“Pensar mal”

Pensar mal”

Mateo: 9, 1-8

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad. En esto, trajeron a donde Él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”.

Al oír esto, algunos escribas pensaron: “Este hombre está blasfemando”. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, —le dijo entonces al paralítico—: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

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Una constante lucha del ser humano en medio de esta cultura, saturada de necesidades, unas reales, y otras totalmente ficticias e inventadas, con el fin de hacernos sentir incompletos, además dentro del estrés del día a día a un ritmo acelerado y vertiginoso, siendo sinceros, por más sensatos que seamos, todo nos lleva en medio del cansancio a pensar y opinar mal de todo.

Situación a la que Jesús se enfrenta ya como un mal decadente y permanente en la historia de la humanidad, claro consecuencia directa del pecado en general, por el malestar y la infelicidad que conlleva, que no es castigo, sino resultado evidente de una mala acción o un mal vivir, situación que pretende cambiar y como ejemplo directo tenemos el caso del paralítico. 

Las personas, que presencian el milagro, en vez de alegrarse, buscan el veneno para esparcirlo, y Jesús no se queda callado, no permite que se disperse el mal sembrado, lo frena y lo hace evidente, no importa que quien lo promueva tenga un lugar importante en la comunidad.

No se realiza el cambio de inmediato, porque un corazón empedernido, tiene que ablandarse de poco a poco hasta convertiste en valioso y de oro. Pero el bien ya quedó sembrado y en su momento dará fruto.

Por ello es indispensable no permitir que el mal pensamiento siga esparciéndose, hay que frenarlo en cuanto sea posible, y promover el bien que habla más que el mal, aunque el mal parezca todo lo contrario y siembre temor, que de ahí no pasa.

“Igualdad a mi manera”

“Igualdad a mi manera”

Mateo: 7, 1-5

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo”.

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Nuestra cultura trae consigo un sinnúmero de avances, pero a su vez conlleva otro tanto de situaciones negativas. Ahora todo mundo se ha convertido en un experto en todas las materias y con derecho a opinar de temas que inclusive desconoce, como si su opinión sin fundamento, fuera detonante para un cambio importante, lo cual es imposible porque las palabras sin hechos, son tan sólo palabras.

Hoy ya todo el mundo quiere igualdad en todos los derechos; nos fijamos en lo que no tenemos, más que proponer y dar solución a las verdaderas carencias personales así como a las comunitarias. 

Exigimos derechos que resultan a veces absurdos, pero que no somos capaces de vivirlos como tal, y mucho menos con las obligaciones que le proceden. Somos como esos hermanos tan llenos de falsa compasión, buenos para remarcar amablemente las carencias y defectos de los demás, acentuando, como si fueran expertos, sin cambiar un poco sus propias deficiencias, las cuales son intocables e indiscutibles, ofendiéndose si alguna mención se hace a ellas y haciendo un escándalo que Dios guarde la hora.

Queremos una igualdad sin verdad ni valores, aquella que atienda a mi lógica reduccionista, sin siquiera con la más mínima coherencia, es decir una igualdad a mi manera, donde yo soy quien importa y el mundo me es indiferente.

Es por ello, que para poder tener un criterio, el respaldo lo basa la propia vida, ya que como ésta la llevemos, será como opinemos, más sin Dios y sin valores, estará muy reducida para ser tomada en cuenta.

“Estrategias con miedo”

“Estrategias con miedo”

Juan: 11, 45-56

En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, creyeron en él. Pero algunos de entre ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y decían: “¿Qué será bueno hacer? Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación”.

Pero uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: “Ustedes no saben nada. No comprenden que conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca”. Sin embargo, esto no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Por lo tanto, desde aquel día tomaron la decisión de matarlo.

Por esta razón, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la ciudad de Efraín, en la región contigua al desierto y allí se quedó con sus discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos y muchos de las regiones circunvecinas llegaron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús en el templo y se decían unos a otros: “¿Qué pasará? ¿No irá a venir para la fiesta?” 

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Solemos en el camino de nuestra vida ir adoptando situaciones y formas de actuar conforme la cultura familiar y local nos lo van presentando, a veces con muchos valores y otras no tanto, sino con un esfuerzo grande para sobresalir a pesar de las dificultades en medio de un ambiente hostil.

