“Inmaculado Corazón de María”

“Inmaculado Corazón de María”

Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: –«Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia».

El respondió: —«¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?»

Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

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Mes de junio, dedicado a los corazones de Jesús y María, recordándonos sobre todo el amor de Dios concreto en cada uno de ellos. Corazones que no han dejado de manifestar una impronta, ya que hoy en nuestros días seguimos percibiendo y gozando de ese amor tan grande que sigue dando frutos y moviendo tiernamente las voluntades, tornándolas hacia Dios.

Hoy en concreto recordamos el amor de una mujer, que ha marcado una vida y que esa vida, la de su hijo lleve su impronta bañada de caridad, aquel sello característico que como madre dedicada ha sembrado en su propio hijo.

Es un corazón que en mutua confianza con Dios, ha sido esculpido tanto humana como divinamente, como repositorio de las gracias que recibe a su vez de su hijo y que ella asimiladas en su corazón, las devuelve maternalmente a un ser que le fue otorgado en responsabilidad. María es la mayor expresión femenina de la ternura y el mismo amor de Dios. 

Es un Corazón que a su vez se ha desarrollado en la gracia previa otorgada de la Inmaculada Concepción, la cual no ha perdido y por ende a su vez, es inmaculado.

Despejemos los temores, las dudas, los malos entendidos para dar cabida al amor que abra puertas, que define relaciones y que no deja de manifestar la propia delicadeza del amor de Dios. 

“Sagrado Corazón de Jesús”

“Sagrado Corazón de Jesús”

Juan 19, 31-37

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron».

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Explicación de la fiesta

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.

Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días.

Esto significa que debemos vivir este mes demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.

Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir recordándolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Y eso es lo que debemos hacer (ante un problema en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, con nuestras amistades, etc.).

Debemos, por tanto, pensar si las obras o acciones que vamos a hacer nos alejan o acercan a Dios.

Tener en casa o en el trabajo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, nos ayuda a recordar su gran amor y a imitarlo en este mes de junio y durante todo el año.

Origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Santa Margarita María de Alacoque era una religiosa de la Orden de la Visitación. Tenía un gran amor por Jesús. Y Jesús tuvo un amor especial por ella.

Se le apareció en varias ocasiones para decirle lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.

Durante estas visitas a su alma, Jesús le pidió que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

El pecado nos aleja de Jesús y esto lo entristece porque Él quiere que todos lleguemos al Cielo con Él. Nosotros podemos demostrar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús con nuestras obras: en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús:

Jesús le prometió a Santa Margarita de Alacoque, que si una persona comulga los primeros viernes de mes, durante nueve meses seguidos, le concederá lo siguiente:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado (casado(a), soltero(a), viudo(a) o consagrado(a) a Dios).

2. Pondré paz en sus familias.

3. Los consolaré en todas las aflicciones.

4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.

5. Bendeciré abundantemente sus empresas.

6. Los pecadores hallarán misericordia.

7. Los tibios se harán fervorosos.

8. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección.

9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.

10. Les daré la gracia de mover los corazones más endurecidos.

11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él.

12. La gracia de la penitencia final: es decir, no morirán en desgracia y sin haber recibido los Sacramentos.

Oración de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús

Podemos conseguir una estampa o una figura en donde se vea el Sagrado Corazón de Jesús y, ante ella, llevar a cabo la consagración familiar a su Sagrado Corazón, de la siguiente manera:

Señor Jesucristo, arrodillados a tus pies,

renovamos alegremente la Consagración

de nuestra familia a tu Divino Corazón.

Sé, hoy y siempre, nuestro Guía,

el Jefe protector de nuestro hogar,

el Rey y Centro de nuestros corazones.

Bendice a nuestra familia, nuestra casa,

a nuestros vecinos, parientes y amigos.

Ayúdanos a cumplir fielmente nuestros deberes, y participa de nuestras alegrías y angustias, de nuestras esperanzas y dudas, de nuestro trabajo y de nuestras diversiones.

