“El mejor testimonio”

“El mejor testimonio”

Juan: 5, 31-47

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Si yo diera testimonio de mí, mi testimonio no tendría valor; otro es el que da testimonio de mí y yo bien sé que ese testimonio que da de mí, es válido.

Ustedes enviaron mensajeros a Juan el Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz. Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre.

El Padre, que me envió, ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no habita en ustedes, porque no le creen al que él ha enviado.

Ustedes estudian las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues bien, ellas son las que dan testimonio de mí. ¡Y ustedes no quieren venir a mí para tener vida! Yo no busco la gloria que viene de los hombres; es que los conozco y sé que el amor de Dios no está en ellos. Yo he venido en nombre de mi Padre y ustedes no me han recibido. Si otro viniera en nombre propio, a ése sí lo recibirían.

¿Cómo va a ser posible que crean ustedes, que aspiran a recibir gloria los unos de los otros y no buscan la gloria que sólo viene de Dios?

No piensen que yo los voy a acusar ante el Padre; ya hay alguien que los acusa: Moisés, en quien ustedes tienen su esperanza. Si creyeran en Moisés, me creerían a mí, porque él escribió acerca de mí. Pero, si no dan fe a sus escritos, ¿cómo darán fe a mis palabras?”.

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Actualmente los testimonios no son muy tomados en cuenta, ya que la moda son tan sólo las buenas intenciones y las acreditaciones de la persona por la opinión y por los puntos acumulados de los demás, de tal manera que el propio ejemplo ya no importa, sin lo que digan los otros según les amanezca la luna.

Los mismos programas en los medios de comunicación nos hablan de ese esquema, donde el valor, el talento y la belleza de una persona no vale por si misma, sino por la que saque más dinero dentro de una votación populachera y pagada, en donde se le da todo el crédito al común de las masas ya manipuladas tendenciosamente. 

Con esos criterios ya sembrados en las personas que, sin valores firmes oscilan entre el azul celeste y el rosa pastel, sin la mayor complicación ni cuestionamiento razonable, es muy evidente que cuando decidan, por lo general ante una necesidad, busquen a Dios en la secta que mejor les acomode y les suplan su atención personal.

Los testimonios reales dan miedo porque ante tanta fragilidad mental resultan violentos e incomprensibles en voluntades pequeñas. Es necesario fortalecernos, crecer, enfrentar los testimonios como el de Cristo, y hacerlos nuestros para que hablen aún más fuerte que nuestra propia voz sin gritar, porque se notarán solos y sin necesidad de publicidad, ya que las obras se sostienen a sí mismas por sí solas, pero aunadas a las palabras de verdad, forman el complemento perfecto para manifestar quién se es en realidad.

“Actitudes…”

“Actitudes…”

Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros».

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Dentro de nuestras propias expresividades, la perfecta manifestación de nuestro interior y pensamientos se expone claramente en las actitudes que tomamos día a día, es muy cierto que a veces estamos cansados de tantas correcciones y negaciones, que no hagas esto, que no hagas lo otro; que sí hagas tal cosa, que pongas tal actitud, pero en realidad es una ayuda directa para mejorar, ya que si fuéramos perfectos y totalmente educadamente maduros, nadie te corregiría, pero las correcciones remarcan nuestras imperfecciones, por ello con humildad hay que saber aceptarlas y reconocerlas.

Es muy común dentro del trato humano encontrar personas que nos demuestran con toda la caridad del mundo cuán mejor son que nosotros, pero no debemos de verlo como una desventaja, al contrario son una bendición ya que el Señor los ha cruzado en tu camino, no para enfatizar tu mal, sino para remarcar su bien del que podemos aprender.

