“La inconsistencia de la vida”

Lucas: 17, 26-37

En aquellos días, Jesús dijo a sus discípulos: “Lo que sucedió en el tiempo de Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos.


Lo mismo sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían, pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste.

Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo les digo: aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada”.

Entonces, los discípulos le dijeron: “¿Dónde sucederá eso, Señor?” Y Él les respondió: “Donde hay un cadáver, se juntan los buitres”.

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Todo cuanto conocemos, nos entra por la percepción del mundo que acontece ante nuestros sentidos y sobre todo, en la manera como somos adiestrados para interpretarlos. De tal manera que un mismo acontecimiento tendrá diferentes ópticas y opiniones diversas según el aspecto que yo deseo proyectar. 

En este vasto mundo de ideas y opiniones es muy común que nos perdamos y vayamos identificándonos en el camino con unas, para luego migrar a otras, hasta al final no saber en cual quedar. 

Eso hace que nuestra vida pierda valor, pierda sentido y navegue en el mundo de la inconsistencia, sin una meta que ilumine nuestro caminar como una motivación fuerte a seguir, por eso tan sólo se cae en el fastidio de la vida, donde comemos y bebemos, buscamos relaciones y las dejamos, es decir, nada sacia, nada llena, nada te plenifica.

De eso no es responsable Dios, porque el don de la vida ya nos fue otorgado como lo más valioso que poseemos, de tal manera que ahora depende de nosotros el hacerlo efectivo y que de frutos tan plenos, que muchos a nuestro al rededor se gocen con ellos.

Eso llega hasta el final, porque si llegamos a ser del montón que nomás viven porque no les queda de otra, comiendo y bebiendo como si fuera lo único e importante, entonces seremos abandonados, pero si hacemos brillar nuestra vida, a la distancia será visible y el mismo Dios la rescatará como un tesoro bien cultivado en ti, algo digno de formar parte de su Reino.

“Habrá más alegría…”

“Habrá más alegría…”


Lucas 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: —Ese acoge a los pecadores y come con ellos.Jesús les dijo esta parábola: —Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un sólo pecador que se arrepienta.
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En esta vida, parece que pretenden tarifar la alegría en una escala tan variable, que se pierde el valor en sí misma, porque para lo que algunos será una alegría tener una mascota, para otros lo será el hacerla sufrir. Cada quien se fabrica sus propias alegrías basados en sus limitados gustos y hasta a veces desviados.
Es por ello que Jesús en el evangelio establece, cómo hay verdaderas alegrías, aún mayores y más grandes de las que nosotros tasamos y fabricamos, porque éstas no bastan, no llenan, quedan siempre inconclusas, son siempre insatisfechas, en fin, son el cuento de nunca acabar.
Hoy se nos recuerda que no tenemos por que ser tan limitados en nuestra felicidad, cuando aún no nos hemos dado la oportunidad de participar de esas grandes alegrías tan plenas y radiantes, como son las que se nos descubren a través de las cosas simples y sencillas, aquellas que no cuestan, que son un regalo de Dios y valen totalmente la pena.
Son esas alegrías que el mundo de hoy desea extirpar y negarlas, para venderte las suyas prefabricadas a una módica cantidad, además de las que son tan exclusivas, que tan sólo algunos cuantos pueden adquirirás, pero al fin de cuentas, no dejan de ser fantasías pintadas de realidad, además de efímeras, claro para luego venderte más.
No quiero negar las alegrías en venta, si puedes adquirirlas sin denigrar tu dignidad, adelante, puedes hacerlo y sin pedir permiso, pero recuerda y no dejes al olvido las que valen la pena y son gratis porque vienen de Dios; esas si las cobraran, no las podríamos pagar de tan valiosas que son, por ello mejor son gratis, para que nadie las desaproveche y como tal las valores sin denigrarlas.
Un ejemplo: tan sólo el amor, ese no se puede comprar, y si buscas comprarlo, no sería amor, sería conveniencia, pero si lo tienes en pleno, habrá mas alegría junto con lo que Dios además te regalará.

“Conformistas y consolados”

“Conformistas y consolados”

Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando es odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas».

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Los valores a través del tiempo, aunque son únicos e inmutables, la cultura del tiempo los va cambiando y hasta desvirtuando, de tal manera que llega a poner como valor absoluto inclusive los malos hábitos y los pone de moda, claro con sus debidas facturas a pagar que sin falta llegan a su tiempo, de lo cual no te informan, pero ese no es el problema, a fin de cuentas al final caemos en cuenta de que eso no era valor, sino todo lo contrario.

