“La Madre de Dios”

“La Madre de Dios”

Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

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Es ya de suyo una bendición el hecho de que al iniciar un nuevo año civil, desde el primer día nos hacemos acompañar de María Santísima, sobre todo reconociéndola como Madre, y es que es algo que no podemos prescindir si entender el avanzar hacia este nuevo proyecto de vida en el tiempo, depositado desde éste primer día del año, rodeado de los que invariablemente te aman o te han demostrado un amor puro, sincero e incondicional y ese amor es el amor de Madre.

Por ello es justo hoy volver la mirada hacia María, la mujer que lo extraordinario lo vivió con una sencillez y armonía dentro de lo ordinario, a tal grado de engrandecer la simpleza evidenciando lo bello del día a día. Mujer forjada en medio de un seno religioso, aquél mismo que transmite y mantiene en su propio Hijo.

Mujer que maravilla a cuantos tienen la dicha de encontrarse con ella porque su acción a la respuesta de la voluntad divina hace que brille en sí misma y transforme a aquellos, tanto ayer como hoy, los que la buscan. El caso es muy claro en el evangelio de éste día, ya que la gracia y santidad que trae su hijo ante el mundo que lo reconoce les hace reconocer la misma obra de Dios en nuestra misma carne.

Maravilla que, María discretamente como buena madre empieza a ser, conserva esa gracia en su corazón, porque sabe que aquello que le acontece, que no es por sus propios méritos, sino participados por la misma aceptación de la gracia de Dios.

Es por ello, que al igual como lo hizo esa Santa Madre, nos dispongamos en esta oportunidad de vida ante este año nuevo a abrirnos a las gracias y bendiciones divinas, y dejarlas que den su fruto y nos transformen, dándote la oportunidad de ver su acción en los que te rodean y a su vez de igual manera, meditarlas como tuyas en tu propio corazón.

Me uno a tu oración para encomendarte a recibir las mayores bendiciones en este año nuevo.

“Fin de un Año”

“Fin de un Año”


Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo»”. Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
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De suyo es ya una bendición el hecho de haber llegado al final de este año, donde se hace la más atenta invitación, con una postura agradecida, para reconocer todos los bienes y dones otorgados durante el mismo por Dios, pero sobre todo, a renovar la esperanza que se nos brinda en la oportunidad de un Año Nuevo.
Podemos aprovechar para reconocer aquellas situaciones de las cuales no estamos muy orgullosos, sin embargo, éstas mismas deficiencias podemos convertirlas en el motor del propio crecimiento, donde la realidad concreta de nuestras limitaciones, se convierte en nuestra fortaleza al retomarlas, trabajarlas y crecer en ellas desde una realidad muy concreta.
Corremos el riesgo de  perdernos en los ideales surrealistas, muy bien intencionados pero inalcanzables, muy bien expuestos hasta el límite del heroísmo, pero sin dejar, dentro de nuestra propia realidad ser muy ficticios.
El punto se inicia con la realidad misma de la creación, donde a partir de ella se basa y promulga la Palabra que estaba desde el principio con Dios, Palabra que realmente sigue siendo la máxima expresión de la verdad en sí misma, palabra que nos transforma y que define nuestro ser y actuar, así como su encarnación.
Se pone como ejemplo de base una verdad, para que posteriormente nosotros sigamos nuestra vida e intenciones en la misma verdad de nuestro ser y actuar, Verdad que irradia e ilumina nuestra vida y el año venidero, por ello nuestra principal plataforma de arranque en este año nuevo debe ser la verdad evaluada de nuestro pasado próximo inmediato, aunque duela y haya tenido fallas, porque sobre de ellas podemos construir, sanando los errores concurridos de base, para que éstos ya no sean un impedimento.
Además elevar constantemente la alegría, ante un nuevo proyecto de vida que tenemos oportunamente por delante, para crecer y reinventarnos como mejores personas cada día. La vida sigue, la gracia se sigue dando, el amor se puede constantemente retroalimentar, de tal manera que Dios ha dispuesto todo al alcance de tu mano, para que tú, tan sólo tengas la iniciativa y la secundes, ya que al día de hoy tienes todavía una vida por delante.
F E L I Z   A Ñ O   N U E V ODios te siga bendiciendo hoy y siempre.
MAAG Pbro.

“…Se llenaba de sabiduría”

Lucas 2, 36-40 

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. 

Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. 

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Una de las propiedades muy actuales del mantenernos constantemente cercanos a Dios, es que sus gracias y dones, nos son compartidos en la medida que vamos disponiéndonos a recibirlos, los hechos lo van diciendo todo, la oración va teniendo sus frutos y la vida de lo sagrado sus consecuencias. 

