“Búsqueda sin fe”

“Búsqueda sin fe”

Marcos: 8, 11-13

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y se pusieron a discutir con él, y para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo. Jesús suspiró profundamente y dijo: “¿Por qué esta gente busca una señal? Les aseguro que a esta gente no se le dará ninguna señal”.


Entonces los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

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Una de las características más claras en medio del testimonio que obró a través de los sacramentos, es la fe, aquella que ávidamente desea fomentar y encontrar en aquellas personas sencillas y nobles.

Toda persona que busca a Jesús sin la fe, ya sea movido por el morbo, la curiosidad o la sed de espectáculos, le es imposible obrar. Esa búsqueda sin fe, donde se pretenden encontrar las señales de Jesús, promueven entre el populacho que no cree, tan sólo ver los signos, las señales, lo extraño y espectacular.

Es por ello que no les da ni la más mínima señal, ya que una búsqueda sin fe siempre será infructuosa, por lo que se va a los lugares donde pueda implantar el anuncio del Reino, donde sin prejuicio lo reciban y les haga crecer en una fe auténtica.

De igual manera nosotros, debemos en alegría y con un corazón agradable a Dios y a los hermanos, permitir que nos abrace con su amor, para que la fe nazca de raíz orientada a crecer y a manifestar su gracia presente en nuestras vidas, porque sin fe no se da nada.

“Una ley para santificarnos”

“Una ley para santificarnos”

Mateo: 5,17-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos. Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

También han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.

También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio.
Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.

Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.

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Un pilar fundamental en el judaísmo es la Ley, aquella que se desarrolló en siglos posteriores de que fue dada a Moisés, una ley que pretendía abarcar todos los aspectos de la vida, sobre todo el modus vivendi de aquellos días. 

Sin embargo la misma ley se fue degradando y afirmando cláusulas que de raíz anulaban el mismo mandato original, donde la permisividad estaba a flor de piel, pero eso sí, de manera legal y justificada por el mandato mosaico, aquel que no deja de ser tradición humana más que divina.

Es por ello que Jesús reclama y exige una ley auténtica, no la cambia, porque su origen es válido y sigue siendo eficaz, además que Dios no cambia algo que hizo para la eternidad basado en la verdad.

´´Sin embargo lo que sí pide Jesús, es la coherencia con la verdad, la voluntad de seguir un mandato y la habilidad para permanecer en fidelidad al mismo. Así como en antiguo pretendió guiar a su pueblo por la santidad, ahora de igual manera nos pide con un ley de diez mandatos, además de resumidos en dos, que de igual manera nos santifiquemos con  ella.

No hay necesidad de cambiarla y complicarnos, de suyo tan sólo diez llevan a la felicidad. Esa es la verdadera ley de Santidad. 

"Algunos han venido de lejos”

“Algunos han venido de lejos”

Marcos 8, 1-10

En aquellos días, vio Jesús que lo seguía mucha gente y no tenían qué comer. Entonces llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima esta gente: ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer. Si los mando a sus casas en ayunas, se van a desmayar en el camino. Además, algunos han venido de lejos”.

Sus discípulos le respondieron: “¿Y dónde se puede conseguir pan, aquí en despoblado, para que coma esta gente?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tienen?” Ellos le contestaron: “Siete”. Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo; tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos, para que los distribuyeran. Y ellos los fueron distribuyendo entre la gente.

Tenían, además, unos cuantos pescados. Jesús los bendijo también y mandó que los distribuyeran. La gente comió hasta quedar satisfecha, y todavía se recogieron siete canastos de sobras. Eran unos cuatro mil. Jesús los despidió y luego se embarcó con sus discípulos y llegó a la región de Dalmanuta.

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La búsqueda de lo divino se torna en presente actual porque en realidad ya está Dios presente en nuestras vidas, tan común y ordinario que nos cuesta trabajo creerlo, pensamos que solamente se manifiesta dentro de lo espectacular y lo grandioso, más su omnipotencia y su omnipresencia te acompañan desde el momento de tu concepción, desde ahí comienza el milagro de ti y desde siempre de todo lo demás. 

Además pareciese que se presenta oportunamente en tu vida, haciéndote recordar su existencia y presencia a través de invitaciones, signos, detalles, personas, y cosas de las cuales se vale para manifestarse.

