“La mano del Señor estaba con él”

Lucas 1, 57-66 

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. 

A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así». 

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. 

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. 

——————————————— 

Pareciese que los Santos, aquellos que tan sólo conocemos hasta donde cabe la expresión, no son los únicos porque existen millones más, eternamente desconocidos para nosotros, mas no para Dios, pensamos que hubieran sido marcados especialmente con la gracia de Dios, olvidando en el común al resto, ya que el mismo evangelio remarca que la mano del Señor estaba con él, refiriéndose a Juan el Bautist.

Lo que hay que entender, es que la narración fue escrita muy posteriormente a los hechos mismos acontecidos en su momento, además está recargada de la fe y la devoción de las primeras comunidades, sin embargo, ya conociendo la obra realizada por Juan Bautista, quien escribió el relato, en este caso Lucas inspirado por Dios, no dudó en reconocer esa gracia a la que Juan respondió toda su vida. 

Pero en Realidad quien se deja alcanzar conscientemente de la mano de Dios, puede hacer las mismas obras, cuando no mejores, porque de igual manera, el hecho mismo de que Dios ya nos comparta la vida, es porque de suyo, tiene un plan perfecto de santidad para nosotros, por lo que deberíamos de responder al mismo en la misma conciencia y cantidad. 

De igual manera la mano de Dios está a nuestro lado, tan sólo falta el detalle de tomarla en cuenta en nuestras vidas y hacerla eficaz, nadie está exento de su gracia, pero si nosotros somos los que la relegamos, extirpándola de nosotros, ahí su eficacia no depende de Dios, sino de nosotros que la hacemos activa y presente. Por ello al igual contigo, como con cualquier ser humano viviente, la mano del Señor está con él.

“Hágase en mí según tu palabra”

Lucas 1, 26-38 

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. 

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. 

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». 

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y la dejó el ángel. 

—————————————

Este ya cuarto domingo del tiempo del adviento, el más próximo a la finalización de esa espera en la gracia de Dios, preparados y dispuestos a recibir al Verbo de Dios Encarnado, que se hace hombre, que comparte nuestra naturaleza, que eleva nuestra propia dignidad, se resalta la colaboración humana, aquella, puesta en la persona de María. 

Colaboración que es indispensable de parte de la humanidad que será redimida, ya que no le corresponde todo a Dios, implica nuestra propia participación, por lo que un testimonio real y generoso, es el Sí de María, que a su corta edad, es capaz de comprometerse en el plan de la Salvación de una manera directa y personal. Plan que es para nosotros, pero que nos implica a nosotros, no es sólo humano, no es sólo divino, es una mutua alianza de amor que incluye ambas partes. 

Ya se había hablado de varios partícipes en la historia bíblica, como lo son los profetas, los patriarcas, las tribus de Israel, entre muchos más, pero nunca se había dado una respuesta tan precisa y tan concreta de colaboración de una humana, porque María no es ninguna Diosa, es un ser humano capaz de responder al plan de Dios en toda su extensión. 

Por ello ensalzamos el momento bendito de esa participación y aceptación, expresada de su misma boca, dando la importancia a la palabra misma convertida en compromiso concreto con la frase: “hágase en mí según tu palabra”; Ese Hágase es la primera y concreta unión de Dios con su creación en participación de la misma, se hace uno como nosotros para redimirnos posteriormente a nosotros, y el medio es María, que aceptó, que siguió y continuó amando a Dios con sus obras y su maternal ahora intercesión. 

Ese hágase es el que necesitamos día a día para transformar el mundo, no el hágase de Dios, sino el nuestro, nuestra pronta participación, donde lo concreto de nuestra parte se vea reflejado en los hechos y en el mundo entero. “Fiat voluntas tua”

“Porque no has dado fe a mis palabras…”

Lucas 1, 5-25 

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. 

Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. 

Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto». 

Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada». El ángel le contestó: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento». 

El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: «Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres». 

————————————————

Uno de los testimonios más palpables de la duda ante los hechos de Dios, que son tan oportunos y providentes, dándose de una manera evidente, lo tenemos en el caso de Zacarías, dónde siendo sacerdote al servicio del Señor, es inclusive capaz de dudar. 

Aquí no importa si se es sacerdote o no, a veces pensamos que la duda es tan sólo para los que no creen, ciertamente son más propensos a ello, pero inclusive cabe en el fiel más consagrado y entregado a Dios, es una de las propias flaquezas de la condición humana y un consagrado no pierde dicha condición. 

