“Sus palabras no pasarán…”

Lucas 21, 29-33

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: “Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. 

Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse”. 

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Hay muchas palabras, poesías, literaturas que nos gustan, porque nos identificamos con ellas, las leemos y releemos porque nos llenan y dan alegrías, digo, si es que leemos. 

Pero aún así nos identificamos con cierta manera de pensar, hasta tus amistades, si te pones a pensar, son aquellas, que son como tu, que piensan como tu, que te dan por tu lado, que afirman lo que tu afirmas, y por consiguiente tus enemigos son los que no te dan por tu lado y te contrarían. 

Lo mismo nos pasa con la Palabra de Dios, lo que nos place y nos complementa a nuestro gusto es bien recibida, su palabra es muy buena, según nosotros, pero cuando te dice que lo que haces no está en el plan de Dios, no te agrada, porque te recuerda esa parte que no has querido tratar porque te duele, aunque hable con palabras sanas y sabias, más reaccionamos tan violentamente demostrando que esa es una parte de tu inmadurez que necesita asimilarse en el continuo crecimiento humano y espiritual, porque si estuvieras totalmente sano y con plena madurez, no te dolería nada, venga lo que venga, digan lo que digan. 

Cuantas veces quisiéramos cambiar la voluntad de Dios, que sus palabras cambiaran, porque no me agradan, queremos hacer un dios a nuestra medida, queremos que Dios haga nuestra voluntad, pero se nos olvida que nosotros somos los que debemos hacer su Santa Voluntad, sabía, inteligente, apropiada, directa, recta y crecer ampliamente en todos los sentidos de la vida. Hoy nos recuerda, todo podrá cambiar, el mundo, las circunstancias, las personas, hasta las leyes sociales, pero su Palabra nunca cambiará. No le busques tres pies al gato, acepta su palabra y serás dichoso.