“Salir de…”

“Salir de…”

Mateo: 7, 7-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abre.

¿Hay acaso entre ustedes alguno que le dé una piedra a su hijo, si éste le pide pan? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Si ustedes, a pesar de ser malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con cuánta mayor razón el Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan.

Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas”.

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Cada vez más nos estamos introduciendo en una forma de vida más enclaustrada, ya en buena parte de nuestras compras se pueden hacer desde la privacidad y comodidad del hogar, sin necesidad de tener contacto con nadie, creando un ambiente de autonomía, pero en realidad de aislamiento.

Bajo ese esquema adaptamos nuestra vida espiritual, deseamos que todas las gracias, conocimientos y milagros nos lleguen al hogar, porque nuestra fe personal así lo requiere, ya que esperamos que Dios solucione todo.

Pero hay que reconocer que las obras se dan si es que realmente nosotros ponemos algo de nuestra parte, algo que diga que realmente estás interesado, que no sean tan sólo buenas intenciones, ni peticiones al aire.

Es oportuno y muy recomendable salir de nuestra situación personal, sobre todo la ideológica y como percibimos el mundo para poner los pies sobre tierra donde acontece la realidad que nos circunda.

Hay que salir y tocar donde queremos que nos abran, pedir cosas concretas y no caprichos o absurdos, y buscar lo que realmente necesitamos, más no lo que lo suple ineficazmente por modas o circunstancias. 

Toda petición y acción es escuchada rindiendo frutos, pero hay que salir de… aquello que nos mantiene sin crecer.

“Acción justa, momento justo”

“Acción justa, momento justo”

Marcos: 2, 23-28

Un sábado, Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?”. Él les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros”.

Luego añadió Jesús: “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado”.

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Cuántas veces no solemos pensar que las leyes tienen que aplicarse de manera exacta y tajante, sin mayor flexibilidad; lo mismo creemos del pecado, como si fuera su perdón inflexible.

Cuando pensamos así, lo más probable es que nunca hayamos sabido decidir la mejor opción en el momento adecuado, sino que nos apegamos rápida y fácilmente con lo que nos marca la ley y sin compromiso personal.

Lo mejor en estos casos, no es lo que se manda legalmente hablando, sino que lo que se manda, se evalúa con todas las circunstancias para ver si aplica o no, si es lo mejor y más prudente, o si otra opción de igual o mejor consecuencia procede.

Es por ello que con toda la lógica y sensatez del mundo Jesús actúa no apegado a la ley que respeta, sino al momento adecuado que se necesita, y aunque se actúe no conforme al lo legislado, su consecuencia no suele ser negativa porque no lo hace con dolo, es decir malintencionado, sino con la conciencia y verdad de que no se daña a nadie si así se obra y se da un ejemplo mayor.

No cabe duda que se necesita una gran dosis de inteligencia y sabiduría, así como de santidad y caridad, para saber decidir la solución correcta en el momento justo, nada que no se pueda adquirir con la oración, la paciencia, la meditación y la gracia de Dios que surge natural al hacer bien las cosas.

¿Darle gusto a quién?

¿Darle gusto a quién?

Marcos: 2, 1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras El enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?” Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: `Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —le dijo al paralítico—: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”

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Es el cuento de nunca acabar pretender dar gustos y querer quedar bien con todo mundo, algunas de las circunstancias que más comúnmente relucen por las discrepancias, es el conocimiento y la profundidad que se posea acerca de la verdad y su realidad. 

Aún más marcadas son las diferencias cuando nos hacemos fijaciones mentales y nos ponemos en posturas que rayan en la necedad. 

Ante la situación que se presenta con el paralítico, entre tantas opiniones y maneras de pensar ¿a quien le dará la razón?. De antemano hay que tener en cuenta que no viene a quedar bien con nadie, la sensatez es su principal herramienta unida al sentido común, pero sobre todo su principal compromiso es con el Padre y con la verdad.