La acción del ángel a Zacarías de dejarlo mudo, ante su incredulidad, no es un castigo divino, es una manera de hacerlo madurar aún más en la fe que ya posee, permitiendo no dejarlo intacto ante tal postura de ignominia, sino propiciando un nuevo proceso de maduración aún mayor en su propia fe, porque si ha recibido un regalo divino tan preciado, no es justo que no lo valore tal cual es. 

Dios tiene sus misteriosos caminos, siempre en pro de la propia persona, de su maduración, así como de su propia santificación, en realidad son oportunidades directas y divinas. 

Nosotros podemos tender a visualizar tan sólo la prueba como un castigo de su ira, pero desatendemos la verdadera intención, que es purificarte, amarte, hacerte mejor humano, brillar ante los demás, fortalecerte y llenarte aún más de santidad, digo por si lo olvidamos, como a Zacarías y, todo por no haber dado fe a sus palabras, que son más profundas, a su vez más directas y personalizadas hacia nosotros que nos toma en cuenta en su plan de salvación.

“Hay uno que no conocéis…”

Juan 1, 6-8.19-28 

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías». 

Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?» Respondió: «No». Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?» 

Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías». Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: 

«Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando. 

———————————————

En este ya tercer domingo del tiempo de Adviento, se nos presenta la figura nuevamente de Juan el Bautista, sobre todo como el modelo inmediato quien prepara el camino del Señor, el que le precede a Jesús, para que cuando llegue a cumplir su misión, estén enterados, dispuestos y prontos a recibirlo. 

De Igual manera, se nos invita a escuchar a Juan, que nos dice que el Señor ya está presente, que manifestará toda su gracia, que nos devolverá la vida en santidad perdida. ¿Pero qué pasa?, al parecer quedamos impuestos a vivir en medio de la inmundicia del pecado como marca propia de ésta etapa de la humanidad, que no desea ser rescatada de sus propias fauces. 

El papel de Juan es vital, nada fácil cuando una eternidad en término de tiempo humano se ha vivido bajo la misma situación en pecado, como si fuera ya nuestro ser y lo más ordinario del mundo; pero aquí es donde es importante el anuncio, es justo despertar y saber que de fondo todo va a cambiar, como lo había prometido nuestro Padre celestial, que ya es el tiempo y es necesario mirar hacia allá, hacia la gracia, hacia la restauración, hacia su enviado. 

Por ello Juan Bautista remarca, “en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”, tan inmersos estamos en nuestro pecado como impronta ya natural de la humanidad, que no lo vemos, no lo conocemos, y Juan mismo quien ha despertado a esta nueva etapa del ser humano, reconoce en la grandeza del enviado y su obra, tan no ser capaz ni siquiera de desatar su correa. 

Eso es lo que necesitamos, esa conciencia que nos despierte y reconozcamos al Mesías y su obra, de otra manera, quedaremos seguidamente hundidos en nuestro propio cieno de pecado, cuando ya ha sido anunciado quien te sacará de tu situación y la de toda la humanidad, por lo que necesitamos despertar todos de ese letargo. Esperamos en Dios que Jesús no siga siendo ya el eterno desconocido, pero si no lo anuncias como Juan, lo seguirá siendo.

“Adviento, actitud de oración”

Mateo 9, 35–10, 1. 6-8 

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. 

Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Les dijo: “Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”. 

————————————————— 

Caminando generosamente entre la gracia que recibimos de éste tiempo, una invitación más precisa que va complementando esta vía es la oración, no basta con tan sólo estar dispuestos a recibir los bienes de Dios, que de suyo es ya una muy buena ventaja, implica a su vez una respuesta de parte nuestra a la generosidad de Dios, porque es muy bueno el corresponder con el diálogo hacia aquél que nos ama y nos da lo que recibimos, no podemos quedarnos mudos y mucho menos mal agradecidos. 

Es la oración una herramienta tan eficaz que complementa de una manera certera el proceso de la vida de la gracia, ya que se establece un vínculo informativo y directo con Dios que nos abre en un aspecto más amplio la mente, así como la perspectiva de la vida y la creación misma con todo cuanto contiene. 

Sin embargo, además aplica que el uso de la oración destaca el interceder en común unión con el coro de los ángeles por las alegrías y las necesidades de nuestros hermanos más cercanos, así como por el bien de la Iglesia junto con la humanidad entera. En el pedir está el recibir, por ello Jesús a sus discípulos les otorga esos dones participados junto con la autoridad divina para confortar a quienes viven en infelicidad. 

Una cosa va unida a la otra, de tal manera que en este mismo tiempo, la actitud de oración oportuna y en su momento, complementa el disponernos a recibir las gracias especificas para este tiempo de adviento.

