“Cordiales vs. convenencieros”

“Cordiales vs. convenencieros”

Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros».

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Una de las principales características del cristiano radica precisamente en su caridad, en el manifestar una vida llena de afecto sincero, tan amable con cualquier persona que supera la sola educación, sino que va más allá, llega a mostrar una relación que sale sin problema desde el fondo de su corazón, aquello que llamamos cordialidad.

En sí, se trata de una actitud de donación, no solamente de bienes materiales, sino inclusive de tiempos y atenciones personales según se necesiten en su momento. 

Contrariamente ante esto encontramos un mal entender de esa actitud, porque de cordiales, pasamos por un lado a ser convenenciero o justicieros. Convenencieros porque sabiendo que existe gente que se dona y es capaz de quitarse el vestir para darlo a quien lo necesita, así como el pan de la boca, a quien le favorece ésta situación es a aquellos que les conviene sacar provecho y abusar de la bondad de los demás sin mayor problema de conciencia. Aquellos que hasta exigen manipulando y chantajeando a los verdaderos cristianos como si obligadamente les tuvieran que dar, esos que desde que nacen ya tienen la mano estirada para pedir pan y la cara impregnada de falsa tristeza.

También están los justicieros, aquellos que no dan si no les dan, es decir, tu pones, yo pongo, tu haces, yo hago, y si no obras, yo no obro. Aquellos que están al tú por tú, los que les conviene la justicia y la renombran como caridad, pero que no son capaces de dar nada independientemente por su cuenta, sino como respuesta después de ver lo que reciben. Eso no es caridad, es lo normal que se debe mínimo como gente educada hacer, porque la caridad es dar un poco más de lo que impone la justicia libremente y sin retroalimentación. 

La cuestión es, que no pidas más de lo que no das, y si das de más, ya sabrás como se te recompensará sin esperarlo, pero llega y sin pedirlo. Así obra la generosidad. No dejes de ser cordial, pero no te dejes de los covenencieros, porque si les ayudas los dañas y estancas.

“El escándalo como herramienta”

“El escándalo como herramienta”

Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: —¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.

Jesús le intimó: —¡Cierra la boca y sal!

El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: —¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.

Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

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No es ninguna novedad encontrar escándalos cada vez más fuertes y remarcados muy negativamente para llamar la atención, hoy en día lo utilizan sobre todos los medios de comunicación, porque aún existen personas que se asustan y admiran de los demás al entrometerse en sus vidas, además viene a ser un negocio muy lucrativo para obtener sórdidas ganancias sin importar el daño que infringen en los demás.

Sin embargo no olvidemos que precisamente el escándalo es un recurso que proviene del maligno, con el cual se remarca la mentira para imponerse violentamente, como lo vemos en el caso del endemoniado que exagera y distorsiona la verdad para amedrentar no a Jesús, sino a los demás que le circundan, para ponerlos en duda y en su contra, en este caso una mentira chantajista: “¿Has venido a destruirnos?”, por lo que Jesús jamás les permite que sigan hablando, a sabiendas de su modo de atacar.

En medio del escándalo quien lo impone no da pie al diálogo, es imperativo para sobreponerse ante la verdad, es por ello que se usa muy eficientemente como herramienta para destruir y atacar a todos los que practican y hacen el bien. Así con los nervios impactados por la violencia del asunto, bloquean la mente para no tener una reacción defensiva al momento. Así de rastrero y bajo se maneja el maligno junto con todos los que se prestan a su juego.

Hay que estar preparados con la suficiente formación religiosa para conocer un poco más a fondo la verdad y a Dios mismo, para amarlo junto con el respeto que se merece, de tal manera que ante esta herramienta del maligno, mientras la gente se impone a dejar de ser vulnerable por el escándalo y no haga caso a la mentira, cuando se fortalezca en su espíritu, será cuando la identifiquemos y no dejaremos que prosiga, porque el daño es grande y sus consecuencias graves. Pidamos en oración la fortaleza para no caer en las herramientas y redes del maligno, sino que las identifiquemos y detengamos a su tiempo. 

