“Muestra de cómo alimentarnos”

“Muestra de cómo alimentarnos”

Mateo: 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

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No existe absolutamente nadie que no haya experimentado el hambre y lo que es saciarla, de hecho algo tan básico Dios en su plan lo toma para que de la manera más intrínsecamente sencilla se entienda cómo alimentar de igual manera nuestra alma.

Al igual que en el evangelio, hoy en día siguen las personas desviviéndose por el alimento, incluso no faltan indigentes y personas con necesidad que frecuentan las iglesias para pedir el pan de cada día.

Situación que se debe tomar con delicadeza, porque puede desencadenar una codependencia a vivir permanentemente con la mano estirada para que el otro obligadamente me alimente, y ese no es el plan de Dios. La gente hasta se enoja porque dice que les tenemos que dar, así como Jesús alimentó a su gente.

Lo más fácil es pedir pan, comer y volver a pedir, sin producir ni dar lo mínimo, pero cuando les ofreces trabajo y una oportunidad de salir y ser auto dependientes, se ofenden e insultan haciendo escándalo. 

No basta con pedir pan aún con trabajo, sino que Jesús ofrece un nuevo alimento que sacia el hambre espiritual y calma toda moción negativa para estar libres de opresiones y preocupaciones para poder trabajar e ingeniosamente progresar.

Pero ese pan de vida no lo queremos, tan sólo buscamos el que sacia el estómago, pero no el que sana el alma, por ello ese modelo de alimentación es el que con la multiplicación de los panes está implantando, y no el de poner panadería gratis.

“A quién iremos…”

“A quién iremos…

Juan: 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús dijeron al oír sus palabras: “Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?”

Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen”. (En efecto, Jesús sabía desde el principio quienes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”

Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También ustedes quieren dejarme?” Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

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Múltiples son las opciones que se nos ofrecen presentando la verdad en un mundo saturado de mentiras e hipocresía, manipulaciones y malos tratos. Que aunque la verdad siempre está presente, hay que saber conocerla e identificarla.

Aquí la verdad en este evangelio se nos presenta no como un concepto, sino como una persona en quien se le deposita toda la confianza, que de igual manera, resulta difícil creerle ante tanto impostor que roba identidades y se presentan como aquellos que nos van a resolver la vida.

Es el testimonio de Pedro quien siembra la confianza entre los suyos, donde ante las mismas dudas de los que lo siguen, refuerza su verdad junto con el compromiso que da una total seguridad de aceptar al Mesías y dar pasos firmes a su lado, sabiendo con quién está. 

Es por ello que el mismo Pedro afirma una vez conociendo al verdadero Cristo: “Señor, ¿a quién iremos?, certeza que afianza toda una esperanza y llena esos vacíos que el mismo pecado ha dejado.

No tenemos que buscar en otro lado quien nos redima, a no ser que aún no confiemos Jesús, por el hecho de que no le conocemos, cuando la oportunidad está a la mano y las dudas queden disipadas por la confianza de haberle encontrado.

“Procede de Dios”

“Procede de Dios”

Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.

Y yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios».

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.

No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

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Las cosas tienen un camino de vida lógico y comprensible, asimilable en nuestro esquema de pensamiento, que no porque algo entendamos, pensemos que lo conocemos todo. Hay cosas que tienen su consecuencia necesaria, y todo lo que hacemos lleva a algún fin o intención.

Estas acciones en nuestra vida las podemos inclusive programar como una meta a llegar, como puede ser comprar un auto, ir a un viaje, planear los estudios, entre otras mil, desde la menor hasta la mayor escala según nuestras posibilidades. 

Mas sin embargo podríamos decir que todas ellas son en su mayoría generadas o proceden de nuestra dedicación y trabajo, son muy nuestras, con la diferencia que de igual manera tienen una caducidad y pasan.

Sin embargo, el Señor Jesús nos comparte algo que ciertamente no es algo que sea muy nuestro, pero que sí es para nosotros, y es que sabiéndonos capaces de hacer y deshacer lo que se nos ocurra, pues entonces nos regala un complemento en el ámbito espiritual que no es ajeno a nosotros.

Nos invita a alimentarnos del Pan de vida eterna, aquél que no podemos nosotros fabricar aunque los frutos de la tierra nos den para ello, porque no procede de nosotros, procede de Dios, aquel que solamente Él es capaz de dar porque de nadie mas puede emanar, aquel que se nos da hoy en día en la Eucaristía, y del que el sacerdote, como instrumento de la gracia de Dios, lo hace no en nombre propio, ni de su propio poder porque no lo tiene, sino en nombre de Jesucristo, quien hace presente su cuerpo y su sangre sacramentada en el mismo altar, como un milagro que se renueva día a día.

