“Solemnidad de Todos los Santos”

Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándolos: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

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EXPERIENCIA DE LOS SANTOS

Los católicos estamos de fiesta porque el 1º. de Noviembre se celebra a todos los santos. Esa es la verdadera fiesta de estos días, celebrar a los monstruos y a las brujas no es de cristianos. Celebrar el día de muertos es una tradición de nuestra patria, y es bueno que como cristianos hagamos oración por nuestros difuntos. Pero ¿por qué celebrar la fiesta de todos los santos? ¿quiénes son los santos?

Los santos no son personas diferentes de nosotros, en todos los tiempos ha habido santos, de diferente edad, unos niños, otros jóvenes, adultos, viejitos, hay santos y hay santas, unos flaquitos, otros gorditos, unos muy inteligentes otros muy sencillos, algunos han nacido muy ricos otros fueron muy pobres, unos son blancos otros negros, unos han sido santos desde pequeños, otros llevaron una vida en la que no conocían a Dios, y se portaron muy mal, pero cuando se encontraron con Jesús, cambiaron, y decidieron ser felices siguiéndolo.

Todos, pero todos, estamos llamados a ser santos, Dios nos quiere santos, y para eso nos dio el Don de la Fe, fue su regalo cuando nos bautizaron, y todos los que estamos bautizados tenemos que ser santos, pero también tenemos que querer serlo. El Don de la Fe es más grande que todos los superpoderes de tus héroes favoritos y además es de verdad. Pero la fe no es para tener unos músculos muy fuertes, o para poder volar, o ver a través de las paredes, ni para golpear a nadie.

Ser santos es querer seguir a Jesús, actuar como él, hacer el bien como él, amar como él. SER SANTO ES SER AMIGO DE JESÚS.

¿A qué Santo o santa conoces?, ¿por qué es santo? Hacer una pequeña lista como la de los superhéroes  pero de los santos que los niños vayan nombrando. ¿en tu casa hay imágenes de algún santo o santa? ¿sabes cómo vivió, qué hizo para ser santo? ¿En la tele has visto que pongan a los santos?.

Vamos ahora a conocer algunos de ellos.

Hace un tiempo hubo un niño llamado Domingo Savio, que desde muy chiquito entendió que ser amigo de Jesús era lo más importante en la vida. El día que hizo su primera comunión, escribió en un papelito: “Mis amigos serán Jesús y María, me confesaré y comulgaré los domingos y días de fiesta, prefiero morir antes que pecar”. Quería hacer la voluntad de Dios en todo. Un día un maestro preguntó en el recreo a todos los niños: “Si supieran que hoy iban a morir ¿qué harían?, uno contestó “correría con mi mamá”, otro dijo: “yo iría a la Iglesia a rezar y a confesarme”, y Domingo dijo: “seguiría jugando porque en este momento esa es la voluntad de Dios”. Era un niño alegre, feliz, porque amaba a Jesús.

Santa Teresita, también amaba mucho a Jesús y a María Santísima, tenía muchas hermanas y todas ellas quisieron consagrarse al Señor. Ella siempre supo que todas las cosas pequeñas, oraciones, trabajos, servicios hechos con amor eran lo que agradaba a Dios, un día le dijo a Jesús que ella quería ser su “pelotita” para que el niño Jesús jugara con ella. Cuando recibía la Sagrada Comunión era la más feliz del mundo. Era buena con todos y buscaba hacer favores a las personas que no sabían dar las gracias y eso le costaba trabajo pero se lo ofrecía a nuestro Señor. Rezaba como quien platica con el mejor de los amigos porque conocía muy bien quien era Jesús.