La cuestión radica en que aunque cada vez tenemos más y mejores situaciones así como oportunidades, sin embargo no dejamos de ser conformistas, lo cual me atrevo a afirmarlo porque no dejamos de buscar siempre lo mismo, parece que tenemos una rutina autocícilica en total dependencia con aquello que te atrae, dígase personas, cosas, bienes y entre otras cosas algunos vicios.

No llamo conformismo a tan sólo navegar por la miseria y la pobreza en aquellos que no quieren salir de su situación, sino que incluyo a los que de igual manera inundados en la riqueza se conforman con ello. 

Aquí es donde llamo a los consolados, aquella gama de personas que van desde los que buscan sólo tener para comer, hasta los que las riquezas y la abundancia de bienes les consuela, pero no les otorga la plena felicidad.  

Son esos que parece que les basta el consuelo de éste mundo, sin embargo no llegan a la dicha, el sentirse realmente orgullosos no de lo que tienen, sino de lo que son, de su experiencia, de su capacidad para llegar a los demás y alentarlos aún en sus propias necesidades, los que no se conforman con un auto del año por más renombre que tenga, ni se consuelan con un premio de millones, aunque esto sea bueno. La razón es porque eso no sacia a un corazón que espera lo que realmente lo llena, es decir la dicha de haber dado de sí, algo a los demás, de haber salido adelante a pesar del dolor, de saber caminar con la frente en alto y sin prejuicios.

Esos no conformistas y consolados son los que necesita el mundo tan necesitado de novedad y admiración de la propia vida que nunca deja de tener lo suyo, con o sin bienes. Por ello, no dejes que el mundo te consuele, busca siempre algo mejor.

‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’

‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’

Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

“El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. 

Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados. Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado.

Entonces el rey dijo a los criados: ‘Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación’. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

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Es un hecho que cuando una persona nos invita a una fiesta, los anfitriones son los que menos la disfrutan, se la viven tratando de ser hospitalarios con todos aquellos que han asistido a la misma, aunque en realidad si se quiere disfrutar del todo, es cuestión de saber invitar a gente positiva, porque los negativos sean invitados o no, vayan o no, de igual manera no les darás gusto con nada, si los puedes excluir, sale lo mismo y no pierdes nada que no estuviera perdido ya, si no van te hacen un gran favor.

Sin embargo, en esta parábola se menciona algo similar, aquellos que fueron invitados especialmente buscaron un pretexto para no asistir, aún siendo favorables a los ojos del Rey, no valoran su esfuerzo y, hasta son capaces de asesinar a sus enviados, así que una vez conociendo y descubriendo que clase de amigos tenía, no duda en descartarlos e invitar a nuevos, aquellos que no había conocido aún.

El Rey al llenar su sala de invitados, ya no es capaz de tolerar abusos de aquellos, los que gozan de su bondad, por ello cuando descubre que uno no ha ido con traje de fiesta, actitud un tanto rara porque fueron invitados en los caminos, pero que en realidad manifiesta no tanto la importancia de la vestimenta, sino esa actitud abierta a compartir la alegría de su señor, aquella que perturba y distrae del verdadero interés de la fiesta a los demás comensales, aquella que les quita la paz y los puede volver contra su señor. Esa es la actitud de esa vestimenta que no tolera el Rey. 

Cuántas veces de igual manera somos perfectamente invitados a participar de la fiesta, en este caso la eucarística, ponemos mil excusas y pretextos, acomodando nuestros tiempos tan solo a lo que el mundo ofrece, pero no a saber dar gracias a Dios, auto excluyéndonos de dicha presencia y participación.

O a veces en su defecto estamos presentes pero sin estar ahí, sin ese traje de actitud participativa y consciente, que perturba a los demás y no los hace disfrutar del gozo de dicho banquete, por ello la invitación esta dada, asistir y poner el traje correcto ya depende de ti; tomado en cuenta eres, tomar en cuenta la invitación, corresponde totalmente a tu persona.

“La riqueza del Reino”

“La riqueza del Reino”

Mateo: 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: `Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: `¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero’ “.

Luego les propuso esta otra parábola: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”.

Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”.

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”.

Jesús les contestó: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga”.

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Hoy se nos presentan varios relatos en relación a dar a conocer el Reino de los Cielos, teniendo una muy clara y diversa explicación; la razón de estas explicaciones se dan en base de que el contexto y la cultura en la que vivió Jesús, no es la de occidente, donde nuestro esquema de pensamiento es distinto, su cultura es con el esquema de oriente, en el que la manera de dar a conocer algo es muy distinta a la nuestra.

En occidente solemos dar una definición corta y sencilla sobre cualquier concepto para definirlo y con eso nos basta; por el contrario en oriente, las explicaciones no se basan en una definición, sino que se explica con el mayor número de relatos para que se entienda el concepto en toda su riqueza sin dejar lugar a dudas.