El testimonio en esta fracción del evangelio es muy claro, ya se nos remarca que Ana, hija de Fanuel, que por cierto era ya anciana, no se apartaba del lugar sagrado en ningún momento, podría parecer fanatismo, pero en realidad se trata del haber encontrado ese tesoro que sacia de amor al estar en la presencia del Señor, fruto de la perseverancia en la oración, regalo de Dios, además de los frutos que parcialmente le irá dando hasta llegar a la vida eterna. 

Uno de esos regalos fue el de haber sido partícipe de ver al mismo Mesías, donde Dios hace patente sus promesas, verlas en pleno seguimiento y cumplimiento, conscientes de ello, es ya una bendición de Dios que no a cualquiera se le da, simplemente por el hecho de que no les interesa seriamente el asunto. 

La vida de la Gracia cuando se cuida da múltiples y grandes frutos, es por ello que es muy interesante el hecho de saber conservarnos en ella, en el caso de la familia de Jesús, no encontramos diferencia alguna de la misma, el hecho de hacer vida la Palabra a través de sus propios actos, redunda en la santidad de su propio hijo, el cual de la mano de ellos como remarca el mismo evangelio, se ve proyectada en la propia vida de Jesús que va creciendo, robusteciéndose y llenándose de sabiduría. 

Hoy en nuestros días, la eficacia de la gracia de Dios sigue siendo la misma, no esperemos un personaje o un suceso importante para recibirla, cuando hoy la podemos hacer nuestra a través de la vida cercana con Dios, a través de la oración; de nosotros depende y de igual manera sus frutos. Por ello, de una gracia brota la que le sigue, pero si no la atendemos, trunca quedará. No desaprovechemos la oportunidad en vida de crecer constantemente en la gracia de Dios, que nunca es suficiente, siempre basta y en Dios será plena.

“Impulsado por el Espíritu, fue al templo”

Lucas 2, 22-35 

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». 

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. 

Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». 

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma». 

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Encontramos en los relatos de este tiempo de Navidad, aquellas actividades religiosas que los mismos padres de Jesús: José y María, siguiendo una sana tradición participan de los actos religiosos que les atañe a su nueva circunstancia de familia. 

Por el mismo hecho de que sean los padres encomendados del cuidado del Hijo de Dios, no los excluye de la actividad ordinaria y religiosa, ellos siguen cumpliendo un ritmo normal de vida, sin privilegios ni exclusiones de ningún tipo, no se sienten salvados, ellos por el contrario son los primeros partícipes del compromiso de la salvación, comprometidos con Dios y comprometidos con su religión en todo lo que corresponde.

En ese ámbito reconocemos su obra, pero a su vez vemos la acción de Dios ante ten generosa entrega y participación; los encontramos en el episodio de la presentación de Jesús al templo y la purificación de María Santísima haciendo todo como la ley en su momento lo mandaba. Simeón, el cual, siendo un hombre entregado al amor de Dios en todo lo que hacía, gracias a esa cercanía le es revelado que participará de la alegría de conocer al Mesías, un regalo de parte de Dios para quienes entregan su ser totalmente a sus obligaciones personales sin desatender en ningún momento las para con Dios. 

Por ello fue Simeón impulsado hacia el templo, donde reconoce su obra a la escala total de la salvación humana, sabe ver claramente el plan de Dios y el papel suyo como el del pueblo de Israel, todo por la sensibilidad adquirida como un don de Dios, que se pide y se obtiene asiduamente. Al igual, podemos disponer nuestra vida a los deberes ordinarios con Dios, eso basta y es suficiente para que su gracia nos revele su plan y el de nuestras vidas en colaboración, pero alejados y esporádicos, no es posible.

“Los Santos Inocentes”

Mateo 2, 13-18 

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. 

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo. 

Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado. 

Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos. 

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Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo

De los sermones de san Quodvultdeus, obispo

Sermón 2 sobre el Símbolo

Nace un niño pequeño, un gran Rey. Los magos son atraídos desde lejos; vienen para adorar al que todavía yace en el pesebre, pero que reina al mismo tiempo en el cielo y en la tierra. Cuando los magos le anuncian que ha nacido un Rey, Herodes se turba, y, para no perder su reino, lo quiere matar; si hubiera creído en él, estaría seguro aquí en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida.

¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido para expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te ensañas, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños.

Ni el dolor de las madres que gimen, ni el lamento de los padres por la muerte de sus hijos, ni los quejidos y los gemidos de los niños te hacen desistir de tu propósito. Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Crees que, si consigues tu propósito, podrás vivir mucho tiempo, cuando precisamente quieres matar a la misma Vida.

