“Vengan y lo verán”

“Vengan y lo verán”

Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).

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Ante el reconocimiento de Juan el Bautista de Jesús, nos encontramos con otra realidad, vemos cómo un testimonio hace que a los cercanos a él llegue la acción de Dios, y el caso es claro, porque aunque Juan es quien lo reconoce, en realidad los que lo siguen son dos de sus discípulos, y a su vez, ellos atraen a otros como lo vemos cuando acercan en el mismo esquema a Pedro.

Precisamente esa es la dinámica de Dios, no importa si se es seguidor o no, el testimonio ya es una gracia de la cual Dios se vale para mover a los corazones de otros, porque al final, dejamos permitir ser instrumentos de la gracia de Dios y eso a veces sin darnos cuenta, porque no deja de obrar.

Si un simple comentario positivo lleva la acción de transformación interior, cuánto no será aún más si lo hacemos con un conocimiento certero, aquel que se profundiza precisamente acercándose a Jesús, porque es necesario empaparnos de Él, para poder más eficazmente ser instrumentos del Espíritu Santo, porque si de suyo tan sólo un buen ejemplo ya afecta, será más eficaz si esa misma persona se dispone conscientemente a la gracia para ello, entonces todo se dará en plenitud.

Es por ello, que no basta escuchar de Jesús, hay que ir y verlo con nuestros propios ojos, encontrarnos con él, vivirlo de cerca, porque entonces veremos claro y ya no nos lo contarán, sino que seremos testigos del mismo amor de Dios, y su vez testimonio inefable para los hermanos.

No duden, vengan y lo verán.

“Comía con recaudadores y otra gente de mala fama”

“Comía con recaudadores y otra gente de mala fama”

Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos letrados fariseos, al “ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con recaudadores y pecadores!» Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores»

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Desde que tenemos memoria histórica, nos hemos topado con la realidad de la sectorización en el plano de las relaciones humanas, de donde directamente surgen las divisiones sociales y los estratos. Cosa que en su momento llega a acentuarse tan radicalmente que raya en el atropello de la misma dignidad humana.

Jesús no tan sólo viene a redimirnos del pecado, sino además cuida de aquella condición participada de nuestra humanidad en cuanto imagen y semejanza divina, cuida de igual modo la Dignidad. Habrá quien desee divididamente impuestos, a su vez separar la acción de Dios en las relaciones humanas, desencajándolas de la realidad social y política, para limitarlas a tan sólo el ámbito de la espiritualidad.

Pero es muy claro, su base del trato humano no se rige por las normas humanas positivas impuestas en un ámbito excluyente debido a la condición económico-laboral-social de la persona, sino en su propio ser, y éste es el que nunca ha cambiado a los ojos de Dios, todos iguales en dignidad y respeto.

Es por ello que no le importa la crítica por el acercamiento a los indeseados según las clases dominantes, porque sabía que estaba restaurando esa parte dañada por la misma humanidad, sin embargo, hoy en día, creo que seguimos el mismo patrón excluyente, tanto de un estrato como del otro, y lo primero que debemos sanar es eso que nos limita en toda relación y caridad con el hermano.

Creo que podemos iniciar por no remarcar farisaicamente cuando un personaje público o religioso haga su obra, porque hace lo que a veces nosotros no somos capaces de hacer, tratar con ecuanimidad al hermano que no ha podido salir de su situación lamentable, podemos ayudar no rechazando con nuestras palabras, para culminar ya iniciado el camino con un trato fraternal, creo que hasta el agradecimiento en esos casos se hará notar y entonces sanarás tu y sanarás a tu hermano.

“¿Qué es más fácil…?”

“¿Qué es más fácil…?”

Marcos 2, 1-12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaúm, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos, que no quedaba sitio ni a la puerta. El les proponía la Palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?» Jesús se dió cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico “tus pecados quedan perdonados” o decirle “levántate, coge la camilla y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados…» entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa». Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual».

