente para pedirle que nos libre de los ataques del demonio y de los espíritus infernales. Y él cuando lo invocamos llega a defendernos, con el gran poder que Dios le ha concedido. Muchos creen que él sea el jefe de los ejércitos celestiales.

San Gabriel. 

Su nombre significa: “Dios es mi protector”.

San Gabriel arcángelA este Arcángel se le nombra varias veces en la S. Biblia. Él fue el que le anunció al profeta Daniel el tiempo en el que iba a llegar el Redentor. Dice así el profeta: “Se me apareció Gabriel de parte de Dios y me dijo: dentro de setenta semanas de años (o sea 490 años) aparecerá el Santo de los Santos” (Dan. 9).

Al Arcángel San Gabriel se le confió la misión más alta que jamás se le haya confiado a criatura alguna: anunciar la encarnación del Hijo de Dios. Por eso se le venera mucho desde la antigüedad.

Su carta de presentación cuando se le apareció a Zacarías para anunciarle que iba a tener por hijo a Juan Bautista fue esta: “Yo soy Gabriel, el que está en la presencia de Dios” (Luc. 1, 19).

San Lucas dice: “Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, a una virgen llamada María, y llegando junto a ella, le dijo: ‘Salve María, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se turbó al oír aquel saludo, pero el ángel le dijo: ‘No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será Hijo del Altísimo y su Reino no tendrá fin’”.

San Gabriel es el patrono de las comunicaciones y de los comunicadores, porque trajo al mundo la más bella noticia: que el Hijo de Dios se hacía hombre.

San Rafael.

Su nombre significa: “Medicina de Dios”.

Fue el arcángel enviado por Dios para quitarle la ceguera a Tobías y acompañar al hijo de éste en un larguísimo y peligroso viaje y conseguirle una santa esposa.

Su interesante historia está narrada en el día 7 de febrero. San Rafael es muy invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente los viajes.

Tomado de EWTN.com

“Celosos del trabajo”

Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: —El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.

Juan tomó la palabra y dijo: —Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.

Jesús le respondió: —No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro.

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En ciertas ocasiones cuando estamos realizando un trabajo de manera eficaz, claro que amerita el reconocimiento, lo malo es que por lo general no se suele dar, ya que lo que resulta evidente, es cuando algo no sale bien, y es que olvidamos que el bien lo contemplamos como lo ordinario y lo hacemos de manera silenciosa, sin mayor aspaviento, pero el mal es escandaloso y ruidoso, además de que le seguimos el juego.

No dudo en reconocer que un buen trabajo conlleva los frutos que naturalmente surgen en su momento. Pero a veces, aún haciéndolo bien, brotan inseguridades que nos hacen replantear lo que hacemos y dudamos de nuestra eficacia laboral obteniendo como reacción un ataque a quien a la par de nosotros mismos hace una buena labor en el mismo rubro.

Nos sentimos atacados por la competitividad que no deja de ser motivacinal, tornando nuestra actitud en celos del trabajo de los demás. Pero eso no deja de ser un reflejo personal de nuestros asuntos no resueltos e inseguridades obtenidas desde la infancia que debemos enfrentar como fantasmas que atacan de vez en cuando o que los llamamos en esas circunstancias.

El verdadero celo no debe ser aquel que hace de tus inseguridades, no impidas que otro haga el bien al igual que tu, no está en tu contra, sino que el celo real debería ser a no permitirte bajar la guardia, porque por ahí se filtra el resto de actitudes negativas que se alimentan de nuestros temores. 

Pues hay que ser celosos del trabajo pero exigido a nosotros mismos y no a los demás, y si los demás lo hacen mejor, son un modelo a superar. Porque cualquier otro celo, te destruye junto con el bien que hacen los que están a tu alrededor y eso no viene de Dios.

“¿Quién lleva la delantera?”


Mateo 21, 28-32 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”. Ellos le respondieron: “El segundo”. Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. 

Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en Él”. 

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Definitivamente todas las circunstancias que nos rodean, son las que nos brindan una pincelada de la realidad, pero esa pincelada varía de tiempo en tiempo y de región en región, tan es así, que para lo que a unos resulta una vida ordinaria, para otros es un exceso y viceversa.

Es por ello que en este tiempo no basta con sentirnos que estamos bien, tan sólo porque estamos estables en cuanto a economía o problemas resueltos. Hay que indagar aún mas, sobre todo en esas áreas dónde bien sabemos que no basta con llegar hasta donde estamos.

Resulta que en el mismo evangelio de este día, hace sobresalir la actitud de aquellos que en medio de sus dificultades suelen crecer y darse cuenta de sus actual situación para salir de ella, pone como ejemplo a los publicanos y las prostitutas, los cuales llevan la delantera en el crecimiento moral y espiritual, para posteriormente migrar al físico y material.

