“Justos y pecadores”

“Justos y pecadores”

Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: –«Sígueme».

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: –«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»

Jesús les replicó: –«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan»

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Existen los conceptos de santidad, también expresada bíblicamente en las personas como “justos” al igual que el término inequívoco de pecado o pecadores, términos que aplicados radicalmente se convierten en una exageración y, hasta mal intencionada tanto en un lado como en otro, de igual manera negativo tanto en el concepto religioso como en el pagano.

Conceptos que no deben de radicalizarse ni absolutizarse ya que se utilizan como un elemento despreciativo. Por un lado los que “se sienten justos” suelen suplantar una imagen de bondad, sobre todo ante el qué dirán, cuidando la imagen más que la espiritualidad en todos los niveles posibles habidos y por haber, se tornan en jueces parciales tomándose el derecho de remarcar las faltas en los demás, como si ellos y ellas estuvieran exentos o como si ya gozaran en pleno de la eterna santidad. 

En cierta medida son indeseables porque abruman el ambiente envenenándolo totalmente de prejuicios y exclusiones selectivas faltando entera y plenamente a la caridad en todos los aspectos, sobre todo en el trato con los demás.

Por el otro lado tenemos a los que se sienten pecadores, como excusa de impureza para alejarse del compromiso y la relación con lo sagrado y divino. Es un falso reconocimiento del pecado sin ser conscientes realmente de su gravedad, ya que no atienden su salud espiritual ni se reconcilian con Dios.

Olvidamos que el “justo peca siete veces” al día, dicho popular que revela la verdadera condición del cristiano en constante renovación permanente, dónde basta reconocer el pecado real para sanarlo, dónde se busca día a día la santidad, la cual no será plena sino hasta que estemos cara a cara con nuestro Creador. 

Ni hay totalmente pecadores, ni totalmente justos, somos maravillosamente perfectibles tanto en uno como en otro aspecto y todos oscilamos entre los mismos. Por ello lo más sano es reconocernos pecadores, ya que por ahí empieza la verdadera santidad. 

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