Danos fuerza, Señor, para que carguemos nuestra cruz de cada día y sepamos ofrecer todos nuestros actos, junto con tu sacrificio, al Padre.

Que la justicia, la fraternidad, el perdón y la misericordia estén presentes en nuestro hogar y en nuestras comunidades.

Queremos ser instrumentos de paz y de vida.

Que nuestro amor a tu Corazón compense,

de alguna manera, la frialdad y la indiferencia, la ingratitud y la falta de amor de quienes no te conocen, te desprecian o rechazan.

Sagrado Corazón de Jesús, tenemos confianza en Ti.

Confianza profunda, ilimitada.

Tomado de Catholic.net

“La Santísima Trinidad”

“La Santísima Trinidad”

Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

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Uno de los misterios más grandes dentro de nuestra fe es La Santísima Trinidad, sin embargo no lo referimos a algo oculto secretamente, sino a una realidad tan grande que nuestra más basta inteligencia no alcanza a comprenderla ni a abarcarla, cuando menos en esta vida.

Sin embargo grandiosamente se nos revela aquello que de suyo basta para nuestra felicidad y salvación; tenemos un Padre, un Hijo y un Espíritu Santo, cada uno con toda la dignidad e individualidad de una persona, con una misión, con una acción concreta, pero sin embargo es un solo Dios, y cada uno es Dios.

Cómo es eso, pues no tiene caso que nos estemos quebrando el cerebro para descifrarlo, ya que comprenderlo en su ser no es el objetivo, sino lo que en realidad hace en toda la creación y concretamente en nosotros que nos descubrimos inteligentemente reconocidos como objeto de su amor, ya que sus mismos dones a diferente escala nos son participados y eso ya es una grata comprehensión de su ser.

Cuando nos libremos de esta limitada humanidad material, entonces será cuando lo veremos cara a cara y entonces comprenderemos enteramente su ser y sobre todo su amor. 

Sin embargo en el mismo credo afirmamos en algo el ser de Dios y su acción así como su misión, por lo que es bueno recordarlo enfatizando que creemos en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo:

El Credo

El credo contiene toda la Fe católica.

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su Único hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracias del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos. subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Se divide en 12 artículos:

1° Art: “Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.”

a) Creo: Pongo mi Fe en que todo es verdad y una doctrina infalible, revelada por Dios.

b) Dios: ¿Quién es?

Es el ser infinitamente perfecto, creador de todo. Hay un solo Dios verdadero que premia a los buenos y castiga a los malos.

¿Cómo se puede probar la existencia de Dios por la razón?

1- Es la causa primera (nadie lo creo). Todo efecto tiene causa

2- La naturaleza tiene un orden

3- Todos los hombres, en la voz de la conciencia, saben lo que es bueno o malo. Esto es porque todos tienen un mismo creador.

Dios es:

Único: Porque sino sería contradictorio, no habría Dios verdadero.

Infinitamente grande.

Espíritu purísimo: No tiene cuerpo.

Un ser simplísimo: No tiene partes ni mezclas.

Eterno: Siempre existió, existe y existirá.

Inmutable: No cambia.

Infinitamente bueno (La suma bondad, todo lo bueno viene de Dios).

Omnisciente: Infinitamente sabio, conoce y sabe todo.

Omnipotente: Dios lo puede todo.

Atributos de Dios:

Santo           : Ama la virtud y aborrece el mal.

Justo            : Premia o castiga según las obras.

Misericordia: Va y busca al pecador, y lo perdona si se arrepiente de corazón.

Fiel               : Cumple las promesas y amenazas que hace.

Inmenso       : Esta en todas partes (no se puede medir); pero no todo es Dios. Esta en todos lados por escénica (todo su ser), por presencia (Todo lo ve y sabe) y por potencia (le da y conserva el ser).

Dios esta en tres lugares en forma especial:

En el cielo.

El alma del Justo.

En el templo.

