Juan 3, 28ss.

Juan 3, 28ss.

“…En una boda, el que tiene a la novia es el novio; en cambio, el amigo del novio, que lo acompaña y lo oye hablar, se alegra mucho de oír su voz. Así también yo me lleno ahora de alegría…”

_________________

Cuando amamos a los que tenemos cercanos, la envidia no existe, pero si los envidiamos el amor no existe. Alégrate por los tuyos y la alegría será doble.

“NATIVIDAD DEL SEÑOR”

“NATIVIDAD DEL SEÑOR”

San Juan 1, 1-18 

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [ Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. ] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [ Juan da testimonio de él y grita diciendo: —Este es de quien dije: «el que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: El Hijo único, que esta en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

_________________________

El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz

De los sermones de San León Magno.

Aunque aquella infancia, que la majestad del Hijo de Dios se dignó hacer suya, tuvo como continuación la plenitud de una edad adulta, y, después del triunfo de su pasión y resurrección, todas las acciones de su estado de humildad, que el Señor asumió por nosotros, pertenecen ya al pasado, la festividad de hoy renueva ante nosotros los sagrados comienzos de Jesús, nacido de la Virgen María; de modo que, mientras adoramos el nacimiento de nuestro Salvador, resulta que estamos celebrando nuestro propio comienzo.

Efectivamente, la generación de Cristo es el comienzo del pueblo cristiano, y el nacimiento de la cabeza lo es al mismo tiempo del cuerpo.

Aunque cada uno de los que llama el Señor a formar parte de su pueblo sea llamado en un tiempo determinado y aunque todos los hijos de la Iglesia hayan sido llamados cada uno en días distintos, con todo, la totalidad de los fieles, nacida en la fuente bautismal, ha nacido con Cristo en su nacimiento, del mismo modo que ha sido crucificada con Cristo en su pasión, ha sido resucitada en su resurrección y ha sido colocada a la derecha del Padre en su ascensión.

Cualquier hombre que cree -en cualquier parte del mundo-, y se regenera en Cristo, una vez interrumpido el camino de su vieja condición original, pasa a ser un nuevo hombre al renacer; y ya no pertenece a la ascendencia de su padre carnal, sino a la simiente del Salvador, que se hizo precisamente Hijo del hombre, para que nosotros pudiésemos llegar a ser hijos de Dios.

Pues si él no hubiera descendido hasta nosotros revestido de esta humilde condición, nadie hubiera logrado llegar hasta él por sus propios méritos.

Por eso, la misma magnitud del beneficio otorgado exige de nosotros una veneración proporcionada a la excelsitud de esta dádiva. Y, como el bienaventurado Apóstol nos enseña, no hemos recibido el espíritu de este mundo, sino el Espíritu que procede de Dios, a fin de que conozcamos lo que Dios nos ha otorgado; y el mismo Dios sólo acepta como culto piadoso el ofrecimiento de lo que él nos ha concedido.

¿Y qué podremos encontrar en el tesoro de la divina largueza tan adecuado al honor de la presente festividad como la paz, lo primero que los ángeles pregonaron en el nacimiento del Señor?

La paz es la que engendra los hijos de Dios, alimenta el amor y origina la unidad, es el descanso de los bienaventurados y la mansión de la eternidad. El fin propio de la paz y su fruto específico consiste en que se unan a Dios los que el mismo Señor separa del mundo.

Que los que no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios, ofrezcan, por tanto, al Padre la concordia que es propia de hijos pacíficos, y que todos los miembros de la adopción converjan hacia el Primogénito de la nueva creación, que vino a cumplir la voluntad del que le enviaba y no la suya: puesto que la gracia del Padre no adoptó como herederos a quienes se hallaban en discordia e incompatibilidad, sino a quienes amaban y sentían lo mismo. Los que han sido reformados de acuerdo con una sola imagen deben ser concordes en el espíritu.

El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz: y así dice el Apóstol: Él es nuestra paz; él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, ya que, tanto los judíos como los gentiles, por su medio podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.

“Cántico de Alegría”

“Cántico de Alegría”

Lucas 1, 67-79 

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo habla predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz» 

________________________________

Zacarías después de ver todas las gracias y bendiciones recibidas de Dios, no tan sólo para él, sino destinadas a todo el genero humano, inspirado por su conocimiento acerca de la espera del Mesías, y de la esperanza futura, proclama éste cántico.