San Agustín fue un gran santo, pero él no siempre se portó bien, hacía sufrir a su mamá con su mal comportamiento, pero su mamá que era muy santa, se llamaba Mónica, rezaba mucho para que su hijo conociera a Jesús, y el día que Agustín encontró a Jesús en su vida se llenó de tanta alegría que ya no quiso nunca más pecar, fue con su mamá y juntos rezaron y dieron gracias a Dios. San Agustín llegó a ser Obispo y tenía tanta confianza en el amor de Dios que le decía: “Señor, nos creaste para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”. Pensaba y meditaba en las cosas de Dios, escribió muchos libros que ahora en la Iglesia sirven de guía para todos los cristianos. Decía también:  “Ama y haz lo que quieras”, porque sabía muy bien, que cuando se ama a Dios sólo harás lo que le agrada.

La Madre Teresa de Calcuta, quiso agradar a Jesús sirviendo a los más pobres, a los que nada tenían, a los que no podían pagar con nada, cuidaba con mucho amor a los enfermos porque decía que en los enfermos más pobres encontraba a Jesucristo. Todas las mañanas asistía a Misa, y comulgaba, para que todo lo que hiciera en el día fuera obra de Jesús. Cuando ya estaba muy viejita, seguía trabajando, hablaba a mucha gente, a los presidentes de los países, a los sacerdotes a personas de todo el mundo y los invitaba a que cuidaran la vida de todas la personas, sobre todo la de los niños. Ella rezaba siempre el Santo Rosario porque así siempre tenía la ayuda de la Virgen María.

Otros santos, han ido a lugares muy lejanos donde no se conoce a Jesús y les enseñan a amar a nuestro Señor, a ellos se les llaman Misioneros, algunos han muerto dando su vida por la fe, estos son los Mártires. Otros se han dedicado a cuidar a los enfermos, a los pobres, algunos fundaron colegios para que los niños se educaran y conocieran a Jesús.  Otros se han quedado en su ciudad y en su casa pero han hecho la voluntad de Dios y se han mantenido en su amistad. Algunos santos son muy conocidos por todos, pero hay otros que nadie conoce, más que Dios. Otros que han estado enfermos le entregan a Jesús todos sus sufrimientos, y así, nos encontramos que aunque los santos no salen mucho en la televisión ni los periódicos nos platican de ellos, están haciendo que en el mundo brille la gloria de Dios.

Los nombres que tenemos muchas veces son los nombres de algún santo o santa, son nuestros patronos, por ejemplo San Carlos, Santa Teresa, Santa Cecilia, San Pedro, San Juan, San Alberto etc.

Los santos, o sea los que ya están en el cielo porque vivieron su bautismo, a ellos se les venera porque son:

Modelo: Porque viendo lo que ellos hicieron para ser amigos de Dios nosotros los podemos imitar.

Estímulo: Porque ellos, lucharon como ahora nosotros y ya gozan de la herencia a la que también nosotros estamos llamados.

Intercesores: Son amigos y hermanos nuestros y grandes bienhechores a quienes podemos recurrir suplicándoles que hagan valer su influencia ante Dios en ayuda de nuestras necesidades.

EXPERIENCIA CRISTIANA

Ya nos dimos cuenta que los superhéroes son algunos personajes de la televisión, que nos divertimos y jugamos a que somos ellos, pero que en realidad no podemos tener superpoderes porque ellos sólo existen en las caricaturas y las películas, en cambio los santos son aquellos que han sido fieles a su bautismo, que el don de la fe que recibieron lo usaron muy bien.  El Papa Juan Pablo II nos ha invitado a vivir la santidad muchas veces, él ha llevado una vida de santidad y ha llevado al altar a muchos santos, y nos  dice que para ser santos  hay que:

Orar: Hacer  oración, no sólo rezar oraciones de memoria sino poner en ellas el corazón, orar es platicar con Dios.

Ir a Misa y comulgar. La Misa (La Eucaristía), es el lugar más hermoso del mundo, es como estar en el cielo porque ahí está presente Jesús que se nos da  en la comunión.