Pero ya de nosotros dependen las actitudes, o bien, pueden se de arraigo en nuestras limitaciones, o bien, de apertura y crecimiento, ya que como remarco, la actitud lo dice todo, por ello la prudencia como maestra de vida unida a la sabiduría divina, tan clara como lo es en boca de Jesús en recomendación a aquellos que somos sus discípulos nos invita a esos “no” hagas… tomados con humildad, ya que nuestra actitud atraerá aquello que proyectamos con sus propias y particulares consecuencias.

El verdadero cristiano debe de adoptar seriamente la actitud de Cristo, no la radical y exigente moralista, sino la del verdadero rostro del amor y la caridad con todo aquel que se cruce en nuestro camino. Al final tu actitud lo dirá todo y de igual manera la medida que uses, la usarán contigo y sin caridad.

“No lo cuenten a nadie…”

“No lo cuenten a nadie…”

Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: –«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Estaban asustados, y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: –«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: –«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

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Dentro de la acción maravillosa de Dios, además de su inmensa y poderosa intercesión, nos encontramos con un aspecto que parece hemos olvidado y ese es el trato personal, a veces creemos que Dios obra multitudinariamente, pensando que hemos sido olvidados y que tan sólo mediante nuestra búsqueda de lo divino es como obtendremos nuevamente su atención. Por supuesto eso es una concepción falsa gregaria pero adoptada de manera personal.

Olvidamos la acción personal de Dios en cada una de nuestras vidas, dejamos de paso las oportunas intercesiones asimilándolas tan sólo como mera oportunidad o suerte, por lo que las hacemos parecer como si no importara. Es que estamos tan llenos de necesidad de atención, que no dudamos en hacer alarde de lo que públicamente se ve como un milagro espectacular en nuestras vidas, utilizándolo como el gancho para ser el centro de atención.

La obra de Dios necesita un poco más de madurez en nuestras vidas, no creas que todo lo que el Señor realiza en ti es para proclamarlo a los cuatro vientos, eso ya es vanidad, sino que es un regalo tan preciado y privado que puede hacernos crecer a nosotros en lo personal, además si lo proclamas te aseguro que nadie mas que tú lo entenderá, porque es para ti, los demás tratarán de entenderlo pero a su muy propia manera de pensar e impregnada de sus situaciones circunstanciales que les adolecen.

Ese milagro o mensaje no es para ellos, es para ti y tan sólo para ti, ya tendrás la oportunidad de dar testimonio del mismo con tu propia vida y los hechos que a partir de ello podrás realizar, eso es lo que en realidad los hará comprender tu situación y la acción de Dios, entonces será más digerible porque los hechos hablarán por sí mismos.

Es por ello que Jesús remarca no contarlo a nadie, como diciendo, todo a su tiempo, es mayor el testimonio de vida que las propias palabras en nuestro caso, por ello en su momento, no se lo cuentes a nadie y disfruta de la acción de Dios en tu vida.

“La actitud lo dice todo”

“La actitud lo dice todo”

Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.

Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

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Dentro de los estándares de las relaciones humanas, existe el comportarnos de manera ajena y distinta al adoptar tanto pensamientos como posturas, a veces incómodas para ser aceptados en cualquier circulo social, que van desde la amistad hasta las elites de gran altura. 

Existe la limitación que autoexcluye en ciertos ámbitos a ciertas personas no deseables tan sólo en ese lugar, y por ende sobrevalorando aspectos materiales y atributos físicos, con la respectiva denigración de incluso la propia dignidad y como propio fruto la de los demás por ende.

De nada vale amar a tu prójimo y aborrecer a tu enemigo, es una mecánica arcaica y retrógrada, pero que nunca ha dejado de estar en boga prácticamente, cuando al final la actitud lo dice todo, porque tomar una u otra postura conlleva sus necesarias consecuencias. 

Es por ello que hay que ser un poco más inteligentes con nuestras actitudes, eso hace que perfeccionemos nuestra relación con el otro y por ende con Dios, porque al final, la actitud, por mejor imagen que aparentes, lo dice todo.