“Abusos personales”

“Abusos personales”

Mateo: 24, 42-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre.

Fíjense en un servidor fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado de toda la servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento. Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que le encargará la administración de todos sus bienes.

Pero si el servidor es un malvado, y pensando que su amo tardará, se pone a golpear a sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará severamente y lo hará correr la misma suerte de los hipócritas. Entonces todo será llanto y desesperación”.

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La gran caridad que tiene Dios para con nosotros nos ha hecho partícipes de tal cantidad de dones y gracias, de una manera tan excelente y en plena libertad, que pensamos que nos pertenecen, olvidando que somos seres amados por Dios, los que se nos han confiado en alegría y total responsabilidad de los mismos, creemos que son nuestros y de nadie más, sin importar lo que hagamos con ellos.

Pero precisamente eso es no entender el plan de Dios ni a Dios mismo, es muy cierto que debemos de amarnos, cuidarnos y aceptarnos para estar disponibles a la misión encomendada en este mundo, pero cuando quitamos a Dios, nos convertimos en unos entes egocéntricos imparables e irresponsables de nuestra parte en la comunidad y sociedad en general.

Entonces en vez de utilizar todo cuanto hemos recibido para nosotros y también para los demás, como el plan de Dios lo comunica, simplemente abusamos sin remordimiento de conciencia. 

Pensamos que nuestros errores no impactarán a nadie, por la falta de conciencia de que somos comunidad y de que sin ella no somos nadie. El problema se revela cuando sin saber ver por donde sus propios egoísmos y errores les golpean queriendo culpar al resto por su frustración.

Por ello hay que no permitirnos auto dañarnos con el pecado y los abusos personales, ya que somos los actores y receptores de nuestras propias consecuencias.

“Descuidan lo más importante”

“Descuidan lo más importante”

Mateo 23, 23-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad!

Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera”.

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Hoy, día a día, tenemos que tener la mirada puesta muy concisamente en aquello que estamos impuestos a hacer como lo ordinario, cuando en realidad estamos siguiendo patrones, unos aprendidos y otros heredados, dichos patrones como todo en la vida traen consecuencias tanto positivas como negativas, todo en base a esas cosas que le damos mas importancia, así como las que desatendemos intencionalmente o por ignorancia pero que no dejan de afectar tu vida personal y los cercanos.

Es que si damos importancia a algo superficial, totalmente circunstancial y pasajero, dejaremos descuidados aspectos fundamentales y estructurales de la propia vida y relaciones familiares, es como cuando una persona decide gastar en un mundial de fútbol todo lo que tiene para adquirir lo necesario en los estudios de sus hijos; que gane tal o cual equipo en lo más mínimo te beneficia, ni añade nada a tu persona o a tu vida, en cambio la familia realmente se verá afectada.

Muchas veces ese mismo patrón lo repetimos una y otra vez, en diversos aspectos de la vida, siempre buscamos las prioridades heredadas, y es que hay que comprar ciertos productos por tradición aunque no se necesiten ni agraden, en fin, ejemplos podemos poner por montones, pero sobre todo, siempre hay que saber discernir para valorar lo que realmente es más importante, aquello que se necesita en las circunstancias actuales, con el tiempo serán otras decisiones según las circunstancias se presenten, pero sobre todo no nos permitamos descuidar lo más importante, aquello que realmente vale la pena y que impactará la vida de los tuyos positivamente.

No permitas que el mundo, los amigos o las influencias te inviertan los valores, donde se realce lo ufano y se denigre lo sagrado, siempre hay que cuidar lo que siempre será lo más importante. No dejes de usar lo circunstancial, pero no se te olvide que al final lo que te llevas es lo sagrado. No descuides lo más importante.

“Usurpadores”

“Usurpadores”

Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen

para que los vea la gente.

Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

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Los títulos son muy honorables, hacen resaltar a la propia persona, se le otorga un rango de autenticidad, hasta el trato personal cambia tornándose en especial. No creo que Jesús este en conflicto con las autoridades y sus rangos, tampoco con sus títulos, con lo que en realidad no está de acuerdo, es con la actitud de aquellos, que se promueven con esos títulos, aquellos que no se los han ganado con su propio esfuerzo ni entrega generosa sin dar el mínimo testimonio al respecto, robando la autoridad y menguándola en aquellos que su vida de entrega habla aún mas que dicho título, los que su vida, no alcanza a manifestar todo el bien que se ha hecho a los demás.

No reclama como único y exclusivo de Dios los atributos de padre, guía o maestro, ya que así lo suelen interpretar los fundamentalistas, sino todo lo contrario, Dios no deja de compartir sus propios dones y, qué mejor que alguien entre nosotros manifieste el cierto grado esas bondades de Dios que hablan de su misma autoridad compartida, de su mismo ser.

Lo malo es cuando se apoderan de los títulos sin ser merecedores de ellos, abusando con la autoridad que conllevan, ahí es donde se desdicen de presentar a Dios en esas circunstancias, donde no se manifiesta correctamente su gracia ni sus obras, pudiendo dar margen al error entre los sencillos y alejarlos del original servicio que Dios da con esos títulos bien ganados en las personas correctas.

Esos son los usurpadores que roban el título y no dan testimonio de ello. Pero no  vayamos más lejos, tan sólo juzgando a los que representan una autoridad, sino también nosotros podemos ser usurpadores del buen nombre de Hijos de Dios, de Bautizados, de Cristianos; cuando no vivimos conforme a lo que hemos sido llamados, cuando no va nuestra vida en el camino del perfeccionamiento en la santidad, cuando nuestras obras hablan de a quién aman no es precisamente a Dios.

Hay que tener un cuidado auténtico de nosotros no ser los usurpadores, más que echarlo en cara a los demás.

“Las Triangulaciones del mal”

“Las Triangulaciones del mal”

Mateo (14, 1-12)

En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: “Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”. 

Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta. Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera.

Ella, aconsejada por su madre, le dijo: “Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”. El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.

Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.

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De alguna manera alguien interfiere distantemente en nuestras vidas, así como las que cercanamente y directa lo hacen, quieras que no el rango de influencia de un acto ya sea bueno o negativo, siempre afecta gradualmente tanto a los cercanos como indirectamente a los más distantes.

A veces pensamos inconsecuentemente, como si nuestra vida tal como se vive no afectara a nadie, hasta se ha hecho de uso común la inmadura frase, “a ti que  te importa, es mi vida”, la misma revela que no se tiene un campo de visión y comprensión muy amplio que digamos, porque solamente veo mis propios y carentes límites, pero más allá, parece imposible.

Curiosamente los que en su momento se dan cuenta de la consecuencia de tus propios actos, siempre serán aquellos afectados primariamente, se nos olvida que no estamos solos, que somos una célula en conexión con el resto de las vidas que nos circundan, y que siempre habrá una dimensión de afectación social, directa e indirecta.

Cuando una persona se ensimisma, es decir, vive solamente para sí, puede rayar en el síndrome narcisista, como una patología adquirida lentamente. Esas personas solamente les importan sus proyectos personales y si alguien se les atraviesa, aún accidentalmente, modificando en algo indirectamente sus planes, suelen destrozar sin misericordia al otro, porque no valen para ellos, su valor está puesto solamente en sí mismos, sólo buscan su propio fin, sin justificar los medios.

Eso aconteció con Juan, a más de dos o tres les dolió la verdad, por eso buscan indirectamente hacerle un mal, asesinarlo. Las circunstancias fueron perfectas para ese malvado plan cuando  Herodías utilizó a su propia hija como instrumento de muerte, por medio de la cual, indirectamente lo asesinó; ella no lo decapitó, pero así sale limpia ante los demás, sin embargo su propia hija la delata entregándole la cabeza de Juan.

Ya lo dice un dicho sabio, “tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”, el pecado es social, no importa cuan triangulado esté, la responsabilidad es igual para todos, a veces lo más manejable es echar culpas concretas ante las negativas de nuestra propia irresponsabilidad, por ello tanto reclamo a Dios, pero no hacemos nada.