La Confesión. Acercaros seguido al perdón que Dios siempre nos da cuando  hemos pecado. Así recuperamos  su amistad y volvemos a ser felices.

La Gracia. Confiar en Dios,  saber que sólo porque Jesús nos acompaña siempre, podemos ser buenos.

Escuchar la Palabra de Dios. Conocer lo que Dios nos dice en la Biblia, aprender el catecismo, para hacer lo que le agrada a Dios.

Anunciar la Palabra de Dios. Ser misioneros, llevar a otros la alegría de encontrarse  con Jesús, lo podemos hacer con palabras, con nuestro comportamiento, con nuestra compañía, ayudando a los demás con amor.

La Santísima Virgen, san José, los apóstoles, mártires y santos todos esperan nuestro triunfo, están atentos a nuestra lucha, no nos olvidan.

¿Qué crees que puedes hacer tú para ser santo?

De los santos que platicamos hoy ¿a quien te gustaría parecerte?

Tomado de Aciprensa.com

“No te sientes en el lugar principal”

Lucas 14, 1. 7-11

En aquel tiempo, entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo: —Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

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El hecho de que se nos recomiende no buscar los primeros lugares, no significa que debamos de ubicarnos en los últimos, no es cuestión de radicalidad, ni de navegar tan sólo en los extremos, es cuestión un poco de sentido común, donde basta con ubicarnos en la realidad y no divagar en el mar de nuestros propios pensamientos y falsas concepciones de nosotros y de los demás.

Jesús no pide autonegar nuestra dignidad, pide solamente no tomar posturas ni lugares que en su momento no nos corresponden, como una actitud de sabía prudencia, que es la que debe acompañar a todo cristiano, además de evitar que algún inconveniente surja incómodamente entre amistades, que no es problema si hay verdadera estima y diálogo sincero.

Es muy bueno constantemente renovarnos en la fe que es la que nos ubica en cada circunstancia para no caer en posturas incómodas, porque lenta e imperceptiblemente vamos cayendo en ellas sin darnos cuenta de ello, lo que más nos actualiza en el aquí y el ahora son los sacramentos, la Sagrada Eucaristía, la oración que siempre actualiza a su vez la presencia de Dios en nosotros, constantemente viviendo la alegría en la realidad del ahora.

Si seres invitado, tu lugar está garantizado, permite que los otros te lo otorguen con la atención que te mereces, porque ellos te están dando un lugar en sus vidas y a su vez en su cercanía, es un honor que se hace presente entre quien invita y quien acepta ser invitado.

Por ello, no lo tomes por mucha confianza que les tengas, que ellos te lo den, no importa su ubicación, porque al igual que el más cercano, ambos son partícipes de la alegría de la celebración.

“…Se quedaron sin respuesta”

“…Se quedaron sin respuesta”


Lucas 14, 1-6

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó: —¿Es lícito curar los sábados, o no?Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: —Sí a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?Y se quedaron sin respuesta.
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Es muy claro el que a nadie le gusta que lo corrijan, mucho menos si basa su autoridad en el supuesto conocimiento profundo de las situaciones estudiadas y las cosas, de manera especial si nos creemos unos sabelotodo, pero los conceptos se reinterpretan con el tiempo, cambiando sus sentidos y dándoles otro significado; un ejemplo es: lo que antes fuera un simple saludo, ahora se considera un ataque a la privacidad o una ofensa.
Podrán cambiar los conceptos, pero nunca su verdad, esa siempre será la misma, lo bueno es que al final siempre se retoma en sí misma. Un caso concreto lo tenemos en el evangelio, donde afirma un valor mayor en la sanción, a pesar de la ley que lo prohíbe en extremo en Sábado, aunque ambas estén en pro de la persona, siempre se debe discernir en cuál será el bien mayor de ambos bienes, sin descartar o denigrar al otro, eso es lo que hace un buen pastor, siempre en pro de las ovejas.
La cuestión es, que si en el momento, ante un hecho con una verdad irrefutable, se expone claramente un valor verdadero, no valen la pena las palabras para refutarlo, porque se remarcará aún más la invalidez de la mentira que lo secundará, es por ello que Jesús los dejaba callados, que es la mejor actitud ante la necedad.