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Cuando nos acercamos a Dios, siempre lo hacemos de la manera más accesible para nosotros, buscamos nuestro muy propio y original método de oración, e independientemente cual sea su manifestación en nuestra expresividad eso es muy bueno. Habrá algunos que relativicen la oración de los demás, o al contrario, criticar a los que hacen largos rezos, no olvidemos que ambos son necesarios, no porque Dios requiera de una forma concreta nuestra intercesión, sino porque así es nuestra expresividad particular.

Sin embargo persiste el método de exigir a los demás lo que yo doy o no, es una tendencia a exigir la norma mínima a los demás, cuando en el caso de éste párrafo, nos habla precisamente de orar y hacer las cosas como las requiere el gusto de los demás, o  hacerlas cómo en realidad se necesitan y sean más provechosas.

Ante ésta disyuntiva, vemos la actitud siempre certera de Jesús, no se radicaliza en una sola postura de ayuda, sino que es flexible, pero lo es no porque siempre así lo sea, sino porque las circunstancias lo requieren, todo para sacar un mayor bien siempre.

Es por ello que lo hace no tan sólo para dar gusto, sino para mostrar que ambos caminos son viables y eficaces, lo que hace es, tanto curar como perdonar, primeramente porque tiene poder y autoridad para ello, en seguida porque su caridad y acción es tan basta que la sanación viene completa e integral, es decir, sana cuerpo y alma.

Aunque de nuestra parte tan sólo requerimos a Dios lo que se nos hace más fácil para nosotros, Dios hace la obra completa, es por ello que las consecuencias suelen ser siempre mayores a nuestras expectativas. No nos extrañe que Dios obre íntegramente, aunque nosotros no abarquemos todo el compromiso que conlleva, aunque debiéramos.

“Empezó a divulgar el hecho”

“Empezó a divulgar el hecho”

Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. El lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

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Las grades obras y maravillas que Dios hace en nuestras vidas, claro que brindan tal cantidad de alegría y gozo que no pueden contenerse, pero si nuestra mente no mide las consecuencias de aquello, lo que para nosotros fue un bien, para otros puede ser una tragedia, si una tragedia ocasionada por nuestra misma euforia.

El caso es muy claro, que por lástima y compasión ante esta persona, cansada, cargando el peso del desprecio de su enfermedad, ante su sanción, se desborda de alegría, pero la alegría no siempre es bien recibida en todos los corazones, porque no sabemos como la vayan a recibir. En algunos fomentará el gozo, en otros la admiración, en otros la motivación por las obras de Dios, pero en otros tantos que no entienden ese don, buscaran sus propias interpretaciones personales sin descubrir la realidad de un fin sublime ni divino, sino simplemente material, y para no dejarlos atrás, también aquellos en los que genera envidias.

Por ello, ante la diversa reacción de la gente, ya no pudo llevar su plan iniciando con su Palabra que es alimento y que también sana, empezando con los corazones y culminando con la salud física.

Es decir le rompieron el esquema, como quien deshace totalmente tu plan personal para alguna actividad. La diferencia la hace Jesús, porque se reinventó en un nuevo proyecto y prosigue con misión, aunque fuera de los poblados, pero aún así exitosamente.

Es por ello que hay que tener cuidado incluso con nuestras alegrías, porque no sabemos en donde llegarán a parar y con quiénes, ademas de saber que si te rompen tu esquema, al igual que Jesús puedes reinventar uno mejor y exitoso. Al final de cuentas, todo es para  la gloria de Dios.

“A éstos no los dejaba hablar”

“A éstos no los dejaba hablar”

Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirlos. Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Él sanó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era. Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí comenzó a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca. Cuando lo encontraron le dijeron: «Todos te buscan». Jesús les contestó: «Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he venido». Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea, expulsando los demonios.