La Santísima Trinidad:

Dios es el principio de todo; y el fin de todas las cosas, son para él y su mayor gloria por lo que es Dueño y Señor de todas las cosas.

En Dios hay tres personas realmente distintas que son el verdadero y único Dios .

Las tres personas son:

Dios Padre, se le atribuye la omnipotencia (la creación).

Dios Hijo, se le atribuye la sabiduría y redención.

Dios Espíritu Santo, se le atribuye la bondad.

c) Creador:

Creo todo de la nada, lo creo por amor.

El hombre tiene una dignidad mayor porque tiene alma (es lo más importante que tiene el hombre). El alma tiene dos potencias:

1- Inteligencia: Para conocer la verdad.

2- Voluntad: Para amar y alcanzar el bien.

El hombre elige que hacer, los animales no, por eso somos libres.

2° Art.: “Creo en Jesucristo, su Único hijo, Nuestro Señor…”

1- ¿Quién es Jesucristo? (SJ. 1, 1-16)

† † † En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio con Dios. Todo fue hecho por El, sin El nada se hizo. Cuanto ha sido hecho, en El es vida, y la vida es la luz de los hombres; la luz luce en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron.

Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan. Este vino como testimonio, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él. No era él la luz, sino el testimonio de la luz.

Existía la luz verdadera que, con su venida a este mundo, ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo; el mundo fue hecho por El, y el mundo no lo conoció. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. A todos los que lo reciben les da el ser hijos de Dios; los que no nacieron ni de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de querer de hombre, sino de Dios.

Y el Verbo se hizo carne, y habitó con nosotros, y nosotros vimos su gloria, gloria cual de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan daba testimonio de El y gritaba: “Este es del que yo dije: El que viene detrás de mí ha sido antepuesto a mí, porque era primero que yo”.

Tenía que salvar a la humanidad por lo cual tenia que ser hombre, pero como la dignidad de la ofensa se mide por la dignidad del ofendido la ofensa era infinita, entonces también tenia que ser Dios para que el padecimiento sea infinito.

En Jesucristo hay una sola persona, que es divina, y dos naturalezas, divina y humana; esta unión se llama Hipostática.

Dios de todo mal saca bien: Por el bautismo somos miembros del cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, y por los méritos de Cristo tenemos más gracia que la que hubiéramos tenido sin pecado original.

2- ¿Porque la diversidad de nombres?

Principales títulos de Nuestro Señor:

Jesús: Significa “Dios salva”. (Hechos 4,12; 9,14; Sgo 2,7; SJ 15,16; etc.).

Cristo: “Mesías = Ungido”. Se ungía a los reyes, sacerdotes y algunos profetas, y su misión es: sacerdote, profeta y rey.

Hijo de Dios: Este título se usaba para quienes tenían una filiación intima con Dios. (Lc 22,70;  Mt. 6,9).

Señor: Es el nombre con el cual Dios se reveló a Moisés. Representa su dominio sobre el pecado, naturaleza, muerte, etc.

Razones de la divinidad de Cristo: (SJ 3,1-21)

– Las profecías de la sagrada escritura.

– Los milagros que hizo en confirmación de su divinidad.

– La resurrección de Jesucristo después de su muerte en Cruz.}

– La pureza de su doctrina y moral, dignas solamente de Dios.

– La fundación de la iglesia y su estabilidad a través de los tiempos, a pesar de las persecuciones de sus enemigos.

3° Art.: “…que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen…”

– El Espíritu Santo hizo la obra porque es bondad y amor. En el momento de la concepción ya existía antes sólo como Dios, en la concepción Jesús es engendrado, no creado, para ser también humano.

– San José solo es Padre adoptivo, lo crió.

– La madre es la Santísima Virgen María, la cual fue siempre virgen (antes, durante y después del parto).

4° Art.: “…padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado…”

Significa que Cristo no redimió y para ello tuvo que sufrir mucho, aunque lo hizo por amor, y no podemos ignorarlo, no debemos ser desagradecidos. Esto ocurrió en la época de Pilatos, es real.