Ya acostumbrados a cuidar por todos los medios las zonas de confort en las que hemos logrado posicionarnos, cualquier amenaza, aunque en realidad sea una mejora, se convierte en una autodefenza por permanecer.

Esos temores ante los hechos que Jesús presenta eficientemente, aquellos que demuestran su mesianísmo, no convienen a la religiosidad del momento, trunca la ley positiva humana y los planes de sus dirigentes, además de que es duro cambiar un estatus y una forma de vida milenaria de la noche a la mañana, aunque éste se esté ansiosamente esperando.

Por ello, ante el miedo del cambio y la novedad, pretenden extirparlo, y con todo el poder agarrado de la mano en su tiempo, utilizan los recursos existentes para hacerlo. Su inseguridad, mezclada con la desviación de los principios y valores mesiánicos, son el elemento perfecto para en extremo utilizar estrategias de miedo.

Nada nuevo en nuestros tiempos, simplemente hay que ver la realidad y adaptarnos sabiamente a ella, siempre y cuando no contradiga la verdad y promueva el sano crecimiento en todos los aspectos de nuestras vidas.

“Cuando yo calumnio”

“Cuando yo calumnio”

Mateo: 5, 43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Sean, pues, perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

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Es muy frecuente que estemos atentos a cuanto nos acontece, sobre todo si alguien me ofende, solemos saltar al instante y ponernos en actitud defensiva, cuando no a veces ofensiva.

Pero cuando soy yo quien ofende, hasta me parece un juego y lo vemos como normal, claro, en mis esquemas y en mi criterio, es cuando sentimos que estamos bien y que el resto del mundo anda mal porque todo lo siento como un ataque personal.

Es entonces cuando calumnio para sacar ese miedo que traigo, aquel que no percibo porque no soy consciente de ello, aquel que todos ven excepto yo, aquel que me impide crecer porque no lo reconozco, en mí, pero sí en los demás, aquel que no acepto y me hace hacerme el herido y ofendido cuando alguien lo remarca.

Porque cuando yo calumnio, saco todos mis miedos y ansiedades, evito que la gracia de Dios haga su efecto en mí y soy el principal obstáculo para mi propia santidad.

Sin embargo el Señor no me rechaza, me acepta y desea que supere todo cuando me quita mi felicidad, aquella que no alcanzo a conocer porque me conformo con poco y no pido su plenitud. 

Sólo falta que alcance a vislumbrar el cuan grande puedo crecer a su lado, ya que aún siendo yo injusto, no deja de darme cuanto necesito, mostrándome hasta donde puede llegar mi perfección, ya que fuimos hechos a su imagen y semejanza, y el límite en la santidad, es del tamaño como el mismo Padre celestial.

“…No está bien tomar el pan de los hijos…”

“…No está bien tomar el pan de los hijos…”

Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies

 Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños»

 Él, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija». Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.

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Una de las cosas que Jesús tiene presente y muy clara en su vida es su misión, es realista pues sabe de donde viene y sabe a donde va, es decir ha construido un plan de vida con metas específicas y claras hasta llegar al cúlmen de su obra, con su entrega generosa en su muerte y resurrección.

Uno de sus objetivos específicos es llevar primeramente a los suyos la Palabra y el Reino de Dios, para que posteriormente ellos lo hagan llegar al resto de la humanidad. Pedagógicamente predica y hace sus obras al pueblo judío por la sencilla razón que se supone están inmersos en el contexto de la historia de la salvación reconociendo las profecías hechas desde antiguo e identificando al Mesías en Él mismo.

Cosa que muchos lo hicieron, pero que otros tantos no, aún conociendo el plan divino. Por ello ante una mujer sirofenicia, pagana, es decir, no tiene conocimiento de Dios ni vida religiosa practicante, a lo mejor inicialmente lo busca como inclusive muchos judíos, como el curandero.

La respuesta de Jesús hacia ella fue con toda amabilidad y respeto: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Es decir, atiende a los encomendados en su misión sin faltarle el respeto a ella en su expresividad.

