“¿Por qué somos cobardes?”

“¿Por qué somos cobardes?”

Marcos 4, 35-40

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: —Vamos a la otra orilla.

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: —Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: —¡Silencio, cállate!

El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: —¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?

Se quedaron espantados y se decían unos a otros: —¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

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Podríamos hablar de valentías o de cobardías en general, pero una persona no se puede calificar como cobarde o valiente en general en su expresividad y manera de reaccionar, porque a lo que la vista nos dice, encontramos gente más que valiente, envalentonada, es decir reacciona violentamente para amedrentar e infundir miedos, cuando en realidad esa reacción es de miedo profundo disfrazado de falso valor.

Podríamos calificar de cobardes a personas que explícitamente manifiestan sus temores, pero en realidad están siendo sinceros consigo mismos y con los demás. Pero el más valiente en un aspecto, tiene fobias a otras áreas de su personalidad, como quien es un busca pleitos, pero le teme a las arañas, ¿entonces dónde quedó la valentía?, yo creo que en casa bien guardada para no desgastarla.

Aquí Jesús habla de esa valentía real que se hace presente en toda circunstancia, que no adolece ante ningún compromiso ni invitación a participar en cualquier actividad, pero el orgullo suele ser más grande y el miedo al qué dirán. Las valentías vacías son presumidas, se manifiestan para impresionar, pero el compromiso en cualquier situación real no aparece.

Aquí es donde aparece dicha cobardía, cuando en lo que no se ve, en la fe, en las buenas obras, tenemos miedo al qué dirán, que nos tachen de beatos, pero quien sabe lo que da y lo que recibe en su actividad religiosa no le importa el parecer de los demás, porque  aquellos para criticar si son valientes, pero cobardes para crecer en la fe y comprometerse.

La fe da esa valentía íntegra en todos los aspectos, es gradual y se va desarrollando con la vida de oración y los sacramentos, sin olvidar las obras de caridad, con esto desaparecen los cobardes y se manifiestan los verdaderamente valientes y con la frente en alto.