El contenido remarca los episodios por tanto tiempo esperados, reavivando la alegría y la esperanza desde los orígenes, así lo afirma históricamente al mencionar a Abraham, las alianzas previas y los profetas que se dedicaron a anunciar dicha venida.

Todo proyectado para santificar no tan sólo al pueblo israelita, sino a todas las naciones, se le considera a Jesús el Mesías, como un sol que nace de lo alto que va desde la persona, la familia a toda la sociedad en general.

A continuación comparto un pequeño ritual para la celebración familiar de la Noche Buena.

Lector 1:

Querido Padre, Dios del cielo y de la tierra:

En esta noche santa te queremos dar gracias por tanto amor. Gracias por nuestra familia y por nuestro hogar. Gracias por las personas que trabajan con nosotros.

Bendícenos en este día tan especial en el que esperamos el nacimiento de tu Hijo. Ayúdanos a preparar nuestros corazones para recibir al Niño Jesús con amor, con alegría y esperanza. Estamos aquí reunidos para adorarlo y darle gracias por venir a nuestro mundo a llenar nuestras vidas.

Hoy al contemplar el pesebre recordamos especialmente a las familias que no tienen techo, alimento y comodidad. Te pedimos por ellas para que la Virgen y San José les ayuden a encontrar un cálido hogar.

Lector 2:

Padre bueno, te pedimos que el Niño Jesús nazca también en nuestros corazones para que podamos regalarle a otros el amor que Tu nos muestras día a día. Ayúdanos a reflejar con nuestra vida tu abundante misericordia.

Que junto con tus Ángeles y Arcángeles vivamos siempre alabándote y glorificándote.

(En este momento alguien de la familia pone al Niño Jesús en el pesebre o si ya esta allí se coloca un pequeño cirio o velita delante de El).

Lector 3:

Santísima Virgen Maria, gracias por aceptar ser la Madre de Jesús y Madre nuestra, gracias por tu amor y protección. Sabemos que dia a dia intercedes por nosotros y por nuestras intenciones, gracias Madre.

Querido San José, gracias por ser padre y protector del Niño Jesús, te pedimos que ruegues a Dios por nosotros para que seamos una familia unida en el amor y podamos ser ejemplo de paz y reconciliación para los demás.

Amén

Rezar: 1 Padre Nuestro, 1 Ave Maria, 1 Gloria

Fuente: Aciprensa.com

“Una acción Magnífica”

Una acción Magnífica”

Lucas 1, 46-56 

En aquel tiempo, María dijo: —«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa. 

_____________________________

Este texto Bíblico conocido como el Magnificat, palabra latina que significa la magnífica, es una oración que es atribuida a María Santísima con motivo de la Visitación a su Prima Isabel. A continuación comparto una catequesis del San Juan Pablo II sobre el Magníficat.

Catequesis de Juan Pablo II (6-XI-96)

1. María, inspirándose en la tradición del Antiguo Testamento, celebra con el cántico del Magníficat las maravillas que Dios realizó en ella. Ese cántico es la respuesta de la Virgen al misterio de la Anunciación: el ángel la había invitado a alegrarse; ahora María expresa el jubilo de su espíritu en Dios, su salvador. Su alegría nace de haber experimentado personalmente la mirada benévola que Dios le dirigió a ella, criatura pobre y sin influjo en la historia.

Con la expresión Magníficat, versión latina de una palabra griega que tenía el mismo significado, se celebra la grandeza de Dios, que con el anuncio del ángel revela su omnipotencia, superando las expectativas y las esperanzas del pueblo de la alianza e incluso los más nobles deseos del alma humana.

Frente al Señor, potente y misericordioso, María manifiesta el sentimiento de su pequeñez: “Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava” (Lc 1,46-48). Probablemente, el término griego tapeinosis está tomado del cántico de Ana, la madre de Samuel. Con él se señalan la “humillación” y la “miseria” de una mujer estéril (cf. 1 S 1,11), que encomienda su pena al Señor. Con una expresión semejante, María presenta su situación de pobreza y la conciencia de su pequeñez ante Dios que, con decisión gratuita, puso su mirada en ella, joven humilde de Nazaret, llamándola a convertirse en la madre del Mesías.

