“Saber valorar”

Saber valorar”

Mateo: 13, 44-52

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra. También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.

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Una de las características que se nos brindan al buscar a Dios, es la de identificarlo tal cual es y conocerle cada día un poco más, para ello es necesario frecuentarle en la oración, los sacramentos, la meditación, la escucha de la Palabra y el trato personal, donde se refuerza esa alianza de amistad y nos santifica.

El evangelio nos presenta cómo su misma gracia y sabiduría nos transforma a tal grado de aprender a elegir lo que realmente vale la pena y nos hace felices, ya que sin esos dones nos vamos a buscar tan sólo lo que materialmente tenemos al alcance, a lo mejor sí, llenándonos de riquezas que en su momento se acaban o las podemos perder y quedarnos con la simpleza de los bienes materiales sin crecer ni una pizca en amor y generosidad.

El ejemplo del Rey Salomón es muy claro cuando su reinado no lo basó en sus fuerzas armadas, ni es las arcas del tesoro, ni en su arsenal para la guerra, ni en las relaciones con los llamados famosos, sino que se basó en el don de la inteligencia y la sabiduría, dones que con ellos puede obtener y administrar en abundancia todos los anteriores.

Es por ello, que en el Reino de Dios aquí en la tierra, hay que saber valorar las grandes y pequeñas cosa que en realidad son importantes, como esa perla, ese tesoro escondido que tan sólo un buen valuador sabe identificar su valía.

Volvamos a  redescubrir lo que es importante, como tu familia, tus amigos, tu salud mental y física, los bienes materiales y las riquezas, la belleza de tu propia alma, y no utilizarlos tan sólo para beneficio abusivo e inmediato que termina en la nada, ya que con ellos puedes vivir y crecer hasta la misma eternidad.

“Déjenlos Juntos”

“Déjenlos Juntos”

Mateo: 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.
Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: `Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: `De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero’ “.

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Es una constante lucha por querer separar en todos los ámbitos de la vida y la sociedad a los que consideramos malos de los buenos, aunque no deja de ser una apreciación y conceptualización más humana que divina, Sin embargo la Sagrada Escritura así lo expone para marcar una diferencia entre quienes desean vivir y transmitir el mismo amor de Dios de los que no.

Para el Señor no existen los malos, de suyo el concepto del mal como tal, hablando filosóficamente es considerado como un bien imperfecto, que claramente puede si así lo desea, llegar a la perfección. 

Esa misma naturaleza la manifiesta el Señor cuando en medio de su misericordia, ante nuestra ideológica segregación y división entre buenos y malos, afirma que los dejen crecer juntos, ya que Dios mismo sabe canalizar y utilizar el mismo mal para desarrollarnos y hacer un bien mayor.

Así que no suframos por los que hacen todo bien y nos molesta, o los que lo hacen todo mal y nos afecta, todo está en el plan de Dios, a lo mejor las circunstancias y las personas en algún momento cambian o se invierten los papeles, uno nunca sabe, por ello el Señor no tiene prisa de juzgarnos ya que el tiempo es suyo.

“No basta el mínimo”

“No basta el mínimo”

Mateo: 13, 18-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino. Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, la sofocan y queda sin fruto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”.

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Es una realidad y una satisfacción reconocer que no todos tenemos las mismas capacidades y que es imposible igualarlas a las del otro, en razón de que eso es lo que nos identifica y nos hace brillar a cada quien de manera única y personal, sin la necesidad de sobrevalorar el bien y los dones del otro en detrimento de los propios.

Una vez convencidos de qué no podemos ni valemos, ya sea por nuestra auto derrota o el ataque de los que se quieren sentir superiores, entonces dejamos de hacer el bien que debemos y que en realidad podemos.

Y para que la conciencia no duela, nos auto convencemos que con dar el mínimo ya basta, ya hasta lo publicamos y gritamos a los cuatro vientos, tanto dentro de la iglesia, en la que abundan queriendo dar buena imagen, con una vida doble, y tanto fuera de ella en situación peor sin la conciencia de Dios.

Lo malo es que cuando reconocemos que somos para dar el treinta, regateamos a dar el cinco, y los del cien, el quince y no. El de treinta que dé el treinta y eso basta, al igual que el de cincuenta y el de cien.

No basta el mínimo, y si el mínimo es treinta, se convierte en tu cien, pero hay que darlo.