“Lo de fuera no mancha”

“Lo de fuera no mancha”

Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: —Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oir que oiga. Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la comparación. El les dijo: —¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina. (Con esto declaraba puros todos los alimentos). Y siguió: —Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

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Ya desde muy antiguo se tiene la creencia en base a las apariencias, de que la impureza  y el mal de los demás puede mancharnos, creencia por supuesto muy falsa pero creíble para las mentes que no piensan mucho así como las débiles y vulnerables, además eso lo creemos cuando existe en nuestra percepción personal una minusvaloración de la propia persona, la cual no se da cuenta de lo mucho que vale, por lo que cae en peso mucho más la opinión de los demás que la propia.

Por ello en ocasiones, en un falso cuidado de nosotros mismos creemos que el mal viene de los demás, que son los que nos pueden truncar los proyectos de vida, los que pueden derribar nuestros sueños, los que nos pueden manchar y, claro lo harán si se los permitimos, sobre todo porque no impongo y defiendo mi dignidad primero como persona y luego como hijo de Dios, sino que me dejo llevar por el común del mundo en el vaivén de la manipulación donde soy y valgo lo que dicen los medios y los demás.

Y es que olvidamos que en realidad lo que nos mancha no es lo externo, no es lo de fuera, no son los demás, por ello tenemos una voluntad libre e inteligente de la cual tan sólo nosotros mismos somos capaces de orientarla, pero se la depositamos en los demás,  entonces haremos muy nuestras las propias manchas de los demás.

Nada ni nade te puede obligar a mancharte, ni el demonio mismo si tú no se lo permites, lo que en realidad mancha es aquello que independientemente del contexto del mal mundial es lo que tú quieres de tu propia cosecha dañar a los demás, ofenderlos y usarlos para tu propio fin o desahogo sentimental.

Tu dignidad es tan única e impenetrable que tan sólo lo mancha lo que sale de tu corazón lleno de odio y deseo de ofender a las personas y por ende a Dios. No te engañes, que no te hagan partícipe de las manchas de los demás, que esas no te hacen nada, lo malo es cuando las haces tuyas y le añades tu odio personal.

“A vino nuevo, odres nuevos”

“A vino nuevo, odres nuevos”

Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: —Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?

Jesús les contestó: —¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.

Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.”

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Dentro del entorno de nuestra vida, vamos conociendo directamente, mediante la experiencia aquellas personas, situaciones, ideologías, sistemas y cosas, con las que en su momento ya nos familiarizamos, tomando posturas naturales ante ellas en cierta medida, mas sin embargo, los tiempos cambian y con ello a su vez arrastra todo a vientos nuevos de cambio, por lo que cuando la novedad se hace presente, a veces nos tornamos algo renuentes al cambio.

Pretendemos estancarnos cómodamente en lo que ya conocemos y manejamos en dominio al alcance de nuestras posibilidades y, lo nuevo, sobre todo cuando no se conoce, ocasiona inicialmente una actitud de rechazo.

Pero los cambios son inevitables, es la dinámica de la vida, siempre buscar la novedad, además de que siempre son buenos, aunque para los que no desean renovarse será una crisis hasta de identidad. 

Inclusive la misma dinamicidad de la Palabra de Dios, es tan actual a cada tiempo que no hay que renovarla, y lo que se dijo ayer, que se sigue diciendo hoy, adopta cada vez un sentido más profundo siempre en la misma verdad y es más comprensible, así como adaptable.

Si ni las propias células de tu cuerpo son las mismas, ya que está comprobado científicamente que se renuevan cada siete años, siempre somos nuevos aunque no seamos conscientes de ello.

Es por ello que en esa misma dinámica Jesús expone, ante la novedad de su Palabra, estar abiertos para adoptar de igual manera esa espiritualidad, que a veces pareciese que se contrapone con las tradiciones humanas, pero que en realidad son los miedos los que salen a relucir ante la novedad.