Cual es la sorpresa de Jesús que se lleva al identificar en ella una expresión llena de fe y esperanza, no encontrada en los suyos: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños». Eso le valió para que la gracia de Dios obrara y, ella creciera aún más en su fe inicial en Dios. Cuantas veces nosotros cuando pedimos, exigimos como hijos, pero como hijos demandantes, con el sentimiento de merecimiento y la exigencia de la obligatoriedad en recibir.

En el pedir esta el dar, si pedimos con fe, que se manifieste esa fe, si pedimos con generosidad, que la nuestra sea la primera dispuesta, que ante cualquier cosa que le solicitemos nuestra mente, alma y corazón estén puestos en Dios y no tan sólo en el beneficio a recibir.

“Alevosía o ventaja”

“Alevosía o ventaja”

Marcos: 7, 14-23

En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”.

Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. Él les dijo: “¿Ustedes también son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después, sale del cuerpo?” Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos.

Luego agregó: “Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.

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Cuando se nos pide realizar obedientemente una norma, ya sea divina o humana, sobre todo aquellas que nos piden modificar nuestro comportamiento en pro del bien común y en lo religioso de la propia santificación, resulta en un grado de dificultad doloroso, sobre todo porque implica un movimiento o renuncia interior que es lo que más duele.

Por ello, lo más fácil es hacer todo por fuera, que se note y se remarque con actos y prohibiciones que dan un impacto de cumplimiento visual, pero que para nada modifican y afectan positivamente al alma. 

Si hacemos cuentas, es más manejable prohibir comer un cierto tipo de comida a erradicar la avaricia o la soberbia y exigirnos vivir haciendo el bien. 

Es por ello que Jesús en lo absoluto no se basa en la apariencia y lo externo, aquello que no mueve al espíritu a desarrollarse en las virtudes mayores que vienen como un don de Dios.

Se cumplen ritos sin mover el alma, quedando la persona atascada en su propia limitación racional y espiritual. Jesús inicia por sanar la base, el alma, y posteriormente lo exterior que con su propio cuerpo lo plenificará en la resurrección.

De igual manera podemos aún conociendo a Cristo quedarnos en el ritual sin afectar al alma, es cuestión de disposición dando oportunidad a la alevosía y a la ventaja.

“Dispuestos a todo”

“Dispuestos a todo”

Marcos: 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: “Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado”.

Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” Su madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”.

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo, que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

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Las personas del mundo actual, así como del antiguo, siempre ha luchado por buscar el poder, el reconocimiento, la fama, la fortuna, el posicionamiento, y aunque sea un derecho natural el poseer, existen situaciones en las que éstas llegan a convertirse en una obsesión y hasta en una enfermedad.

Juan Bautista no tenía enemigos, su actuar y prédica no era belicoso, sin embargo si había un ser que se afectaba directamente: el maligno, y claro, por ende se convertía en uno de sus mayores enemigos a quien tenía que sacar de la jugada.

Es bien sabido que el maligno, con todas las capacidades que Dios le dio y que no le retiró, porque Dios no da y quita, sí podemos perderlas, pero no quitarlas caprichosamente; el maligno en medio de su sagacidad, suele aprovechar las debilidades de los humanos y usarlas a su favor.

Por lo que en Herodes y su concubina Herodías, enfermos de poder, experimentando todos los abusos posibles, tienen un alma débil y perfecta para implantar el mal y sentirse ofendidos por la verdad que Juan Bautista predica. 

Es por ello que respaldados por el pecado son capaces de estar dispuestos a todo para no perder el lugar de poder al que han llegado y aunque a Herodes le perturba y mueve su corazón la obra de Juan Bautista, Herodías no permite que crezca y sea influenciado por la verdad, por lo que actúa maléficamente mandando asesinar a quien pone en riesgo su pecado.

Es preciso fortalecer el Espíritu para no permanecer en las consecuencias del pecado tan fácilmente y así matar la conciencia, ya que débiles, somos capaces de caer tan bajo como alimentemos el mal.

“No permitir a la fama subir”

“No permitir a la fama subir”

Marcos: 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde Él estaba. Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo. En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

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Hoy en día todo mundo ante esta ansiedad de ser tomado en cuenta y contar como alguien en el planeta, buscan como solemos decir “sus quince minutos de fama”, y aunque el mismo dicho lo afirma, su duración es efímera, es decir, no dura nada quedando al final en nada.