5° Art.: “…descendió a los infiernos, al tercer día resucito de entre los muertos…”

No se refiere al infierno sino al limbo de los justos, este era el lugar a donde, hasta nuestra redención, iban las almas de los que morían en gracia de Dios. Las puertas del cielo estaban cerradas por el pecado original y Cristo las abrió llevando a las almas justas.

Así se cumple la profecía que dice que “hasta los muertos les llegará la buena noticia”.

La resurrección es verdad:

(Hechos 3,15; SJ 20, 19-29; Lc. 24,5-6).

Jesús se le apareció a numerosas personas luego de haber muerto y tenía un cuerpo glorioso. Podía comer y se lo podía tocar con lo cual tenia cuerpo; y propiedades del cuerpo glorioso como atravesar paredes.

Características del cuerpo glorioso:

1- Atravesar las paredes. Sutileza.

2- Agilidad (Iva a donde quería con solo pensarlo).

3- Impasible (Sin dolor).

4- Claridad (es como una luz que irradia el cuerpo).

Esta resurrección no es igual a las del evangelio (SJ 11,38-44) hechas por Cristo, sino eterna por eso toma el cuerpo glorioso. La única persona con este cuerpo es Cristo ya que el resto lo tendrá al fin del mundo.

La divinidad de Jesús estaba con el alma y el cuerpo, al resucitar se une el cuerpo y alma humano ya que la divinidad no se puede dividir.

6° Art.: “…subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.”

– Subió a los cielos en la ascensión.

– Esta a la derecha porque tiene la misma gloria.

¿Para que subió a los cielos?

1°- Para tomar posesión del reino que conquisto con su muerte.

2°- Para prepararnos un lugar en la gloria.

3°- para ser mediador y abogado delante del Padre eterno.

Jesús como naturaleza humana esta en el cielo y en la eucaristía; y con naturaleza divina en todas partes (porque es Dios). La ascensión a los cielos fue por sus propios medios, porque él quiso y tenía el poder para hacerlo. En cambio la Virgen María fue llevada por los ángeles, por eso se la llama asunción.

7° Art.: “Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y muertos.”

Vivos y muertos quiere decir buenos y malos. (Ecle 7,40).

Acuérdate de los novísimos o postrimerías y no pecarás; estos son:

1- Muerte: Ocurre cuando el alma se separa del cuerpo. A todos nos va a tocar, igual que el juicio, pero no sabemos cuando por lo que hay que vivir siempre bien.

2- Juicio: Ocurre inmediatamente después de la muerte; hay que pensar como vivimos ya que se nos va a juzgar según nuestras obras y la sentencia será infierno o cielo eternamente.

Habrá 2 juicios:

Particular: después de muertos.

Final: Se confirma la sentencia y se hace publica, este será al fin del mundo.

3- Infierno: En el hay sufrimiento por siempre, hay 2 tipos de penas:

Espirituales: del alma (Ej. privación de ver a Dios).

Corporales: del cuerpo (Ej. el fuego).

4- Cielo: Van las almas que mueren en gracia de Dios o las que han purgado, en el purgatorio, las penas de sus pecados. El purgatorio es temporario y el cielo eterno, donde lo más importante es ver a Dios.

El limbo de los niños: Sin bautismo no se puede ir al cielo y sin uso de razón no se puede condenar, por eso existe “el limbo de los niños” para los que mueren sin ser bautizados. 

( la existencia del limbo de los niños no es una verdad dogmática, sino solamente una hipótesis teológica. )

El vigente Catecismo de la Iglesia Católica, resumen oficial de la doctrina de la Iglesia, dice respecto a este tema:

En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: “Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis” (Mc 10, 14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo.

Catecismo, 1261

Fin del mundo: Cristo vendrá a juzgar a los vivos y muertos al fin del mundo, donde confirmará la sentencia particular. Aunque hay señales remotas (Apostasía general, predicación del evangelio por todo el mundo) y cercanas (Conversión de los Judíos, anticristo y cataclismos) en la biblia no se sabe cuando será por eso como dijo Cristo hay que: “Velad y orad”.