Por ello no le importa cómo se queden aquellos que viven en la mentira o en la necedad si es que esa es la decisión de ellos. De hecho a pesar los los ataques por desestabilizar sus propias posturas, sigue adelante, su actuar no depende de quedar bien con una persona o circunstancia, sino con la verdad. 

Su testimonio dará frutos a su tiempo, aunque en el momento queden las cosas ásperas. Sabia decisión que de igual manera pudiéramos nosotros adoptar.

“Sin bloqueos en la oración”

“Sin bloqueos en la oración”

Lucas 18, 9-14 

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: —«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.” El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.” Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» 

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Toda la Sagrada Escritura está impregnada de aquellos momentos de encuentro con el Señor nuestro Dios a través de la oración, sabiendo lo importante que es el orar, ya que no existe súplica que no sea escuchada.

Hay que considerar que no existen jerarquías entre los que oran y puedan ser mayormente escuchados, porque solemos caer en el engaño de que Dios escucha con mayor detención a los consagrados, como religiosos, sacerdotes, monjitas y todos aquellos comprometidos con una vida de oración personal pública.

De plano olvidamos que ante el Señor no existen distinciones ni excepción de personas, a su vez no existen requisitos limitantes para poder orar, cualquiera lo puede hacer. La diferencia radica en la disposición que tenemos de acatar las implicaciones para poder estar receptivos a recibir lo que pedimos por medio de la oración.

Es entonces cuando nosotros mismos bloqueamos la acción y respuesta de Dios. Podríamos pensar ¿qué acaso Dios no lo puede todo?, sí lo puede, pero no rompe la lógica de la verdad, y es que es imposible demandar el recibir ante nuestra sed un agua fresca y pura, cuando lo hacemos con un recipiente contaminado y sucio.

Pedimos el milagro, pero no el compromiso que conlleva el milagro. Hacemos oración, pero tan sólo llenamos el ego y no el alma. Sentimos que tenemos el derecho, pero no la obligación. 

Por ello es necesario descartar todos esos bloqueos que nosotros mismos implantamos para que lleguen las gracias, ya sean mentales, de juicios insanos, de sentirnos perfectos o de ocasión recurrente de pecado, sin olvidar que para quitarlos vida sacramental fortalece.

“El pesimismo crece”

“El pesimismo crece”

San Lucas 13, 1-9 

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás. 

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Parece que la moda en nuestros días es acabar con toda pizca de optimismo, acentuar que la tónica es hablar lo más negativamente de todo cuanto acontece, sobre todo sintiéndonos con todo el derecho de hacerlo, como si fuéramos partícipes y expertos en lo que opinamos, cuando de hecho cualquier negativa u ofensa cubre la propia expectativa porque a veces más no podemos dar.

No ayuda remarcar el mundo de lo negativo, pero sí crece esa actitud pesimista y se establece como un estándar, que necesita estarse alimentando no precisamente de las cosas buenas, sino de lo que nos denigra. El pesimismo mientras más se asienta, mayormente domina a la persona a tal grado de perder la noción de que se vive inmerso en ese mundo que causa dolor.

Es por ello importante a su vez remarcar el optimismo aunque parezcamos desfasados, ya que de igual manera ante el mal, siembra esperanza y cambia ánimos. Gracias a Dios encontramos aún personas como ese viñador, que aunque la higuera no da fruto, se le sigue abonando para que dé lo mejor de sí. 

Además Dios sigue dando tiempos, pero si nosotros no los aprovechamos, es evidente   perderlos, son nuestras actitudes y no el Señor que los retira. Por ello deberá tener cuidado cada persona, de ver si aquellos que iluminan tu día, no lo opacan, ya que si permitimos y secundamos un pesimismo, le estaremos dando todo el  poder y la atención para crecer.

“Actitud ante todo”

“Actitud ante todo”

Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos».

