“Jamás en soledad”

“Jamás en soledad”

Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: —¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él. Jesús les decía: —No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

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Comúnmente creemos que tenemos de manera muy cercana a ciertas personas, entre ellas no se diga la familia, los amigos, los vecinos y hasta los desconocidos, mas habría que distinguir entre proximidad y cercanía, ya que solemos confundir una con la otra.

De hecho, el común denominador podría afirmar sin lugar a dudas, es la proximidad, es decir, estamos rodeados de un mundo de gente con o sin contacto directo, háblese escuela, trabajo, incluso la propia familia, pero eso no es garantía de en realidad tener compañía cercana caminando al unísono en el pensar y el actuar.

La mayoría de las veces aún rodeados de gente conocida, nos sentimos solos, por el simple hecho de que no hay una conexión de conformidad con los otros. Se ha estado gradualmente perdiendo el sentido común y el compromiso con el otro sea quien sea. Tan sólo el hecho mismo de voltear a ver la mirada a otra persona, sobre todo los más jóvenes se sienten atacados y los mayores inseguros.

Pérdida por la desconexión humana y la conexión tecnológica. Pero independientemente de ello, vemos que esa barrera es totalmente superable, porque día a día tenemos la oportunidad de acercarnos y entablar una buena y afable relación con los demás, sólo falta la valentía para hacerlo.

Jesús demuestra que vivió mucho tiempo próximo a los suyos, pero en realidad alejado  de ellos, no por sí, sino por los demás, porque su gente es quien lo desconoce, los que no aceptan su misión, los que desean no sea más que el común de ellos, desconectados de su ser y su realidad, cosa más acentuada en nuestros días.

Sin embargo jamás estuvo en soledad, ya que el mismo evangelio remarca que valientemente volvió a su tierra, pero no solo, sino acompañado de aquellos con los que realmente están con Él y no me refiero a los que le dan por su lado, sino los que están en cuerpo y espíritu unidos a un mismo caminar.

A veces eso falta, unirnos a los demás en todos los niveles para no estar solos aún entre miles de otras personas.