Al igual nosotros, debemos de ser siempre asertivos, no menear y enredar las situaciones porque se complican más, hay que decir lo que es en cada caso con caridad, al si, un sí, y al no, un no, y como dice Mateo 5,37: “lo demás viene del maligno.”

“¿Asusta más el demonio o el humano?”

“¿Asusta más el demonio o el humano?”


Lucas 13, 31-35

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: —Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.El contestó: —Id a decirle a ese zorro: «Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término». Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: «Bendito el que viene en nombre del Señor».
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Desde siempre se nos ha infundido el temor al demonio, como un ente espantoso que causa terror donde quiera que se hace presente, identificando el mal en un ente real, pero su manera de obrar es muy sutil e imperceptible para algunos a tal grado de tan sólo por temor evitar su encuentro directo o invocarlo.
Eso de entrada está muy bien, porque denota ya un interés de no dejarnos engañar por sus insidias, pero existe una realidad mucho más evidente en el obrar del maligno; disfraza de solución y bien sus supuestas aportaciones y sugerencias, como lo tenemos en el caso del evangelio, en donde se presenta un fariseo ante Jesús, el cual según para ayudarlo, le da una información que ciertamente pudiera ser verdadera, pero que va encubierta de una mala intención.
Esa información desvirtuada, Jesús inmediatamente la detecta porque sabe hacia donde va, a lo mejor el fariseo lo hace con buena intención, pero descubre detrás la obra del maligno, en donde planea sembrarle miedo para que rechace su misión, a su vez de llamar “zorro” a Herodes, no como un insulto personal, sino como quien astutamente se deja manejar del mal, utilizándolo como un recurso para obtener sus beneficios, situación perfecta que utiliza el demonio, para detrás manejar a las personas a su conveniencia haciéndoles creer que ellos son los protagonistas, cuando en realidad son sólo sus secuaces manipulados en un su malvado plan contra la redención.
A quienes deberíamos realmente temer es a aquellos que se dejan manejar por el mal mismo, que son sus títeres, no tanto al demonio en sí mismo, sino a sus intermediarios que se pueden hacer presentes incluso en la propia familia para dividir y robar la paz necesaria para el crecimiento y frutos de la agracia divina. 
Al igual se da entre tus mejores amigos, y ambiente de trabajo, cualquiera que pretenda hacer las cosas bien o de manera extraordinaria, no se diga con caridad y santidad, suscitará en los demás cuando están débiles espiritualmente, ser puertas abiertas al maligno, para que te ataque en ellos, los que tienes más cerca.
La misma situación en pecado de nuestras, vidas nos hace canales del mal, somos más propensos a dejarnos manejar y por ende, a auto denigrarnos sembrando un daño que al final lo hacemos nuestro y responsables de ello.

Nada cuesta fortalecernos, para al contrario, ser instrumentos eficaces, pero de la gracia de Dios, para no causar daños y, saber defendernos cuando otros lo hagan, porque si se da aún en los ambientes más religiosos y consagrados, qué no esperar de los más alejados de la gracia de Dios.