Siempre nos recuerda que no estamos solos, aunque no siempre le dedicamos la debida atención. Cuando tomamos la iniciativa de buscarlo es porque en realidad estamos respondiendo inconscientemente a sus múltiples invitaciones, creemos que la iniciativa y decisión es nuestra, cuando en realidad la iniciativa viene de Dios, pero eso sí, la decisión es tuya. Independientemente por la situación o necesidad con la que busquen a Jesús, eso es un medio de llamado, y claro la búsqueda personal entonces se torna en atención exclusiva a Él.

Muchos son capaces de buscarlo severamente a pesar de las situaciones adversas tanto personales como comunitarias, otros lo buscan de lugares lejanos, otros lo tienen cerca. Sin embargo Jesús independientemente de cada una de las circunstancias, les atiende a todos y se preocupa por ellos, tanto es que preve su retorno de manera segura, iniciando por darles el alimento para el camino, siendo capaz de realizar el milagro de la multiplicación de los panes para que los demás continúen su obra.

De igual manera el Señor no deja de darnos lo principal para poder seguir caminando, pero no desaproveches su presencia, cuántos no quisieran estar cerca y tenerle disponible sobre todo en el milagro de la eucaristía. Si otros han sido capaces de ir a buscarle desde lejos, ¿acaso no podrás acercarte tu que estás próximo a Él y lo tienes al alcance de la mano? Espero que no sea porque no puedes, o más bien porque no quieres.

“¡Ábrete!"

“¡Ábrete!”

Marcos 7,31-37

En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effetá», que quiere decir: “¡Ábrete!”. Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

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Esta frase admito que se la copie a una una amiga además de ser mi comadre y dice: “Tu mente es como un paracaídas, funciona sólo cuando lo abres”. Geny Moreno. Me ilumina bastante el evangelio al respecto, convergiendo la frase anterior para mi meditación.

A veces concibo la inteligencia y todas las capacidades humanas o dones, entregadas a cada uno de nosotros como un depósito de luz, la cual se va manifestando de diferente manera en nosotros, además me imagino que ese depósito de luz está cubierto sólidamente por una gruesa placa la cual tiene muchos orificios, como una coladera, pero que no todos están abiertos.

De tal manera que esa luz que se alcanza a escapar la vemos brillar en los demás y la identificamos, podría afirmar; esta persona tiene abierto en ese depósito el orificio de la alegría, esta otra de la inteligencia, otros él de la amabilidad, del trabajo, del servicio, del bien decir, del amor, en otros vemos varios dones abiertos simultáneamente, etc… 

Pero cuántos dones aunque estén presentes en ese depósito no salen porque están cerrados, y en dónde debería haber esa luz, sólo hay oscuridad con los respectivos faltantes y las consecuencias que conlleva. El evangelio es claro, a Jesús le presentan un sordomudo, tiene oídos, tiene boca, pero no oye ni habla bien.

A veces así estamos nosotros, tenemos todos los dones dispuestos a manifestarse y obrar espléndidamente para beneficio propio así como de los demás, pero no los usamos, otros que llamamos discapacitados con lo poco que tienen, brillan y hacen mucho más que los que nos decimos completos.

Hace falta un ¡Ábrete!, un “Effetá”, es necesario abrir puertas y ventanas, permitir que entre más luz y ver con más claridad, destapar esos orificios para que fluyan las gracias, abrir nuestra mente y abarcar aún más de la sabiduría divina, para que tengamos cada vez más esa conciencia que un día será plena en el cielo. No sólo te maravilles con el milagro, hazlo tuyo. Por eso “¡Ábrete!”

"…No está bien tomar el pan de los hijos…"

“…No está bien tomar el pan de los hijos…”

Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies

 Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños»

 Él, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija». Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.

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Una de las cosas que Jesús tiene presente y muy clara en su vida es su misión, es realista pues sabe de donde viene y sabe a donde va, es decir ha construido un plan de vida con metas específicas y claras hasta llegar al cúlmen de su obra, con su entrega generosa en su muerte y resurrección.

Uno de sus objetivos específicos es llevar primeramente a los suyos la Palabra y el Reino de Dios, para que posteriormente ellos lo hagan llegar al resto de la humanidad. Pedagógicamente predica y hace sus obras al pueblo judío por la sencilla razón que se supone están inmersos en el contexto de la historia de la salvación reconociendo las profecías hechas desde antiguo e identificando al Mesías en Él mismo.

