“Milagros ajenos”

“Milagros ajenos”

Lucas 4, 24-30

En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: –«Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

————————————————————

Por ahí dice un dicho que “El pasto tras la cerca, siempre es más verde”, con referencia a que solemos fijarnos en los bienes de las personas más cercanas, remarcando su importancia y beneficio, por lo general enfatizando en lo que no tengo y lo que el otro sí posee. Algo que es ya muy común en nuestros días.

Remarcando el mismo evangelio de ésta cita, podría parecer, que se trata en el plano de la fe de la misma situación, así pareciera, pero no, de hecho la dinámica de Dios en relación con las necesidades de las personas, no depende de su estado de ánimo o gusto selectivo por algunos en particular, sino que más que fijarnos en lo que los demás tienen y molestarnos por ello, se refiere a la propia actitud.

Esa actitud que realmente habla por sí sola ante el hecho de que vemos los beneficios, pero no vemos las actitudes, así como los esfuerzos para obtenerlos, porque de suyo eso es lo principal, la calidad de la persona merece lo que de suyo se ha esforzado. 

Es por ello que Jesús remarca todas aquellas actitudes en personas ajenas al supuesto plan del pueblo de Israel, donde han recibido copiosamente las bendiciones de Dios, no por designio divino, sino por acitud de disponibilidad de recibirlas, con un corazón contrito, con una grande esperanza y une fe firme.

Por lo que si no vez que a tí te toquen esos milagros que sí le suceden a otros, pues no es por la selectividad divina, ni por la suerte, sino porque ellos lo pidieron y sobre todo, lo más importante: se dispusieron en la gracia de Dios para recibirlos, que por cierto, eso creo que es lo que nomás nos falta, porque la petición de boca ya está hecha, tan sólo faltan lo hechos: quitar lo que le impide a la gracia de Dios llegar, es decir el pecado y conjeturarlo con el testimonio de la propia vida.

“Desmayos en el camino”

“Desmayos en el camino”

Marcos 8, 1-10

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: —Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos. Le replicaron sus discípulos: —¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?

El les preguntó: —¿Cuántos panes tenéis?

Ellos contestaron: —Siete.

Mandó que la gente se sentara en el suelo: tomó los siete panes, pronunció la Acción de Gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces: Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

————————————-

Suena un poco fatalista o espectacular el hecho mismo de escuchar que podemos tener desmayos en el camino, como que pensamos que no es lo común ni tampoco una posibilidad a corto plazo, ya que  nos sentimos fortalecidos y con plena salud.

Ese tipo de desmayos, ciertamente es lo mas común con alguien que de suyo no se alimenta propiamente, atentando contra su salud y con la tranquilidad de los suyos. En cierta manera Jesús se refiere primordialmente a cuidar la salud de aquellos encomendados, tiene preocupación por ellos, por lo que pide a sus discípulos con esa excusa, una colaboración concreta en el plano humano, pero también en el plano divino.

Podríamos pensar que ese problema lo tenemos resuelto, ya que, aunque sea poco, tenemos algo con qué alimentarnos. Más sin embargo confío en que esa enseñanza va más allá, es un poco más profunda y específica, ya que a todos a aquellos los que nos decimos consagrados e inclusive a todo fiel cristiano, nos invita comparativamente a alimentarnos del pan que Él nos dará, es decir la eucaristía, pero sobre todo ayudarlo a darlo a los demás una vez que nosotros estemos fortalecidos.

Si nuestras buenas intenciones intentan ayudar a alguien, débiles y dañados por el mal y la propia experiencia de vida, estaremos discapacitados para ello, ya que nuestro apoyo irá impregnado de nuestros propios desmayos y debilidades, los empaparemos de nuestra propia situación, más si por el contrario estamos fortalecidos y con la suficiente paz en nuestros corazones, entonces sabremos manejar lo nuestro sin interferir en lo de los demás.

Somos más vulnerables de lo que pensamos y aunque estemos sanos y fuertes, sufrimos constantes desmayos en el camino por nuestra pobre fe y espiritualidad que no ejercitamos, sobre todo en los vicios de pecado ya rutinarios en tu vida, fortalécete, que el que gana eres tu.