8° Art.: “Creo en el Espíritu Santo,…”

Es la 3° persona de la Santísima Trinidad, que es tan verdadero Dios como el Padre y el Hijo. Se le atribuye la santificación de las almas y la dirección de la Iglesia. Éste bajo en pentecostés sobre los apóstoles y la iglesia (Hechos 2,1-4).

Los dones no dependen del hombre, aunque éste debe pedirlos y una vez recibidos usarlos, sino del espíritu Santo que los infunde. Los infunde en nosotros para aumentar nuestras virtudes .

9° Art.: “…la Santa Iglesia Católica,…”

Creemos en la Iglesia Católica que fue fundada por Cristo. Esto incluye al Papa que posee infalibilidad (no se puede equivocar) en temas de religión y costumbres, y el magisterio de la Iglesia que es la encargada de formular los preceptos, estudiar la palabra de Dios, los misterios, establecer los dogmas, beatificaciones y todos los asuntos de relacionados con la religión. Al estar integrada por personas es de suponer que no es perfecta y tiene errores pero nunca importantes como beatificar a alguien que no es santo, confundir un dogma, etc. ya que Dios la asiste como el mismo lo dijo.

Y llegándose Jesús, les habló diciendo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo cuanto yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo “. (Mt. 28, 18-20)

10° Art.: “…la comunión de los santos,…”

No importa donde estemos, las almas de los integrantes de la Iglesia forman un cuerpo cuya cabeza es Cristo. Estamos todos unidos y debemos orar los unos por lo otros. Estando en la tierra debemos rezar por nuestro prójimo y las almas del purgatorio; las almas que están en el cielo no necesitan de nuestra oración aunque pueden interceder por nosotros, claro esta que solo interceden ya que solo Dios tiene “poder” de hacer lo que quiere. Las almas del infierno no tienen salvación posible, lamentablemente están perdidas eternamente.

11° Art.: “…el perdón de los pecados,…”

Nadie es perfecto y la mayoría algo mal ha hecho pero no importa la gravedad ya que si estamos realmente arrepentidos y nos acercamos a Dios para servirle en adelante todo nos perdonará porque su misericordia es infinita. Para ello el mismo Jesús creo el sacramento de la confesión. 

12° Art.: “… la resurrección de la carne y la vida eterna.” 

La muerte no es definitiva, no solo perdura el alma que va al cielo, purgatorio o infierno según sus actos sino que al fin del mundo Cristo vendrá a juzgar a los vivos y muertos y quienes merecieron el cielo, y el purgatorio ya que este es un paso previo para purificar al alma, resucitaran y tendrán un cuerpo glorioso como el de Jesucristo luego de su resurrección. El cuerpo glorioso ya se explico en el articulo 5° 

“Consecuencias”

“Consecuencias”

Juan 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

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Tantas veces hemos puesto la atención en el afirmar que la vida tiene de todo, bueno y malo, y lo es, pero si estamos predispuestos a esta alternancia le daremos toda la atención a lo malo y estaremos inmutables en la bonanza, lo remarco de tal manera que si también hacemos nuestro lo malo como algo natural y ordinario, es seguro que tendrá su consecuencia lógica de igual manera. 

Podríamos pensar que es lo normal, sí, y es que ya nos impusimos a ello, cuando hoy en el evangelio remarca una mejor propuesta y esa es permanecer en Su amor, conociendo y respetando los mandamientos, que no son una imposición obligada, sino unas recomendaciones para no perder el rumbo, para no olvidarnos de cuanto Dios nos ama, para no dar cabida al mal que da tristeza e infelicidad porque lo recibimos como “lo normal” con las puertas abiertas de par en par ya listos a sufrir y a remarcarlo como tal, aunque no valga la pena porque nada solucionas con ello.