“La ley del mínimo esfuerzo”

“La ley del mínimo esfuerzo”


Lucas 13, 22-30


En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: —Señor, ¿serán pocos los que se salven?Jesús les dijo: —Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados». Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.
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Existen múltiples variantes en la disposición para trabajar nuestros dones, aún en pro de nuestro propio beneficio, no se diga en pro de los demás. En algunos no importa la cantidad de trabajo que sea necesaria para la realización de una encomienda, la satisfacción será haberla realizado cabalmente, además de los beneficios que conlleva como el salario justo y remunerado. Los otros solo quieren la remuneración sin el trabajo.
Pero hay casos en los que para todo aplicamos la ley del mínimo esfuerzo, ¿cuál es esta ley y qué significa? bueno pues si gustas te puedo dejar una lista de enlaces para que lo investigues y no te quedes con la duda?
Enlace Http://…….
MMMMMMmmmmmmm creo que mejor te lo explico, porque como exactamente ya estás aplicando la ley del mínimo esfuerzo, te va a dar flojera dar otro Click, leer y buscar aún más, para no violentar tu fatiga te digo que esa actitud de no esforzarnos en lo más mimo y querer obtenerlo todo fácil y sin esfuerzo es esa ley que no es ley, que no existe como definición, sino que es la actitud de no dar un poco más aún pudiendo hacerlo.
Y es que el evangelio es muy claro, “Esfuercense…” no es que no sea fácil, porque difícil no es, es totalmente manejable a nuestro alcance, pero requiere la voluntad y la acción que revela la capacidad de enfrentar las perezas y flojeras, de hacer lo que debemos y un poco más.
La actitud del cristiano no es la del conformista, sino la del dinámico que sale a buscar su propia santidad y no espera fatigosamente a que le llegue sola, renunciando a ella al verla  cerca y al alcance de la vista o sacándole la vuelta.

Nada ganas renunciando antes de ser contratado en el camino de la Santidad, porque lo fácil se termina pronto y no llega lejos, mucho menos a la eternidad.

“A qué se parece…”

Lucas 13, 18-21

En aquel tiempo, Jesús decía: —¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.

Y añadió: —¿A qué compararé el Reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.

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Las analogías son siempre un ejemplo muy claro para comparar situaciones y entenderlas mejor, aunque yo le pondría el pero de la reinterpretación que al final resulta un tanto acomodaticia, sin embargo aquí el ejemplo es unívoco, no da margen a cambios radicales.

Y es que en realidad el reino de Dios, nada tiene que ver con uno de la tierra, en cuanto a estructura algo se semeja, pero sin las limitantes humanas, sin embargo cuando no se le entiende muy bien, aquello que conocemos del Reino como estructura socio-política lo queremos aplicar tajantemente al celestial.

Sin embargo es muy claro, que precisamente las comparaciones son específicas para clarificar las funciones y actitudes que se deben de tomar en un ámbito real de vida ordinaria, ya que la presencia del Reino de los Cielos, no es un lugar físico, sino una constelación de valores que se aplican de ipso facto al aquí y al ahora.

Actitudes que cambian el entorno y las relaciones entre los hijos de Dios, ya que si nos atenemos a los esquemas humanos, la realidad nos lleva a que en su momento corrompen el corazón humano, mientras que los valores del Reino de los cielos fomentan la rectitud incluso en los ámbitos actuales donde nos desenvolvemos, a tal grado que nos llevan incluso a la santidad.

Por ello es importante conocer la comparación, para el ámbito real coronarlo con lo espiritual y así plenificar el ambiente y nuestras vidas.

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

“La verdad en un mundo de Hipocresía”

Lucas 13, 10-17

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: —Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: —Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.

Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: —Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?

A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

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Lamentablemente vivimos en un mundo que ha caído en la paranoia de las dependencias y las adicciones en todos los ámbitos de la vida, no me refiero tan sólo a los casos clínicos en crisis manifiesta, sino también a aquellos que han sido inducidos como un plan de control en cada uno de nosotros, los cuales se han oficializado como socialmente aceptables aunque cuando se remarcan son causa de escándalo sobre todo cuando se habla con la verdad..

Tenemos el caso de la manifiesta tendencia al abuso de la sexualidad, por todos los medios se presenta un erotismo explícito que incita a un libertinaje sexual, claro, la sexualidad puesta en el plano de la morbosidad vende con ganancias multimillonarias, nos hacen dependientes de ella, para luego ante una falta en ese ámbito, escandalizarnos, poniendo el énfasis en la persona acusada para que o miren hacia nosotros que estamos igual o peor. Eso es Hipocresía. Les espanta, pero les encanta.