Cosa que muchos lo hicieron, pero que otros tantos no, aún conociendo el plan divino. Por ello ante una mujer sirofenicia, pagana, es decir, no tiene conocimiento de Dios ni vida religiosa practicante, a lo mejor inicialmente lo busca como inclusive muchos judíos, como el curandero.

La respuesta de Jesús hacia ella fue con toda amabilidad y respeto: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Es decir, atiende a los encomendados en su misión sin faltarle el respeto a ella en su expresividad.

Cual es la sorpresa de Jesús que se lleva al identificar en ella una expresión llena de fe y esperanza, no encontrada en los suyos: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños». Eso le valió para que la gracia de Dios obrara y, ella creciera aún más en su fe inicial en Dios. Cuantas veces nosotros cuando pedimos, exigimos como hijos, pero como hijos demandantes, con el sentimiento de merecimiento y la exigencia de la obligatoriedad en recibir.

En el pedir esta el dar, si pedimos con fe, que se manifieste esa fe, si pedimos con generosidad, que la nuestra sea la primera dispuesta, que ante cualquier cosa que le solicitemos nuestra mente, alma y corazón estén puestos en Dios y no tan sólo en el beneficio a recibir.

“Alevosía o ventaja”

“Alevosía o ventaja”

Marcos: 7, 14-23

En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”.

Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. Él les dijo: “¿Ustedes también son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después, sale del cuerpo?” Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos.

Luego agregó: “Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.

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Cuando se nos pide realizar obedientemente una norma, ya sea divina o humana, sobre todo aquellas que nos piden modificar nuestro comportamiento en pro del bien común y en lo religioso de la propia santificación, resulta en un grado de dificultad doloroso, sobre todo porque implica un movimiento o renuncia interior que es lo que más duele.

Por ello, lo más fácil es hacer todo por fuera, que se note y se remarque con actos y prohibiciones que dan un impacto de cumplimiento visual, pero que para nada modifican y afectan positivamente al alma. 

Si hacemos cuentas, es más manejable prohibir comer un cierto tipo de comida a erradicar la avaricia o la soberbia y exigirnos vivir haciendo el bien. 

Es por ello que Jesús en lo absoluto no se basa en la apariencia y lo externo, aquello que no mueve al espíritu a desarrollarse en las virtudes mayores que vienen como un don de Dios.

Se cumplen ritos sin mover el alma, quedando la persona atascada en su propia limitación racional y espiritual. Jesús inicia por sanar la base, el alma, y posteriormente lo exterior que con su propio cuerpo lo plenificará en la resurrección.

De igual manera podemos aún conociendo a Cristo quedarnos en el ritual sin afectar al alma, es cuestión de disposición dando oportunidad a la alevosía y a la ventaja.

“Justificar con la ley humana”

“Justificar con la ley humana”

Marcos: 7, 1-13

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas, venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?” (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

Jesús les contestó: “¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”.

Después añadió: “De veras son ustedes muy hábiles para violar el mandamiento de Dios y conservar su tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. El que maldiga a su padre o a su madre, morirá. Pero ustedes dicen: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Todo aquello con que yo te podría ayudar es corbán (es decir, ofrenda para el templo), ya no puede hacer nada por su padre o por su madre’. Así anulan la palabra de Dios con esa tradición que se han transmitido. Y hacen muchas cosas semejantes a ésta”.

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El Señor nuestros Dios, suele presentarse de manera muy sencilla y comprensible a tal grado de pedirnos de igual manera que lo sigamos cumpliendo con cosas sencillas, de hecho tan sólo nos ha pedido acatar 10 mandamientos, los tres primeros en relación para con Dios y los otro siete en relación con los demás seres humanos.

Mandatos que forman una ley que lleva a la santidad, porque no pide nada que no sea ordinario ni que no se pueda realizar. La distorsión inicia en la medida que los remarcamos tan obsesivamente que se convierten en un morbo y una tentación a quebrantar, de tal manera que mientras más prohibimos una cosa, más deseada la convertimos, hasta caer en una situación de adrenalina al cometerla arriesgando todo.

Sin embargo somos muy diestros para añadir incisos a la ley que va expandiendo su alcance a detalle, pero de igual manera se presta para manipular y justificar de alguna manera el mismo mandato para elegantemente nulificarlo, sobre todo en aquellas situaciones que tan comúnmente caemos y a las que no pretendemos renunciar.

