“De confianzas hablamos”

Lucas 9, 1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: —No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

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Hoy en nuestros días, además de literalmente ser un robo legal las mentadas aseguradoras, quieren manipularnos entre sus juegos mentales para darnos la ilusión de protección, cuando en realidad a veces nunca utilizaremos esos servicios, pero sí les pagamos porque si no nos va peor, digo hablando de finanzas. Eso nos hace olvidar ya sea consciente o inconscientemente la Providencia Divina, porque cuando Dios pide es porque ya dio previamente y utiliza la circunstancia para el crecimiento personal. Confianza que ahora depositamos en alguien pagado y con sus múltiples restricciones para no hacerlo.

Todas estas fantasías de seguridad están enfocadas a un sector muy concreto y limitado de nuestra vida, como lo es el auto, la casa, y la atención médica en caso de necesidad. Pero eso no lo es todo en la vida, no aseguran tu paz, ni tu felicidad, ni tu tranquilidad, tampoco las relaciones familiares y de amistades, mucho menos el dolor ante una dificultad, y por supuesto no te garantizan la vida por más que pagues.

Sin embargo la confianza a la que nos invita Jesús, es una plataforma de base sobre la que se sostiene totalmente nuestra vida y obrar, sin ésta confianza así como seguridad, andaremos buscando suplentes que la brinden. 

Es aquella confianza que nos hace salir sin ningún preparativo para el camino, a sabiendas de que somos enviados en Nombre de…, Aquel quien provee en la travesía lo necesario porque sabe a dónde vamos; llama a la travesía estudio, trabajo, familia, hijos, hermanos, padres, y todo lo que se te ha dado en el camino.

Aquí es necesaria de tu parte esa confianza (claro que a Dios) que no se paga, y que es más efectiva que cualquier otra ya que “de confianzas hablamos” y no de negocios que caducan al mes o, al año según la pagues.

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