“Complementos”

“Complementos”

Juan 3, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: –«Te lo aseguro, tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.

Nicodemo le preguntó: –¿Cómo puede suceder eso?

Le contestó Jesús: –«Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».

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A primera instancia, creemos que el centro del universo lo somos nosotros, es decir, crees que lo eres tú, porque desde el momento en que nacemos, no hacemos otra cosa sino pedir atención y ser saciados en todos los aspectos de la vida. Necesidades que son conatos a nuestro ser, pero que en su momento pareciese que quedan permanentemente en nuestra vida, demandando constantemente todo a todos.

Aquí es donde Jesús resucitado nos brinda la oportunidad muy certera de crecer y no depender tan sólo de lo que humanamente se nos ha regalado, es por ello necesario nacer de nuevo, optar por una vida no tan sólo centrada en mí mismo, sino que hay que salir de nuestro ego y elevar la mirada para ver claramente de dónde venimos y a dónde vamos, así como los que están a nuestro alrededor.

Ya que centrados en nuestro ego, es imposible detectar de dónde viene el viento y a dónde va, porque no es relevante ni importante para mi, hay que nacer a esa vida más plena dónde la riqueza de los dones y capacidades de los demás nos complementan exitosamente; dónde descubrimos que existe algo más que yo y aún así más importante, sin degradar nuestra propia apreciación y autoestima.

Son esos complementos que además de los evidentemente reconocidos en esta tierra, nos ayudan y esclarecen los que vienen del cielo, y aquí es donde el complemento se plenifica, ya que no tan sólo dependemos del aquí y el ahora, sino que nuestra vida y espíritu se abre a donde pertenece, a lo eterno.

Cristo es el mejor y mayor complemento, ya que sin Él, tan sólo eres tú y tu efímera fama de quince minutos.

¿Se puede volver a nacer?

¿Se puede volver a nacer?

Juan 3, 1-8

Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: –«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».

Jesús le contestó: –«Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».

Nicodemo le pregunta: –«¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?»

Jesús le contestó: –«Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: «Tenéis que nacer de nuevo»; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

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Parecería que nuestro pensamiento podría tender hacia la reencarnación, pero aquí ese no es el caso, ya que afirmamos la gratuidad de una vida única y plena que puede llegar hasta la eternidad gracias a Cristo Resucitado, y el volver a nacer no se refiere a otra vida distinta de la actual.

Se trata de aquel don de regenerar todo cuanto somos, con la capacidad de restaurar nuestra misma naturaleza pero a través del bautismo, el cual refiere la vida hasta la eternidad y no tan sólo al proceso biológico de nacer, crecer, reproducirnos para el final morir.

Es el regalo y a su vez el milagro de restaurarnos en esta misma vida, el paso de ser criaturas al ser hijos de Dios, dónde se regala ya la eternidad, y se renace a una nueva vida en el espíritu.

Podríamos pensar a manera de ciencia ficción que sería posible con una clonación exacta, pero en realidad sería otro ser distinto a ti, idénticos genéticamente hablando, pero distintos en su ser y su materialidad, así como con una voluntad individual y única. Eso no es renacer.

Ese renacer es la transformación total de nuestro ser intrínsecamente hablando, porque hemos decidido voluntariamente nacer a la vida eterna, a la felicidad al estar eternamente con el Señor Jesús en amor total.

Sí es posible renacer, pero en el aquí y el ahora, y depende de ti.

Divina Misericordia

Divina Misericordia

Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: –«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: –«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado así también os envío yo».

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: –«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: –«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó: –«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: –«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás: –«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás: –«¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: –«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

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El segundo domingo de pascua es dedicado a La Divina Misericordia, ya que todos los textos de las lecturas litúrgicas hablan del mismo así como las oraciones de la misa. Día que es importante recordar no sólo el heroísmo y la valentía con la que realizó Jesús la obra de la redención, a través de su muerte y resurrección, porque no se trata de un super héroe, sino de Nuestro Redentor.

Por ello remarcamos justamente que uno de los fundamentos principales de esta gran obra, está basada en la Misericordia de Dios, es decir, el amor que nos tiene aunado a su paciencia para esperar las respuestas de amor que le debemos. Misericordia que hay que enfatizar en cada una de sus acciones, porque Jesús no era ningún activista, no estaba enfocado en algún sólo aspecto de la vida, sino que su compromiso era con toda la creación entera.