Eso es lo que Jesús intenta reparar, no está en contra de la ley divina, sino del mandato modificado a conveniencia, que siempre trata de justificar con la ley humana muy acomodaticia cuando se le da autoridad y poder al ser humano para hacerlo.

“Querer ser curados”

“Querer ser curados”

Marcos: 6, 53-56

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret.

Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le llevaban en camillas a los enfermos.

A dondequiera que llegaba, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados.

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No es raro encontrar un cansancio generalizado donde estar en una actitud no cómoda resulta que se considera como lo ordinario, pero incluso tenemos una dinamicidad tal que incluso lo bueno nos cansa.

Existen cantos que remarcan incluso el cansancio de que salga a diario el mismo sol, rutinas que matan, pero que lo hacen porque enfatizamos lo negativo y no la novedad de cada día, que en realidad nadie de nosotros es el mismo de un momento a otro ya que hay millones de factores que, cambian, desde la ubicación del la galaxia, hasta los glóbulos de tu sangre que están en distinta ubicación.

Es como un río que siempre lo vemos con agua, pero no nos percatamos que en cada momento cada molécula es nueva y nunca es la misma agua.

De aquí que la salud inicia desde nuestra propia actitud, el ver la novedad de cada momento, el maravillarnos de ello, porque los que sanan, son precisamente los que inician un proceso y quieren ser curados.

“Una razón de ser y vivir”

“Una razón de ser y vivir”

Mateo: 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.

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La vida nunca ha dejado de ser un don tan preciado que cuando somos conscientes de su valor, se vuelve incalculable. De suyo el hecho de vivir es una gracia única, pero la vida no consiste tan sólo en vivirla porque se posee.

Uno de los objetivos de esta vida es llevarla a una plenitud en todos los aspectos. Habrá quien desarrolle en ella lo físico, lo cultural, lo espiritual, las artes, lo intelectual y filosófico, entre otras tantas posibilidades que a la par se pueden ir complementando. 

De hecho se nos ha revelado a través de las Sagradas Escrituras, que precisamente se nos compara a la sal y a la luz, es decir, a realizar las actividades que exponencian todas las capacidades, porque nos ha regalado el Señor un cuerpo maravilloso que sabe salir adelante ante todas las adversidades y que se desarrolla generosamente cuando se le cuida y cultiva al igual que la mente y el corazón, para con ello dar sabor y sentido a la vida misma iluminando a quienes se han perdido en sus propias tinieblas.

Es una pena, cuando el dolor y la ansiedad las alimentamos a tal grado de perder el sentido falso de no poder vivir la vida. Mientras tengamos vida, tenemos un proyecto y una oportunidad por delante ya que además Dios nos da una razón de ser y vivir aquí en este mundo, con su ayuda para alcanzar a que esa misma vida llegue hasta la eternidad, por medio de su hijo que la ha llevado a su plenitud por medio de la gracia y santidad que nos pide vivirla igual.

“La importancia de la guía”

La importancia de la guía”

Marcos: 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

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Nos es muy común que los sistemas educativos cada vez nos dan la libertad de realizar y elegir la enseñanza a nuestro gusto, además se están dando los nuevos métodos autodidactas en línea, donde la persona va sola y presenta sus exámenes de manera virtual pareciendo que al caminar se da una sensación de soledad.

Cuando no compartimos en una relación directa con los demás, solemos bajar la rica experiencia interpersonal, donde vamos caminando, decidiendo y aceptando la realidad según nuestra propia percepción personal.

Resulta muy necesaria la contraria opinión y su razón de ser para ubicar un raciocinio certero que nos haga ver una comparación, de igual manera surgen guías con su muy personal ideología que imponen a quienes les hacen caso.

Jesús reconoce todos esos guías y a las personas que no promueven la verdad, sobre todo aquellos que confunden y dejan vacía a la persona porque no le satisface un conocimiento parcial.

Es por ello que Jesús encuentra a las personas como ovejas sin pastor, desorientadas, maniatadas, ávidas de paz y sano conocimiento, sobre todo una salud integral, aquella que ubica la realidad y vive en ella con alegría y felicidad, sin estancarse en lo simple y negativo, porque sabrá superar cada situación, cualquiera que sea sin importar lo mal que pinte, con un excelente guía como Jesús.