“El lujo de despreciar”

Mateo 22, 1-14


En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. 

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados”.

La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos. 

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El hecho de que se nos haya participado del don de la vida y a su vez se nos haya dedicado el tiempo para atendernos, a manera de que no nos faltase nada; en ocasiones nos hace confiados para sentirnos seguros, aunque quienes nos dan tal seguridad son todas aquellas personas que proporcionan todo lo que necesitas, empezando por tu familia.

A veces en este esquema, pensamos que nos lo merecemos todo, y cuando algo falta, no tardamos en estallar en crisis ante lo intolerantes que nos volvemos a un no como respuesta y a la frustración de no saber manejar aquello que se presenta contrario a como lo deseas.

Con esta fragilidad y falsa autoestima se camina por el mundo, creyendo que podemos rechazar a cualquier persona e invitación, olvidando que el rechazo trae consigo la consecuencia ante quien te invita, se pierde la previsión a futuro y se ofende a la persona rechazada, ya que no sabes si el día de mañana la necesitarás.

Nos damos el lujo de rechazar, olvidando que se es una oportunidad en la vida que no se vuelve a repetir. A lo mejor te invita alguien más, pero lo que te pensaban compartir nunca será igual a lo que otra persona te pueda dar.

Hay que agradecer el ser tomados en cuenta, porque vales para quien te invita, pero si decides rechazar la invitación, no olvides que el rechazo va completo con la persona que te tomó en cuenta a ti. Y no sólo aplica para las personas, porque el esquema es idéntico  para con Dios.

“Esa es María”


Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: —¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!

Pero él repuso: —Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!.

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Resulta en la vida que cuando conocemos a otras personas, ya sea del ambiente local o laboral, así como artístico, en ocasiones admiramos algo de ellas, algo que deseamos imitar o si nos es inalcanzable tan sólo lo reconocemos como tal.

Pero por lo general nos fijamos en las apariencias externas de las demás personas, vemos lo que de igual manera a nosotros se nos ocurre que nos dirían, pero no los valores intrínsecos de cada persona, esos son algo más personal.

A lo mejor a Jesús le echaban esos piropos y más, como un cumplido, pero Él mismo se encargaba de presumir la verdadera joya que es su madre, aquella que no tan sólo prestó el vientre, sino que es un estuche de monerías no por sus habilidades, sino como el mismo ángel Gabriel la reconoce, “llena de gracia”.

Porque María no sólo es madre, sino que además es portadora de la mayor gracia, aquella que se nos da con el bautismo, pero que ella la quiso cultivar y conservar hasta el último momento, su santidad.

Pues esa es María, la llena de gracia, la bendita entre las mujeres, a la que no sólo hay que hacérsela amiga por la fama y popularidad que posee, sino porque nos lleva a su Hijo, aquél mismo que le reconoce lo que Dios y ella han trabajado.

“Marionetas del maligno”

Lucas 11, 15-26

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: —Si echa los demonios, es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: —Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí”. Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

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Cuando escuchamos acerca del tema sobre la acción y presencia del maligno entre nosotros, como que nos hacemos la idea de que a nosotros no va a pasarnos nada, que son falsas creencias o en su defecto situaciones para fanáticos, así negando su influencia, y a veces parece que no pasa nada, pero ese sentir se da cuando vivimos adormecidos en situaciones permanentes de pecado que nos son ordinarias como el mismo pan de cada día. 

Le facilitamos el trabajo al demonio, porque no necesita trabajar para inducirnos al mal cuando ya vivimos en él, por lo que no tiene necesidad de estrujarnos para renegar de Dios, si con la propia forma de vivir ya lo estamos haciendo.

Para ser un poco más claro, estamos inmersos en sus fauces cuando nos la pasamos odiando a la vida y a toda persona que se nos cruce en el camino, criticando, juzgando, hablando de manera ofensiva, diciendo puras maldiciones cada tres palabras en el léxico ordinario, viviendo un libertinaje sexual sin responsabilidad, al cabo hay preservativos y abortivos; ofendiendo y levantando falsos de los demás por hobbies, atacando a todo lo que huela a Dios y a religión. Podría enumerar más, pero éstos son los más comunes.

Un modelo claro lo tenemos en las famosas redes sociales, ya que cuando una persona publica una ofensa, burla y ataque contra otros, se hace viral, mientras cuando se promueve un excelente mensaje de crecimiento y espiritualidad no es tomado en cuenta y hasta rechazado con vituperaciones. 

