“Vengan a mí…”

Mateo 11, 28-30 

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». 

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Dentro de toda nuestra vida, la carrera principal y primordial de cada ser humano existente en el planeta desde su nacimiento, es buscar el ser aceptado y el ser amado. No hay otra carrera por la que luchamos más que por ello, luego vienen las demás opciones de vida que vamos eligiendo conforme vamos avanzando. 

Si hacemos un recuento, la mayoría de problemas, que van desde la propia familia hasta una nación completa, surgen por la insatisfacción de ser amados, de ser reconocidos y aceptados, en donde el amor no funciona como debe, entonces se convierte en una relación o situación disfuncional. 

Modelos de amor, de relación, de entrega y de inclusión, así como de plena aceptación, los tenemos presentes por doquier, y ¿qué hacemos con ellos?, los tachamos y negamos, preferimos seguir en la eterna y dolorosa búsqueda del amor, pero empapada del sufrimiento que conlleva una situación personal ya no muy sana. 

Nos damos el verdadero lujo de rechazar al amor mismo, a Jesús, en la máxima manifestación del amor de Dios al enviarnos a su hijo (Juan 3,16), Ya que si seguimos rechazando a la fuente misma del amor, estaremos eternamente insatisfechos, buscando cubrir ese hueco existencial en nuestras vidas con todo lo que distrae, pero no sacia. 

La invitación sigue activa “Vengan a mi”, de nosotros ya depende el sentirnos invitados, porque lo somos, pero sobre todo cuidar de no remarcar el sentirnos excluidos y rechazados, porque tú no eres tu pecado, Dios rechaza el pecado, pero no a ti, ni tu persona, ni tu ser. 

Más aun, si estas cansado de todo esto, porque a veces estamos mal informados sobre Dios y el pecado, es cuando deberíamos acercarnos para encontrar alivio y descanso.