Hay que alimentarnos de eso que sólo Dios da, del Pan de Vida, porque es para ti y porque complementa perfectamente tu vida y la eleva al rango divino, a hacernos uno con Él sin perder ni su individualidad ni la nuestra. 

"No fue Moisés…"

“No fue Moisés…”

Juan: 6, 30-35

En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué señal vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”.

Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”.

Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

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El mundo está plagado de personas que usurpan identidades, pensamientos, obras, acciones, y hasta títulos. Somos el conjunto de una experiencia común humana y de sabiduría que lleva milenios, aún así nos creemos tan únicos y originales que hasta a las frases más gastadas y comunes de la sabiduría tanto humana como Divina les ponemos nombres y apellidos.

Los inventos son el producto de un todo que al final coincide en una persona que se atribuye el título depuesto de que otros tantos lo han perfeccionado hasta que alguien lo usurpa como propio y original.

Al final no deja de ser una participación de la sabiduría divina que se pone en práctica y al servicio de los demás. Es por ello que el mismo Jesús remarca que la obra de la salvación no es de Moisés, ciertamente tuvo su participación, pero no es ni el actor ni el ejecutor de la misma obra que es participada de Dios.

Jesús es quien con toda la sencillez del mundo y con toda verdad pone las cosas tan claras como son, y da el crédito a quien lo merece, por lo que no debemos de creer en eso protagonistas que usurpan todo para sentirse que valen algo, cuando en realidad todo proviene de alguien más y que no deja de ser una bendición, pero no hay que atribuir la gracia como a Moisés, cuando en realidad es participada de Dios.

“Algunos han venido de lejos”

“Algunos han venido de lejos”

Marcos 8, 1-10

En aquellos días, vio Jesús que lo seguía mucha gente y no tenían qué comer. Entonces llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima esta gente: ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer. Si los mando a sus casas en ayunas, se van a desmayar en el camino. Además, algunos han venido de lejos”.

Sus discípulos le respondieron: “¿Y dónde se puede conseguir pan, aquí en despoblado, para que coma esta gente?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tienen?” Ellos le contestaron: “Siete”. Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo; tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos, para que los distribuyeran. Y ellos los fueron distribuyendo entre la gente.

Tenían, además, unos cuantos pescados. Jesús los bendijo también y mandó que los distribuyeran. La gente comió hasta quedar satisfecha, y todavía se recogieron siete canastos de sobras. Eran unos cuatro mil. Jesús los despidió y luego se embarcó con sus discípulos y llegó a la región de Dalmanuta.

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La búsqueda de lo divino se torna en presente actual porque en realidad ya está Dios presente en nuestras vidas, tan común y ordinario que nos cuesta trabajo creerlo, pensamos que solamente se manifiesta dentro de lo espectacular y lo grandioso, más su omnipotencia y su omnipresencia te acompañan desde el momento de tu concepción, desde ahí comienza el milagro de ti y desde siempre de todo lo demás. 

Además pareciese que se presenta oportunamente en tu vida, haciéndote recordar su existencia y presencia a través de invitaciones, signos, detalles, personas, y cosas de las cuales se vale para manifestarse.

Siempre nos recuerda que no estamos solos, aunque no siempre le dedicamos la debida atención. Cuando tomamos la iniciativa de buscarlo es porque en realidad estamos respondiendo inconscientemente a sus múltiples invitaciones, creemos que la iniciativa y decisión es nuestra, cuando en realidad la iniciativa viene de Dios, pero eso sí, la decisión es tuya. Independientemente por la situación o necesidad con la que busquen a Jesús, eso es un medio de llamado, y claro la búsqueda personal entonces se torna en atención exclusiva a Él.

Muchos son capaces de buscarlo severamente a pesar de las situaciones adversas tanto personales como comunitarias, otros lo buscan de lugares lejanos, otros lo tienen cerca. Sin embargo Jesús independientemente de cada una de las circunstancias, les atiende a todos y se preocupa por ellos, tanto es que preve su retorno de manera segura, iniciando por darles el alimento para el camino, siendo capaz de realizar el milagro de la multiplicación de los panes para que los demás continúen su obra.

De igual manera el Señor no deja de darnos lo principal para poder seguir caminando, pero no desaproveches su presencia, cuántos no quisieran estar cerca y tenerle disponible sobre todo en el milagro de la eucaristía. Si otros han sido capaces de ir a buscarle desde lejos, ¿acaso no podrás acercarte tu que estás próximo a Él y lo tienes al alcance de la mano? Espero que no sea porque no puedes, o más bien porque no quieres.

“Alimentarse y seguir caminando”

“Alimentarse y seguir caminando”

Mateo 15, 29-37

En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del mar de Galilea, subió al monte y se sentó. Acudió a él mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y él los curó. 