2. Las palabras “desde ahora me felicitarán todas las generaciones” (Lc 1,48), toman como punto de partida la felicitación de Isabel, que fue la primera en proclamar a María “dichosa” (Lc 1,45). El cántico, con cierta audacia, predice que esa proclamación se irá extendiendo y ampliando con un dinamismo incontenible. Al mismo tiempo, testimonia la veneración especial que la comunidad cristiana ha sentido hacia la Madre de Jesús desde el siglo I. El Magníficat constituye la primicia de las diversas expresiones de culto, transmitidas de generación en generación, con las que la Iglesia manifiesta su amor a la Virgen de Nazaret.

3. “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación” (Lc 1,49-50).

¿Qué son esas “obras grandes” realizadas en María por el Poderoso? La expresión aparece en el Antiguo Testamento para indicar la liberación del pueblo de Israel de Egipto o de Babilonia. En el Magníficat se refiere al acontecimiento misterioso de la concepción virginal de Jesús, acaecido en Nazaret después del anuncio del ángel.

En el Magníficat, cántico verdaderamente teológico porque revela la experiencia del rostro de Dios hecha por María, Dios no sólo es el Poderoso, pare el que nada es imposible, como había declarado Gabriel (cf. Lc 1,37), sino también el Misericordioso, capaz de ternura y fidelidad para con todo ser humano.

4. “Él hace proezas con su brazo; dispersa a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1,51-53).

Con su lectura sapiencial de la historia, María nos lleva a descubrir los criterios de la misteriosa acción de Dios. El Señor, trastrocando los juicios del mundo, viene en auxilio de los pobres y los pequeños, en perjuicio de los ricos y los poderosos, y, de modo sorprendente, colma de bienes a los humildes, que le encomiendan su existencia (cf. Redemptoris Mater, 37).

Estas palabras del cántico, a la vez que nos muestran en María un modelo concreto y sublime, nos ayudan a comprender que lo que atrae la benevolencia de Dios es sobre todo la humildad del corazón.

5. Por ultimo, el cántico exalta el cumplimiento de las promesas y la fidelidad de Dios hacia el pueblo elegido: “Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre” (Lc 1,54-55).

María, colmada de dones divinos, no se detiene a contemplar solamente su caso personal, sino que comprende que esos dones son una manifestación de la misericordia de Dios hacia todo su pueblo. En ella Dios cumple sus promesas con una fidelidad y generosidad sobreabundantes.

El Magníficat, inspirado en el Antiguo Testamento y en la espiritualidad de la hija de Sión, supera los textos proféticos que están en su origen, revelando en la “llena de gracia” el inicio de una intervención divina que va mas allá de las esperanzas mesiánicas de Israel: el misterio santo de la Encarnación del Verbo.

“Alegría inminente"

“Alegría inminente”

Mateo 11, 2-11 

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: —«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: —«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!» Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: —«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.” Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.» 

_____________________________

Iniciamos ya la tercer semana del tiempo de Adviento, la promesa del mesas está cada vez más cerca, ya no es una esperanza lejana, es un hecho que se nos presenta tras la puerta donde se anuncia que Jesús ya está presente en la persona de Juan el bautista, quien lo presenta como el Cordero de Dios, es decir aquel que viene a ofrecerse en oblación como pago por nuestras faltas para restaurar la santidad perdida.

Alegría que el mismo Jesús confirma al hacer notoria la misma labor precursora de Juan Bautista, quien es su carta de presentación, y lo hace porque puede quedar en un falso levantador de esperanzas. Con ello queda ratificada y cumplida su misión, poniendo en claro la evidencia del cumplimiento de la promesa de Salvación.

Es por ello que al acercarnos aún más al ya próximo nacimiento del Mesías, se nos invita a levantar los ánimos y la esperanza ante esa alegría inminente que brota del hecho real que Jesús está realmente cerca.

Los tiempos de Dios se cumplen, sus promesas ya son un hecho y la confianza debe afianzarse, no permitamos distraernos ya que el momento esperado es ya un hecho.

“Todos cuentan”

“Todos cuentan”

Mateo 18, 12-14 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

__________________________

Una de las actitudes que el Mesías traerá, es antes todo la conciencia de que absolutamente ningún alma quede excluida de la alegría de la salvación. Ya que por un solo pecado y un solo hombre se perdió la gracia de Dios, al igual basta una sola alma perdida para ir en su búsqueda, al Igual por una sola alma necesitada de redención será enviado el Salvador.