“Sentidos y mente en plenitud”

“Sentidos y mente en plenitud”

Mateo: 13, 10-17

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

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Dios en su infinita misericordia nos ha participado de múltiples gracias y dones, con los que nos enriquece y da tanto una fisonomía como una personalidad, además de que en común nos ha dado un conjunto de similaridades como el pensar, caminar, ver, etc… 

Sin embargo el auto descubrir esas capacidades, muchas veces, aunque son evidentes, solemos quedar atorados en algunas cuantas, sin desarrollar el resto, ni propiciar su desarrollo.

Descubrimos que podemos utilizar eficazmente nuestra inteligencia, nuestras capacidades físicas, deportivas, así como habilidades, y pocos son los que las hacen rendir a su máxima capacidad, como un deportista, un científico, un artista que siempre buscan crecer en su ramo.

La cuestión radica en que no solamente debemos de ejercitar las cualidades físicas o mentales, el límite no es lo material o racional, podemos crecer además, en todos los dones espirituales, como el de la sabiduría, la paz, el amor, entre otros que además complementan y plenifican la propia vida. 

Es por ello, que nuestro ser fue creado con una capacidad impresionante de crecimiento, tanto físico como mental y espiritual, pero qué cortos nos quedamos cuando no queremos entender ni participar de esas gracias tan peculiares que sacian, que hacen sentirlos completos. Es entonces que cuando quedamos varados en lo material como lo es el dinero, como no sacia, ni migramos a un bien superior, más queremos, al igual en lo físico y a la buena apariencia, nunca es suficiente hasta obsesionarnos y perdernos en ello.

Falta escuchar y ejercer lo que nos hace crecer, y esa es la palabra de Dios, porque sin ella siempre quedaremos vacíos e incompletos.

“…El se vio obligado a subir a una barca…”

“…El se vio obligado a subir a una barca…”

Mateo (13, 1-9)

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. 

Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo: “Una vez salió un  sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y  dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”.

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Ordinariamente solemos pasar la vida ecuánimemente en estabilidad, pero en ocasiones esa misma estabilidad llega a cansar a tal grado de vivir inmersos en nuestras propias ansiedades como lo más ordinario del mundo.

Así cansados, en los momentos más críticos, solemos buscar a Jesús solicitando de Él una respuesta que nos de su paz y la solución inmediata a nuestros problemas. Eso lo vemos reflejado claramente en esta fracción del Evangelio, donde enfatiza que cuando la multitud se le abalanzó “él se vio obligado a subir a una barca”.

No significa que se aleje de los suyos que lo buscan, ni que sean rechazados, o que sea tan quisquilloso que no desee que la gente se le acerque y lo toque, para nada, es simplemente una táctica para poder obrar.

Podríamos pensar, pero ¿por qué se puso a predicarles en vez de sanarlos?, bueno, porque la salud inicia por la paz que brinda la propia palabra de Dios y regenera eficazmente abriendo la mente a la sabiduría divina que es fruto de la escucha y asimilación. 

Esa prédica necesaria debe de suscitar la fe, como base de la obra de Dios y entonces sí eficientemente poder realizar el milagro. A veces eso esperamos, solo el milagro, solo la sanación, solo la paz, sólo la solución, pero el proceso implica ambas partes: La Palabra y entonces la obra.

Sólo así podremos permitir obrar a Jesús, no atiborrándolo de nuestras necesidades a tal grado de retirarse para obrar, sino que la distancia prudente remarca la cercanía temprana que se da naturalmente como fruto de tu cultivada amistad con el Señor.

“Cercano a la familia”

“Cercano a la familia”


Mateo 12, 46-50


En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: —Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.

Pero él contestó al que le avisaba: —¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?

Y señalando con la mano a los discípulos, dijo: —Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.


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Pareciese como hoy se dice despectivamente, que Jesús formó un nuevo grupo familiar, ese ahí donde están sus discípulos y sus apóstoles, donde se la pasa de maravilla,  alejado de los suyos, de su familia y en concreto de su madre, no tiene que estar con los que nació, sino con los que eligió.


Pero me parece que para no entrar en confusiones, habrá que aclarar que son grupos muy definidamente independientes, que llevan una encomienda ya sea laboral o de amistad, pero que jamás se equipararán a la familia.


El núcleo familiar, que atacado invariablemente por la cultura de los desvalores y la muerte, nunca pasará a un tercer término, y en su caso Jesús no lo hace, vemos a su familia cercana y en apoyo total a su misión encomendada, incluso la pone como modelo de relación y de unidad, precisamente en base a la experiencia como lo vivió con su Padre Celestial y como lo vive en la tierra con su madre María, así como con los familiares cercanos que son familia.