Nunca un mal justificará un bien ilícito.

“…Los fariseos se confabularon contra Jesús…”

“…Los fariseos se confabularon contra Jesús…”

Mateo (12, 14-21)

En aquel tiempo, los fariseos se confabularon contra Jesús para acabar con él. Al saberlo, Jesús se retiró de ahí. Muchos lo siguieron y él curó a todos los enfermos y les mandó enérgicamente que no lo publicaran, para que se cumplieran las palabras del profeta Isaías: Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi Espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz en las plazas, no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea, hasta que haga triunfar la justicia sobre la tierra; y en él pondrán todas las naciones su esperanza.

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No es de extrañarnos las actitudes gregarias bajo las cuales muchos individuos se envalentonan para atacar, así como para amenazar a los demás, la cual no deja de ser una simple realidad de quien siempre será cobarde. En soledad e individualidad son cobardes, en grupo no sé de dónde sacan tanta valentía que hasta se desconocen a sí mismos, falsa por cierto, pero consecuente en grupo.

Es de admirar a aquellas personas que van en la vida enfrentándose solas a las dificultades sin necesidad de inmiscuir a los demás y embarrarlos de sus propios problemas, o a su vez hacer suyos los de los demás que ciertamente no le corresponden.

Es una actitud valiente de quien no tiene miedo de hablar por sí mismo, ni de denunciar de una manera anónima, que no se excusa y apoya en los demás para atacar, sobre todo cobardemente en medio del miedo común y paranoico.  

Esa es la actitud de los fariseos, en los cuales muy claramente se enfatiza que se ‘confabularon’, por cierto en grupo, para acabar con Él, y es que a Jesús a solas, le tienen miedo, no por violento, porque de suyo no lo es, sino por el mayor temor que pueden enfrentar, es decir a la propia verdad y realidad personal, y la verdad en sí misma.

La ventaja de quien camina valientemente sin enredar a los demás en sus muy propias limitaciones, como lo hace Jesús, es de tener la plena consciencia de su papel individual en el plano del plan de Dios y la Salvación en general, se auto valora como lo que de suyo es, “persona” y tiene puesta su confianza en quien debe, es decir en Dios, no como los demás que se apoyan entre sí, caducando su eficaz acción cuando sus fuerza menguan.

No es bueno depender de los demás para ser valiente, si así lo practicas, independízate, que nada bueno sacaras de eso. Así nunca serás tu mismo, sino una conciencia dependiente y común de sabrá Dios quien, pero nunca tu.

“Pensar mal”

Pensar mal”

Mateo: 9, 1-8

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad. En esto, trajeron a donde Él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”.

Al oír esto, algunos escribas pensaron: “Este hombre está blasfemando”. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, —le dijo entonces al paralítico—: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

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Una constante lucha del ser humano en medio de esta cultura, saturada de necesidades, unas reales, y otras totalmente ficticias e inventadas, con el fin de hacernos sentir incompletos, además dentro del estrés del día a día a un ritmo acelerado y vertiginoso, siendo sinceros, por más sensatos que seamos, todo nos lleva en medio del cansancio a pensar y opinar mal de todo.

Situación a la que Jesús se enfrenta ya como un mal decadente y permanente en la historia de la humanidad, claro consecuencia directa del pecado en general, por el malestar y la infelicidad que conlleva, que no es castigo, sino resultado evidente de una mala acción o un mal vivir, situación que pretende cambiar y como ejemplo directo tenemos el caso del paralítico. 

Las personas, que presencian el milagro, en vez de alegrarse, buscan el veneno para esparcirlo, y Jesús no se queda callado, no permite que se disperse el mal sembrado, lo frena y lo hace evidente, no importa que quien lo promueva tenga un lugar importante en la comunidad.

No se realiza el cambio de inmediato, porque un corazón empedernido, tiene que ablandarse de poco a poco hasta convertiste en valioso y de oro. Pero el bien ya quedó sembrado y en su momento dará fruto.