Dios jamás se desanima ante las actitudes adversas y de negación que le hacemos constantemente como personas y, no se diga como humanidad, hasta pareciera un rechazo y queja de participarnos sus dones y la propia vida. 

Sin embargo, ya es de suyo una bendición el que no reaccione como nosotros, porque ya hace bastante que nos hubiera dejado en el olvido, dónde desde aquí se remarca esa misericordia eterna que no deja de ser una muy propia característica de su Ser.

Misericordia que no es propiedad exclusiva de Él, sino que ademas es compartida con cada uno de nosotros para que juntos la ejerzamos en común unión y con toda la caridad posible entre nuestros hermanos, ya que no es tan sólo para recibirla o exigirla hacia nuestra persona, sino además en conciencia para vivirla con los demás.

“Pero no les creyeron…”

“Pero no les creyeron…”

Marcos 16, 9-15

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: –«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

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De suyo ya es una limitante que ante un testimonio nuestra voluntad no quiera adherirse a la fe que se nos propone en condiciones normales; pues ésta se agrava en medio de las crisis ya que nuestra mente no está tan descansada para asimilar los hechos con las emociones encontradas entres sí.

Es el caso que empapa los escritos evangélicos acerca de la resurrección, es un contexto de incredulidad, pero no de aquella que se ensaña en una orgullosa necedad personal autoimpuesta, sino totalmente movida por la lenta asimilación del torbellino de sucesos que acompañan la muerte y resurrección de Jesús, vividos de manera muy cercana y personal, pero sobre todo impactada por el amor que se le confiesa y el riesgo de la propia muerte de sus discípulos.

Todo esto influyó para que no les creyeran a aquellos que fueron testigos de su resurrección, sino que fue necesario hacerse presente en medio de ellos, sobre todo para continuar y concluir su obra en ellos y en los que creerán posteriormente.

De igual manera habrá que ver que sarta de circunstancias acontecen actualmente en nuestra vida y en la de los demás, para bloquear nuestra mente y corazón a tal grado de negar a aquel que tanto nos ha amado, y dejar de crecer en los valores que brindan mayores gozos, alegrías, paz y felicidad.

Sin embargo Jesús jamás se da por vencido, sino que constantemente nos da su testimonio para reconocer aquello que complemente la vida física y eso es, su propia vida resucitada y eterna, por ello la invitación de los hermanos a proclamar de manera viva y testimonial el Evangelio a toda la creación, ya que nadie queda exento de esta invitación ni de esta gracia.

“Se apareció otra vez…”

“Se apareció otra vez…”

Juan 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: –«Me voy a pescar».

Ellos contestan: –«Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.

Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: –«Muchachos, ¿tenéis pescado?»

Ellos contestaron: –«No».

Él les dice: –«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: –«Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: –«Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: –«Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

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El hecho de que nos lleguen brotes de fe allá de vez en cuando, no significa que estamos completos en las obras que nos llevan a la salvación, de suyo es un proceso tan bello así como pacientemente llevadero día a día, que con una sola moción no basta.

Es necesario constantemente ir y venir al encuentro con el Señor para fortalecer y reforzar nuestros corazones, ya que las dudas e incertidumbres suelen borrar de súbito toda muy buena intención.

Es por ello que Jesús conociendo de manera personal a esos corazones frágiles y titubeantes, no se complace con hacer una sola intervención, sino que constantemente se hace presentemente entre ellos para alimentar una y otra vez nuestra condición humana hasta llegar a la confidencia total.

No nos extrañe que los testimonios, así como las llamadas cercanas de nuestros hermanos nos lleguen de vez en cuando una y otra vez, no porque el Señor sea necio, sino porque estás desaprovechando día a día la oportunidad de la vida de la gracia que se da exclusivamente para ti y los tuyos.

Ya de nosotros depende dar importancia a los casos u omitirlos, pero no se te olvide que al final la responsabilidad es tuya y en un tanto de aquellos al igual que no hicieron el intento de compartirlo cuando les fue dado.

“Así estaba escrito…”

“Así estaba escrito…”

Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: –«Paz a vosotros».

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo: –«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: –«¿Tenéis ahí algo de comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: –«Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: –«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos “al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Vosotros sois testigos de esto».