Pero aquél, fuente de la gracia, pequeño y grande, que yace en el pesebre, aterroriza tu trono; actúa por medio de ti, que ignoras sus designios, y libera las almas de la cautividad del demonio. Ha contado a los hijos de los enemigos en el número de los adoptivos.

Los niños, sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires que mueren. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar. He aquí de qué manera reina el que ha venido para reinar. He aquí que el liberador concede la libertad, y el salvador la salvación.

Pero tú, Herodes, ignorándolo, te turbas y te ensañas y, mientras te encarnizas con un niño, lo estás enalteciendo y lo ignoras.

¡Oh gran don de la gracia! ¿De quién son los merecimientos para que así triunfen los niños? Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo. Todavía no pueden entablar batalla valiéndose de sus propios miembros, y ya consiguen la palma de la victoria.

Oración

Los mártires Inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor, no de palabra, sino con su muerte; concédenos, por su intercesión, testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.

“La Sagrada Familia”

Lucas 2, 22-40 

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones”. 

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. 

Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: –Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: –Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma. “Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. 

Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. 

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Uno de los más valiosos y magníficos dones otorgados de parte de Dios a sus seres creados, es el don de la familia; ya desde los orígenes se remarca que fuimos hechos a su imagen y semejanza, aquella misma que viene de Dios, porque no se refiere al parecido físico, concretamente remarca la semejanza en la propia vida, en los dones, en las capacidades, pero también en la familia, ya que Dios mismo es familia. 

No podemos desmembrar de nosotros el concepto y cambiarlo por otro que no es, ya que hoy en día, se le llama familia incluyendo hasta al perro y el gato, concluyendo que cualquier grupo de convivencia humana se le llama familia, esto ya es un valor en sí mismo, pero puede ser a su vez una degradación. 

La familia no es tan sólo un grupo reunido en una vivienda, tampoco son aquellos los que elijo selectivamente porque viven y piensan como yo, o simplemente porque te agradan. 

Esto ha llegado a verse despectivamente, ya que han declarado verbalmente :“La familia no la escogemos por desgracia, mi nueva “familia” sí. Se olvida que la familia es un don, pero su perfecto funcionamiento depende además de las propias responsabilidades, derechos y roles en los que se desarrolla totalmente. Sin ellos no funciona, no crece ni madura. Si se ideologizan, politizan y se inventan nuevos “derechos humanos” sobre todo en torno a la familia, la estarán desmembrando, deteriorando su fundamento y su ser en sí. 

Por ello ese regalo a imagen de Dios Padre, Dios Hijo y la relación de amor de Dios Espíritu Santo, que es familia en sí mismo, debemos cuidarlo y protegerlo, de otra manera nos estarán quitando lo más sagrado en la relación de nuestro propio ser y amar en familia.

“San Esteban Protomártir”

Mateo 10, 17-22 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en sus sinagogas, y seréis llevados ante los gobernadores y reyes por causa mía, para que deis testimonio ante ellos y los gentiles. 

Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué debéis decir; porque en aquel momento se os comunicará lo que vais a decir. Pues no sois vosotros los que vais a hablar, sino que será el Espíritu de vuestro Padre quien hable en vosotros. 

Entonces el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres para hacerles morir. Y todos os odiarán a causa de mi nombre; pero quien persevere hasta el fin, ése se salvará. 

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Al celebrar el nacimiento del Hijo de Dios, a su vez hoy celebramos a San Esteban, elegido como Diácono para servir a las viudas, las mesas y las obras de caridad, fue de los primeros siete, se le atribuye el título de protomártir por considerarse el primero de los Mártires en derramar su sangre en defensa de la fe, sobre todo en el caminar arduo de la iglesia naciente durante sus primeros años.

Ya durante la historia del pueblo de Israel hubo varios martirizados, tenemos el caso de la mayoría de los profetas, además de muchos hombres y mujeres de bien, en tiempos de Jesús inicia su vida con el martirio de los santos inocentes y no se diga San Juan Bautista, invariablemente todos por odio a la verdad.

Sin embargo ese odio aún no termina, se sigue en constante lucha por que la verdad sea proclamada y aún más la verdad divina, donde el Verbo de Dios, que es la misma Palabra en sí misma sea proclamada.

Hoy en día da miedo conocer la verdad, se prefiere la mentira, lo superfluo y vano, a tal grado de que existen personas que les da vergüenza que algo relativo a Dios sea puesto en su face, pero sí aceptan toda la basura que les proponen y hasta la difunden, se les hace divertido.Eso habla de quienes son, de qué son capaces y hasta dónde pueden llegar, porque ser anónimo de lejos, no tiene nada que ver con estar presente y de verdad.

