“¿Con qué alimentas tu corazón?”

Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose».”

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Podría parecer absurda la pregunta para alimentar el corazón, si basta una buena nutrición que implica el total del organismo en el cual está incluido. Pero claramente no estamos hablando de ese tipo de alimento, sino de aquello con lo que lo estamos saciando intelectual y espiritualmente hablando.

De suyo, ya existe un dicho que dice: “Tu eres lo que comes”, pues de igual manera tu eres, piensas y vives conforme al entorno del que te hagas partícipe, porque así como hay alimento chatarra, hay filosofías y espiritualidades chatarra. Existen instrumentos que alimentan tu intelecto, por lo general, utilizamos los que son más fáciles de utilizar y que no hacen pensar mucho, como lo es la televisión, el internet, y de entre ellos, una gama indefinida de posibilidades.

Pero si dedicamos todo nuestro esfuerzo de asimilación de la realidad, enfocados en los medios de crítica mordaz, en los melodramas inventados, en las noticias amarillistas, que no es otra cosa sino veneno para el corazón, eso será lo que estará a flor de piel y en nuestra lengua, eso será lo primero que brotará instintivamente en cualquier opinión, razonamiento y juicio para los demás.

Es por eso, que debemos de ser cuidadosos al no permitir envenenar nuestra mente con tanta basura, eso es de personas que no tienen ningún proyecto en su vida y necesitan ocupar malamente su mente en algo ajeno a sí mismos, que dé qué decir.

Es necesario previamente alimentar el corazón con aquellas verdades fundamentales que orientan profundamente y delinean el resto de los pensamientos, sabiendo identificar los erróneos y dañinos, de los reconfortantes y provechosos, para evitar dañarnos a nosotros mismos y a los demás.

Porque simple y sencillamente, aquello de lo que estés alimentando tu corazón, será lo que brote y manifiestes, te acepten o rechacen, e identifiquen que tipo de persona eres tu.