“Falsa ayuda”

“Falsa ayuda”

Mateo 7, 1-5

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No juzguéis y no os juzgarán. Porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».

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No me cabe la menor duda de la buena intención de las personas en cuanto a ayudar a los demás se refiere, hay quien lo hace totalmente en un espíritu de servicio altruista y desinteresado, hasta quienes cobran los favores.

Pero lo que más me preocupa es aquella ayuda que te brindan a su muy particular manera de cada persona, aquella que según sus criterios sería la mejor para el bien de la otra persona, que en realidad no es ayuda porque pretenden estar a tu disposición cuando en realidad están truncando el verdadero respaldo, además de mezclar los propios problemas y traumas en su solución.

Te ayudan a su manera, con muy buena intención, pero sin estar capacitados para ello y aunque tengan los recursos a la mano no los utilizan. Es más lo que estorban que lo que ayudan, y en el plano de la fe, no se diga, te juzgan con un juicio acomodado a su vida para no ser severos ni contigo, ni consigo mismos; moralmente no pueden, su pecado se los impide, y lo que suelen hacer es remarcar tu pecado para desviar la atención del suyo.

Falta autenticidad, estar capacitados y libres de tapujos personales para poder ayudar, falta integridad, si no a su vez tu problemas se los comerá enteros, hay que ver claro para poder ayudar, porque las vigas que nos ciegan, sólo dejan ver el mal, pero no la solución. Hay que quitar la hipocresía y entonces ya estarás de raíz ayudando, si no, será una falsa ayuda.

“¿Por qué somos cobardes?”

“¿Por qué somos cobardes?”

Marcos 4, 35-40

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: —Vamos a la otra orilla.

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: —Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: —¡Silencio, cállate!

El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: —¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?

Se quedaron espantados y se decían unos a otros: —¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

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Podríamos hablar de valentías o de cobardías en general, pero una persona no se puede calificar como cobarde o valiente en general en su expresividad y manera de reaccionar, porque a lo que la vista nos dice, encontramos gente más que valiente, envalentonada, es decir reacciona violentamente para amedrentar e infundir miedos, cuando en realidad esa reacción es de miedo profundo disfrazado de falso valor.

Podríamos calificar de cobardes a personas que explícitamente manifiestan sus temores, pero en realidad están siendo sinceros consigo mismos y con los demás. Pero el más valiente en un aspecto, tiene fobias a otras áreas de su personalidad, como quien es un busca pleitos, pero le teme a las arañas, ¿entonces dónde quedó la valentía?, yo creo que en casa bien guardada para no desgastarla.

Aquí Jesús habla de esa valentía real que se hace presente en toda circunstancia, que no adolece ante ningún compromiso ni invitación a participar en cualquier actividad, pero el orgullo suele ser más grande y el miedo al qué dirán. Las valentías vacías son presumidas, se manifiestan para impresionar, pero el compromiso en cualquier situación real no aparece.

Aquí es donde aparece dicha cobardía, cuando en lo que no se ve, en la fe, en las buenas obras, tenemos miedo al qué dirán, que nos tachen de beatos, pero quien sabe lo que da y lo que recibe en su actividad religiosa no le importa el parecer de los demás, porque  aquellos para criticar si son valientes, pero cobardes para crecer en la fe y comprometerse.

La fe da esa valentía íntegra en todos los aspectos, es gradual y se va desarrollando con la vida de oración y los sacramentos, sin olvidar las obras de caridad, con esto desaparecen los cobardes y se manifiestan los verdaderamente valientes y con la frente en alto.

Hola. Saludos y bendiciones a todas y todos.Ya hace nueve años que estoy publicando a diario las meditaciones, agradezco su interés a los pocos que las leen.A partir del mes de julio tomaré un espacio de tiempo, por lo que pueden ir al archivo histórico y buscarlas por cita del Evangelio.Me encomiendo a sus oraciones así como yo seguiré intercediendo al Señor por Ustedes.Bendiciones.