La razón por la que el mismo Dios eligió a una cultura de oriente para darse a conocer, precisamente por la riqueza de su pensamiento y expresividad, ya que en la nuestra, quedaría corta una definición de quién es Él.

Es por ello, que el Reino se nos explica con varios ejemplos, para que no se pierda ningún detalle, por lo que de entrada, no pretendamos interpretarlo a nuestra manera, ya que pensamos distinto, sino que debemos conocer dicho esquema para asimilarlo, conociendo cada vez más a Dios y sus planes, con un conocimiento basto que sacia el corazón y el alma. He ahí la riqueza del Reino y del mismo plan de Dios que nos invita a vivirlo y a hacerlo presente más que nunca, iniciando desde nuestras propias vidas y no desde un sistema ideológico estructural conceptual.

“Nosotros sí ayunamos…”

“Nosotros sí ayunamos…”

Mateo: 9, 14-17

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán.

Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura.

Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan”.

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En medio de una cultura que ignora a la mayoría, aunque en realidad la tenga presente y hasta le fiscalice en cada centavo que invierta o gaste, queda la sensación de que no valemos si alguien no nos reconoce por los parámetros que establece el mundo y la sociedad actual, aquella a la que deseamos pertenecer porque eso es lo que se nos ha inculcado como necesario, claro para sus propios fines y estándares vacíos.

Entonces es necesario acentuar todo cuando hacemos, para que el resto note que ahí estoy y que es importante lo que hago, así echo en cara y juzgo cuando alguien no llene el estándar o falle al respecto. Es cuando puedo remarcar que yo si lo hago bien y el otro no, cuando en realidad manifestamos un vacío existencial que amerita aprovechar la oportunidad para gritar que existo.

Similar a cuando los discípulos de Jesús, sin depender de lo que diga el mundo, hacen su labor de manera eficaz y sin mayor preocupación del qué dirán, porque saben lo que realizan apoyados en la paz que le brinda seguir a su Señor; es entonces cuando el resto que quiere seguir la norma establecida, echa en cara la falta de cumplimiento de esas normas, que aunque no sean gratas, se realizan por imposición, sin liberar la felicidad de la que debería ir acompañada.

Juzgar es la herramienta para desencadenar ese proceso de remarcar mi vacío, para rellenarlo de esa atención que me hace sentirme tomado en cuenta y cumplidor de una norma, olvidando que hay que saber aplicarla al momento y al tiempo preciso, que precisamente no es el que viven aquellos que gozan de la presencia de su Señor mientras está con ellos y eso basta, ya que santifica más que la norma, por ello, discernir es un don que se le otorga a quien sabe elegir el mejor momento y cómo vivirlo para ser feliz y santificarse con ello.

“Actitud fresca”

“Actitud fresca”

Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

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Es por ende de naturaleza que nuestro cuerpo manifieste todo aquello que nos afecta, tanto positivo como negativo, más esa es una expresión nata que refleja el interior de la persona. Además sabemos que tenemos la inteligencia y la capacidad para poder gobernar en cierta manera nuestra expresividad, de tal manera que si somos buenos para diplomáticamente aparentar una prudente actitud ante situaciones alegres, cuánto más no será en las negativas.

La actitud del cristiano a veces la identifican con la abnegación, con el tener que soportar todo sin hacer el mayor aspaviento y hasta a veces sin razón. Pero esa no es la correcta actitud, sino que se nos invita a que ante las circunstancias adversas, sepamos mantener aquella paz que nace precisamente de la gracia que Dios nos brinda al estar cerca de Él, por ello el poder intercesor de la oración, que nos va capacitando para entender esos males, de dónde vienen y a dónde van, y no tan sólo a sufrir por sufrir aprovechando el presente dolor.

Tampoco significa que tengamos que tener una actitud hipócrita que no es lo que la realidad presenta, simplemente es una actitud en la que no debemos de enfatizar el mal, ni el dolor, porque de suyo ya está sanando, y el proceso es doloroso.

Más la gracia de Dios puede darnos esa actitud fresca que denote siempre la alegría de Dios, a pesar de las circunstancias, sabiendo que es tan sólo una etapa y que es transitoria, porque sabemos que no llega para quedarse. Por ello siempre a pesar de todo, tu actitud no dejes que sé o la marchiten, tú mantenla siempre fresca, con la oración y la vida de gracia que ordinariamente la tenemos al alcance de la mano.

“Una alegría especial”

“Una alegría especial”

Mateo: 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó.

Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles y les dijo:

“Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 

Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. 

Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía.

Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes”.

