“Preparen el camino del Señor…”

Marcos 1, 1-8 

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”». 

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

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Ya celebrando el segundo domingo del tiempo del adviento, se nos recuerda directamente a través de Juan el Bautista, el modelo de misión a tomar, hay que “preparar el camino del Señor”, pero no solamente se refiere a la actitud de preparar, sino también a la de “allanar su senderos”, es decir, hay que hacer un trabajo eficaz que marque toda nuestra vida a tal grado que permanezca esa gracia hasta la vida eterna. 

Porque como el mismo tiempo lo requiere, es una oportunidad de desechar todo aquello que nos impide crecer y aumentar en bienes, en este caso los espirituales, porque parece que tan solo nos dedicamos a preparar durante todo el año, el llenar las arcas para crecer pero tan sólo en las adquisiciones materiales. 

Si somos capaces de durante todo el año ahorrar para obtener los bienes anhelados de los más cercanos a nosotros, entonces creo que un esfuerzo más no será problema para en tan sólo cuatro semanas, que es lo que dura el adviento, tiempo suficiente para recibir tan eficaz gracia, porque bien aprovechado no se necesita mas, seamos capaces de disponernos a preparar el camino para que el Señor llegue a nuestras vidas y lo recibamos con un ánimo de novedad real y concreta, sobre todo en las relaciones familiares y sociales. 

Allanar, precisamente expresa la acción de retirar aquello que nos estorba en el camino, lo que no te hace llegar el fin deseado. A veces lo tomamos de manera extrema y radical, pensando que será un cambio trágico y exagerado para con Dios. Pero si ya te ha dado los dones necesarios materiales, no veo por qué no complementarlos con una actitud correcta y sabia de buenos administradores que conlleva la gracia de Dios desde la preparación a su nacimiento. 

Juan se preparó y preparó a los demás; hoy nos toca ser ese Juan bautista, que dispone su vida y la de los suyos en el amor, para cuando llegue el Señor, sea perfectamente bien recibido y transforme nuestras vidas, como un bebé lo hace en un hogar, con la diferencia que Jesús lleva la redención implícita y la restauración todos los dones perdidos por nuestra desobediencia.

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