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Una de las mayores virtudes entre las que navegamos por la vida, es la honradez, la veracidad, la sencillez, la caridad, el trato digno y respetuoso a cualquier ser humano, cosa muy buena. La cuestión aquí negativa radica dentro de las mismas virtudes, que hábilmente puede el maligno utilizarlas en tu misma contra, porque sabiéndote atento y respetuoso, puede aprovecharse de ellas para ganarse tu atención con la falacia de la ayuda que solicita, las personas se enganchan queriendo ayudar en su plan benéfico sin notar sus malas intenciones.

La situación radica en que precisamente ante el mal, no se negocia, no se le atiende ni se le dedica tiempo, aquí aunque parezca de mala educación se le da el corte de tajo e inmediato, porque si te pones a defenderte en medio de sus mentiras, le estarás dando tiempo de debilitarte, cansarte para que pierdas la compostura y tu entrar en su propio esquema de pecado y reacción visceral violenta.

Por ello Jesús nunca les deja hablar, ya sabe que le van a truncar su misión y obra con sus mentiras, sabe que no tienen derecho a la palabra, porque no tienen nada bueno que decir y darle oportunidad de hablar, será tan sólo para maldecir.

Aquí si llegas a caer en una situación frente a un ente edemoniado o partidario con su vida disoluta, no te le pongas de modo para atacarte, no le des oportunidad, o lo callas, o gentilmente le sacas la vuelta, porque de frente destruirá tu bondad. Déjalo que se consuma en su propia ira y ya que se haya debilitado, muéstrale el amor de Dios.

Pero de regla, a éstos no los dejaba hablar…

“¿Has venido a destruirnos?”

“¿Has venido a destruirnos?”

Marcos 1, 21-28

En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaún y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de su enseñanza, pues les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios!» Jesús le ordenó: «Cállate y sal de ese hombre». El espíritu inmundo lo sacudió violentamente y, dando un alarido, salió de él. Todos quedaron asombrados y se decían: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos lo obedecen!» Y muy pronto se extendió su fama por toda la comarca de Galilea.

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Uno de los principales problemas del mismo Jesús, en realidad no es de él mismo, sino que le llega gratis e indirectamente, porque dentro del bien que está realizando, se topará con el mal, aquel que está arraigado por milenios en la misma humanidad y se le toma en cuenta ya como lo ordinario en medio de las vidas de cada uno de los habitantes de este planeta.

Claro, arraigado en los débiles y vulnerables, aquellos que son presa fácil porque no están dispuestos a fortalecerse y crecer en los valores, así como en los dones de Dios que nos participa. 

Aquí es donde los secuaces y partidarios del mal, tanto directos e indirectos respingan, y hacen su drama, colocan a Jesús como el destructor, el asesino, el que les rompe ya su repetitivo y aburrido esquema del mal, reclamando a gritos, porque no tienen la paz para manejarlo dignamente.

Su manera de atacar para que los demás reaccionen es “¿Has venido a destruirnos?”, así se torna en víctima el endemoniado y siembra la discordia entre los vulnerables a su alrededor. Así mismo como hoy en día lo siguen haciendo los medios noticiosos, lanzan pedradas a los cuatro vientos para que le duela al que se ponga de modo y lo haga suyo.

Es por ello que tan fácil y muy sentimentalmente nos pueden manejar; pero quien se ha fortalecido con la oración y los sacramentos, se torna veraz y no tan manipulable, hasta continúan lapidando a los firmes diciendo “no vayas con ellos, no te van a creer”, que es lo mismo que decir “no te les acerques porque no te van a dar por tu lado”, 

Pero hay que saber que al final siempre la verdad ante todo. Porque Jesús si vino a destruir, pero aquello que te impide ser verdadera y eternamente feliz.

“Y se fueron tras Él”

“Y se fueron tras Él”

Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia». Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se fueron tras él.

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La imagen más directa que tenemos de aquellos que se encuentran con Jesús, sobre todo en en los evangelios, hacen que tengamos una impresión de seguimiento radical, pensando que esa es la única manera de seguir al Señor, como lo tenemos explícito en éste segmento del evangelio.