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No podemos dejar que la vida se nos pase como si no pasara nada, sobre todo en el plano de la seguridad personal, pensamos que nunca nos pasará nada malo, y ojalá que así sea, pero la realidad nos va presentando situaciones que en su momento debemos atenderlas y a veces nos agarran desprevenidos.

Para ello y a veces por sistema, se nos pide que tengamos seguros financieros que cubren ciertas áreas según sea lo que pagues, pero no debemos de basarnos solamente en ellos, de igual manera, no todo es dinero en esta vida, no todo es alimento y vestido, también debemos de prever nuestro cuidado espiritual.

Hoy una gran mayoría desatiende su vida espiritual, lo cual conlleva a tomar una actitud negativa por la flaqueza en las virtudes y dones que nos refuerzan para manejar las situaciones no deseadas.

Tendremos una salud impecable y una fuerza tal para competir en un triatlón y ganar el primer lugar, pero aún así eso no es garantía de tener una mente y una psicología estable, mucho menos que seas una persona fuerte en su fe y en su trato fraterno y caritativo.

Hay que de igual manera, como cuidamos todo lo físico y material, restituir y cultivar el área espiritual, estar preparados para lo que venga sin esperarlo como sistema de vida, así nuestra actitud será confiada y sin temores. Actitud que el señor reconoce en aquellos que lo hacen llegando a la dicha, como virtud obtenida y donada por Dios.

Siempre preparados y confiados, siempre atentos al paso del Señor por nuestras vidas. Actitud ante todo, aquella que contagie a cuanto se presente en tu vida. Actitud que revele en ti la presencia del Reino de los cielos ya entre nosotros y se haga palpable.

“Poner en práctica”

“Poner en práctica”

Lucas: 8, 19-21

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

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Dentro de nuestro universo existen millones de conceptos y conceptualizaciones, así como aquellos que se dedican a teorizar para ganarse un lugar en la comunidad científica,  cosmo si fuera un puesto político, haciéndose los interesantes aunque sus propuestas no sean ni realistas ni comprobables.

Hemos entrado en una etapa de la humanidad donde lo idealizable está a flor de piel. Hay teóricos de la historia, de la ciencia, de la filosofía, de los extraterrestres y del universo, que no dejan de ser teóricos, porque al momento no está nada comprobado.

Aquí en el evangelio, la comunidad científico positivista niega todo lo que físicamente no puede ser comprobable, pero a su vez niegan toda la creación espiritual, porque se abocan a tan sólo la creación material, tácticamente palpable y visible al simple tacto. 

Falta poner en práctica el ensayo de los dones y virtudes que la ciencia no puede explicar, como lo son todas aquellas capacidades y fenómenos por medio de los que Dios obra a travez de su mundo espiritual.

Es que negar lo que no conozco resulta en auto limitación. Por ello pone muy en claro Jesús, que aquellas grandes obras inician cuando esos dones, principalmente los de la fe, se ponen en práctica, como María Santísima, que gracias a su aceptación y puesta en realidad de vivir la fe de una manera tangible, hizo con ello capaz el cumplimiento de la obra de la Redención al engendrar al mismo Hijo de Dios. 

Si deseamos que aquello imposible, se haga posible, basta con iniciar a poner en práctica sobre todo las verdades de la fe.

“Actitud para recibirlo…”

“Actitud para recibirlo…”

Mateo: 18, 1-5. 10. 12-14

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”.

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La cultura en nuestros días, así como hace tiempo, en cierta manera nos inculca el tipo de relación que debemos de tener para con los demás, y una constante radica en que conforme vamos creciendo se nos va imponiendo la convivencia con coterráneos y contemporáneos de la misma generación y allegados, iniciando por la escuela donde necesariamente tenemos que convivir en un grupo donde la gran mayoría son de la misma edad.

Ciertamente en nuestra cultura no se impide el convivio con otros grados y gente de diferente edad, pero se busca un refugio natural en los de la propia. Eso inconscientemente nos condiciona a buscar amistades en esos rangos de edades y a que el trato directo sea con los mismos.