“Ten compasión…”

Lucas: 17, 11-19

En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!”
Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.
Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?” Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.

_____________________________________

Varias son las culturas y los tiempos en que la concepción que se tenía de Dios difería de la realidad, ya que la toma de conciencia primeramente de sí mismos ha tardado en demasía, con la novedad de que aún no hemos terminado de definirnos ni de afirmar quien somos porque cada vez cambiamos los propios conceptos. En esa misma escala se encuentra nuestra comprensión de quién es Dios, cómo actúa, y a veces definiéndolo como muy radicalista.

Es un hecho que la misma teología hoy en día, aunque apoyada por el método científico en cuando a la Biblia se refiere, serán interpretaciones de punta, pero dista mucho de ser de avanzada, podríamos afirmar sin dudar que todo el progreso teológico sigue en pañales, y no por arcaico, sino porque nuestra idiosincracia no da para más.

Va evolucionando y eso ya es una ventaja, pero los términos de amor, caridad, compasión, siguen rallando en lo visceral, en lo sentimental, más no en el sentido y la acción profunda que cada uno de ellos desarrolla en su ejecución, porque olvidamos que no terminan en el aquí y el ahora, sino que se proyectan en una trascendencia que deja huella en los nuestros y que llega hasta Dios en la eternidad.

Por ello cuando a Jesús le piden que tenga compasión de ellos, es decir de esos leprosos, habría que ver hasta dónde iba a llegar su obra, el resultado es muy claro, de los diez que recibieron el milagro, nueve no tenían la capacidad de mirar más allá en la obra que Jesús había realizado, para ellos fue tan sólo un curandero, pero no transformó sus vidas, mientras que tan sólo uno, fue capaz para empezar, de regresar a dar tan siquiera las gracias, que es un atisbo dónde inicia la trascendencia y la transformación en la persona de la obra de Dios.

Ese tener compasión, no es para Dios, es para nosotros mismos que debemos de tener dedicación hacia nuestra propia alma y permitirnos aceptar aquella gracias que vienen de Dios, donde el signo primero es la salud física, pero que depende de nosotros hacerlo llegar más allá, trascender y permitirnos en su totalidad ser sanos, ser salvos.

“El deber no basta, hay que hacer más”

“El deber no basta, hay que hacer más”

Mateo: 19, 16-22

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un joven y le preguntó: “Maestro, ¿qué cosas buenas tengo que hacer para conseguir la vida eterna?” Le respondió Jesús: “¿Por qué me preguntas a mí acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno: Dios. Pero, si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos”. Él replicó: “¿Cuáles?” Jesús le dijo: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Le dijo entonces el joven: “Todo eso lo he cumplido desde mi niñez, ¿qué más me falta?” Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes, dales el dinero a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme”. Al oír estas palabras, el joven se fue entristecido, porque era muy rico.

____________________

No es raro que las personas sientan que en el plano de la salvación, sientan que con cumplir los preceptos básicos, baste para sentirse buenos y ya salvados, como el resto no hace ni lo mínimo, se ve que hace bastante el que de vez en cuando hace una oración y de ahí para adelante.

No hay que olvidar que el deber es lo mínimo que tenemos que hacer, pero entra en el ámbito de los quehaceres ordinarios y hacer lo que debemos no tiene mérito, el mérito inicia cuando damos un poco más, cuando además de las obligaciones ordinarias nos damos el tiempo y nuestro ser para servir en algo mayor.

Como el Joven rico, que como cumple lo que debe se siente ya listo para la salvación y hasta pudiera llegar a exigirla sin hacer nada más.

Jesús no pide cosas que no podamos hacer, justamente solicita que demos algo de lo que Dios mismo nos ha regalado, y es que Jesús invita a que demostremos el interés de recibir la vida eterna y su gracia, que no quedemos conformes con la propia vida física y sus beneficios sino que pidamos y demos aún más, aquello que acrecienta el alma y la lleva a la gloria.