Además de eso hay que remarcar que ciertamente el seguimiento de Jesús, en esos precisos momentos era lo que se requería con las personas en su momento adecuadas y sobre todo, respondiendo de esa forma a ese llamado muy particular.

Hoy en día la cuestión del seguimiento, sigue siendo la misma, pero ese papel inicial y a esa escala de respuesta ya lo realizaron sus apóstoles y discípulos de su tiempo, por así decirlo, ya está cubierta esa etapa que requería en su momento dicha respuesta y  entrega, que sin ella no hubiera sido posible su obra.

Es un hecho que los tiempos y las circunstancias han cambiado, pero el llamado sigue en la misma intensidad, la respuesta creo que debe de darse de igual manera pero adecuada al momento presente, a lo mejor ya no dejaremos las redes porque al parecer jamás hemos tenido experiencia con ellas, pero tienes otros campos que van desde el hogar, la familia, el trabajo, las amistades, desde donde sin desfazar la realidad podemos responder muy concretamente, de manera sencilla, como lo fue en ese tiempo, pero dentro de tu ámbito ordinario de vida.

Es necesario seguir tras de Él de igual manera, quitando la escena original evangélica del llamado y, ubicándola aquí y ahora donde sigue siendo posible, basta reconocer que quieres ser su discípulo, seguir, aprender del maestro y transmitirlo desde los más pequeños detalles donde andes. Esos radicalismos hay que aplicarlos ahora, sobre todo ahí donde es necesario cambiar lo que nos daña, dese las actitudes, las palabras y los lugares que nos llevan a la infelicidad, por ello, también hoy en día, sencillamente muchos se fueron tras de Él.

“Él los bautizará con Espíritu Santo”

“Él los bautizará con Espíritu Santo”

Marcos 1, 6b-11

En aquel tiempo, proclamaba Juan: —Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.

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Cuando hablamos de las gracias y dones otorgados por medio del bautismo, nos referimos a ese momento en el que realmente acontece una transformación total, no me estoy refiriendo a una metamorfosis que te cambia radicalmente, no es a ese grado donde lo físico cambia por completo, la transformación es más profunda, se realiza en el fundamento del mismo ser humano, de la elección de parte de Dios al hacemos ya de suyo, a imagen y semejanza.

Todos los seres han sido creados gracias a su amor demostrando su diversidad, todos incluyéndonos a nosotros somos parte de esa creación, somos sus criaturas, más sin embargo ha querido regalarnos aun algo más, no basta con ser creados a su imagen y semejanza, sino que además plenifica nuestras propias vidas, complementándolas con esos dones que nos hacen no superiores, sino amorosamente elegidos para ser depositarios de los dones propios de Dios y, eso no se hace físicamente, se hace por medio del bautismo.

Aquí es el momento donde dejamos de ser tan sólo sus criaturas, para convertirnos en sus hijos, donde a esa alma otorgada se le brindan todas las capacidades para desarrollar en sí misma no tan sólo la imagen, sino la semejanza, es decir, capaces al igual que nuestro Creador de amar, de razonar, de tener inteligencia, piedad, y el resto de los dones que vienen exclusivamente de Dios a un ser ya preparado para ello como tu y como yo.

Y todo eso no basta con el agua, es el mismo Espíritu Santo quien hace la obra; por fuera vemos un bonito ritual, pero en el fondo Dios está haciendo renacer a la misma persona ya amada por ser parte de su creación, en un amor predilecto y exclusivo de hijos de Dios y herederos por ende de la gloria eterna.

Es por ello necesario reconocer su acción, porque no es tan solo el rito, no es tan sólo el signo del arrepentimiento, es la misma gracia y santidad de Dios junto con sus dones los que se te otorgan por medio del Paráclito, eso es lo más importante y real.

Felicidades a ti que has sido transformado por las aguas bautismales porque ya eres templo mismo del Espíritu Santo.

