“Se le echaban encima para tocarlo”

“Se le echaban encima para tocarlo”

Marcos 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

———————————————-

En la historia que conocemos de la humanidad, aunque existen bastantes cambios radicales en la forma de vida y costumbres de las personas, encontramos realidades que jamás ha dejado de existir, son las situaciones en las que caemos comúnmente en medio de nuestros cansancios, que nos hacen reaccionar a veces sin pensar violentamente, que revelan el estado anímico y espiritual en el que hemos caído.

En el mismo evangelio encontramos esa misma situación, no quiere decir que era propio de su tiempo, pero nos da una idea clara del entorno como e vivía en su momento. habla de situaciones en las que al presentarse Jesús se remarcan aun más radicalmente porque las personas sueltan el peso que vienen cargando en el mismo Jesús en quien están confiando.

Es por ello que se remarca “Se le echaban encima para tocarlo”, es un signo que revela esa situación humana que nunca cambia cuando la gente se estanca en sus propios problemas haciéndolos ordinarios como si fuera eso lo más normal.

Aquí es donde no debemos de juzgar esas situaciones porque cuando se dan, nos indican todo lo que hay detrás de los mismos, y si llegamos a caer en las mismas situaciones es porque hemos perdido el rumbo y el sentido a la confianza en Dios, además de hacer notar la debilidad espiritual propia, donde todo afecta y se refleja en el cansancio humano.

Por ello debemos de siempre fortalecernos para que esos brotes muy humanos no hablen por nosotros, sino que siempre tengamos puesta nuestra confianza en Dios, en  confidencialidad.

“Silencios que matan”

“Silencios que matan”

Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: —Levántate y ponte ahí en medio.

Y a ellos les preguntó: —¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?

Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: —Extiende el brazo.

Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

———————————————————-

Una de las actitudes que creemos la más prudente, cuando se presenta un problema muy cercano a nosotros, sería la actitud de no entrometer nuestras vidas y opiniones en los problemas de otros, pero eso en realidad no es prudencia, es en cierta manera cobardía; no significa que tengas que hacer tuya la situación cuando no te pertenece, ni que tengas que obrar como si el problema fuera tuyo, sino que existen un sinnúmero de oportunas intervenciones que podemos hacer.

La primera verdaderamente prudente sería no tomar partido con ninguna persona, sino con la verdad, aquí existe una real oportunidad de sanar la situación en vez de remarcar el error o la negativa de una persona que la empeoraría, pero si la intención va un tanto viciada con tendencia a sacar provecho de eso, entonces te haces reo de culpa por apoyar situaciones no legítimas.

Aquí el problema real radica cuando no se desea seguir la verdad del hecho en sí misma, como lo es el caso del evangelio, en que buscando el mejor y mayor bien de una situación, Jesús pregunta si es lícito hacer un bien mayor del que la ley propone, y aunque sabiendo la verdad, el mal radica cuando tomamos actitudes de silencios que matan, es decir, pecamos de omisión, no dejando al olvido que es una falta en sí misma por la oportunidad de santificarnos ante la posibilidad de ejercer un bien al prójimo.

La omisión no es prudencia, es pecado, porque no basta en la vida con no hacer el mal, lo que si basta es además hacer el bien. Pero si estamos acostumbrados a guardar silencio y no hacer nada realmente oportuno y prudente, estarás negando tu propio ser que fue hecho para el bien, cuando menos iniciar orando para encomendar esa situación, ya es mucha ayuda, poner primero la intervención divina, antes de la emocional humana donde nos podemos equivocar, pero nunca quedar indiferentes, porque eso lo primero que mata es tu propia vida divina.

“Es señor también del sábado”

“Es señor también del sábado”

Marcos 2, 23-28

Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.

Los fariseos le dijeron: —Oye, ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?

El les respondió: —¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.

Y añadió: —El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado.