Nuestro Padre celestial a toda alma creada le profesa un amor incondicional, por lo que el que ha de venir, incluirá a todos, empezando por los del pueblo llamado por Dios, para posteriormente de ahí anunciar la buena nueva a todas las naciones.

Es por ello que todos cuentan, nadie está excluido, y todos tienen el derecho de conocer la verdad y a aquél que se nos ha enviado.

La invitación que se nos da ante el encuentro con Jesús es totalmente abierta, y la decisión de retroalimentar ese amor corresponde a nuestro ser, por lo que si alguien se llega a sentir excluido, será por una moción personal mal entendida y a veces presionada por el dolor. 

Basta reconocer toda la obra que el mismo Padre ha dispuesto para que su Hijo se manifieste en nuestra carne como una muestra de su amor incondicional para con nosotros, ya que su objetivo no es otro sino el que permanezcamos en el mismo amor.

“La alegría debe dominar”

“La alegría debe dominar”

Lucas 15, 1-10 

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: Ese acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme! , he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles: |¡Felicitadme! , he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta. 

_______________________

En toda circunstancia que nos acontece, no faltan los motivos negativos que pueden empapar todo un evento o situación, marcándolo como algo que no es digno de mencionar porque de suyo desata una serie de emociones que hacen caer el cualquier ánimo por muy estable que traigamos.

Por lo general actuamos en consecuencia con el dolor, de maneras muy diversas, más por el contrario, el Señor Jesús ofrece precisamente herramientas de índole espiritual, para fortalecer esa voluntad, ese espíritu y ese ánimo, aunque sea bombardeado por una cultura pesimista y de muerte.

De suyo todo su pensamiento implica la alegría, la felicidad, la paz, la tranquilidad y  la gracia, como algo a lo que invariablemente y sin excepción todos estamos capacitados. Lo malo acontece cuando en medio de nuestra debilitada voluntad y cansados, solemos darle una excesiva importancia a cualquier acontecimiento, ya sea positivo o negativo, y engancharnos en eventos que no tienen importancia, pero que se ven al parejo e igual de grandes en medio de nuestra saturada mente.

Además debemos encontrar la realidad del Reino de los Cielos, que no es ficticio, sino una real y autentica forma de vida que sostiene todo evento con una actitud muy positiva, llena de los dones de Dios, ya que si un sencillo evento, como la pérdida de una simple moneda y su recuperación redunda en alegría, cuánto más no debería de dar la misma estabilidad de nuestras vidas, a las que estamos impuestos como un don de Dios que no valoramos.

Es por ello que la tristeza en medio de los Hijos de Dios no debe dominar, sino la alegría. Más si nuestra vida no va muy acorde a la voluntad de Dios, entonces la orillamos a que viva limitada sin la belleza de aquello que Dios otorga a quienes la quieren recibir, y por ende en infelicidad, pero tiene solución, porque bien sabemos que cuando deseemos aceptar el camino de la felicidad, lo haremos mediante el único medio seguro que es Jesús.

“Actitud ante todo”

“Actitud ante todo”

Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos».

_________________________

No podemos dejar que la vida se nos pase como si no pasara nada, sobre todo en el plano de la seguridad personal, pensamos que nunca nos pasará nada malo, y ojalá que así sea, pero la realidad nos va presentando situaciones que en su momento debemos atenderlas y a veces nos agarran desprevenidos.

Para ello y a veces por sistema, se nos pide que tengamos seguros financieros que cubren ciertas áreas según sea lo que pagues, pero no debemos de basarnos solamente en ellos, de igual manera, no todo es dinero en esta vida, no todo es alimento y vestido, también debemos de prever nuestro cuidado espiritual.

Hoy una gran mayoría desatiende su vida espiritual, lo cual conlleva a tomar una actitud negativa por la flaqueza en las virtudes y dones que nos refuerzan para manejar las situaciones no deseadas.

Tendremos una salud impecable y una fuerza tal para competir en un triatlón y ganar el primer lugar, pero aún así eso no es garantía de tener una mente y una psicología estable, mucho menos que seas una persona fuerte en su fe y en su trato fraterno y caritativo.

