“Ante dudas, pruebas”

Lucas 7, 19-23

En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Cuando llegaron a donde estaba Jesús, le dijeron: “Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro”. 

En aquel momento, Jesús curó a muchos de varias enfermedades y dolencias y de espíritus malignos, y a muchos ciegos les concedió la vista. Después contestó a los enviados: “Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso el que no se escandalice de mí”. 

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Es muy eficaz una explicación que demuestre aquello que disipa la duda, dándose en su momento una satisfacción que sacia el intelecto de conocer algo nuevo y comprobarlo. La metodología puede ser teórica, práctica, vivencial, narrativa, imaginativa y testimonial entre otras. Cada quien utiliza la que mayormente le facilite la asimilación aunque sistemáticamente utilizamos el método de aprendizaje tanto inductivo como deductivo. Curiosamente lo estandarizamos de tal manera que llegamos a optar por que todo conocimiento adquirido pase por los mismos y a veces no aplica como tal.

Entonces vienen las dudas, esa que no dejan de oscilar en nuestra mente de vez en cuando y que a su vez nos hacen reaccionar; cosa nada buena, porque de suyo la regla principal siempre será: “Ante la duda, es mejor no obrar”, pero por lo general se hace caso omiso y la duda la utilizamos como un elemento a proclamarlo mezclado con la crisis que conlleva de manera externa y por ende tratando de que la duda de lo que sea se implante como tal en los demás sin querer conocer la verdad al respecto, a veces usado sistemáticamente como tema común y compartiendo una crisis comunitaria entre los que adolecen de ello.

Jesús se arriesga a demostrar sí es el que se espera, el que habrá de venir, con los hechos, y digo que es un riesgo porque a lo mejor no alcanzan a descubrir quién es Jesús, pudiendo confundirlo con un curandero mágico, o con todo lo que se imaginen según su idiosincracia.

Sin embargo Jesús no quiere ufanarse de su ser, sabiendo que sí es el Mesías, no lo proclama a los cuatro vientos pidiendo un reconocimiento enfermizo, fanático y adictivo a Él. Por el contrario, lo demuestra con hechos concretos que vienen de la Gracia y Poder de Dios, para confirmar su ser y no tan sólo platicarlo.

Al Igual nosotros, más que estudiar una teología profunda, para iniciar a reconocerlo y conocerlo más de cerca, hay que ver de cerca los milagros que acontecen diariamente, desde al despertar, hasta poder respirar sin que nos haga falta el aire y miles de detalles más en los que se manifiesta, una vez identificado, puedes disipar tus dudas con el estudio eclesiástico teológico y así descubrir las pruebas que a un tiro de piedra las puedes encontrar.