«¿Creéis que puedo hacerlo?»


Mateo 9, 27-31

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David».Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?»Contestaron: «Sí, Señor».Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe».Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!»Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.
————————————————-
Continuamos esta semana del tiempo de Adviento con la invitación al aprovechamiento de la gracia de Dios, son varios aspectos desde los que se nos motiva en estos días, por lo que en este día se remarca en el ejemplo de los ciegos, una actitud de confianza en donde precisamente de igual manera como en los dos ciegos, en nosotros este tiempo será tan provechoso, hablando en el ámbito de la gracias de Dios, cuanto sea la disposición personal que cada uno de nosotros pongamos, así como el interés al llamado santificador de prepararnos para la próxima Natividad y recibir lo que pedimos.
Por eso la pregunta de Jesús ¿Creen que puedo hacerlo?, de ello precisamente dependerá lo que al final recibirás, porque si la preparación queda en los adornos de navidad, el arbolito, el nacimiento, las luces centelleantes de colores, los gastos en los regalos a dar y a recibir, la preocupación de la comida en las celebraciones ya próximas e inclusive asistir a la misa de gallo en la navidad, cuan profunda sea tu preparación, eso será lo que recibirás.
Si te preparaste para el regalo, eso recibirás, para la fiesta recibirás lo mismo, la misa ya es un poco más, pero creo que será una como las demás de cada día o domingo. 
Pero si dispusiste tu alma a recibir a Jesús, el cual renueva tu gracia, tu vida, la alegría de ser salvos a través de la dignificación de la humanidad con la encarnación y nacimiento del Hijo de Dios, así como el reconocer el inicio del cumplimiento de las promesas hechas por Dios, esa será la escala de lo que recibirás.

No sólo te animes a pedir cosas más caras y decorosas, eso aunque no sea navidad te llegará en su justo momento si es lo que realmente necesitas, anímate a preparar tu vida y corazón, que inicie ese año junto con Jesús y crezcas a su lado a la par, porque en realidad recibirás conforme a tu fe.

“Tomar más en serio el Adviento”

Mateo 7, 21.24-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. 

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. 

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente». 

———————————————— 

En esta semana primera del tiempo del Adviento, la invitación a vivirlo es muy constante, sobre todo como ese tiempo de gracias especiales que se nos dan para aumentar la santidad o restaurarla en caso de haberla menguado por el pecado, oportunidad que no se limita a simplemente reconocer dicho tiempo como una festividad de festividades sociales, eso debe ser un signo externo que nos ayuda a reconocer la gracia concreta que se nos da en la participación sobre todo en el ámbito espiritual. 

No negamos que tenemos que celebrar, el origen de ello es la alegría por la pronta venida del Señor a nuestras vidas como un hecho real, prometido y próximo. Sin embargo queremos invitar a que no quede esta oportunidad en tan solo la invocación vocal “Señor, Señor”, Esa se puede decir en un ambiente poético, o en un ambiente de fe profunda, donde el corazon reboza de alegría, donde la boca se nos llena al proclamarla como una oración de fusión de corazón a corazón con el Creador mismo. 

Es ya aprovechar el terreno adecuado para seguir construyendo sobre roca, porque de otra manera, estaremos a lo mejor sí, viviendo y celebrando los tiempos adecuados, pero superficialmente a tal grado de año con año construir sobre arena. 

El año pasado igual, éste, igual, el que entra siguiendo la tradición igual, “pero igual a qué”, a una oportunidad de seguir creciendo con lo construido sobre roca, que año tras año se incrementa, o nuevamente empezar de cero porque se construyó sobre arena, donde ya no hay nada. 

De nosotros depende qué terreno vas a ubicar para construir tu santidad. La oportunidad esta puesta este adviento. El recuento lo puedes analizar al finalizar el año en el qué verás la diferencia.

“Signos del cumplimiento desde antiguo”

Mateo 15, 29-37

En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. 

Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba. 

La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino». 

Los discípulos le preguntaron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?». Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos contestaron: «Siete y unos pocos peces». 

Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas. 

____________________

La actitud de este tiempo de Adviento, hoy nos recuerda como esos signos y hechos prodigiosos que distinguirían al Mesías, son una esperanza certera a recibir, signos que son los que ya se nos dan como un hecho realizado en plenitud, en los obrados concretamente en este evangelio. 

Es por ello que lo propio sería el agradecimiento, de que eso tan ansiado es ya un hecho concreto en la venida de Jesús. Recordar esos acontecimientos nos refrescan la memoria vivida con anterioridad, dando una razón de ser a cada una de nuestras celebraciones. 