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Es un tanto perturbador el hecho, de que hoy más que nunca se pretende obtener la felicidad por medio del tener abundancia de bienes materiales, como ultimo y único objetivo, ofreciendo toda opción de compra como la máxima felicidad a la que podemos aspirar, que ciertamente se disfruta, pero que nunca sacia, porque vuelve la sed de obtener hasta convertirnos en compradores compulsivos sin retorno a la sobriedad, y que al final ese es el plan de quien ofrece y vende para mantener cautiva a la clientela y garantizar sus ingresos.

No descarto la alegría del comprar en su momento, pero de igual manera no olvidemos que Dios nos ha dado la capacidad de ser felices con menos y sin dificultad porque existen gozos, alegrías y dichas que llegan con lo más simple que podamos imaginar.

Además de que falta reconocer que tenemos la capacidad de cambiar el entorno, aquella que por más negativa sea una situación de vida, podemos ver la misma que el mundo remarca como crisis, y transformarla en una alegría y un paso para crecer aún más en experiencia, paciencia y santidad.

Dones que vienen de Dios y que dan la dicha precisamente ahí, donde el mundo no la puede dar, porque no posee las herramientas para manejar y transformar lo adverso en un alegría especial, aquella que no depende del qué dirán, ni de la imagen que pretendemos dar a los demás, sino que proviene de una realidad basada en una verdad que aunque adversa, como verdad misma, se puede arrancar de esa plataforma pisando en firme para crecer al siguiente nivel, sin engaños, fantasías ni mentiras.

Es por ello, que permaneciendo libre y voluntariamente cerca del Señor, el nos da esa alegría especial sin importar la situación, demostrándonos que podemos eso y más.

“La Ascensión del Señor”

“La Ascensión del Señor”

Mateo: 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.

Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

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Nadie ha subido al cielo sino aquel que ha bajado del cielo

“Hoy nuestro Señor Jesucristo ha subido al cielo; suba también con él nuestro corazón. Oigamos lo que nos dice el Apóstol: Si habéis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned vuestro corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues, del mismo modo que él subió sin alejarse por ello de nosotros, así también nosotros estamos ya con él allí, aunque todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que se nos promete.

Él ha sido elevado ya a lo más alto de los cielos; sin embargo, continúa sufriendo en la tierra a través de las fatigas que experimentan sus miembros. Así lo atestiguó con aquella voz bajada del cielo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y también: Tuve hambre y me disteis de comer. ¿Por qué no trabajamos nosotros también aquí en la tierra, de manera que, por la fe, la esperanza y la caridad que nos unen a él, descansemos ya con él en los cielos? Él está allí, pero continúa estando con nosotros; asimismo, nosotros, estando aquí, estamos también con él. Él está con nosotros por su divinidad, por su poder, por su amor; nosotros, aunque no podemos realizar esto como él por la divinidad, lo podemos sin embargo por el amor hacia él.

Él, cuando bajó a nosotros, no dejó el cielo; tampoco nos ha dejado a nosotros, al volver al cielo. Él mismo asegura que no dejó el cielo mientras estaba con nosotros, pues que afirma: Nadie ha subido al cielo sino aquel que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Esto lo dice en razón de la unidad que existe entre él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios.

En este sentido dice el Apóstol: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. No dice: “Así es Cristo”, sino: Así es también Cristo. Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros. Bajó, pues, del cielo, por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia. Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo; no es que queramos confundir la divinidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza.”

De los Sermones de San Agustín, obispo
(Sermón Mai 98, Sobre la Ascensión del Señor, 1-2; PLS 2, 494-495)

“Cuando venga el Espíritu…”

“Cuando venga el Espíritu…”

Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará».

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El plan de Dios no se nos da de manera única y en una sola ocasión, sino que se va desarrollando en todo momento mientras tengamos esta vida, se va manifestando paso a paso de manera asimilable, pero no es para que se interprete libremente, sino que es muy preciso y concreto.

Es por ello muy importante poner atención a los designios particulares de Dios en tu vida, pero sobre todo para no caminar despistados en nuestro propio mundo, Dios nos ilumina enviando generosamente su Santo Espíritu que es quien pondrá en orden cada paso que demos sin errar.

No significa que tengamos una dependencia manipulada de parte de Dios, sino que es en realidad una ayuda que complementa lo ya regalado en nuestra propia vida, pero de una manera certera, a tal grado de ubicarnos ante el mundo y ubicarnos ante Dios.

De esa manera con todo nuestro ser y obrar glorificaremos a Dios en todo lo que hagamos, porque el medio y el soporte para ello será el Espíritu Santo. Cosa necesaria será esperarlo, será disponernos a recibirlo, será abrir nuestra mente y corazón porque entonces todo se plenificará cuando venga el Espíritu Santo o en su defecto, cuando lo hagas parte libre y consciente en tu vida.