Ante tanta dependencia ya oficializada y comercializada, todo mundo busca cubrir su cuota buscando aquello que lo satisface como una droga sin ser estupefacientes, ya sea el sexo, el romanticismo, las relaciones personales, no podemos vivir sin ellas de manera normal, sino utilizando inclusive a las personas, aquellas que no nos importan sino tan solo para que nos den lo que necesitamos obsesivamente: atención, romances narcisistas y sexo.

Eso hace que perdamos el piso, ya no vivamos en la realidad y entremos en el mundo de la fantasía, rechacemos la verdad, los valores morales, perdamos la espiritualidad por obtener las dosis de las que dependemos, incluso lo que erróneamente llaman amor. Ante ésta realidad, viviendo de manera hipócrita la verdad duele, y es evitada hasta violentamente.

Para muestras fíjate en los medios de comunicación, todo el tiempo están dando las dosis de lo que dependemos, Amores imposibles, Sexo, relaciones cósmicas con las princesas y príncipes azules, todo inalcanzable e insaciable, pero anclados a ellas. Hasta en el face si se publica algo que alimente las dependencias y todo mundo le pone likes, pero publica la verdad de una situación o de cómo superar las dependencias y todo mundo la rechaza porque le tiene miedo.

Es my difícil presentar la verdad en un mundo enfermo y lleno de hipocresía, porque ahora resulta que los sanos son los locos.

“Este mandamiento es el principal…”

Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: —Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo: —«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

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Todo, pero absolutamente todo tiene un fundamento, una base, un principio, si hablamos de helados de sabores, el fundamento será el frío; de zoológicos, serán los animales; de negocios el dinero, y así cada cosa tendrá su razón de ser, En el caso de la religión, podríamos pensar en que el fundamento es Dios, pero como el termino religión viene del vocablo latino re-ligare, unir con… el fundamento principal es el amor, es el motivo principal y único por el que existimos, para unir al Creador con la creación y permanecer.

A lo mejor ponemos como base fundamental el pecado, la ley con sus mandamientos, los santos o incluso, respetuosamente a María Santísima. No dejan cada uno de ser muy vitales e importantes, pero la verdadera causa por la que nos creó, estando perdidos nos rescató, y sigue siendo generosamente providente a pesar de nuestras limitaciones, es el amor real, puro y verdadero de Dios.

Porque cuando descartamos el amor de Dios en nuestra vida y relaciones personales, habrá que suplirlo con algo, si es el temor al pecado, la justicia, la religiosidad, todo esto sin amor, cae en desvíos, y por ahí se desenvolverá tu vida, remarcando en exceso esos aspectos, más no el amor.

Imagina si Dios mismo perdiera o cambiara el rumbo y, decidiera que en vez del amor se fundamentara en la justicia, ¿Donde quedaríamos en este preciso momento?, ¿quién saldría ileso?, ¿Quien sería justo?, ¿Tú?, solamente Dios y tú lo saben, de igual manera conmigo y los demás, porque si tu cambias el fundamento en tu vida, no es problema de Dios el que no sepas ni quieras amar, es tuyo y los cercanos a ti pagarán las consecuencias colateralmente.

Tampoco remarcamos que es el único mandato, para tomarlo radicalmente a extremo, simplemente es la base fundamental, el eje, la piedra angular, el principal motor, y la única causa a veces irracional de que estemos en este mundo junto con el resto de la creación, por que todo lo ha hecho con amor y sin amor nada cumple su cometido completamente.