Cabe la moción para reconocer aquellos que no tienen miedo de decir la verdad, de vivirla, de proclamarla, porque ella, como el mismo Jesús lo dice, “nos hará libres”, sin ser esclavos de la ignorancia y la vulgaridad.

“Navidad”

Juan 1, 1-5. 9-14

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. 

Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. 

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. 

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Hoy se nos recuerda, ese maravilloso plan de Dios acontecido desde toda la eternidad, cambiado en su momento por el pecado, pero renovado a tal grado de proseguir como inicialmente fue proyectado. 

Ya desde el principio se remarca ese amor de Dios que en unidad ha ideado la creación entera, desde donde siempre con generosidad nos ha incluido. Plan que falta ser conocido, porque cuando miramos solo al horizonte, vemos la magnificencia de lo creado, pero es justo mirar hacia arriba, hacia el creador mismo para conocerlo y amarlo.

No es que seamos incapaces de reconocer la vida en sí misma, sobre todo en un nacimiento, pero tan impuestos estamos a tenerla, que olvidamos a quien nos la ha participado, por ello en este día recordamos ese nacimiento como el nuestro, aquel que se dio en la historia de la humanidad para devolvernos esa memoria olvidada que nos hace rechazar su plan, que nos hace desconocerlo.

Pero dichosos aquellos que sí desean obtener las gracias proyectadas eternamente sobre los que son el objeto del amor de Dios, llenos de gracia, llenos de verdad, llenos de santidad, llenos del mismo ser de Dios, creados desde el principio a su imagen y semejanza, con la capacidad de llegar a Él, por medio de su Hijo en esa misma semejanza, con esas mismas capacidades y, a su vez, ahora con las mismas oportunidades. 

Todo esto conlleva la Navidad, ese nacimiento inicia la restauración de la misma imagen de Dios planeada desde el principio en nosotros. Es por ello que hoy recordamos en su día, el proyecto hecho realidad para nosotros desde la eternidad.

“Noche Buena”

Lucas 1, 67-79 

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. 

Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres y acordarse de su santa alianza. 

El Señor juró a nuestro padre Abraham concedernos que, libres ya de nuestros enemigos, lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida. 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos y a anunciar a su pueblo la salvación, mediante el perdón de los pecados. 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”. 

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En esta ocasión les comparto los esquemas para recostar El Niño Dios y la bendición para la cena de Navidad:

PARA ACOSTAR AL NIÑO DIOS

Antes de la Cena de Navidad se reúne la familia junto al Nacimiento.

1.- SE CANTA O SE ESCUCHA UN VILLANCICO

2.- ACTO PENITENCIAL

Guía: Para preparamos a recibir a Dios que se hizo hombre para salvamos, reconozcamos que somos pecadores y que necesitamos su salvación.

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso..

3.- LECTURA DEL EVANGELIO

Guía: Recordemos lo que pasó aquella bendita noche hace casi 2,000 años:

Evangelio según san Lucas 2,1-14:

En esos días, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de la Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad, de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Cuando estaban en Belén llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común.

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la gloria de Dios. Como estaban muy asustados, el ángel les dijo: «No teman, pues he venido para comunicarles una buena nueva que será motivo de alegría para todo el pueblo: Hoy ha nacido para ustedes en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron en torno al ángel, y cantaban a Dios: Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra, gracia y paz a los hombres. Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

4.- ACOSTAMIENTO DEL NIÑO

Guía: Antes de colocarlo en el nacimiento, “X” (el más pequeño de la familia) va a darnos a besar al Niño Dios

5- VILLANCICO.- (Se canta o se escucha mientras se besa al Niño). Al terminar

6- PETICIONES

A cada petición responderemos Todos: Te lo pedimos, Señor.

Guía: Pidámosle al Niño Dios que así como es el centro de este nacimiento hoy, sea todos: los días el centro de nuestra familia y de nuestra vida.

Guía: Que Jesús, pudiendo nacer rico quiso nacer pobre, nos enseñe a estar contentos con lo que tenemos.

Guía: Que Jesús, que vino a perdonamos, nos enseñe a no ser rencorosos con los demás.

Guía: Que él, que vino a fundar la mejor familia del mundo haga que en la nuestra reine siempre el amor, la unión y el deseo de ayudarnos mutuamente y a las demás familias.