Es una medida de cuántas personas débiles y vulnerables espiritualmente son víctimas siendo utilizadas por el maligno para manifestar su odio a todo lo que sea bueno en el mundo. Nos hemos convertido en marionetas del demonio ya que expandimos su odio y el mal como lo más ordinario del mundo.

Aquí es donde Jesús necesita sacar esos demonios que nos manipulan, fortaleza adquirida por la reconciliación, oración y vida sacramental es lo que necesitamos, de tal manera que no te permitas ser una marioneta del chamuco.

“Insistencia”

Lucas 11, 5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”. Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos”. Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama, se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?.

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Es un común conocimiento el que Dios siempre está al pendiente de nosotros en todos los aspectos de la vida, así mismo atiende todas las necesidades de los que nos llamamos sus hijos y, aunque no está específicamente para ello, sin embargo las atiende.

Y es que Dios tiene tan grandes proyectos y expectativas sobre cada uno de nosotros, que procura insistentemente el momento en que nosotros deseemos desarrollarlas a su lado, pero a veces, a lo más que llegamos es a pedirle corrija situaciones cuando éstas nos golpean. 

Sin embargo Dios está para apoyarte en todo, ya sabemos que te sientes independiente y autónomo, y a lo mejor al momento crees poderlo todo de manera personal, pero inclusive en la abundancia y estabilidad de vida, Dios también está para con la mayor sabiduría e inteligencia apoyarte desde lo más mínimo hasta la mayor proyección de tus planes laborales y personales.

Por ello se nos recuerda, que en todo momento no hay que dejar de orar, no hay que dejar de pedir, no dejar de dar gracias, no dejar a Dios de lado, porque cuando lo alejamos de nuestras vidas, alguien más ocupará su lugar y ese alguien lo busca desesperadamente para poseerte a ti y tus bienes, no físicamente, pero si en tu pensar actuar y en el trato con los tuyos.

Sí, parece no ser escuchados, pero insistir, una y otra vez, porque la insistencia remarca el trato cercano con Dios, la purificación y la paciencia. Todo llega a su tiempo, no cuando quieres, sino cuando en realidad lo necesitas. Pero no dejes de insistir, así sea en el peor dolor sin ánimos para hacerlo, porque todo es escuchado, pero a su vez, a veces el Señor lo que espera es que te dispongas Tú a escuchar. Insistencia de parte nuestra y a su vez reconoce la insistencia de Dios que quiere hablarte, escúchalo.

“Oración sencilla y potente”

Lucas 11,1-4


Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”. 

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No cabe duda que la oración siempre tiene un efecto real y positivo, aunque cueste, como si fuera un absurdo, porque se habla al aire sin sentido, cuando en realidad cobra todo el sentido posible de quien la hace.

Orar es importante, porque hay que entrar en contacto con el Creador, aquel que requiere una correspondencia al ser tomado en cuenta en medio de nuestra saturada materialidad, donde nos importa tan sólo lo que sentimos y palpamos físicamente.

Por ello el Señor, no a querido imponernos un rezo largo e incomprensible, sino uno lleno de amor, de confianza y sencillo que nos haga conscientes de lo que es importante para nosotros y para Dios.

Un rezo común que habla de una relación personal, que conecta y que abre las puertas a la gracia, es el Padre Nuestro, por lo que se nos invita a rezarlo con devoción, porque es la misma Palabra de vida dada por el Señor Jesús y que nos es participada.

No dejes de orar, ya que la misma oración te transforma en un ser lleno de gracia y más cuando te dispones con los sacramentos a ello.

“Ayer, mañana u hoy”

Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: —Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.

Pero el Señor le contestó: —Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

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Es una pena que dentro del esquema de pensamiento lógico que nos es inculcado, seamos catalogados en base a ideas y pensamientos, en base a miedos y temores, convirtiéndonos en amigos u enemigos, según el mundo de las ideas compagine o no con lo aprendido desde que nacemos.

Creemos que somos lo que pensamos o piensan los demás y el mundo, perdiendo el contacto con nuestro verdadero Yo, y dominando nuestro Ego, alimentado precisamente por ese torbellino de ideas sembradas, viviendo del qué dirán y del cómo agradar a esas mentes prejuiciadas que son insaciables porque no son reales, son sólo esquemas mentales.