Así llegan las consecuencias negativas con todo lo que dan y mas. No digo que en el Amor de Dios todo será vida y dulzura, claro que habrá adversidades, pero qué diferencia verás cuando tu plataforma sea el amor y la paciente caridad que te brinda la armonía necesaria en el peor dolor a diferencia de recibirlos predispuestos en remarcar el odio y el dolor porque llegaron. 

Las consecuencias serán tal cual como tú las manejes, como tu preparación y reacción lo permita, como desees manejar el problema, si visceralmente o ecuánimemente con la paz que otorga el permanecer en su amor. Sólo así crecemos y nuestro amor llega de igual manera a su plenitud.

Divina Misericordia

Divina Misericordia

Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: –«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: –«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado así también os envío yo».

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: –«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: –«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó: –«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: –«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás: –«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás: –«¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: –«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

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El segundo domingo de pascua es dedicado a La Divina Misericordia, ya que todos los textos de las lecturas litúrgicas hablan del mismo así como las oraciones de la misa. Día que es importante recordar no sólo el heroísmo y la valentía con la que realizó Jesús la obra de la redención, a través de su muerte y resurrección, porque no se trata de un super héroe, sino de Nuestro Redentor.

Por ello remarcamos justamente que uno de los fundamentos principales de esta gran obra, está basada en la Misericordia de Dios, es decir, el amor que nos tiene aunado a su paciencia para esperar las respuestas de amor que le debemos. Misericordia que hay que enfatizar en cada una de sus acciones, porque Jesús no era ningún activista, no estaba enfocado en algún sólo aspecto de la vida, sino que su compromiso era con toda la creación entera.

Dios jamás se desanima ante las actitudes adversas y de negación que le hacemos constantemente como personas y, no se diga como humanidad, hasta pareciera un rechazo y queja de participarnos sus dones y la propia vida. 

Sin embargo, ya es de suyo una bendición el que no reaccione como nosotros, porque ya hace bastante que nos hubiera dejado en el olvido, dónde desde aquí se remarca esa misericordia eterna que no deja de ser una muy propia característica de su Ser.

Misericordia que no es propiedad exclusiva de Él, sino que ademas es compartida con cada uno de nosotros para que juntos la ejerzamos en común unión y con toda la caridad posible entre nuestros hermanos, ya que no es tan sólo para recibirla o exigirla hacia nuestra persona, sino además en conciencia para vivirla con los demás.

“Sacerdocio, Caridad, Eucaristía”

“Sacerdocio, Caridad, Eucaristía”

Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: –«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó: –«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».

Pedro le dijo: –«No me lavarás los pies jamás».

Jesús le contestó: –«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo».

Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza».

Jesús le dijo: –«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: –«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

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En un día como hoy, se nos expresó la máxima muestra del amor de Dios, ya que textualmente lo afirma el evangelio, “los amó hasta el extremo”, porque más no se podía, y si se pudiera, más nos amaría.

Amor que no se contenta con la cercanía y los abrazos, amor que se concreta en testimonio y regalos, no para unos cuantos, sino para todo el género humano. Sabiendo que su obra tiene que pasar y trascender, no duda en instituir el sacerdocio, como un regalo en el que Él mismo se hará presente eficazmente, ya que lo participa como algo suyo y ejercido en su nombre eternamente.

Va vinculado naturalmente a la Eucaristía, en dónde se renueva el hecho salvífico de su sacrificio como memorial, se queda entre nosotros y se nos da en alimento para el camino en esta vida hacia la patria celestial.

Además, coronado con el mandato del amor, con esa caridad que tanto nos hace falta, ya que sin ese amor, tanto el sacerdocio, como la eucaristía no tienen ninguna razón de ser. 

¿Cómo podremos corresponder a tan gran regalo en medio del amor?

La respuesta está claramente implícita: Celebrar junto con el Sacerdote la Eucaristía, alimentarnos y unirnos a través de la comunión íntimamente con Jesús, y salir a las calles, en la familia, en el trabajo o la escuela, con los amigos e incluso con los desconocidos así como los enemigos a ejercer la máxima muestra de caridad con hechos concretos.