Nunca lejos de ellos, a lo mejor físicamente sí, pero jamás distantes en los valores y los afectos, además de la constante comunicación que se da naturalmente. Por ello, no te confíes en que tu circulo de confort amistoso es lo mejor, porque ellos con el tiempo se van y cambian de parecer respecto a ti o viceversa, pero la familia nunca dejara de serlo ni de estar, a no ser que así lo quieras.

“Esta gente malvada e infiel está reclamando…”

“Esta gente malvada e infiel está reclamando…”

Mateo (12, 38-42)

En aquel tiempo, le dijeron a Jesús algunos escribas y fariseos: “Maestro, queremos verte hacer una señal prodigiosa”. El les respondió: “Esta gente malvada e infiel está reclamando una señal, pero la única señal que se le dará, será la del profeta Jonás. Pues de la misma manera que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra.

Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta gente y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay alguien más grande que Jonás. La reina del sur se levantará el día del juicio contra esta gente y la condenará, porque ella vino de los últimos rincones de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien más grande que Salomón”.

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Jesús al hacer presente su misión, hablando en el lenguaje de la redención, manifiesta su Ser al realizar aquellas obras extraordinarias que hablan del cumplimiento de las promesas y prodigios que serán un signo característico del mesianismo ya prometido desde antiguo.

Todo lo que realiza Jesús es en el ámbito de la salvación y restauración del género humano en ámbito de pecado, así como de restauración de la Gracia; de tal manera que lo que hace es solamente en el esquema de la fe, si es que es necesario para ello lo hace, si algo ni siquiera se menciona o algún milagro no es realizado, es porque realmente no es importante para el fin deseado.

Parece dura la frase: “Esta gente malvada e infiel está reclamando”, pero implica la realidad de dichas personas en sí mismas, es decir, lo que piden es solamente ver un espectáculo, porque aunque lo realice, no moverá en lo mínimo en esas personas, ni sus corazones, ni estarán dispuestos a incrementar la fe en Jesús.

A veces nos movemos en ese rubro, queremos obras prodigiosas, maravillosas, milagros espectaculares, rezos interminables, prometemos mandas hasta suicidas, pero que no inmutan para nada la propia vida de la fe en cada uno de nosotros ni mejoran la relación personal y comprometida con la gracia y por ende, con la santidad.

Desgraciadamente quien permanece alejado de Dios, no quiere crecer, sus intereses son totalmente personales y egoístas, pero cuando requieren de una petición a Dios, son quienes hacen el mayor escándalo.

Un verdadero fiel, comprometido con la verdad y en vida cercana de oración, no significa que sea totalmente sumiso y jamás reclame, es muy distinta su reacción, porque sabe esperar y reconoce en su momento los procesos de Dios sin caer en desesperación, y Dios sin pedirlo le brinda las señales necesarias que lo siguen haciendo crecer en su fe; pero quien no, ni las ve, mucho menos las sabe interpretar y por consiguiente hasta enojado se aleja envuelto en su propia ambición.

“La riqueza del Reino”

“La riqueza del Reino”

Mateo: 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: `Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: `¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero’ “.

Luego les propuso esta otra parábola: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”.

Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”.

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”.

Jesús les contestó: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga”.

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Hoy se nos presentan varios relatos en relación a dar a conocer el Reino de los Cielos, teniendo una muy clara y diversa explicación; la razón de estas explicaciones se dan en base de que el contexto y la cultura en la que vivió Jesús, no es la de occidente, donde nuestro esquema de pensamiento es distinto, su cultura es con el esquema de oriente, en el que la manera de dar a conocer algo es muy distinta a la nuestra.

En occidente solemos dar una definición corta y sencilla sobre cualquier concepto para definirlo y con eso nos basta; por el contrario en oriente, las explicaciones no se basan en una definición, sino que se explica con el mayor número de relatos para que se entienda el concepto en toda su riqueza sin dejar lugar a dudas.

La razón por la que el mismo Dios eligió a una cultura de oriente para darse a conocer, precisamente por la riqueza de su pensamiento y expresividad, ya que en la nuestra, quedaría corta una definición de quién es Él.

Es por ello, que el Reino se nos explica con varios ejemplos, para que no se pierda ningún detalle, por lo que de entrada, no pretendamos interpretarlo a nuestra manera, ya que pensamos distinto, sino que debemos conocer dicho esquema para asimilarlo, conociendo cada vez más a Dios y sus planes, con un conocimiento basto que sacia el corazón y el alma. He ahí la riqueza del Reino y del mismo plan de Dios que nos invita a vivirlo y a hacerlo presente más que nunca, iniciando desde nuestras propias vidas y no desde un sistema ideológico estructural conceptual.