No hay que tener miedo, lo nuevo es siempre una bendición, por ello “a vino nuevo, odres nuevos”

“¿Qué puedes comprar con dinero?”

Lucas: 16, 9-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?


No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero”.

Al oír todas estas cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se burlaban de Jesús. Pero Él les dijo: “Ustedes pretenden pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce sus corazones, y lo que es muy estimable para los hombres es detestable para Dios”.

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Hoy en nuestros días todo se mide en bienes monetarios, cualquier desastre, trabajo, hasta la salud se mide en billetes; se hace trabajar arduamente para recabar cifras astronómicas que si las contáramos de una en una, una vida no alcanzaría, se ha convertido en irreal e inadministrable tanto dinero, aunque ciertamente desgasten su vida para ello.

Parece que todo tiene un precio, sin embargo existen realidades y cosas que ni teniendo todo el dinero del mundo se pueden comprar. A lo mejor se pueden tener personas y valores espirituales, pero comprarlos a necesidad y discreción resulta en un farsa.

¿Quién no desea tener una millonada bajo el colchón o invertido en múltiples bienes?, claro que eso solucionaría un sin fin de situaciones que en este mundo se manejan como ya lo había mencionado, en cifras y estadísticas.

Sin embargo nadie puede comprar lo más valioso que poseemos: la propia vida, se pueden hacer los intentos de conservarla en los mejores hospitales del mundo, sin embargo esa es un don que no se puede calcular en números, ni conservar al propio gusto y tiempo, y junto con ella todos los dones que la adornan, no entran en el esquema de valores monetarios con precios concretos, sino en el de los valores espirituales donde la medida la tiene sólo Dios.

Por ello no te afanes en solamente adquirir lo que puedes adquirir con dinero, anímate a adquirir lo gratuito y que más vale, la gracia de Dios con todas las vertientes en los dones derramados por su Santo Espíritu, porque tendremos todo, pero sin Dios al final no tenemos nada.

“La ley del mínimo esfuerzo”

“La ley del mínimo esfuerzo”


Lucas 13, 22-30


En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: —Señor, ¿serán pocos los que se salven?Jesús les dijo: —Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados». Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.
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Existen múltiples variantes en la disposición para trabajar nuestros dones, aún en pro de nuestro propio beneficio, no se diga en pro de los demás. En algunos no importa la cantidad de trabajo que sea necesaria para la realización de una encomienda, la satisfacción será haberla realizado cabalmente, además de los beneficios que conlleva como el salario justo y remunerado. Los otros solo quieren la remuneración sin el trabajo.
Pero hay casos en los que para todo aplicamos la ley del mínimo esfuerzo, ¿cuál es esta ley y qué significa? bueno pues si gustas te puedo dejar una lista de enlaces para que lo investigues y no te quedes con la duda?
Enlace Http://…….
MMMMMMmmmmmmm creo que mejor te lo explico, porque como exactamente ya estás aplicando la ley del mínimo esfuerzo, te va a dar flojera dar otro Click, leer y buscar aún más, para no violentar tu fatiga te digo que esa actitud de no esforzarnos en lo más mimo y querer obtenerlo todo fácil y sin esfuerzo es esa ley que no es ley, que no existe como definición, sino que es la actitud de no dar un poco más aún pudiendo hacerlo.
Y es que el evangelio es muy claro, “Esfuercense…” no es que no sea fácil, porque difícil no es, es totalmente manejable a nuestro alcance, pero requiere la voluntad y la acción que revela la capacidad de enfrentar las perezas y flojeras, de hacer lo que debemos y un poco más.
La actitud del cristiano no es la del conformista, sino la del dinámico que sale a buscar su propia santidad y no espera fatigosamente a que le llegue sola, renunciando a ella al verla  cerca y al alcance de la vista o sacándole la vuelta.