Por ello es indispensable no permitir que el mal pensamiento siga esparciéndose, hay que frenarlo en cuanto sea posible, y promover el bien que habla más que el mal, aunque el mal parezca todo lo contrario y siembre temor, que de ahí no pasa.

“Igualdad a mi manera”

“Igualdad a mi manera”

Mateo: 7, 1-5

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo”.

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Nuestra cultura trae consigo un sinnúmero de avances, pero a su vez conlleva otro tanto de situaciones negativas. Ahora todo mundo se ha convertido en un experto en todas las materias y con derecho a opinar de temas que inclusive desconoce, como si su opinión sin fundamento, fuera detonante para un cambio importante, lo cual es imposible porque las palabras sin hechos, son tan sólo palabras.

Hoy ya todo el mundo quiere igualdad en todos los derechos; nos fijamos en lo que no tenemos, más que proponer y dar solución a las verdaderas carencias personales así como a las comunitarias. 

Exigimos derechos que resultan a veces absurdos, pero que no somos capaces de vivirlos como tal, y mucho menos con las obligaciones que le proceden. Somos como esos hermanos tan llenos de falsa compasión, buenos para remarcar amablemente las carencias y defectos de los demás, acentuando, como si fueran expertos, sin cambiar un poco sus propias deficiencias, las cuales son intocables e indiscutibles, ofendiéndose si alguna mención se hace a ellas y haciendo un escándalo que Dios guarde la hora.

Queremos una igualdad sin verdad ni valores, aquella que atienda a mi lógica reduccionista, sin siquiera con la más mínima coherencia, es decir una igualdad a mi manera, donde yo soy quien importa y el mundo me es indiferente.

Es por ello, que para poder tener un criterio, el respaldo lo basa la propia vida, ya que como ésta la llevemos, será como opinemos, más sin Dios y sin valores, estará muy reducida para ser tomada en cuenta.

“Estrategias con miedo”

“Estrategias con miedo”

Juan: 11, 45-56

En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, creyeron en él. Pero algunos de entre ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y decían: “¿Qué será bueno hacer? Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación”.

Pero uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: “Ustedes no saben nada. No comprenden que conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca”. Sin embargo, esto no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Por lo tanto, desde aquel día tomaron la decisión de matarlo.

Por esta razón, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la ciudad de Efraín, en la región contigua al desierto y allí se quedó con sus discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos y muchos de las regiones circunvecinas llegaron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús en el templo y se decían unos a otros: “¿Qué pasará? ¿No irá a venir para la fiesta?” 

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Solemos en el camino de nuestra vida ir adoptando situaciones y formas de actuar conforme la cultura familiar y local nos lo van presentando, a veces con muchos valores y otras no tanto, sino con un esfuerzo grande para sobresalir a pesar de las dificultades en medio de un ambiente hostil.

Ya acostumbrados a cuidar por todos los medios las zonas de confort en las que hemos logrado posicionarnos, cualquier amenaza, aunque en realidad sea una mejora, se convierte en una autodefenza por permanecer.

Esos temores ante los hechos que Jesús presenta eficientemente, aquellos que demuestran su mesianísmo, no convienen a la religiosidad del momento, trunca la ley positiva humana y los planes de sus dirigentes, además de que es duro cambiar un estatus y una forma de vida milenaria de la noche a la mañana, aunque éste se esté ansiosamente esperando.

Por ello, ante el miedo del cambio y la novedad, pretenden extirparlo, y con todo el poder agarrado de la mano en su tiempo, utilizan los recursos existentes para hacerlo. Su inseguridad, mezclada con la desviación de los principios y valores mesiánicos, son el elemento perfecto para en extremo utilizar estrategias de miedo.

Nada nuevo en nuestros tiempos, simplemente hay que ver la realidad y adaptarnos sabiamente a ella, siempre y cuando no contradiga la verdad y promueva el sano crecimiento en todos los aspectos de nuestras vidas.