——————————————————-

Es tanta y tan eficiente la libertad que Dios nos otorga, a tal grado de pensar que el mundo depende de nosotros, como si la realidad fuera como nosotros la deseamos ver e interpretar. Sí, es tan grande dicha libertad que hasta independientes nos sentimos de todo, incluso hasta de Dios, pero es un sentir que lo vivimos como real, porque al final somos dependientes, incluso del aire.

Es por eso que con esa misma libertad, libremente creamos nuestras propias cadenas y nos amarramos con ellas, creamos nuestras propias leyes y las ceñimos a los demás, formamos nuestros propios criterios y los aplicamos a nuestra propia familia y amistades. Lo peor del caso es que nos la creemos tajantemente coartando nuestra propia libertad y lo mismo no se diga en el plano del pecado, que nos sentimos con la libertad y el derecho de pecar, pero del cual dependemos a veces como un vicio cíclico del cual no podemos salir.

Aquí es donde Jesús viendo hasta dónde hemos llegado, inventando e implementando leyes positivas, en éste caso la ley de Moisés, que difiere de la Ley de Dios, porque le es un anexo muy re-elaborado y extendido de los diez mandamientos; por lo que viendo las consecuencias tan radicales que expone a la misma humanidad, de eso también pretende librarnos.

Es por ello que remarca sobre esa ley, aunque hecha con una intención inicial muy buena, raya en la exigencia humana olvidada de la caridad que es el fundamento principal de la Ley y, viendo eso Jesús remarca a todo derecho que él no se ciñe a dichos mandatos humanos, cuando vive plenamente una ley más legítima la cual pretende restaurar, porque si esos mandatos soy de intervención humana, él exige los de intervención divina, por ello confirma que ante la ley del sábado, el es Señor también de ella y sobre ella.

Tan fácil que es vivir los preceptos divinos, de los cuales derivan el resto de los positivos humanos, pero si no conocemos la base y el fundamento, jamás podremos entender ni vivir el resto sabiendo de dónde vienen ni a donde van. Y no olvides que antes de las leyes humanas, cualesquiera que sean, la base deben ser las del Señor, si no, todo se desvirtúa y manipula, cuando no se corrompa ya.

“A vino nuevo, odres nuevos”

“A vino nuevo, odres nuevos”

Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: —Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?

Jesús les contestó: —¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.

Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.”

————————————————

Dentro del entorno de nuestra vida, vamos conociendo directamente, mediante la experiencia aquellas personas, situaciones, ideologías, sistemas y cosas, con las que en su momento ya nos familiarizamos, tomando posturas naturales ante ellas en cierta medida, mas sin embargo, los tiempos cambian y con ello a su vez arrastra todo a vientos nuevos de cambio, por lo que cuando la novedad se hace presente, a veces nos tornamos algo renuentes al cambio.

Pretendemos estancarnos cómodamente en lo que ya conocemos y manejamos en dominio al alcance de nuestras posibilidades y, lo nuevo, sobre todo cuando no se conoce, ocasiona inicialmente una actitud de rechazo.

Pero los cambios son inevitables, es la dinámica de la vida, siempre buscar la novedad, además de que siempre son buenos, aunque para los que no desean renovarse será una crisis hasta de identidad. 

Inclusive la misma dinamicidad de la Palabra de Dios, es tan actual a cada tiempo que no hay que renovarla, y lo que se dijo ayer, que se sigue diciendo hoy, adopta cada vez un sentido más profundo siempre en la misma verdad y es más comprensible, así como adaptable.

Si ni las propias células de tu cuerpo son las mismas, ya que está comprobado científicamente que se renuevan cada siete años, siempre somos nuevos aunque no seamos conscientes de ello.

Es por ello que en esa misma dinámica Jesús expone, ante la novedad de su Palabra, estar abiertos para adoptar de igual manera esa espiritualidad, que a veces pareciese que se contrapone con las tradiciones humanas, pero que en realidad son los miedos los que salen a relucir ante la novedad.