Nada ganas renunciando antes de ser contratado en el camino de la Santidad, porque lo fácil se termina pronto y no llega lejos, mucho menos a la eternidad.

“Oración sencilla y potente”

Lucas 11,1-4


Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”. 

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No cabe duda que la oración siempre tiene un efecto real y positivo, aunque cueste, como si fuera un absurdo, porque se habla al aire sin sentido, cuando en realidad cobra todo el sentido posible de quien la hace.

Orar es importante, porque hay que entrar en contacto con el Creador, aquel que requiere una correspondencia al ser tomado en cuenta en medio de nuestra saturada materialidad, donde nos importa tan sólo lo que sentimos y palpamos físicamente.

Por ello el Señor, no a querido imponernos un rezo largo e incomprensible, sino uno lleno de amor, de confianza y sencillo que nos haga conscientes de lo que es importante para nosotros y para Dios.

Un rezo común que habla de una relación personal, que conecta y que abre las puertas a la gracia, es el Padre Nuestro, por lo que se nos invita a rezarlo con devoción, porque es la misma Palabra de vida dada por el Señor Jesús y que nos es participada.

No dejes de orar, ya que la misma oración te transforma en un ser lleno de gracia y más cuando te dispones con los sacramentos a ello.

“Paga por mí y por ti”

“Paga por mí y por ti”

Mateo 17, 22-27

En aquel tiempo, se hallaba Jesús con sus discípulos en Galilea y les dijo: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo van a matar, pero al tercer día va a resucitar”. Al oír esto, los discípulos se llenaron de tristeza.

Cuando llegaron a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los recaudadores del impuesto para el templo y le dijeron: “¿Acaso tu maestro no paga el impuesto?” El les respondió: “Sí lo paga”. Al entrar Pedro en la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: “¿Qué te parece, Simón? ¿A quiénes les cobran impuestos los reyes de la tierra, a los hijos o a los extraños?” Pedro le respondió: “A los extraños”.

Entonces Jesús le dijo: “Por lo tanto, los hijos están exentos. Pero para no darles motivo de escándalo, ve al lago y echa el anzuelo, saca el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y paga por mí y por ti”.

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Uno de los principales rechazos que Jesús sufre, no es de parte de los extraños, de suyo son siempre y los más fuertes de los suyos, de aquellos que se sienten elegidos como pueblo de Dios, de los que han desvirtuado con la actitud los sagrados principios, y en éste caso es tratado como ajeno a su mismo pueblo, no es reconocido ni siquiera como judío.

La actitud de Jesús no es de despecho, ni de violencia, no hace el menor escándalo, su capacidad y madurez son sorprendentes, en vez de evidenciar su presencia prudentemente con Pedro, realiza un acto que continúa su obra, ciertamente remarca esa actitud negativa, concretamente con el pago de impuestos que no le correspondía.

Un aspecto aún mas laudable es que al mismo Pedro le pide algo de su mismo oficio, tirar el anzuelo, sacar un pez y tomar la moneda que encontrará, no les sigue la farsa con los fondos que tiene recabados para otro fin, por ello hace tomar una que tendrá otra finalidad. Pero el aspecto a remarcar es, que no pide que le paguen la entrada, el mismo lo hace, y además como signo de total confianza y amistad, paga por Pedro también.

Es un aspecto que en la cultura judía de su tiempo solamente se hacía con aquellos realmente cercanos y amados. Esto es un signo para el mismo Pedro, además de manejar todo con prudencia para no darles motivo de escándalo.

Jesús resuelve varias situaciones y les saca provecho inclusive siendo éste un posible problema, Así de igual manera podemos transformar esas molestas situaciones, en algo positivo, de nosotros depende, ademas de la gracia de poder llegar a tener un amigo con esa confianza como la de Jesús con Pedro, total y plena, que sea capaz de pagar el impuesto por tí y por mi, y no me refiero sólo a que el otro pague, sino que sea de tu propia iniciativa también.