La gente se llenó de admiración, al ver que los lisiados estaban curados, que los ciegos veían, que los mudos hablaban y los tullidos caminaban; por lo que glorificaron al Dios de Israel. 

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. 

No quiero despedirlos en ayunas, porque pueden desmayarse en el camino”. Los discípulos le preguntaron: “¿Dónde vamos a conseguir, en este lugar despoblado, panes suficientes para saciar a tal muchedumbre?” Jesús les preguntó: “¿Cuántos panes tienen?” Ellos contestaron: “Siete, y unos cuantos pescados”. 

Después de ordenar a la gente que se sentara en el suelo, Jesús tomó los siete panes y los pescados, y habiendo dado gracias a Dios, los partió y los fue entregando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado. 

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El papel de todos los gobiernos del planeta tienen como objetivo promover el bien común, la sanidad, la justa asistencia social así como alimenticia, entre otros deberes natos que les competen. Pero entre poderes, cada vez con más responsabilidad por el número de habitantes a atender, esto suele convertirse en algo ingobernable dándose excesos.

Sin embargo hay que tener muy en cuenta que a los gobiernos no les toca hacer todo, se supone que trabajan junto con nosotros en mutua corresponsabilidad de una manera organizativa que supla y distribuya justamente los bienes para atender aquellas necesidades que se suelen presentar tanto en un sector como en otro.

La situación es muy clara cuando no hay una justa distribución de las riquezas así como de los alimentos, se rompe con el esquema básico, afectando el resto de las estructuras sociales, entonces no se puede crecer ni rendir en el trabajo. Esto nos acontece ordinariamente en el plano de lo material, sin embargo de igual manera pasa en el ámbito de lo espiritual.

Jesús es claro que a lo primero que viene es a restaurar, por medio del Reino de los Cielos, el cual se hace presente desde la propia vida hasta los ámbitos sociales más estructurados.

Así como físicamente no podemos recorrer el camino si no tenemos fuerzas, fruto de una sana alimentación, por ende si no alimentamos el espíritu de igual manera decaerá ante la primer desavenencia, Jesús no es ajeno ni a un alimento ni al otro, ambos son importantes, por ello tenemos un Padre Providente que suple en su momento lo necesario, pero ello no es excusa pedir sólo lo material, ya que una vez suplido en lo básico nos capacita para seguir caminando incluso en el ámbito espiritual. 

Por ello, como decimos drásticamente: “Primero comer, que ser cristianos”, pero si ya comimos, entonces hay que auténticamente ser cristianos.

“Listo para el banquete”

“Listo para el banquete”

Lucas: 14, 15-24

En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo: “Dichoso aquel que participe en el banquete del Reino de Dios”.

Entonces Jesús le dijo: “Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo: ‘Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes’. Otro le dijo: ‘Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes’. Y otro más le dijo: ‘Acabo de casarme y por eso no puedo ir’.

Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces el señor se enojó y le dijo al criado: Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’.

Cuando regresó el criado, le dijo: ‘Señor, hice lo que me ordenaste, y todavía hay lugar’. Entonces el amo respondió: Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa. Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete’ “.

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Los tiempos sobre todo por estos lados, mientras exista una comunidad organizada, el alimento de alguna manera no faltará, y cuando alimento está asegurado, nos damos el lujo de optativamente rechazar una invitación a un banquete, y es que eso que nos darán ahí, lo tenemos garantizado por otro lado.

Es por ello que vemos tan sólo la ocasión, pero no las circunstancias, ni la persona que se ha dignado en invitarnos, mucho menos el vínculo de amistad que los une y además se puede cultivar y fortalecer.

Las opciones son tantas que al final nos perdemos entre aquellas que realmente valen la pena ante las que tan sólo son de relleno y vacío personal. La cuestión aquí radica en que sin esta capacidad de discernimiento, no sabremos elegir o en su defecto, aunque aceptemos no sabremos aprovecharlas sino tan sólo para comer, ó peor aún, para beber, descartando en sí la riqueza de tratos humanos que iluminan nuestro pensar y el respeto que se merecen cada uno de ellos, así como la amistad. 

La razón de invitar a los pobres y a los más necesitados, es porque realmente aprovecharan la ocasión ya que carecen en su mayoría de esa posibilidad, valorarán el detalle y serán realmente agradecidos. Cosa que los invitados inflados en su ego no tienen.

Por ello, se nos invita a estar siempre listos para el banquete, saber aprovechar lo que Dios nos brinda, lo que se nos da, sobre todo en la Eucaristía aquel alimento que nos da miedo porque preferimos perdernos en la fiesta anónima y pagana para ser nadie y no comprometeremos en un lugar privilegiado que nos otorgan, donde ven quien soy en realidad.