No hay que tener miedo, lo nuevo es siempre una bendición, por ello “a vino nuevo, odres nuevos”

“Vengan y lo verán”

“Vengan y lo verán”

Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).

———————————————

Ante el reconocimiento de Juan el Bautista de Jesús, nos encontramos con otra realidad, vemos cómo un testimonio hace que a los cercanos a él llegue la acción de Dios, y el caso es claro, porque aunque Juan es quien lo reconoce, en realidad los que lo siguen son dos de sus discípulos, y a su vez, ellos atraen a otros como lo vemos cuando acercan en el mismo esquema a Pedro.

Precisamente esa es la dinámica de Dios, no importa si se es seguidor o no, el testimonio ya es una gracia de la cual Dios se vale para mover a los corazones de otros, porque al final, dejamos permitir ser instrumentos de la gracia de Dios y eso a veces sin darnos cuenta, porque no deja de obrar.

Si un simple comentario positivo lleva la acción de transformación interior, cuánto no será aún más si lo hacemos con un conocimiento certero, aquel que se profundiza precisamente acercándose a Jesús, porque es necesario empaparnos de Él, para poder más eficazmente ser instrumentos del Espíritu Santo, porque si de suyo tan sólo un buen ejemplo ya afecta, será más eficaz si esa misma persona se dispone conscientemente a la gracia para ello, entonces todo se dará en plenitud.

Es por ello, que no basta escuchar de Jesús, hay que ir y verlo con nuestros propios ojos, encontrarnos con él, vivirlo de cerca, porque entonces veremos claro y ya no nos lo contarán, sino que seremos testigos del mismo amor de Dios, y su vez testimonio inefable para los hermanos.

No duden, vengan y lo verán.

“Comía con recaudadores y otra gente de mala fama”

“Comía con recaudadores y otra gente de mala fama”

Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos letrados fariseos, al “ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con recaudadores y pecadores!» Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores»

—————————————————-

Desde que tenemos memoria histórica, nos hemos topado con la realidad de la sectorización en el plano de las relaciones humanas, de donde directamente surgen las divisiones sociales y los estratos. Cosa que en su momento llega a acentuarse tan radicalmente que raya en el atropello de la misma dignidad humana.

Jesús no tan sólo viene a redimirnos del pecado, sino además cuida de aquella condición participada de nuestra humanidad en cuanto imagen y semejanza divina, cuida de igual modo la Dignidad. Habrá quien desee divididamente impuestos, a su vez separar la acción de Dios en las relaciones humanas, desencajándolas de la realidad social y política, para limitarlas a tan sólo el ámbito de la espiritualidad.

Pero es muy claro, su base del trato humano no se rige por las normas humanas positivas impuestas en un ámbito excluyente debido a la condición económico-laboral-social de la persona, sino en su propio ser, y éste es el que nunca ha cambiado a los ojos de Dios, todos iguales en dignidad y respeto.

Es por ello que no le importa la crítica por el acercamiento a los indeseados según las clases dominantes, porque sabía que estaba restaurando esa parte dañada por la misma humanidad, sin embargo, hoy en día, creo que seguimos el mismo patrón excluyente, tanto de un estrato como del otro, y lo primero que debemos sanar es eso que nos limita en toda relación y caridad con el hermano.

Creo que podemos iniciar por no remarcar farisaicamente cuando un personaje público o religioso haga su obra, porque hace lo que a veces nosotros no somos capaces de hacer, tratar con ecuanimidad al hermano que no ha podido salir de su situación lamentable, podemos ayudar no rechazando con nuestras palabras, para culminar ya iniciado el camino con un trato fraternal, creo que hasta el agradecimiento en esos casos se hará notar y entonces sanarás tu y sanarás a tu hermano.

“¿Qué es más fácil…?”

“¿Qué es más fácil…?”