Milagros que podemos seguir esperando, milagros que seguirán realizándose, como un eterno plan de renovación de las promesas y de los hechos divinos que se irán manifestando a lo largo de nuestra vida. Por ello es justo ubicarlos en el tiempo, recordarlos en la actitud apropiada, y reconocer la gratuidad de la misericordia de Dios en todo tiempo que amándonos sigue eficazmente dando aquello que necesitamos. 

Es justo reconocer esos signos realizados y prometidos desde antiguo, ya que no debemos de olvidar la memoria histórica, pero sobre todo llena de gracia y salvífica en nuestros días

“Te doy gracias, Padre…”

Lucas 10, 21-24

En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús: 

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. 

Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar». 

Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron». 

_________________ 

No cabe la mejor duda que una gracia va de la mano de otra, al igual que el ser agradecidos atrae la gratitud; el hecho mismo de estar acostumbrados a siempre poseer dones como el de la vida, la salud, la inteligencia, la amistad, la buena apariencia, entre otros, nos hace tomar una actitud de indiferencia ante ellos y de implícita ordinariedad, como quien no tiene nada extra de que dar gracias, sin siquiera notar lo mucho que posee ya. 

Jesús remarca ese agradecimiento olvidado del mundo en una plegaria que eleva la intención ya oculta a los sabios, intención empapelada entre tantos conocimientos y leyes, como un conocimiento común que pierde la extraordinaria novedad, pero que nunca deja de actualizarse; eso es lo que pasa con los entendidos, olvidan lo sencillo, cuando los sencillos siguen maravillándose a tal grado de no perder nunca la actitud agradecida de todo, por muy simple que parezca, es justo dar gracias por todo, porque todo lo merece. 

El profundizar en la experiencia y conocimiento de Dios, no es cuestión de inteligencia explícita, sino de actitud ante el misterio revelado, de saber ser agradecidos por el don recibido de la sabiduría, pero si por el contrario, nuestra actitud es de soberbia, de sabelotodo, de orgullo por el conocimiento adquirido, lo primero que negamos es el agradecimiento, porque se considera un esfuerzo propio, cuando éste siempre es participado, nunca nacemos sabiéndolo todo, y de eso hay que saber ser agradecidos. No necesariamente hay que dar gracias tan sólo por los bienes materiales, también hay que hacerlo por los bienes espirituales que son los que mueven y administran todo lo material. 

Ya lo dice Jesús, cuantos desearon ver y escuchar lo que los profetas transmitieron, y nosotros que tenemos a Jesús, el revelador en pleno de la voluntad del Padre y su designio sobre el universo, cerramos nuestro entendimiento a ello, porque es cuestión de actitud, en fin, tu sabes a lo que abres tu inteligencia o a lo que la cierras, pero bienaventurados los que no se cierran a los dones espirituales de Dios, que son los que plenifican los ya recibidos materiales.

“La Espera”

Marcos 13, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!».

————————————————

Hoy iniciamos el tiempo de gracia del Adviento, tiempo en el que se nos invita disponer nuestra mente y espíritu, al modelo del antiguo pueblo de Israel, a una espera gozosa y llena de esperanza por la promesa de la venida del Mesías, aquel que restaurará todo en materia de pecado y de renovación de la gracia perdida. 

Promesa que podría hacerse realidad en cualquier momento incitando a estar preparados en actitud de espera. Tiempo además que provee una vez más las gracias necesarias adecuadas al momento presente, donde la disposición de nuestra parte ocupa un lugar importante, ya que si no aprovechamos en esta ocasión lo que esta oportunidad aporta, será gracia desparramada.

Esperar promueve el espíritu de alegría hacia el futuro, pero con un gozo ya presente de esa primicia otorgada previamente, la cual se plenifica con la llegada del Mesías. Es decir, todo va de acuerdo al Plan de Dios, por ello se nos invita a ser partícipes del mismo, con esa previa actitud vigilante, como quien teme perder aquello que valora, por eso lo cuida. 

La espera es a su vez una clara manifestación de la participación del gozo que viene desde el cielo, en donde los coros angélicos se alegran a la par con nosotros, porque se cumplirá aquella promesa hecha por el Padre en donde rescatará a todos aquellos que ama, abriendo el camino de retorno a la Gloria eterna. 

Esa misma oportunidad se nos brinda este Adviento, tiempo de espera, tiempo de gracia, tiempo de santificación adicional a tu vida.