“Tráiganmelos”

“Tráiganmelos”

Mateo: 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

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Parece que los milagros que el Señor Jesús ha realizado se desempeñan en el ámbito de lo espectacular, donde todo parece extraordinario, y en su momento así parece ser, porque se ha perdido el contacto con el sentido de lo sagrado, lo dejamos de ver y permanecemos con la vista y mente tan sólo en lo que nosotros y los demás promulgan, aquello que humanamente pueden hacer con las grandes pero limitadas capacidades otorgadas desde hace mucho tiempo antes de nacer.

Situación incluso nada ajena a los discípulos de Jesús, ya que se mueven en al mismo nivel de conocimiento que se remarca en el mundo. Sin embargo Jesús pretende poco a poco ir restaurando esas capacidades ya olvidadas de tratar y ver lo sagrado como lo ordinario.

Es por ello que ante la multiplicación de los panes, precisamente les dará una lección, que para ellos será una cosa extraordinaria, pero que una vez pasada la impresión, asimilarán y verán la acción de Dios en toda su naturaleza, que en realidad es lo ordinario. 

Cuando les dice “Tráiganmelos”, refiriéndose a los panes y pescados, será también una acción que implica no sólo el llevárselos, sino la confianza de que nosotros vayamos y los pongamos en sus manos para que todo sea bendecido y nunca falte aquello que a Dios se encomienda. 

Hay que llevarle todo, no sólo lo que necesitamos, sino incluso las alegrías, las acciones de gracias, lo trabajado cada día, porque a su lado todo se multiplica. 

“Conceptos renovados”

“Conceptos renovados”

Juan: 6, 52-59

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”
Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.
Esto lo dijo Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.

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Desde los inicios de las Sagradas Escrituras ha estado presente el concepto del pan y del vino, del sacrificio, de la carne y de la sangre, por lo que no es nada nueva la evolución que se ha ido manifestando en los rituales cada vez más complejos y llenos de significado, sobre todo en el Antiguo Testamento con la pascua judía.

Concepto que en realidad es familiar, pero que en su momento sublimarlo a un modelo actualizado y más eficaz cuesta, ante las mentalidades ya acostumbradas a ciertos y conocidos rituales.

Incluso hoy en día cualquier modificación y actualización del esquema del ritual romano para celebrar la eucaristía, a los sacerdotes más ancianos les cuesta cambiar aunque sean las mismas expresiones con diferentes palabras que se ponen acorde a los tiempos y las usanzas. 

Por ello no es de extrañarse la reticencia a los cambios y las justificaciones que argumentamos para ello, hasta con escándalos y exageraciones inmersas un nuestras propias inseguridades ante lo nuevo y el cambio, como lo expresa el mismo evangelio.

Sin embargo una renovación de la conceptualización va mas acorde a la propia asimilación en pro de nuestra cultura y tiempos que vivimos, y el lenguaje es importante porque su expresividad requiere ser totalmente entendidas y asimilada. Por ello no hay que tener miedo a los conceptos renovados porque se dan para un mejora en su totalidad ya que implica un cambio de paradigma ya sembrado desde antiguo y llevado a su máxima plenitud en Cristo Eucaristía.

“Verdadero Maná”

“Verdadero Maná”

Juan: 6, 44-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.
Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.

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Volvemos a remarcar que el alimento es básico para subsistir, y por ende andamos buscando los frutos de la tierra para alimentarnos de ellos, aunque en la actualidad se ha tratado de suplantar a los alimentos naturales por substitutos productivamente muy negociables, corrompiendo algo que es también sagrado y esos son los alimentos.

Olvidamos que todo viene del Señor, y pedimos algo más especial y concreto de Él, en su momento les mandó el maná, el pan caído del cielo, del cual en su momento también se quejaron porque les hartó, ya de igual manera desconociendo que el maná siempre ha estado con nosotros en todos los frutos de la tierra, y pidiendo no se qué.

En ese esquema de pedir por pedir, ya que no tenemos llenadera, Dios nos ha dado de todo, hasta lo que consideramos exótico, sin embargo ese vacío viene precisamente de una ansiedad que no podemos controlar de manera compulsiva, rayando en la enfermedad.

Sin embargo Cristo mismo se nos ha dado como un verdadero alimento venido del cielo que nutre, sacia y sana cualquier situación, ya que su misericordia ha sido tal que ha querido quedarse de manera sacramental como alimento de vida en el pan eucarístico, que es el mismo Cristo vivo y presente entre nosotros.

Ahí está el verdadero maná y no aquel que se presenta engañosamente para perder el auténtico. El alimento está servido y al alcance de tu mano, a un tiro de piedra de distancia de ti en cualquier templo, acércate y recíbelo en tu boca y en tu corazón.