Situación que Jesús jamás permite que domine, ya que ante el conocimiento del Reino y la redención, pretende que no sea fugaz, como llamarada de petate, que hace mucho escándalo, pero pronto se extingue; su predicación y ejemplo quiere que llegue hasta lo más intimo del alma y del ser, que transforme a la persona íntegramente, por ello requiere un proceso tranquilo de asimilación.

La fama hace que todo quede en la superficie; todo mundo le buscaba por la sanación física, olvidando la sanación integral del alma y del cuerpo, lo proclamaban para que imperara su acción curativa, cuando en realidad el cuerpo manifiesta lo que el alma posee, no dejando de ser un reflejo de la necesidad de paz y gracia en los que sufren.

Es por ello que no permite Jesús que la fama sea la que lo domine y limite, su misión es más grande que eso, no permitirá que lo enclaustren en una función significativa para tan sólo manifestar el reino con los milagros y su añadidura, eso debe disponer a la santidad y a la plenificación del alma y del cuerpo en todos sus dones, para crecer a la par como solución ante un mundo sediento de su amor y su armonía.

Al igual, no busquemos tan sólo la fama, ésta llega sola sin buscarla, sobre todo cuando las obras buenas hablan por sí solas.

“Estrategias con miedo”

“Estrategias con miedo”

Lucas: 11, 42-46

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!”.

Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: “Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros”. Entonces Jesús le respondió: “¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!”

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Solemos en el camino de nuestra vida ir adoptando situaciones y formas de actuar conforme la cultura familiar y local nos lo van presentando, a veces con muchos valores y otras no tanto, sino con un esfuerzo grande para sobresalir a pesar de las dificultades en medio de un ambiente hostil.

Ya acostumbrados a cuidar por todos los medios las zonas de confort en las que hemos logrado posicionarnos, cualquier amenaza, aunque en realidad sea una mejora, se convierte en una autodefenza por permanecer.

Esos temores ante los hechos que Jesús presenta eficientemente, aquellos que demuestran su mesianísmo, no convienen a la religiosidad del momento, trunca la ley positiva humana y los planes de sus dirigentes, además de que es duro cambiar un estatus y una forma de vida milenaria de la noche a la mañana, aunque éste se esté ansiosamente esperando.

Por ello, ante el miedo del cambio y la novedad, pretenden extirparlo, y con todo el poder agarrado de la mano en su tiempo, utilizan los recursos existentes para hacerlo. Su inseguridad, mezclada con la desviación de los principios y valores mesiánicos, son el elemento perfecto para en extremo utilizar estrategias de miedo.

Nada nuevo en nuestros tiempos, simplemente hay que ver la realidad y adaptarnos sabiamente a ella, siempre y cuando no contradiga la verdad y promueva el sano crecimiento en todos los aspectos de nuestras vidas.

“Administración de capacidades”

“Administración de capacidades”

Lucas: 16, 1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: `¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’. Entonces el administrador se puso a pensar: `¿Que voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: `¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’.

Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’. El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios, que los que pertenecen a la luz.

Y yo les digo: Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes? No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero”.

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No resulta en una norma impositiva el hecho de que todas nuestras capacidades las tengamos que poner al servicio del bien, ciertamente en su mismo plan, Dios les ha otorgado la capacidad de llegar ese objetivo, y aunque sean dadas para ello, Dios mismo respeta la decisión que tomes al respecto.

Lo malo acontece cuando sabiendo que tenemos un bien para emplearlo de la manera más correcta, lo usemos para el abuso o un mal, aún así Dios lo permite porque la persona es responsable de la administración de los dones otorgados, y algo que Dios no puede evitar por simple lógica, son la consecuencias que el mismo acto malo conlleva.

Habrá quien responsabilice a Dios de todo cuanto acontece, pero es imposible evitar acarrear un mal que de hecho nosotros mismos generamos, aunque ciertamente resulta ilógico y antagónico hacer el mal para luego exigir que todo salga bien. Dios lo puede hacer, claro que sí, pero negaría su mismo esquema de verdad.

Aquí la cuestión sería analizar si nuestras capacidades las usamos para crecer y llegar al mejor bien posible o erróneamente las administremos al servicio del mal, por tan solo obtener un bien temporal. Al final la conclusión hablará por sí sola en la verdad y obtendrá lo que se trabajó en su justa razón.