“Las prioridades”

“Las prioridades”

Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.

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Dentro de las etapas naturales del crecimiento infantil en nuestra vida, desde luego que iniciamos a hacer prioridades con la propia familia, diciendo cuando le preguntan a un niño, que a quién quiere más, hará una elección selectiva en base de quien saca mayor provecho y lo complace más.

Pero esa es una elección totalmente inmadura e infantil, lo malo es que a una gran mayoría de personas que no les han enseñado una educación con valores, crece hasta los ochenta años con la misma actitud preferencial.

Hace falta practicar el discernimiento que no va tan sólo a beneficiar a mi propia persona, sino que además incluye a los demás, y no tan sólo a tu familia, sino también a tu entorno comunitario, ya que tus prioridades tendrán un impacto a nivel social.

Por ello en lo que elijas en tu vida trata de buscar tu bien, pero a su vez el bien de los demás, porque muchas veces lo que eliges para tí, va en detrimento de los otros, y eso no se vale, porque si eso te lo aplicarán a ti, entonces sí respingarías.

Las prioridades siempre lo serán en cualquier circunstancia, porque quien es acomodaticio denota una falta de respeto total a sus convicciones y por ende a los demás. Hay que saber elegir y servir fielmente para no ser dobles, ya que el principal valor, es decir Dios, te da sin problema lo que buscarías cuando estás cerca de Él, pero si picas aquí y allá a ver de dónde sacas mayor provecho, al final te quedaras sin nada, ni con uno, ni con otro. Organiza tus prioridades y el resto sale sobrando.

“Vista sana”

“Vista sana”

Mateo 6, 19-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Amontonad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los roan, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».

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Dentro de los múltiples dones que Dios nos ha regalado encontramos uno muy preciado: la vista, de la cual dependemos mayormente para realizar nuestras actividades diarias con mayor eficacia, sin embargo hoy en nuestros días no es vital para la supervivencia, por los medios con que contamos para su ayuda y beneficios.

Pero esa vista receptora depende mucho hacia dónde la dirijamos, podemos canalizarla a descubrir las maravillas de la creación o podemos anclarla en observar tan sólo amargamente lo que nos lleva a la infelicidad y al mal.

Somos receptores que al final manifestamos aquello de lo que nos hemos saturado, negativamente considerándolo ya como lo ordinario en nuestras propias vidas, cuando un cambio abrupto para corregir eso es necesario en ciertas etapas, a manera de purga y purificación.

Hemos sido hechos para manifestar esa luz que entra por nuestra vista, por lo que cuando no lo hacemos, entonces lo que se ve, es esa ausencia, ese vacío, esa nulidad, habrá oscuridad y no manifestarás nada, pero si se verá tu vacíes.

Es por ello que no tan sólo hay que cuidar la vista, sino que hay que ver aquello que nos da luz, hay que tener vista sana, aquella que hasta un ciego puede tener, porque no tan sólo entra por los ojos, sino que se asimila en el corazón; que todo en ti sea luz, y no vean cuan vacío estas, porque aunque bien te vistas y te cuides externamente, si no tienes esa luz, por más caro que sea tu cuidado nada manifestarás.

“Y si no perdonas, ¿qué pasa?”

“Y si no perdonas, ¿qué pasa?”

Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis no uséis muchas palabras como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que se lo pidáis. Vosotros rezad así: Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno. Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas».

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Parece que el perdonar se ha convertido en un lujo empapado de soberbia y vanidad, dónde la persona se lo reserva para darse importancia y así acentuar la llamada de atención en su persona, se piensa que será la mejor manera de solucionar sus propios dolores, sin embargo no se toma en cuenta que por el contrario se acentuarán aun más sus propias fatigas.