De tal manera que aquellos quiénes buscamos amistades de diferente edad, parecernos especímenes raros por esa ideología implantada. Cuando el Señor Jesús precisamente afirma que nuestra actitud para recibirlo no debe ser condicionada, ni por la edad, ni por la necesidad, ya que resulta en un tanto inaceptable siendo adulto tratar aun niño, o siendo joven tratar a un adulto, ideas que nos formamos unidas a los miedos que rayan en incapacidad e inmadurez.

Una actitud como la de los niños no pone ni barreras ni fronteras, no especifica ni genero ni edad, porque mientras más adultos más ideáticos nos volvemos, es por ello que nuestra madurez debe de alcanzar al de la niñez para con el trato y el amor a los demás.

Ya que de igual manera, quien sabe tratar y manejar el nivel de los pequeños, sabe espontáneamente tener una actitud abierta para recibir a Jesús con la sencillez necesaria y libre de posturas, que es de lo que nos quiere liberar Jesús para tener un trato familiar cercano.

“La cosecha”

“La cosecha”

Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: —Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.

El les contestó: —El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

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En casi todos los tiempos y lugares, consideramos que las posibles consecuencias por nuestras malas obras tardarán o que nunca llegarán, lo consideramos como un mito para asustar o amedrentar a los demás.

Sin embargo hay que tener muy en cuenta que toda siembra tiene una cosecha, y no estoy hablando del sector agrícola, sino de todo lo que hacemos en el día a día. Hay quien dice que lo malo sólo le pasa a los tontos o a los que tienen mala suerte, que incluso a los que están mas cerca de Dios son los para rayos que atraen esos males.

En cierta medida es cierto, pero no es un castigo, Dios se fija aún más en los que están cercanos para ciertamente demostrarles su presencia, ya que cada dificultad es un reto nuevo a crecer que Dios mismo provee, a sabiendas de que ya nos ha dado todas las capacidades para salir adelante en ello, y el problema es un recordatorio de que estamos preparados para lo que viene.

De tal manera que mientras más golpeados estemos, será una clara señal de lo fuertes que somos, porque seguimos adelante y sin necesidad de remarcar como mártires lo sufridos que somos.

Por ello la cosecha si no es ahora, será mañana, pero llegará, para que no te confíes y estés fortalecido en todas las áreas de tu vida.

“Impuestos a lo mal hecho”

“Impuestos a lo mal hecho”

Mateo: 7,15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?
Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán”.

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Hoy en nuestros días carecemos de modelos confiables, no porque se dude de ellos, sino porque entre tantos modelos y maneras de actuar, sobre todo los que lideran, tanto en lo político como en lo religioso cada cual impone su estilo, al que obligadamente nos tenemos que imponer, porque no se tiene más.

Sin embargo, el Señor se hace cargo de que por algún medio conozcamos la verdad, ya sea aprendida en las experiencias de la historia o indirectamente por otras personas y circunstancias que la han vivido y la comparten, para informar cómo y a quién hay que seguir y obedecer.

Dentro del conformismo y cuando más no se puede hacer por cambiar a nuestros guías y líderes, nos imponemos abnegadamente a hacer las cosas mal hechas como lo piden nuestros modelos del momento.

Por ello Jesús nos dice que no cedamos ante esa falsa o impuesta autoridad, porque nuestra confianza se verá quebrantada, y literalmente seguiremos a falsos profetas que no predican la verdad, sino su conveniente falsedad disfrazada de verdad.

La clave para detectarlos y no corromper nuestros valores denigrándolos al seguir una actitud manipulada por gente sin escrúpulos ni conciencia es muy clara y sencilla, ya que sus obras y actitudes hablan de todo su ser y pensar, como dice el evangelio: “Por sus frutos los conocerán”.

Al ver sus obras, la decisión de seguirlos es nuestra, pero no te permitas rebajarte e imponerte a hacer al igual que ellos todo mal hecho.