El amar al amor mismo, es amar a su vez lo que ha creado, porque ha emanado del ser mismo de Dios, entendiéndolo y viviéndolo le da sentido a todo, todo lo ilumina, y no atolondradamente, sino ecuánime y sensatamente con la mente y el corazón en la mano,  porque sin el amor, nada vale la pena, nada tiene sentido, pero todo es amado en sí mismo por el hecho de existir, cuanto más tú, cuanto más tu prójimo.

¡¡Dios lo castigó!!

¡¡Dios lo castigó!!


Lucas 13, 1-9

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: —¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.Y les dijo esta parábola: —Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”.
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Son tantas y tan variadas las interpretaciones de las situaciones negativas que nos acontecen que a veces suelen rayar en los extremos más populacheros mitológicos que en la realidad misma.
Ciertamente Dios permite que ciertas circunstancias aún dolorosas se hagan presentes en nuestra vida, pero no para dañar o castigar, porque Dios no actúa de esa manera, así lo proyectamos nosotros y ponemos en su boca nuestras propias palabras: “Dios lo castigó, es un castigo de Dios”.
Esta tendencia ya nos viene algo fermentada desde antiguo, porque en el mismo judaísmo se pensaba que, cuando alguna persona le ocurría alguna desgracia, era porque estaba en pecado o tenía alguna maldición, se les consideraban impuros y rechazados socialmente de su comunidad, se consideraba que el cielo o el infierno ya se vivían en esta vida y, según les fuera, se presentaba uno u otro.
Pero olvidamos que ese no es el pensamiento de Dios, sino el del ser humano que no ha madurado, o se pasa de madurez rayando en podredumbre que es lo que sale en su momento negativamente.
Dios jamás se recrea en el sufrimiento humano, al contrario, si llega, lo aprovecha para remarcar aún más la diferencia del bien al mal, para fortalecerte y probar lo firme que eres acrisolándote.
Cuando usamos esas expresiones de castigo divino, es porque no entendemos realmente la misericordia de Dios, que van más impregnadas del gusto por el mal ajeno, que por la maldad divina que no existe. Es una proyección de nuestro sentir a los demás poniendo en boca de Dios el mal que le deseamos a los demás.

Lo que sobresaldrá en todo serán tus frutos, no los de los demás, cada quien los presentará y ahí se verá cuan abundantes o precarios serán. Por eso en vez de preocuparte si Dios castiga o no y a quién, mejor trabaja en tu propia vida y no en la de los demás.

“Ver lo imperceptible”

Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Chaparrón tenemos”, y así sucede. Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo».

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En general somos muy buenos para presuponer e interpretar lo que vemos a simple vista, a eso lo llamamos primera impresión, sin embargo deberíamos de tener en cuenta que no basta para dar una opinión certera si en realidad no conocemos de lo que opinamos a fondo.

Las conclusiones no dejan de llegar a nuestra mente para posteriormente asentarlo como cierto o real, quedando como una afirmación procesada y aceptada, aunque en sí mismo no tenga fundamento ni referencias palpables para afirmarlo.

Para ese tipo de percepciones estamos atentos por doquier, pero se nos dificulta ver a Dios a través de los signos palpables y evidentes, le reconocemos en teoría para negarlo o afirmarlo, pero en realidad da miedo verlo directamente, un miedo ancestral que desde el antiguo testamento de la Biblia está reflejado (Ex. 33 18ss), era algo que no se podía tolerar, pero que en realidad refleja el temor a ser conscientes de nuestras faltas ante la santidad en pleno.

Sin embargo Dios hace notar su presencia de múltiples maneras, dejando rasgos de su poder y bondad, capacidad tenemos para ello, aunque le cambiamos la identidad llamándolo suerte, circunstancias, coincidencias, destino, etc… 

Se nos invita a ver lo imperceptible, que dejemos la mala imposición a reconocer tan sólo lo fisicamente palpable, todo lo que tiene materia, y que alcancemos a ver al que une y define cada átomo sosteniendo la forma física que ves. Entonces conocerlo y amarlo.