“Nadie puede tomarse algo para sí…”

“Nadie puede tomarse algo para sí…”

Juan 3, 22-30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel. Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él». Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: «Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él». El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar».

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Todos los dones y las cualidades con las que nacemos, ciertamente al ser conscientes de ellos e identificarlos, pasan a ser en nuestro propio concepto en general, una cualidad de tu propia naturaleza, como si eso te perteneciera y fuera lo ordinario en ti, sin mayor preocupación porque ya te acostumbraste a ello.

Sin embargo un conocimiento más profundo de ti mismo, hace profundizar la conciencia y sobre todo la propiedad de aquello que haz recibido, sobre todo si nos llamamos cristianos y decimos amar a Dios, lo primero que deberíamos de reconocer en una actitud de agradecimiento es aquello que sin pedirlo hemos recibido, sobre todo a sabiendas que Dios te da lo mejor en para que te desarrolles íntegra y ampliamente en el camino que te tiene encomendado en ésta etapa de la historia de la Salvación.

De tal manera que si reconocemos, porque Dios nos ha dado la capacidad para identificar los múltiples y excelentes dones en los demás, no es para limitarlos ni reprimirlos, al contrario, en ellos a su vez, es una complementación que está toda predispuesta en el mismo plan de Dios, nada sobra, todo tiene un cometido y debe de cumplirse ya que es una digna participación a la que te invita el Señor para que completes esa parte de la Creación que se te ha encomendado junto con las herramientas para ello.

Es por ello, que como dice el evangelio “Nadie puede tomarse algo para si”, es muy cierto que ahora es un regalo y como tal es tuyo, pero no procede de ti, es participado y tiene un fin a seguir. A lo mejor no lo participas, sigue siendo un excelente don pero tú mismo lo limitas.

Nadie puede decirse que tiene una perfección cuando sabe que no hizo nada para recibirla, al contrario, puedes remarcarla agradecidamente referida al autor y entonces ya la estarás encausando al fin que tiene que llegar: a los hermanos y a Dios.

“Jesús extendió la mano y lo tocó…”

“Jesús extendió la mano y lo tocó…”

Lucas 5, 12-16

Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Y Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida le dejó la lepra. Jesús le recomendó que no lo dijera a nadie, y añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste». Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a despoblado para orar.

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Cuando a Dios nos referimos, como que hay un común denominador de respeto, pero un respeto un tanto desmedido, porque como puede rayar en el miedo, así cómo lo puede ser en la indiferencia total.

Un claro ejemplo de la cercanía fraternal y llena de caridad la encontramos en la curación del leproso, quien con una humildad total le sugiere en súplica su permiso para obtener la salud, actitud que se ganó la atención y admiración de Jesús, al encontrar en ese medio tan cansado por el dolor causado de la enfermedad tan penosa, una actitud de no exigencia, sino de respeto y reconocimiento de su labor.

Es por ello que remarco con cuánta alegría y disposición “Jesús extendió la mano y lo tocó”, pudo ante el mal aspecto el leproso obrar desde lejos, pero la persona se hizo digna de su atención y la disposición de recibir aquella gracia sin demandarla. Personas que brillan por su personalidad a pesar de su aspecto físico, que ganan afectos y voluntades, aquellas que el proceso mismo de la enfermedad las ha acrisolado y pulido, no con resignación, sino con aceptación real de su situación, brindándoles esa paz necesaria para sobrellevar no tan sólo su situación, sino la reacción de los demás ante su condición.

Son joyas que Dios mismo aprovecha en el camino para dar testimonio de su intercesión y aún más en los que desean recibirla. Actitud que sigue ganando voluntades, por ello lo buscaban con mayor intensidad.

Es por ello que Dios no repara en rechazos ante nadie, a no ser que tu seas quien se retira del alcance de su bendita mano con una actitud de rechazo en medio de tu miedos y cansancios. Hazte digno porque lo eres y lo puedes ser aún más, no importa ni tu aspecto, ni tu pecado, ni tu culpa, importa tu corazón.