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Una vez que los discípulos de Emaús han reconocido a Jesús, sobre todo en medio de la Eucaristía, es decir en la “Fracción del Pan”, se convierten automáticamente en Testigos de su Resurrección; es el don que se brinda a pesar de dolor en medio de la oración y su entendimiento de los mismos planes de Dios.

Su misión es ahora compartir la experiencia obligada, no por mandato, sino por la alegría que no puede ser retenida en un silencio e inexpresividad humana, sino todo lo contrario. Acción que va preparando los corazones, ya que no dejamos de ser instrumentos mediáticos de la misma gracia de Dios que dispone con una seguridad compartida y que se da por medio del testimonio.

Una vez disueltos los miedos entre ellos, Jesús continua su obra en medio de nosotros de una manera directa y con todas las gracias que lleva la resurrección, no a tipo de magia, sino de poder absoluto sin las limitantes de la humanidad material, sino con su nuevo cuerpo glorificado.

Y aunque no nos guste, nos recuerda lo ya olvidado, que lo había remarcado constantemente acerca del plan de Dios contenido en las Sagradas Escrituras, sobre su pasión, pero que por nuestros miedos y deseo de cambiar de planes sea por amor o por temor, se confirman los hechos con el testimonio de la Resurrección.

Todo porque de suyo “Así estaba escrito”, pero nuestras distracciones y cansancios lo hacen caso omiso, por lo que ya es una gracia que esté escrito, ya que tenemos una memoria olvidadiza, pero el Señor se encarga de recordárnoslo. Por ello hay que estar atentos a lo que ya está escrito y a que no nos tome por sorpresa.

“Era necesario…”

“Era necesario…”

Lucas 24, 13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo: –«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»

Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: –«¿Eres tú el único forastero de Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»

Él les preguntó: –«¿Qué?

Ellos le contestaron: –«Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces Jesús les dijo: –«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

Ellos comentaron: –«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: –«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y “Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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El segmento post pascual de la muerte de Jesús, invariablemente nos lleva a la resurrección, ya que el gozo después de la crisis necesaria, se valora mucho más que si no hubiera pasado nada.

Y es que es necesario enfatizar tanto un valor como lo es otro, y me atrevo a llamarle valor al dolor porque de suyo lleva implícito el descanso y la alegría posteriores que conlleva un crecimiento único en su especie, ya que va adecuado a las circunstancias de la persona en el momento justo donde necesita crecer.

Es por ello necesario que todo aquello que para nosotros acontece como una tragedia negativa en su totalidad, ya que no es sino la parte faltante en medio de un plan que implica un gozo mayor.

Es necesario caer para saber lo que es levantarse, es necesario llorar para reconocer nuestra fragilidad, Es necesario callar para saber escuchar… …es necesario morir para resucitar. 

A veces queremos pasar de largo todos esos momentos duros que nos incomoda y meten en crisis, de suyo hasta llegamos a decir, que si Dios es tan grande, por qué no nos lleva de golpe a la alegría plena, pero es que es necesario conocer la diferencia entre una y otra cosa de la misma manera testimonial y no de oídas ni de pláticas.

Es necesario salir de nuestras crisis para inclusive mirar hacia Dios y reconocerlo ahí dónde parece nunca estar. Pero si vamos como los discípulos de Emaús, cabisbajos y alimentando mutuamente el dolor, jamás conoceremos la opción de la felicidad, por ellos Jesús remarca la diferencia y con toda la caridad del mundo los va guiando hasta dar razón de cada una de las verdades, que aunque no agraden son necesarias.

Es por ello que en tu vida, todo ese dolor, es necesario, de lo contrario, triste tu existencia.

“¿Seguiremos llorando?”

“¿Seguiremos llorando?”

Juan 20, 11-18

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: –«Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: –«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: –«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: –«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice: –«¡María!»

Ella se vuelve y le dice: –«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice: –“Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro»”.

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: –«He visto al Señor y ha dicho esto».

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¡Ahh! cómo nos encanta hacernos los sufridos, aparentar dolor, tristeza y casi hasta agonía, y todo, por el simple hecho de que nos gusta llamar la atención, cuando en realidad no seamos masoquistas dónde nos encante profundizar y permanecer en el dolor.

En realidad, por doquier encontramos adicciones a ciertos tipos de tristeza, y buscamos provocar a los demás para que broten, para que reaccionen mal y así poder echar culpas, quedando a su vez nosotros como los mártires ofendidos.