Si nos cuesta hacer lo ordinario, desanimados por los que no hacen los deberes mínimos, afectando a los suyos y la comunidad, resulta en rareza que cumplamos lo normal, y en locura cuando demostramos amar a Dios. Así está el mundo, pero que alegría saber que al dar más, recibimos mucho más.

“Una ley de caridad y justicia”

“Una ley de caridad y justicia”

Mateo: 5, 43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.

____________________

Cuando desmembramos a la ley de todas sus bases y fundamentos, dando una interpretación totalmente independiente y fría, suele tornarse en dictadura, donde se extrema la aplicación de la misma de manera tajante que pierde en realidad el sentido de propuesta y ayuda al evitar cuanto nos daña, remarcando tan sólo el aspecto negativo y punzante.

Si ese fuera el espíritu con el que Dios nos hace participe de su mandato, a su vez fuera muy estricto con los que transgreden la ley, y no permitiría que fueran beneficiarios de su gracia y beneficios.

Pero la realidad habla de que aunque no la cumplan, no deja de otorgarnos sus bienes, pero sí sepan que  se hacen acreedores de las consecuencias de sus propias malas decisiones.

Por ello deja libremente a cada quien decidir, peo quien opta por cumplir sus preceptos, los llena de gracias y bendiciones, donde denota que es una ley llena de caridad y a su vez acreedora de la justicia, porque no deja de exigir el bien que debemos hacer.

“Un mandato sencillo”

“Un mandato sencillo”

Juan: 15, 12-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”.

_______________________

Cuando se nos habla de mandatos, como que consideramos la acción más bien como una imposición, cuando es todo lo contrario. en realidad Jesús está pidiendo realizar actitudes y actividades que van dentro de los mismos dones y capacidades que ya nos ha regalado, de tal manera que no está pidiendo nada ajeno que no se pueda realizar.

La situación se complica cuando dicha capacidad la hemos opacado porque se le ha dado  mayor importancia al odio, al resentimiento, ese que se sigue alimentando constantemente y que crece conforme lo hacemos presente porque estamos ya impuestos a esas actitudes como ordinarias y normales.

Ahí sí se dificulta el mandato del amor, no porque no se pueda, sino porque dominan mociones negativas, llenas de resentimientos de antaño que actualizamos día a día y que las hemos hecho nuestras y hasta las justificamos sin hacer el intento de sanarlas.

Quien permite que Dios permanezca en su corazón, le auxilia para poder descartar aquello que nos quita la paz y no permitir que nos robe la felicidad. Es por ello que un mandato sencillo lo es en base a su identidad simple, pero que de igual manera, nosotros que hemos recibido el don de poder amar, lo ejerzamos sin la necesidad de que sea suplantado por el dolor que aparenta llegar para quedarse, porque no es bienvenido.

Sacerdocio, Eucaristía, Mandato del Amor.

“Jueves Santo”

Sacerdocio, Eucaristía, Mandato del Amor.

Juan: 13,1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: ‘No todos están limpios’.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

___________________________

La liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar concretamente en el misterio de la Pasión de Cristo, ya que quien desee seguirle tiene que sentarse a su mesa y, con máximo recogimiento, ser espectador de todo lo que aconteció ‘en la noche en que iban a entregarlo’. Y por otro lado, el mismo Señor Jesús nos da un testimonio idóneo de la vocación al servicio del mundo y de la Iglesia que tenemos todos los fieles cuando decide lavarle los pies a sus discípulos.

En este sentido, el Evangelio de San Juan presenta a Jesús ‘sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía’ pero que, ante cada hombre, siente tal amor que, igual que hizo con sus discípulos, se arrodilla y le lava los pies, como gesto inquietante de una acogida incansable.

San Pablo completa el retablo recordando a todas las comunidades cristianas lo que él mismo recibió: que aquella memorable noche la entrega de Cristo llegó a hacerse sacramento permanente en un pan y en un vino que convierten en alimento su Cuerpo y Sangre para todos los que quieran recordarle y esperar su venida al final de los tiempos, quedando instituida la Eucaristía.