Hay que de igual manera, como cuidamos todo lo físico y material, restituir y cultivar el área espiritual, estar preparados para lo que venga sin esperarlo como sistema de vida, así nuestra actitud será confiada y sin temores. Actitud que el señor reconoce en aquellos que lo hacen llegando a la dicha, como virtud obtenida y donada por Dios.

Siempre preparados y confiados, siempre atentos al paso del Señor por nuestras vidas. Actitud ante todo, aquella que contagie a cuanto se presente en tu vida. Actitud que revele en ti la presencia del Reino de los cielos ya entre nosotros y se haga palpable.

“De donde menos esperamos”

“De donde menos esperamos”

Lucas: 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”
Jesús le respondió: “Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’ Pero él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’.

Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes.

Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”.

________________________

Una de las afirmaciones que tenemos en la fe, es que precisamente ésta nace y se desarrolla en el seno de la propia familia, ya que los primeros evangelizadores son los padres al enseñarnos desde pequeños a orar y a llamar a Dios “Padre”.

Por lo general esperamos que los preceptos y consejos de fe nos lleguen por el organismo oficial que es la Iglesia o nuestra comunidad eclesiástica, pero acontece que con el pasar del tiempo parece que nos vamos haciendo repelentes a la propia familia y comunidad, con la premisa de que afirmamos conocerlos y ya no les creemos.

Sin embargo Dios provee en el momento justo e indicado aquello que nos falta para que nuestra fe no venga a menos y, aunque no lo creamos, a veces nos llega de donde menos lo esperamos y de quienes menos pensamos. Como el mismo pueblo de Israel, que esperaba la salvación al interno, pero fueron tantas sus expectativas y tal altas, que cuando llegó no lo reconocieron por la humildad y sencillez con que se presentó Jesús el Salvador, por eso, a ellos inclusive les llegó de donde menos lo esperaban.

Al igual nosotros esperamos que algo extraordinario ocurra para poder ceder en el ámbito de la confianza en la fe, pero no va a llegar por donde lo esperas porque sería recibir algo que quiero ver se haga a nuestro muy particular gusto y en eso lo que obra no es la fe, sino la razón que desea ser saciada, olvidando que la fe sacia la razón y la supera.

Por ello la misericordia de Dios es tan basta y generosa que nunca deja de sorprendernos, sobre todo en donde menos lo esperamos, no de los tuyos, sino ya sea de oriente o de occidente, como lo afirma el Señor porque dondequiera esparce su gracia y amor.

“Actitud para recibirlo…”

“Actitud para recibirlo…”

Mateo: 18, 1-5. 10. 12-14

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”.

_________________________

La cultura en nuestros días, así como hace tiempo, en cierta manera nos inculca el tipo de relación que debemos de tener para con los demás, y una constante radica en que conforme vamos creciendo se nos va imponiendo la convivencia con coterráneos y contemporáneos de la misma generación y allegados, iniciando por la escuela donde necesariamente tenemos que convivir en un grupo donde la gran mayoría son de la misma edad.

Ciertamente en nuestra cultura no se impide el convivio con otros grados y gente de diferente edad, pero se busca un refugio natural en los de la propia. Eso inconscientemente nos condiciona a buscar amistades en esos rangos de edades y a que el trato directo sea con los mismos.

De tal manera que aquellos quiénes buscamos amistades de diferente edad, parecernos especímenes raros por esa ideología implantada. Cuando el Señor Jesús precisamente afirma que nuestra actitud para recibirlo no debe ser condicionada, ni por la edad, ni por la necesidad, ya que resulta en un tanto inaceptable siendo adulto tratar aun niño, o siendo joven tratar a un adulto, ideas que nos formamos unidas a los miedos que rayan en incapacidad e inmadurez.

Una actitud como la de los niños no pone ni barreras ni fronteras, no especifica ni genero ni edad, porque mientras más adultos más ideáticos nos volvemos, es por ello que nuestra madurez debe de alcanzar al de la niñez para con el trato y el amor a los demás.

Ya que de igual manera, quien sabe tratar y manejar el nivel de los pequeños, sabe espontáneamente tener una actitud abierta para recibir a Jesús con la sencillez necesaria y libre de posturas, que es de lo que nos quiere liberar Jesús para tener un trato familiar cercano.