Y es que vivir con una carga de resentimiento, orgullo e indignación, no ayuda mucho para conque con toda la libertad y estabilidad se tomen las siguientes decisiones en la vida, aquellas que marcarán la siguiente pauta. En realidad estarás decidiendo con un peso no resuelto en tu vida que hasta inconscientemente te roba la estabilidad y la paz, por lo que mientras no perdones, todo estará impregnado con esta tinta que adolece internamente.

Olvidamos que perdonar o pedir perdón no tan sólo es un acto externo, no le estamos haciendo el favor a nadie, al contrario, los mayormente beneficiados somos nosotros que liberamos nuestra mente y corazón de ataduras voluntarias que tan sólo lo que hacen es fermentar el mal adoptado y externarlo cuando más no podemos.

Terapéuticamente los más sano es perdonar, pero también no darle importancia y olvidar. Las personas realmente libres, no son las que andan en la calle y van por doquier, sino que son aquellas que no tienen ninguna atadura inclusive en su corazón. Así que si perdonas, ya sabes lo que pasa y si no, también.

“Actitud fresca”

“Actitud fresca”

Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

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Es por ende de naturaleza que nuestro cuerpo manifieste todo aquello que nos afecta, tanto positivo como negativo, más esa es una expresión nata que refleja el interior de la persona. Además sabemos que tenemos la inteligencia y la capacidad para poder gobernar en cierta manera nuestra expresividad, de tal manera que si somos buenos para diplomáticamente aparentar una prudente actitud ante situaciones alegres, cuánto más no será en las negativas.

La actitud del cristiano a veces la identifican con la abnegación, con el tener que soportar todo sin hacer el mayor aspaviento y hasta a veces sin razón. Pero esa no es la correcta actitud, sino que se nos invita a que ante las circunstancias adversas, sepamos mantener aquella paz que nace precisamente de la gracia que Dios nos brinda al estar cerca de Él, por ello el poder intercesor de la oración, que nos va capacitando para entender esos males, de dónde vienen y a dónde van, y no tan sólo a sufrir por sufrir aprovechando el presente dolor.

Tampoco significa que tengamos que tener una actitud hipócrita que no es lo que la realidad presenta, simplemente es una actitud en la que no debemos de enfatizar el mal, ni el dolor, porque de suyo ya está sanando, y el proceso es doloroso.

Más la gracia de Dios puede darnos esa actitud fresca que denote siempre la alegría de Dios, a pesar de las circunstancias, sabiendo que es tan sólo una etapa y que es transitoria, porque sabemos que no llega para quedarse. Por ello siempre a pesar de todo, tu actitud no dejes que sé o la marchiten, tú mantenla siempre fresca, con la oración y la vida de gracia que ordinariamente la tenemos al alcance de la mano.

“¿Tan sólo en las buenas?”

“¿Tan sólo en las buenas?”

Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestro hermano, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

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Más que impuestos estamos a buscar confort y alivio en aquellos que decimos amar, aquellos que conocemos y que de alguna manera en algún momento histórico o circunstancial hemos convergido, dando pie a una relación. Pero al parecer instintivamente solemos acercarnos o dejamos acercar a aquellos que son de mi agrado, de mi forma de ser o de pensar, con los que me siento seguro.

A su vez es muy natural que lo hagamos, pero además se nos invita en el mismo evangelio, a estar preparados para saber manejar cualquier tipo de relación o circunstancia adversa, ya que cuando nos mal imponemos a estar bien, en cierta manera nos incapacitamos para manejar aquello que no nos gusta, por lo que en todo momento nos mostramos intolerables a la menor negativa o frustración.

Y es que la vida no implica tan sólo los buenos momentos, aunque el Señor no tiene planeado ningún mal para nosotros, si acontecen situaciones negativas la mayoría de las veces lo son por que les damos cabida con nuestra forma de actuar o de pensar.

Más sin embargo la preocupación de Dios, como buen Padre que es, recomienda capacitarnos para cualquier contingencia, por lo que además de la preparación espiritual exige la madurez de poder con ecuanimidad saber tratar aquello que no nos gusta.