La Santa Misa es entonces la celebración de la Cena del Señor en la cuál Jesús, un día como hoy, la víspera de su pasión, “mientras cenaba con sus discípulos tomó pan…” (Mt 28, 26).

Él quiso que, como en su última Cena, sus discípulos nos reuniéramos y nos acordáramos de Él bendiciendo el pan y el vino: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19).

Antes de ser entregado, Cristo se entrega como alimento. Sin embargo, en esa Cena, el Señor Jesús celebra su muerte: lo que hizo, lo hizo como anuncio profético y ofrecimiento anticipado y real de su muerte antes de su Pasión. Por eso “cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Cor 11, 26).

De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial no tanto de la Ultima Cena, sino de la Muerte de Cristo que es Señor, y “Señor de la Muerte”, es decir, el Resucitado cuyo regreso esperamos según lo prometió Él mismo en su despedida: ” un poco y ya no me veréis y otro poco y me volveréis a ver” (Jn 16,16).

Como dice el prefacio de este día: “Cristo verdadero y único sacerdote, se ofreció como víctima de salvación y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya”. Pero esta Eucaristía debe celebrarse con características propias: como Misa “en la Cena del Señor”.

En esta Misa, de manera distinta a todas las demás Eucaristías, no celebramos “directamente” ni la muerte ni la Resurrección de Cristo. No nos adelantamos al Viernes Santo ni a la Noche de Pascua.

Hoy celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y para qué: fue una “entrega”, un “darse”, fue “por algo” o, mejor dicho, “por alguien” y nada menos que por “nosotros y por nuestra salvación” (Credo). “Nadie me quita la vida, había dicho Jesús, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla.” (Jn 10,16), y hoy nos dice que fue para “remisión de los pecados” (Mt 26,28).

Por eso esta Eucaristía debe celebrarse lo más solemnemente posible, pero, en los cantos, en el mensaje, en los signos, no debe ser ni tan festiva ni tan jubilosamente explosiva como la Noche de Pascua, noche en que celebramos el desenlace glorioso de esta entrega, sin el cual hubiera sido inútil; hubiera sido la entrega de uno más que muere por los pobre y no los libera. Pero tampoco esta Misa está llena de la solemne y contrita tristeza del Viernes Santo, porque lo que nos interesa “subrayar”; en este momento, es que “el Padre nos entregó a su Hijo para que tengamos vida eterna” (Jn 3, 16) y que el Hijo se entregó voluntariamente a nosotros independientemente de que se haya tenido que ser o no, muriendo en una cruz ignominiosa.

Hoy hay alegría y la iglesia rompe la austeridad cuaresmal cantando él “gloria”: es la alegría del que se sabe amado por Dios, pero al mismo tiempo es sobria y dolorida, porque conocemos el precio que le costamos a Cristo.

Podríamos decir que la alegría es por nosotros y el dolor por Él. Sin embargo predomina el gozo porque en el amor nunca podemos hablar estrictamente de tristeza, porque el que da y se da con amor y por amor lo hace con alegría y para dar alegría.

Podemos decir que hoy celebramos con la liturgia (1a Lectura). La Pascua, pero la de la Noche del Éxodo (Ex 12) y no la de la llegada a la Tierra Prometida (Jos. 5, 10-ss).

Hoy inicia la fiesta de la “crisis pascual”, es decir de la lucha entre la muerte y la vida, ya que la vida nunca fue absorbida por la muerte pero si combatida por ella. La noche del sábado de Gloria es el canto a la victoria pero teñida de sangre y hoy es el himno a la lucha pero de quien lleva la victoria porque su arma es el amor.

Fuente: Aciprensa.com

“Presentar al Mesías”

Lunes Santo

“Presentar al Mesías”

Juan: 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Martha servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.


Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.


Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.
Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús. sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús.

___________________________

No bastaron todos los excelentes milagros que Jesús realizó en toda su vida pública, ni los testimonios de tantos testigos aún cuando los dirigentes religioso-políticos fueron presencialmente acreedores de tales proezas para reconocer quién era Jesús.