Pero si seguimos pensando estancadamente que estamos bien, jamás lograremos un cambio mejor y radical, aquí el peor enemigo no es el pecado, sino uno mismo que lo habitúa a la propia vida como lo ordinario.

Las buenas intenciones no bastan, ni los buenos deseos, ni las ideales iniciativas, eso no cambia nada, si acaso tan sólo un esfuerzo mental, pero nada más. La delantera la llevan quienes realmente miran mas allá de donde están, de aquellos quienes no se ha apagado el espíritu de novedad y no han quedado en conformismos. Este tiempo no deja de ser la oportunidad de obedecer en realidad a Dios, hacer oportuna y bien hecha nuestra labor y mantenernos siempre en actitud dinámica hacia el futuro.

“Miedo preguntar”

Lucas 9, 43-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres».

Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

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Hay una cierta tendencia en la mayoría de nosotros que se manifiesta en sociedad como un seguir la corriente ante el común de las opiniones y comentarios de los demás, aunque éstos no sean verídicos. Preferimos dar razón a quien no la tiene y quedarnos en la omisión de la verdad.

Hay una cierta cultura que poco a poco va despersonalizando al individuo sabiendo que su opinión no vale en ese medio ya caduco y manipulado. Se sabe que opinar viene a menos por el miedo a la denigración y ridiculización de la verdad, por ello mejor dar oídos sordos y seguir tendencias.

Sin embargo esto trae consigo consecuencias, ya que no se está ejerciendo el don recibido llamado profético de anunciar y denunciar, que precisamente se quiere silenciar, ya que estorba a la inversión de valores, donde lo malo ahora se cataloga como bueno y lo bueno se ridiculiza como anacrónico y caduco.

Nos hace cobardes inclusive con lo evidente, y aunque todos conocen la verdad de una situación, nadie dice ni hace nada. Eso llega hasta la propia vida personal, porque ni a la propia familia, hijos y pareja nos atrevemos a llamar a las incomodidades por su nombre y por ende no tratarlas ni solucionarlas.

Nada nuevo en la historia de la humanidad es esto, y como dice el mismo evangelio, nos resulta oscuro, pero porque el verdadero miedo no es a la verdad, sino a nuestra verdad que nos aterra, mejor no indagar, ni crecer, ni escarbar al interior personal porque nos paraliza.

Pero que no te de miedo preguntar, claro, sin caer en la cruda franqueza; para ello permitir a la prudencia moderarla y a la caridad aplicarla. Pero preguntando se llega más certeramente a donde quieres llegar, y si duele, es signo de que va sanando.

“…Ser rechazado por los ancianos”

“…Ser rechazado por los ancianos”


Lucas 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: —¿Quién dice la gente que soy yo?Ellos contestaron: —Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.El les preguntó: —Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?Pedro tomó la palabra y dijo: —El Mesías de Dios.El les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: —El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día.
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En los tiempos antiguos, cuando se buscaba un buen gobierno, así como una buena orientación de vida, se solía reconocidamente buscar a los “ancianos”, aquellos hombres maduros que ya han vivido la vida, sabiendo como llevarla para las nuevas generaciones, la experiencia los valida, además de que se les daba el principal lugar en las asambleas.
Hoy en día ya no se busca la sabiduría que nos gobierne, se buscan personas aparadores de buena imagen que sirvan para atraer a las masas que impactadas bajo los cánones de la belleza quedan encandilados, dispuestos al manejo, más no al servicio.
Eso es un error, ya que la inexperiencia será la que rija por doquier con sus consecuencias radicales y desastrosas. 
Sin embargo, es en el evangelio, cuando Jesús mismo afirma que Él deberá ser rechazado por los ancianos, es un decir de cómo el mismo mundo en su propia sabiduría, habrá perdido la cordura y los principales valores que la fundamentan.
Es una situación, donde ante la verdad misma, se pierde la sensatez en todos los niveles, aún más en los niveles de poder, sean políticos, monetario-empresariales o religiosos, Se pierde el piso y se navega en la conveniencia del mejor postor, ahí es donde el mundo desconoce a Jesús y lo taza en su propia medida.

Es por eso que Jesús viene a restaurar a todo el Género humano desde la raíz, porque donde los sabios y ancianos pierden el sentido de la verdad, es porque la situación ha caído en lo más bajo y será una muestra de hasta donde en nuestro propio cieno podemos caer.

“Información falsa”

Información falsa”

Lucas: 9, 7-9

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a Jesús.

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Dentro de un mundo que se dedica a compartir información desde todos los tiempos, donde la situación se agudiza al tener los medios de difusión inmediata, nos encontramos con el problema de la veracidad. Estamos sobre saturados de información, por lo que resulta un tanto difícil autentificar tanto la fuente como el transmisor. 