Marcos 2, 1-12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaúm, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos, que no quedaba sitio ni a la puerta. El les proponía la Palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?» Jesús se dió cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico “tus pecados quedan perdonados” o decirle “levántate, coge la camilla y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados…» entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa». Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual».

—————————————————-

Cuando nos acercamos a Dios, siempre lo hacemos de la manera más accesible para nosotros, buscamos nuestro muy propio y original método de oración, e independientemente cual sea su manifestación en nuestra expresividad eso es muy bueno. Habrá algunos que relativicen la oración de los demás, o al contrario, criticar a los que hacen largos rezos, no olvidemos que ambos son necesarios, no porque Dios requiera de una forma concreta nuestra intercesión, sino porque así es nuestra expresividad particular.

Sin embargo persiste el método de exigir a los demás lo que yo doy o no, es una tendencia a exigir la norma mínima a los demás, cuando en el caso de éste párrafo, nos habla precisamente de orar y hacer las cosas como las requiere el gusto de los demás, o  hacerlas cómo en realidad se necesitan y sean más provechosas.

Ante ésta disyuntiva, vemos la actitud siempre certera de Jesús, no se radicaliza en una sola postura de ayuda, sino que es flexible, pero lo es no porque siempre así lo sea, sino porque las circunstancias lo requieren, todo para sacar un mayor bien siempre.

Es por ello que lo hace no tan sólo para dar gusto, sino para mostrar que ambos caminos son viables y eficaces, lo que hace es, tanto curar como perdonar, primeramente porque tiene poder y autoridad para ello, en seguida porque su caridad y acción es tan basta que la sanación viene completa e integral, es decir, sana cuerpo y alma.

Aunque de nuestra parte tan sólo requerimos a Dios lo que se nos hace más fácil para nosotros, Dios hace la obra completa, es por ello que las consecuencias suelen ser siempre mayores a nuestras expectativas. No nos extrañe que Dios obre íntegramente, aunque nosotros no abarquemos todo el compromiso que conlleva, aunque debiéramos.

“Empezó a divulgar el hecho”

“Empezó a divulgar el hecho”

Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. El lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

——————————————————

Las grades obras y maravillas que Dios hace en nuestras vidas, claro que brindan tal cantidad de alegría y gozo que no pueden contenerse, pero si nuestra mente no mide las consecuencias de aquello, lo que para nosotros fue un bien, para otros puede ser una tragedia, si una tragedia ocasionada por nuestra misma euforia.

El caso es muy claro, que por lástima y compasión ante esta persona, cansada, cargando el peso del desprecio de su enfermedad, ante su sanción, se desborda de alegría, pero la alegría no siempre es bien recibida en todos los corazones, porque no sabemos como la vayan a recibir. En algunos fomentará el gozo, en otros la admiración, en otros la motivación por las obras de Dios, pero en otros tantos que no entienden ese don, buscaran sus propias interpretaciones personales sin descubrir la realidad de un fin sublime ni divino, sino simplemente material, y para no dejarlos atrás, también aquellos en los que genera envidias.

Por ello, ante la diversa reacción de la gente, ya no pudo llevar su plan iniciando con su Palabra que es alimento y que también sana, empezando con los corazones y culminando con la salud física.

Es decir le rompieron el esquema, como quien deshace totalmente tu plan personal para alguna actividad. La diferencia la hace Jesús, porque se reinventó en un nuevo proyecto y prosigue con misión, aunque fuera de los poblados, pero aún así exitosamente.

Es por ello que hay que tener cuidado incluso con nuestras alegrías, porque no sabemos en donde llegarán a parar y con quiénes, ademas de saber que si te rompen tu esquema, al igual que Jesús puedes reinventar uno mejor y exitoso. Al final de cuentas, todo es para  la gloria de Dios.

“A éstos no los dejaba hablar”

“A éstos no los dejaba hablar”

Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirlos. Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Él sanó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era. Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí comenzó a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca. Cuando lo encontraron le dijeron: «Todos te buscan». Jesús les contestó: «Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido». Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea, expulsando los demonios.

