“Él los bautizará con Espíritu Santo”

“Él los bautizará con Espíritu Santo”

Marcos 1, 6b-11

En aquel tiempo, proclamaba Juan: —Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.

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Cuando hablamos de las gracias y dones otorgados por medio del bautismo, nos referimos a ese momento en el que realmente acontece una transformación total, no me estoy refiriendo a una metamorfosis que te cambia radicalmente, no es a ese grado donde lo físico cambia por completo, la transformación es más profunda, se realiza en el fundamento del mismo ser humano, de la elección de parte de Dios al hacemos ya de suyo, a imagen y semejanza.

Todos los seres han sido creados gracias a su amor demostrando su diversidad, todos incluyéndonos a nosotros somos parte de esa creación, somos sus criaturas, más sin embargo ha querido regalarnos aun algo más, no basta con ser creados a su imagen y semejanza, sino que además plenifica nuestras propias vidas, complementándolas con esos dones que nos hacen no superiores, sino amorosamente elegidos para ser depositarios de los dones propios de Dios y, eso no se hace físicamente, se hace por medio del bautismo.

Aquí es el momento donde dejamos de ser tan sólo sus criaturas, para convertirnos en sus hijos, donde a esa alma otorgada se le brindan todas las capacidades para desarrollar en sí misma no tan sólo la imagen, sino la semejanza, es decir, capaces al igual que nuestro Creador de amar, de razonar, de tener inteligencia, piedad, y el resto de los dones que vienen exclusivamente de Dios a un ser ya preparado para ello como tu y como yo.

Y todo eso no basta con el agua, es el mismo Espíritu Santo quien hace la obra; por fuera vemos un bonito ritual, pero en el fondo Dios está haciendo renacer a la misma persona ya amada por ser parte de su creación, en un amor predilecto y exclusivo de hijos de Dios y herederos por ende de la gloria eterna.

Es por ello necesario reconocer su acción, porque no es tan solo el rito, no es tan sólo el signo del arrepentimiento, es la misma gracia y santidad de Dios junto con sus dones los que se te otorgan por medio del Paráclito, eso es lo más importante y real.

Felicidades a ti que has sido transformado por las aguas bautismales porque ya eres templo mismo del Espíritu Santo.