“Tanto amó”

“Tanto amó”

Juan 3, 14-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: –«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

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Parece que en tiempos de crisis, el amor sale sobrando, es algo similar que ocurre en tiempos de guerra, la atención totalmente se centra en la supervivencia y como se dice “ahí todo se vale”, no hay reglas, no hay límites, no se respeta nada y cada quien sale como puede.

Pero ya se ha hecho común la crisis, hasta ordinaria nos es al interno del día y de nuestra propia vida, por lo que el mismo amor, como en los tiempos de guerra, sale sobrando, hay otros distractores que saturan nuestra mente y corazón, lo malo es que sin la paz y el amor necesarios, vitales en nosotros, tendemos a buscar soluciones erróneas que en medio del vértigo de la rapidez con que se vive, tomamos  decisiones arrebatadas con la mira a solucionar de tajo los problemas y dolores, optando a veces por situaciones que en la realidad no son soluciones, sino mas problemas pintados de alivio pero que en la realidad complican aún más nuestra existencia.

En éste acelerado embrollo parece imposible ver una pizca de misericordia, o de reconocerla si alguien la brinda, estamos totalmente a la defensiva para protegernos ante cualquier atentado que nos ocasione más dolor, y por ello inconscientemente bloqueamos de manera directa un acto de amor que Dios brinda a través de nuestros prójimos.

En ésta postura es imposible reconocer la grandeza de la obra del amor de Dios al enviarnos a su propio Hijo, lo vemos como una frase bonita, algo que es de Dios, pero no de nosotros; la realidad es que más nuestro no puede ser, porque el fin último de esa acción es restaurar tu amor, tu paz, tu eterna felicidad iniciada ya desde éste mundo.

Hay que dedicar un poco de tiempo para salir del ritmo del mundo, y regalarnos un momento para nosotros de restauración, de reflexión, de serenidad y llegar a descubrir la grandeza de la obra del amor de Dios, que su mayor expresión se nos da en su Hijo Jesucristo, en su obra, en su vida, en su muerte, en su resurrección, que lo hizo por ti. 

Entonces vislumbraremos ese tanto amor que nos dio y que nos sigue dando.

“Abismos”

“Abismos”

Marcos 12, 28-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: –«¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: –El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay mandamiento mayor que éstos.

El escriba replicó: –«Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: –«No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

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Nuestra mente en medio de una sociedad tan cargada de imágenes, normas, situaciones y estilos diversos de vida, tiende a reconocer y maravillarse de la belleza así como de la verdad en sí misma, tendemos a identificarnos con esquemas de pensamiento incluso a veces radicales, amamos la poesía, la literatura, la música y su letras, pero creo que es ahí hasta donde llegamos.

El siguiente paso sería conformar nuestra vida en base al pensamiento que llevamos, pero resulta que nos hemos convertido en activistas, es decir, una clase en extinción que sólo revuelve las cosas con escándalos, pero que no se compromete en serio con ello en su vida.

Aquí es donde surgen esos abismos, entre la realidad y el ideal pensamiento, entre la verdad y su aplicación concreta a la vida. Ya parece que es normal salir con una cara y actitud, para al retorno retomar la que en realidad somos. Damos una muy buena imagen con nuestros grupos de convergencia y aceptación ideológica, a veces por hobbie o diversión, pero no hay un compromiso íntegro con ellos, sino que eso sólo es etéreo y circunstancial.

No se diga con el mandamiento del amor, a todos les parece una maravilla y es aceptado en todos los niveles de la humanidad, según con concepción. Pero del amor al amar, ahí si que existe un enorme abismo, digno de mención pero no de valentía para cruzarlo.

Es por ello que es muy importante ir tapando esos abismos en los que al final caemos sin piedad, basta con iniciar aceptando nuestra vida, la de los demás y convergerla con la realidad, eso es el amor concreto y claro, pero si lo deseamos ideal, jamás lo veremos porque ese no existe y al no encontrarlo, seremos como aquellos con los que termina éste evangelio: Nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

“Cuando ores…”

“Cuando ores…”

Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación sino líbranos del Maligno».

Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas».

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Los tiempos nos invitan a no leer, a no mirar las necesidades, a no reflexionar, sí a estar saturados de ruido, de distractores, de opiniones absurdas, y por ende a no tener tiempo para orar. 

Lo importante es orar, pero no tan sólo en ocasiones de necesidad sino siempre, porque la oración transforma tu mente, tu corazón, tus dones, entre ellos la inteligencia, la sabiduría, la ciencia, la paz, la fe, y por ende el amor y la caridad. 

En realidad al orar te estás atendiendo a ti mismo y por supuesto a los demás, porque nunca queda sin fruto tu intercesión. Es en cierta medida indispensable retroalimentarte, no dejarle todo a Dios como si de mi parte no requiriera la más mínima atención. Es muy bueno saber orar y saber a su vez escuchar lo que Dios tiene que decirte y el medio es la oración.

La oración es purificadora de corazones y liberadora de ataduras mentales. La oración implica a la creación entera, y de ella eres parte, pide por el orden de la misma sin dejarnos engañar por el desorden y el caos que pretende distraernos.

Pero sobre todo recuerda que la mayor eficacia se da, como diría San Benito en su regla monástica, “Ora et Labora”, Orar y trabajar, a que una complementa a la otra, a la palabra ofensiva, el perdón concreto. 

“Este mandamiento es el principal…”

Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: —Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo: —«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

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Todo, pero absolutamente todo tiene un fundamento, una base, un principio, si hablamos de helados de sabores, el fundamento será el frío; de zoológicos, serán los animales; de negocios el dinero, y así cada cosa tendrá su razón de ser, En el caso de la religión, podríamos pensar en que el fundamento es Dios, pero como el termino religión viene del vocablo latino re-ligare, unir con… el fundamento principal es el amor, es el motivo principal y único por el que existimos, para unir al Creador con la creación y permanecer.

A lo mejor ponemos como base fundamental el pecado, la ley con sus mandamientos, los santos o incluso, respetuosamente a María Santísima. No dejan cada uno de ser muy vitales e importantes, pero la verdadera causa por la que nos creó, estando perdidos nos rescató, y sigue siendo generosamente providente a pesar de nuestras limitaciones, es el amor real, puro y verdadero de Dios.

Porque cuando descartamos el amor de Dios en nuestra vida y relaciones personales, habrá que suplirlo con algo, si es el temor al pecado, la justicia, la religiosidad, todo esto sin amor, cae en desvíos, y por ahí se desenvolverá tu vida, remarcando en exceso esos aspectos, más no el amor.

Imagina si Dios mismo perdiera o cambiara el rumbo y, decidiera que en vez del amor se fundamentara en la justicia, ¿Donde quedaríamos en este preciso momento?, ¿quién saldría ileso?, ¿Quien sería justo?, ¿Tú?, solamente Dios y tú lo saben, de igual manera conmigo y los demás, porque si tu cambias el fundamento en tu vida, no es problema de Dios el que no sepas ni quieras amar, es tuyo y los cercanos a ti pagarán las consecuencias colateralmente.

Tampoco remarcamos que es el único mandato, para tomarlo radicalmente a extremo, simplemente es la base fundamental, el eje, la piedra angular, el principal motor, y la única causa a veces irracional de que estemos en este mundo junto con el resto de la creación, por que todo lo ha hecho con amor y sin amor nada cumple su cometido completamente.

El amar al amor mismo, es amar a su vez lo que ha creado, porque ha emanado del ser mismo de Dios, entendiéndolo y viviéndolo le da sentido a todo, todo lo ilumina, y no atolondradamente, sino ecuánime y sensatamente con la mente y el corazón en la mano,  porque sin el amor, nada vale la pena, nada tiene sentido, pero todo es amado en sí mismo por el hecho de existir, cuanto más tú, cuanto más tu prójimo.