“…Los fariseos se confabularon contra Jesús…”

“…Los fariseos se confabularon contra Jesús…”

Mateo (12, 14-21)

En aquel tiempo, los fariseos se confabularon contra Jesús para acabar con él. Al saberlo, Jesús se retiró de ahí. Muchos lo siguieron y él curó a todos los enfermos y les mandó enérgicamente que no lo publicaran, para que se cumplieran las palabras del profeta Isaías: Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi Espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz en las plazas, no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea, hasta que haga triunfar la justicia sobre la tierra; y en él pondrán todas las naciones su esperanza.

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No es de extrañarnos las actitudes gregarias bajo las cuales muchos individuos se envalentonan para atacar, así como para amenazar a los demás, la cual no deja de ser una simple realidad de quien siempre será cobarde. En soledad e individualidad son cobardes, en grupo no sé de dónde sacan tanta valentía que hasta se desconocen a sí mismos, falsa por cierto, pero consecuente en grupo.

Es de admirar a aquellas personas que van en la vida enfrentándose solas a las dificultades sin necesidad de inmiscuir a los demás y embarrarlos de sus propios problemas, o a su vez hacer suyos los de los demás que ciertamente no le corresponden.

Es una actitud valiente de quien no tiene miedo de hablar por sí mismo, ni de denunciar de una manera anónima, que no se excusa y apoya en los demás para atacar, sobre todo cobardemente en medio del miedo común y paranoico.  

Esa es la actitud de los fariseos, en los cuales muy claramente se enfatiza que se ‘confabularon’, por cierto en grupo, para acabar con Él, y es que a Jesús a solas, le tienen miedo, no por violento, porque de suyo no lo es, sino por el mayor temor que pueden enfrentar, es decir a la propia verdad y realidad personal, y la verdad en sí misma.

La ventaja de quien camina valientemente sin enredar a los demás en sus muy propias limitaciones, como lo hace Jesús, es de tener la plena consciencia de su papel individual en el plano del plan de Dios y la Salvación en general, se auto valora como lo que de suyo es, “persona” y tiene puesta su confianza en quien debe, es decir en Dios, no como los demás que se apoyan entre sí, caducando su eficaz acción cuando sus fuerza menguan.

No es bueno depender de los demás para ser valiente, si así lo practicas, independízate, que nada bueno sacaras de eso. Así nunca serás tu mismo, sino una conciencia dependiente y común de sabrá Dios quien, pero nunca tu.

“Cuando la oportunidad converge”

Cuando la oportunidad converge”

Mateo: 12, 1-8

Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con Él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos.

Cuando los fariseos los vieron, le dijeron a Jesús: “Tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado”.

Él les contestó: “¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros? ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes? ¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo.

Si ustedes comprendieran el sentido de las palabras: Misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es dueño del sábado”.

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Resulta muy cómodo que nos organicen la vida y siempre nos digan lo que tenemos qué vestir, qué comer, qué calzar, qué decir, con quién andar y hasta qué pensar, entre otras codependencias, aunque lo mismo para otros resulta en una esclavitud, ya que la norma está establecida para seguirla el pie de la letra.

Y es que cuando se dan leyes y normas a seguir, es porque se da una línea común por la que se pide al menos que las persona converjan en un camino y comportamiento uniforme, en el que a veces es necesario, pero en otras incomoda y abusa.

Lo que pasa en realidad, la norma no deja de ser una ayuda para tomar decisiones, pero cuando en el momento se supera la ley por una actitud mejor y con mejores consecuencias, no hay por que limitarnos a lo que ésta nos pide.

Es aquí cuando las oportunidades de hacer un bien mayor convergen, imperando hacer de los múltiples bienes el mejor. Pero siempre hay quiénes quedan estancados en la norma y no pueden ver algo mayor, ya que no tan fácil lo asimilan, ante mentes  formadas tan cuadradas y llenas de prejuicios que tienen una medida corta.

Cuando el bien supera la ley, es lícito, cuando lo rebaja la ley es la norma, y es que pocos lo entienden, sobre todo aquellos que no solo ven la ley como el todo ó, en su defecto la transgreden sin importar la consecuencia; pero aquellos que han ejercido además la caridad combinada con la justicia, el bien con o sin la ley es absoluto.