—————————————————

Una de las mayores virtudes entre las que navegamos por la vida, es la honradez, la veracidad, la sencillez, la caridad, el trato digno y respetuoso a cualquier ser humano, cosa muy buena. La cuestión aquí negativa radica dentro de las mismas virtudes, que hábilmente puede el maligno utilizarlas en tu misma contra, porque sabiéndote atento y respetuoso, puede aprovecharse de ellas para ganarse tu atención con la falacia de la ayuda que solicita, las personas se enganchan queriendo ayudar en su plan benéfico sin notar sus malas intenciones.

La situación radica en que precisamente ante el mal, no se negocia, no se le atiende ni se le dedica tiempo, aquí aunque parezca de mala educación se le da el corte de tajo e inmediato, porque si te pones a defenderte en medio de sus mentiras, le estarás dando tiempo de debilitarte, cansarte para que pierdas la compostura y tu entrar en su propio esquema de pecado y reacción visceral violenta.

Por ello Jesús nunca les deja hablar, ya sabe que le van a truncar su misión y obra con sus mentiras, sabe que no tienen derecho a la palabra, porque no tienen nada bueno que decir y darle oportunidad de hablar, será tan sólo para maldecir.

Aquí si llegas a caer en una situación frente a un ente edemoniado o partidario con su vida disoluta, no te le pongas de modo para atacarte, no le des oportunidad, o lo callas, o gentilmente le sacas la vuelta, porque de frente destruirá tu bondad. Déjalo que se consuma en su propia ira y ya que se haya debilitado, muéstrale el amor de Dios.

Pero de regla, a éstos no los dejaba hablar…

“¿Has venido a destruirnos?”

“¿Has venido a destruirnos?”

Marcos 1, 21-28

En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaún y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de su enseñanza, pues les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios!» Jesús le ordenó: «Cállate y sal de ese hombre». El espíritu inmundo lo sacudió violentamente y, dando un alarido, salió de él. Todos quedaron asombrados y se decían: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos lo obedecen!» Y muy pronto se extendió su fama por toda la comarca de Galilea.

________________________________________

Uno de los principales problemas del mismo Jesús, en realidad no es de él mismo, sino que le llega gratis e indirectamente, porque dentro del bien que está realizando, se topará con el mal, aquel que está arraigado por milenios en la misma humanidad y se le toma en cuenta ya como lo ordinario en medio de las vidas de cada uno de los habitantes de este planeta.

Claro, arraigado en los débiles y vulnerables, aquellos que son presa fácil porque no están dispuestos a fortalecerse y crecer en los valores, así como en los dones de Dios que nos participa. 

Aquí es donde los secuaces y partidarios del mal, tanto directos e indirectos respingan, y hacen su drama, colocan a Jesús como el destructor, el asesino, el que les rompe ya su repetitivo y aburrido esquema del mal, reclamando a gritos, porque no tienen la paz para manejarlo dignamente.

Su manera de atacar para que los demás reaccionen es “¿Has venido a destruirnos?”, así se torna en víctima el endemoniado y siembra la discordia entre los vulnerables a su alrededor. Así mismo como hoy en día lo siguen haciendo los medios noticiosos, lanzan pedradas a los cuatro vientos para que le duela al que se ponga de modo y lo haga suyo.

Es por ello que tan fácil y muy sentimentalmente nos pueden manejar; pero quien se ha fortalecido con la oración y los sacramentos, se torna veraz y no tan manipulable, hasta continúan lapidando a los firmes diciendo “no vayas con ellos, no te van a creer”, que es lo mismo que decir “no te les acerques porque no te van a dar por tu lado”, 

Pero hay que saber que al final siempre la verdad ante todo. Porque Jesús si vino a destruir, pero aquello que te impide ser verdadera y eternamente feliz.