Aquí tu Yo sufre y se siente relegado, herido porque nunca lo tomas ni lo toman en cuenta como tal, no lo valoras y entonces anda en busca de esos satisfactores que por supuesto nunca lo sacian, porque el que se alimenta es el ego pero no el yo que eres en realidad.

Aquí es donde en ese mundo de pensamientos ajenos al Yo, nos anclamos en ideas y sucesos ya pasados tanto ideales como tormentosos que se proyectan de igual manera el futuro totalmente inexistente, por lo que perdemos el hoy, el ahora, la real y verdadera existencia de tu ser. 

Se nos olvida vivir y aprovechar lo que tenemos hoy, por ello sentimos que se nos pasa la vida como volando.

En el caso del evangelio es muy claro cuando ante la presencia de Jesús en la casa de sus amistades en Betania, Marta se la vive quejándose de todo y remarcando en los demás por ese activismo mental que trae ya cansado y dolido, por ello el mismo Jesús le remarca que María se ha llevado la mejor parte, y no es que hable egoístamente al ser atendido y escuchado, sino porque María vivió a plenitud el momento presente.

De Igual manera Jesús desea que vivamos en el aquí y el ahora, aprovechando lo que Dios nos da providencialmente día a día, porque de cualquier otra manera, ni cuenta nos vamos a dar de lo otorgado pero si lo vamos a reclamar cuando ya es tarde. Valora.

Ponte las pilas, ponte a vivir hoy, que mucha falta te hace.

“No sólo hacer, sino ser”

Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: —Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

El le dijo: —¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?

El letrado contestó: —«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo».

El le dijo: —Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.

Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús: —¿Y quién es mi prójimo?

Jesús dijo: —Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta”. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?

El letrado contestó: —El que practicó la misericordia con él.

Díjole Jesús: —Anda, haz tú lo mismo.

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Por lo general siempre se nos recomienda lo que tenemos que hacer para ingresar a alguna escuela o agrupación, a algún trabajo o algún club de membresía, porque hacerlo es relativamente fácil, ya que se nos da la lista de requisitos a cumplir y al final queda todo listo cuando son ejecutados al pie de la letra.

Estamos impuestos a cumplir requerimientos, y hacer y más hacer, para generar un buen historial de experiencias y desempeños. Algo similar a veces queremos implementar en la vida de la fe, de tal manera que pedimos a Dios los requisitos y la lista detallada para cumplirla y permanecer dentro o ganarse el premio, que en este caso es la vida y felicidad eterna.

Por ello en esa lógica el letrado le pide la lista a Jesús para con una muy buena intención seguirla al pie de la letra, cosa que es buena, pero que no basta. Sin embargo el hecho de que tengamos un historial heroico y admirable, no quiere decir que seamos merecedores del mejor premio existente en este mundo y en la gloria eterna. 

Porque cuando confiamos en que tan sólo basta el hacer, nos convertimos en caza recompensas, haciendo hasta lo imposible para ser merecedores de lo que anhelamos, como un premio merecido y adquirido que se puede exigir textualmente.

Pero olvidamos que las obras realizadas tienen un único fin, y ese es el hacernos mejores personas, transformar nuestro ser, nuestro pensar, nuestro actuar, adquirir y cultivar para llegar a transformarnos en un ser lleno de las gracias y dones de Dios, y serlo como tal. De tal manera que hasta por los codos se note la calidad de persona que somos, que se nos identifique por lo que llegamos a valer y ser valorados, más no por lo que hacemos o poseemos.

Además de hacer, hay que permitirnos ser, porque lo que hagamos, se queda aquí, pero lo que creces en amor, caridad, santidad y gracia, te lo llevas contigo, y con ello las obras se convierten en un testimonio silencioso pero que habla a gritos de quien eres y no al contrario. Por ello, cuida tu ser, además de tu quehacer.

“Les será quitado…”

Mateo 21, 33-43


En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. 

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. 

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. 

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. 

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? 

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

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Las promesas de Dios siempre llegan a buen fin, y las que parecieran juicios temerarios sobre ciertas circunstancias de vida  no aptas para el discernimiento y desarrollo espiritual no son amenazas, ya que encontramos muchas afirmaciones que remarcan la negativa de perder la gracia de Dios.