Tengamos en cuenta que en estos tiempos tan adversos la invitación no queda por demás, viene muy a doc con la lucha que involuntariamente debemos hacer para defender los valores y no esperar a que todo esté muy bien, hay que lidiar día a día con la adversidad, que no es ningún problema si estamos preparados para que ello no nos afecte y de eso Jesús se encarga para que a su vez nos encarguemos nosotros.

“Al mal, con el bien”

“Al mal, con el bien”

Mateo 5, 38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sabéis que está mandado: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñalo dos; a quien te pide, dale; y al que te pide prestado, no lo rehuyas».

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Cuando eventualmente nos topamos con alguna persona que de suyo ha perdido la paz y por ende el control de sus acciones, a cualquiera que se le encuentre en el camino o la menor situación negativa que escuche en los medios, la hará suya y es seguro que por ahí descargará toda su negatividad, aumentando aún más su dolor y ayudando a que el mal ajeno, porque no es suyo, sino que lo adopta, se haga mas grande.

Y es que no es obligatorio que ante un mal que nos pegue, tengamos que asirnos al mismo y responder de la misma manera y a veces en mayor o igual intensidad, que por lo general es lo más común que sucede.

El mal no es parte de nuestro ser, el bien sí, por lo que no lo aceptemos como tal ya que la invitación es constante y por doquier. Jesús nos da la pauta de la misma esencia con las que nos ha creado el Padre Celestial, y esa es: ante un mal sacar el bien que nos es connatural a nuestro ser, porque nos es participado y viene de Dios para aprovecharlo y usarlo oportunamente cuando conviene.

Es por ello que la invitación invariablemente es a dar no algo imposible, sino aquello que nos fue dado y que además podemos desarrollar eventualmente día a día, y ese el el bien a los demás y a todo ser. La reacción es invariablemente como la proyectemos, si es algo negativo, eso mismo recibiremos, pero si es el bien, de suyo aunque no se presente nada bueno para remarcarlo, con el mismo hecho de que no salga algo más malo ya es ventaja.

Aprovechemos lo que tenemos y sepamos que siempre ganaremos con el bien, aunque el mal se encargue de auto proclamarse como triunfante, cuando de suyo el mal, se llama mal porque ya está derrotado.

“Con muchas parábolas parecidas…”

“Con muchas parábolas parecidas…”

Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra.

Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

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La narrativa literaria se expresa de múltiples variantes y vastas expresiones inclusive de un mismo tema, porque del amor hablan tanto los enamorados como los escépticos y cada uno con conceptos muy distantes pero también variados y certeros según la perspectiva que representen.

Jesús utiliza este mismo recurso aplicado mediante parábolas para expresar la totalidad del concepto del Reino, y aún así creo que queda limitado en su expresividad, no porque no se explique, sino porque su total comprensión radicaría además en la propia asimilación y puesta en real práctica hasta hacerla en lo personal una experiencia de vida.

De igual manera sucede con un estudiante de medicina, que estudia los conceptos pero no los hace suyos ni efectivos para decirse médico como tal, sino hasta que las prácticas lo consagran y confirman como tal.

De igual manera, el Reino de los cielos además de ser explicado de múltiples maneras para tratar de agotar lo extenso de su ser en la máxima inteligencia posible, requiere de su aplicación práctica que es dónde se comprende a detalle en base a la propia experiencia.

Por ello los teóricos, muy de moda para teorizar sobre el universo, pero sin la práctica experimental real, a ellos no les dirán nada las parábolas, se quedaran en la teoría, pero para aquellos que las hacen efectivas en su propia experiencia las asumirán como un regalo previo de los dones y los goces que precisamente y entonces se comprenderá en su totalidad el concepto y sobre todo su acción.

Dispongamos nuestra vida a recuperar nuestro destino y conocer plenamente el lugar al que pertenecemos y lo aprovechemos como tal, ya desde ahora y que llega hasta el final en el Reino Eterno, a la Jerusalén Celestial.