Problema nada nuevo, porque en el mismo evangelio nos encontramos que al mismo rey le llegaba la información parcial, algo le comunicaban, pero si el medio era ineficaz y no confiable, donde impregna los datos con su propia opinión, el resultante obtenido es una mentira o un verdad incompleta.

Lo mismo nos puede acontecer, puesto que nuestro deber es, antes de emitir cualquier juicio es documentarnos, para así identificar si lo que conocemos acerca de una persona o situación es lo correcto, o si de por medio hay alguna mala interpretación.

Por ello la curiosidad no está de más, ya que incita a la búsqueda y profundización de una verdad. Hay que tener cuidado con nuestros informantes, saber si son confiables o si son simples repetidores de palabras indiscriminadas, además de conocer los hechos y las personas involucradas para completar el poder dar fe a la información recibida.

En medio de tanta manipulación y manejo de información deteriorada y falsa, debemos cuidar la verdad que al final es la que nos hace crecer y conocer la realidad tal cual es para no inventar, ni divulgar información falsa.

“De confianzas hablamos”

Lucas 9, 1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: —No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

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Hoy en nuestros días, además de literalmente ser un robo legal las mentadas aseguradoras, quieren manipularnos entre sus juegos mentales para darnos la ilusión de protección, cuando en realidad a veces nunca utilizaremos esos servicios, pero sí les pagamos porque si no nos va peor, digo hablando de finanzas. Eso nos hace olvidar ya sea consciente o inconscientemente la Providencia Divina, porque cuando Dios pide es porque ya dio previamente y utiliza la circunstancia para el crecimiento personal. Confianza que ahora depositamos en alguien pagado y con sus múltiples restricciones para no hacerlo.

Todas estas fantasías de seguridad están enfocadas a un sector muy concreto y limitado de nuestra vida, como lo es el auto, la casa, y la atención médica en caso de necesidad. Pero eso no lo es todo en la vida, no aseguran tu paz, ni tu felicidad, ni tu tranquilidad, tampoco las relaciones familiares y de amistades, mucho menos el dolor ante una dificultad, y por supuesto no te garantizan la vida por más que pagues.

Sin embargo la confianza a la que nos invita Jesús, es una plataforma de base sobre la que se sostiene totalmente nuestra vida y obrar, sin ésta confianza así como seguridad, andaremos buscando suplentes que la brinden. 

Es aquella confianza que nos hace salir sin ningún preparativo para el camino, a sabiendas de que somos enviados en Nombre de…, Aquel quien provee en la travesía lo necesario porque sabe a dónde vamos; llama a la travesía estudio, trabajo, familia, hijos, hermanos, padres, y todo lo que se te ha dado en el camino.

Aquí es necesaria de tu parte esa confianza (claro que a Dios) que no se paga, y que es más efectiva que cualquier otra ya que “de confianzas hablamos” y no de negocios que caducan al mes o, al año según la pagues.

“Los que escuchan…”

Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.

Entonces le avisaron: —Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.

El les contestó: —Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

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De suyo es una bendición de Dios entre la normalidad de los dones recibidos, tener el regalo inapreciable de la audición, ciertamente viene en el paquete sensorial del que hemos sido dotados para a manera de instinto usarlos y seguir adelante en esta vida.

Pero el uso de dicho paquete de sentidos viene acompañado con múltiples dones donde los podemos poner a dar frutos, ya que no se limitan a su función básica. Ciertamente sería una pena dejarlos subutilizados. Por ello Jesús reconociéndolos y sabiendo lo que su Padre nos ha regalado, nos invita a sublimarlos a una función mayor, como lo es no solamente oír, que eso hasta las aves del campo lo saben hacer, por ello se nos invita a algo que podemos hacer y eso es saber escuchar.

Precisamente por la escucha recibimos el alimento sabio y oportuno de la Palabra de Dios, que al igual que la Eucaristía y como un complemento nutren nuestra alma, sostienen nuestra espiritualidad y fortalecen para saber recibir los acontecimientos de la vida ya sean alegres o tristes.

Un ejemplo de escucha que llega a una transformación del corazón, es la que manifiesta su propia familia y en concreto su madre María, quien lo sigue buscando y además como primera discípula lo sigue escuchando. No lo busca como muchos otros que tan solo quieren ser escuchados y recibir la salud de un curandero, aquellos que solo ponen su centro de atención en su necesidad, pero que no abren ni su mente ni su corazón a además sanar el alma.

La escucha da de sí mucho más de lo que esperamos, pero hay que prestar nuestros oídos a Dios, a los hermanos e inclusive a nosotros mismos, ya que nuestro ser y conciencia hablan a gritos que anhelan lo mejor de ti y Dios no se diga, es el primero que lo nota al ver tu sufrimiento por no escuchar por cual vía andar.