La necedad, el miedo, la incertidumbre, el orgullo, perfectamente mezclados en sus personas dieron la forma perfecta para rechazarlo.

Más sin embargo, una mujer, María la hermana de Lázaro, es quien de la manera más sencilla y evidente reconoce al Mesías, al Ungido del Señor, cuando le unge la libra de perfume entera, de nardo auténtico, dando con un valioso elemento, el reconocimiento a una valiosa persona.

Es evidente que cada cual estaba en sus propios intereses y elucubraciones personales, dando opinión de su propia y limitada razón, sin apreciar el objetivo: Presentar al Mesías y reconocerlo como tal.

Presentar a aquel que hará posible la misión encomendada y profetizada por Isaías del siervo sufriente, aquel que liquidará el pago total de la muerte y el pecado. Es por ello que la mejor intención en este evangelio no es otra sino la de presentar al Mesías, pero quien esta distraído y embolado con sus propios rollos, nunca lo verá aun teniéndolo al frente.

“Ten compasión de mi…”

“Ten compasión de mi…”

Lucas 18, 35-43 

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: Pasa Jesús Nazareno. Entonces gritó: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? El dijo: Señor, que vea otra vez. Jesús le contestó: Recobra la vista, tu fe te ha curado. Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios. 

_______________________

Pareciese que tan sólo la compasión se solicita en los momentos de crisis cuando es evidente que se necesita, y aún más cuando el dolor define nuestro día a día. Mas cabe recalcar, que la compasión se puede solicitar en la total plenitud de la vida y las facultades, porque ésta no se refiere tan sólo al dolor físico.

Existen situaciones en las que nuestra persona suele cansarse, que van desde el ámbito personal, familiar o comunitario y laboral, hasta la rutina mental, donde no dejamos de cíclicamente dar una y otra vez vueltas a ideas fijas que deterioran nuestra salud mental.

Ahí también hay que pedir compasión, porque solos es un hecho que no hemos podido salir de esa moción, y la muestra es que solemos repetir las mismas faltas, con la tendencia a acrecentarlas de poco en poco. 

La compasión nos ubica en nuestro propio ser, como un descanso del alma que se apoya en aquél que lo puede todo, y que nos da la luz para salir y seguir adelante de una manera más optima en nuestra vida.

Por ello, es muy recomendable pedir compasión en nuestra supuesta salud, para que sane aquello que nos es velado a nuestra propia conciencia y razón. 

“Justicia sobre misericordia”

“Justicia sobre misericordia”

Lucas: 18, 1-8

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:

“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’.

Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’ “.

Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen ustedes acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?”-

_____________________________

Se dice que la justicia es imparcial, que es ciega, que no inclina la balanza con favoritismos, que se aplica de igual manera a todos los seres humanos. Eso como principio está muy bien postulado, sin embargo la realidad dice en la práctica que no es así.

La problemática radica no en los fundamentos, sino en la ejecución, ya que los nuevos sistemas jurídicos en medio de una cultura que cada vez pierde los valores que trae consigo la fe, resulta en un esquema que no fija su mirada en las circunstancias para ayudar a quienes la solicitan, sino en la manipulación de la misma para el propio beneficio y no el de la persona, aplicando inmoralmente la sentencia “ganar, ganar” gana el cliente, pero también gana quien aboga, a pesar de las circunstancias y de la verdad que no importa verse atropellada.

Olvidamos que la justicia tiene una base y esa es la misericordia, no se pretende suplir la una con la otra, ni condonar las malas acciones por puro amor, sino que ambas se complementan para sacar el mejor bien posible de cualquier situación.

Pero sin fe, no hay misericordia, hay intereses personales, y aunque se obre por presión, se puede bajo un esquema injusto hacer el bien. Por el contrario se nos remarca cuánto mayor beneficio se puede sacar si la justicia está sobre la base de la misericordia, que suaviza, ejerce y esclarece justamente toda situación, ya sea en materia de culpabilidad para corregir y crecer, o de veracidad y común acuerdo.