Guía: Que él, que nació en una cueva porque no hubo lugar en la posada para su familia, se acuerde en esta noche de tantos niños para los que no hay lugar en los hogares, de tantos hombres y mujeres para los que no hay lugar en las fábricas, de tantos refugiados para los que no hay lugar en el mundo y de tantos indígenas para los que no hay lugar en nuestro mundo moderno.

7.- VILLANCICO FINAL

¡Que nuestro Señor Jesucristo nazca en los corazones de cada uno de ustedes!

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BENDICIÓN DE LA CENA EN LA NOCHEBUENA

Al iniciar la cena:

+En el nombre del Padre, del Hijo y del Espírtu Santo. Amén

Esta noche buena nos reunimos en esta mesa para recordar y celebrar el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Te damos gracias Señor, Dios Padre Omnipotente, porque por tu bondad en una noche como ésta, permitiste que tu Único hijo se hiciera hombre para liberarnos del yugo del pecado.

Gracias, Padre Nuestro, por el cariño de predilección que nos tienes, aún sin merecerlo.

Gracias, Jesús Nuestro Señor, porque nos enseñaste a ser humildes naciendo en un pesebre cuando podías haber nacido en un palacio. Enséñanos a ser como tú, humildes y mansos de corazón.

Gracias, San José, hombre recto y justo que acogiste con generosidad al Hijo del Altísimo y que protegiste con amor y devoción a la Santa Madre de Dios.

Gracias Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, por haber dicho “Si” cuando el ángel te anunció la voluntad del Padre.

En esta Noche Santa, te pedimos Señor por nuestras necesidades:

Te pedimos por la Santa Iglesia Católica, por el Sumo Pontífice, por los Obispos, por los Sacerdotes, por los diáconos, por los misioneros, por los religiosos y por todos aquellos hermanos que han entregado su vida para predicar el Evangelio.

Te pedimos la Paz del mundo.

Te pedimos por nuestra Patria y por nuestros gobernantes, para que sepan guiar con prudencia y justicia a nuestra nación.

Te pedimos Señor por nuestra familia, por nuestros amigos, por nuestros compañeros de trabajo, por nuestros empleados.

Señor, Dios del Universo, te damos gracias por estos alimentos que por tu bondad recibimos de tus manos. Te pedimos por los pobres del mundo que no pueden, en esta Noche Santa, cenar como nosotros cenamos. Te pedimos por ellos, y por nosotros para que aprendamos a compartir los bienes que nos das todos los días, para que a ejemplo de Jesucristo Señor nuestro, sepamos vivir la caridad con nuestro prójimo todos los días de nuestra vida.

Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos. El Rey de la Gloria Eterna nos haga partícipes de Su mesa Celestial.

Contestan todos: Amén

Al terminar la Cena

Te damos gracias Omnipotente Dios por todos tus beneficios en esta Noche Santa. Haz que cada uno de nosotros en esta familia sepamos acercarnos a ti como un niño que necesita de Tu auxilio, tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Contestan todos: Amén

“La mano del Señor estaba con él”

Lucas 1, 57-66 

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. 

A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así». 

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. 

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. 

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Pareciese que los Santos, aquellos que tan sólo conocemos hasta donde cabe la expresión, no son los únicos porque existen millones más, eternamente desconocidos para nosotros, mas no para Dios, pensamos que hubieran sido marcados especialmente con la gracia de Dios, olvidando en el común al resto, ya que el mismo evangelio remarca que la mano del Señor estaba con él, refiriéndose a Juan el Bautist.

Lo que hay que entender, es que la narración fue escrita muy posteriormente a los hechos mismos acontecidos en su momento, además está recargada de la fe y la devoción de las primeras comunidades, sin embargo, ya conociendo la obra realizada por Juan Bautista, quien escribió el relato, en este caso Lucas inspirado por Dios, no dudó en reconocer esa gracia a la que Juan respondió toda su vida. 

Pero en Realidad quien se deja alcanzar conscientemente de la mano de Dios, puede hacer las mismas obras, cuando no mejores, porque de igual manera, el hecho mismo de que Dios ya nos comparta la vida, es porque de suyo, tiene un plan perfecto de santidad para nosotros, por lo que deberíamos de responder al mismo en la misma conciencia y cantidad. 

De igual manera la mano de Dios está a nuestro lado, tan sólo falta el detalle de tomarla en cuenta en nuestras vidas y hacerla eficaz, nadie está exento de su gracia, pero si nosotros somos los que la relegamos, extirpándola de nosotros, ahí su eficacia no depende de Dios, sino de nosotros que la hacemos activa y presente. Por ello al igual contigo, como con cualquier ser humano viviente, la mano del Señor está con él.