Pero ante la oportunidad de la felicidad, ¿realmente seguiremos alimentando la tristeza y permaneciendo en ella?, al parecer sí, tenemos el caso de María de Magdala, que a pesar del testimonio de la resurrección, no puede salir de su adicción y obsesión al dolor, que aunque sea muy grande, la solución le es dada, pero no la ha tomado ni asimilado como tal.

Es necesaria otra crisis mayor que desencadene esas ataduras sentimentales, por ello Jesús, con toda la caridad del mundo, y dándose cuenta de que las palabras previas al anuncio de la resurrección parecían nulas en la mente de los suyos, apocadas por el miedo y el dolor, es entonces cuando se hace presente el Señor, para que ese impacto y testimonio les haga cambiar de giro su mente y la alegría ayude a ubicar la realidad, sin irse al otro extremo de la euforia.

Jesús tiene todo en su control, por ello no permite que nadie siga llorando, porque es en vano ya que la vida plena no lo amerita, pero hay que darse cuenta de ello, si no, pues seguiremos llorando y a ver hasta cuándo.

“Boicot contra la felicidad”

“Boicot contra la felicidad”

Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:

–«Alegraos».

Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.

Jesús les dijo: –«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: –«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

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Tan grande es nuestra autoestima, que nos pasamos de largos. Es un hecho que tenemos todo el derecho a la felicidad, pero desgraciadamente es un don dado en generosidad compartida que no se puede contener, ni adquirir, ni comprar voluntaria y materialmente hablando.

Pero en realidad ese no es aquí el problema, sino que radica en las falsas felicidades, es decir, pensamos que teniendo poder, vamos a ser felices, de igual manera con múltiples bienes y valores, más bien cada quien se fabrica o le fabrican la “felicidad a su medida” por una muy buena módica cantidad.

Que pena que después de un rato, esas felicidades pintadas y exhibidas, se caen solas dejando un vacío y una tristeza mayor, a tal grado de que aunque lo tengan todo, cuando ven una persona llena de dicha y felicidad, se corroen en envidias casi a punto de un infarto, teniendo como fuga inmediata para no reventar, la crítica, el odio, las represalias, en fin destrozar la felicidad de aquellos a los que no les costó nada porque viene de la cercanía con el Señor y sus obras, como lo demuestra el evangelio.

Boicot que en todas partes lo vamos a encontrar, pero es no es ningún problema, porque no es tuyo, es de los demás, y por más que intenten truncar tu felicidad, es inútil cuando está bien cimentada y cierta en Jesús el Señor Resucitado, los ataques llegarán, pero de ti depende si los haces tuyos, si les das cabida a puerta abierta, o si los dejas que pasen de lado, sin olvidar pedir por aquellos de donde provienen, ya que en realidad están sufriendo mucho más que nosotros y no es justo ser felices solos, hay que demostrarles  alegría hasta que de dolor sucumban y se permitan ser felices un poco, y luego gradualmente.

No permitas el boicot contra tu felicidad plena.

“Pascua de Resurrección”

“Pascua de Resurrección”

Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: –«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

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La vida no puede ser contenida en ningún lugar de tan grandiosa que es, pero la gracia de  Dios ha hecho posible todo, e inclusive poseerla en un ser materializado como lo es en nuestra limitada humanidad, ya que somos toda una proeza junto con la creación entera que revela la magnificencia del Creador. 

El mismo sepulcro queda estrecho a tan gran don, y más aún para aquella vida que se nos da en felicidad y libertad, ya que la muerte es el paso necesario y agradecido para esta carne que nos ha contenido generosamente, en donde con toda su dignidad queda en reposo para la espera de la resurrección, así precisamente como Jesús, en quien esperamos la plenitud no tan sólo de la vida, sino glorificada junto con ese cuerpo que se nos ha dado, y dónde a su vez reinaremos eternamente con Él.

No es tan sólo un sueño, sino una tajante realidad, es una promesa, pero venida de Dios que siempre las cumple en su momento. De aquí debe brotar esa alegría unida a la esperanza plena, en la confianza de aquél que ya ha dado el paso definitivo a la meta eterna, a la cual somos invitados y en amor bien recibidos.

Tan sólo basta callar para manifestar esa alegría que brota de la certeza de la vida eterna.

Felices pascuas a todos ustedes junto con su familia y amistades.