La cuestión radica no en que Dios mismo sea malo y castigador, eso ni en lo más mínimo se puede concebir, sino que por el contrario, cuando no conocemos, ni nos acercamos a Dios, tenemos una conciencia errónea sobre su ser y sobre sus designios, porque creemos que Dios es muy pero muy bueno, y lo es, pero nos atenemos creyendo que al ser nosotros el principal objeto de su amor, en automático y por su infinita bondad nos salvará indudablemente pasando por alto su justicia.

Eso en ese esquema no es posible, ya que nos pide un mínimo como corresponsables de la misma creación y de nuestras propias vidas y, ahí no depende de la bondad de Dios, sino de la nuestra para con nosotros mismos, si es que deseamos y queremos ser salvos.

Por ello no nos asuste el hecho de que si desatendemos nuestra propia vida íntegramente, es decir, sin hacer a un lado el aspecto espiritual, será un hecho que daremos por perdido eso que nunca en realidad deseamos, por lo que sin lugar a dudas nos será quitado, pero si por el contrario lo cuidas y cultivas constantemente se te dará aún más con creces.

“He dado potestad”

Lucas 10, 17-24


En aquel tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del Cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el Cielo”. 

En aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. 

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”. 

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Una de las cosas que debemos de tener muy en claro, es aquella autoridad, poder, acción y hasta milagros que Dios otorga a través de su amado Hijo Jesucristo y a quién Él mismo se las quiera participar.

No está de más reconocer que toda la acción Divina, hecha a través del Espíritu Santo  que obra en todo y se canaliza por los medios de la gracias, en particular a través de Jesús, que tiene la autoridad para dar esa potestad a aquellos que le aman y desean extender su misión, así como hacerse uno con el Señor ya que es el Hijo predilecto del Padre.

Potestad que no se puede tomar ni obtener por ningún medio si no se nos concede, ya que quien obra en su Santo Nombre, es quien permite manifestar al mismo Jesucristo en su ser como instrumento cualificado de la Gracia de Dios. 

De tal manera que por más milagriento que resulte cualquier cristiano, no debemos olvidar que no lo es ni por su vida, ni por sus propios méritos, sino por la cercanía y capacidad al demostrar que se quiere vivir en Cristo Jesús, es decir, todo su obrar, predicar y pensar, es asistido por la Gracia de Espíritu Santo.

Esto no es de uso exclusivo de los santos, ni de los consagrados, ellos buscan un camino constante de perfección cristiana día a día, pero en realidad nos atañe a todos los que nos decimos hijos de Dios. Cada quien con el grado de responsabilidad al que se desee comprometer, pero al final la potestad es de Dios.

No es algo merecido, no es algo comprado, tampoco algo estudiado, es algo que se da como un regalo pero que hay que disponerse con la plena vida a recibirlo. Nada del otro mundo, sino tan real como el simple hecho de vivir en el bien natural y básico de nuestra conciencia y de la misma ley de Dios.

“Creemos que hacemos el bien…”

“Creemos que hacemos el bien…”

Lucas 10, 13-16


En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el Cielo? No. Serás precipitada en el abismo”. 

Luego, Jesús dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”. 

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El entorno en el que hemos crecido se nos hace de los más natural y ordinario, las personas, los lugares, los hábitos, la situación económico social, así como el trato humano creemos que es lo trivial, y lo es, solamente que dejamos de lado aquellas situaciones que no conocemos, distintas a nuestra propia forma de vida y que según nuestros criterios suenan raras porque así no vivimos ni aprendimos.

No dudo que el mal enraizado en esas ciudades como Corozaín y Betsaida, a veces inculcado de generaciones atrás, se vea como lo normal, con todo y sus consecuencias nefastas sin tener idea de como vivir de una manera mejor y distinta.

Es aquí cuando creemos que hacemos el bien repitiendo los errores de los demás, porque así lo hacen todos, donde el cambio lo lleva Jesús pero no quieren escuchar, ni cambiar, y la realidad es miedo a lo nuevo y a dejar las mañas aseguradas porque no se tiene más.

Es por eso importante escuchar y conocer nuevas opiniones, que aunque nos incomoden, nos hacen en realidad crecer y más aún cuando se trata de cambiar nuestro interior y santificarnos, pensamos que estamos bien, cuando podemos estar mejor y tener además la paz y la gracia que conlleva a una seguridad en la vida al lado de Dios.