“A vino nuevo, odres nuevos”

“A vino nuevo, odres nuevos”

Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: —Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?

Jesús les contestó: —¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.

Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.”

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Dentro del entorno de nuestra vida, vamos conociendo directamente, mediante la experiencia aquellas personas, situaciones, ideologías, sistemas y cosas, con las que en su momento ya nos familiarizamos, tomando posturas naturales ante ellas en cierta medida, mas sin embargo, los tiempos cambian y con ello a su vez arrastra todo a vientos nuevos de cambio, por lo que cuando la novedad se hace presente, a veces nos tornamos algo renuentes al cambio.

Pretendemos estancarnos cómodamente en lo que ya conocemos y manejamos en dominio al alcance de nuestras posibilidades y, lo nuevo, sobre todo cuando no se conoce, ocasiona inicialmente una actitud de rechazo.

Pero los cambios son inevitables, es la dinámica de la vida, siempre buscar la novedad, además de que siempre son buenos, aunque para los que no desean renovarse será una crisis hasta de identidad. 

Inclusive la misma dinamicidad de la Palabra de Dios, es tan actual a cada tiempo que no hay que renovarla, y lo que se dijo ayer, que se sigue diciendo hoy, adopta cada vez un sentido más profundo siempre en la misma verdad y es más comprensible, así como adaptable.

Si ni las propias células de tu cuerpo son las mismas, ya que está comprobado científicamente que se renuevan cada siete años, siempre somos nuevos aunque no seamos conscientes de ello.

Es por ello que en esa misma dinámica Jesús expone, ante la novedad de su Palabra, estar abiertos para adoptar de igual manera esa espiritualidad, que a veces pareciese que se contrapone con las tradiciones humanas, pero que en realidad son los miedos los que salen a relucir ante la novedad.

No hay que tener miedo, lo nuevo es siempre una bendición, por ello “a vino nuevo, odres nuevos”

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