“Furiosos contra el Bien”

“Furiosos contra el Bien”

Lucas 6, 6-11

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: —Levántate y ponte ahí en medio.

El se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: —Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?

Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: —Extiende el brazo.

El lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

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Es un deseo permanente que en la vida nos vaya bien a nosotros y a los demás, para instaurar un orden común com miras al crecimiento, tanto personal como colectivo porque todos salimos ganando.

Sin embargo a pesar del ideal, encontramos la cruda realidad en la que vemos que el sufrimiento y el dolor se hacen presentes por doquier en todas la etapas de la vida. Ciertamente el plan de Dios es hacernos felices ya desde ésta vida, pero nuestra humana debilidad fracturada por las insidias del maligno hacen mella si no es en un lado, lo es en el otro, el hecho es que nadie se escapa.

Desgraciadamente aún las personas mejor posicionadas y no se diga las que viven en la miseria, suelen reaccionar idénticamente con una inconformidad ante todo que ralla en un divorcio con la propia vida, tienen un odio nativo engendrado y alimentado desde el interior que suele salir a relucirse en todas las oportunidades que sean posibles durante el día. 

Todo aquel que no tiene paz, que no sabe perdonar, que no está reconciliado consigo mismo y con el mundo, será incapaz de dar una muy buena opinión de la belleza que se le presente al frente. Les duele todo y claro, con el orgullo a todo lo que da, a eso aunada la envidia, forman el complemento perfecto para la infelicidad, tanto personal como con los que se le crucen en el camino. 

Es por ello que se ponen furiosos contra el bien, no lo toleran, su inestabilidad emocional dañada por el dolor, les impide tener una opinión distinta a la vivida en su momento, ya que como así lo sienten, piensan que es real. 

Mientras más grande sea el bien, mayor reacción negativa tendrán aquellos que no quieren salir de este estado de trance, inducido por el maligno y adoptado por nosotros. Es una lucha constante, pero siempre victoriosa si permites entrar al Señor en tu vida y dejarlo obrar para que sane eso que no podemos perdonar y perdonarnos. Entonces invertirás la furia, porque ahora será una furia contra el mal, pero controlada por la caridad.

“El mal tiene un origen sencillo en nosotros”

“El mal tiene un origen sencillo en nosotros”

Mateo: 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio. Pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio”.

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Pareciese un radicalismo exagerado en materia moral, el hecho de que se nos diga que con tan sólo una mala intención mental sobre alguna persona o algún bien material, ya pecamos como si se hubiera consumado el acto, y aún más cuando éste corresponde  en en la temática sexual.

No se trata de un puritanismo oficial, ya que de igual manera puede rayar en lo insano cuando se obsesiona la persona en una negación de todo lo que implique la genitalidad, pero en realidad afirmado una sexualidad permanentemente aún en abstinencia, pero mentalmente adictiva, lo que viene a ser una anorexia sexual, sin actos, pero con la mente saturada negativamente de sexo.

Por algo se remarca que ni las malas intenciones se queden en nuestra mente y corazón, porque resultan en la fijación mental que poco a poco se va desarrollando, en cambio cuando se rechaza, se procura una salud mental y por ende en la física. 

El mal nunca llega de repente, al igual que la enfermedad, tiene un proceso de descuido hasta que evoluciona dominando nuestro ser, tanto corporal como mental. Es por ello que el mal de igual manera tiene un origen sencillo en nosotros, lo malo es cuando pensamos que es inocente y de manera piadosa, pero por ahí comienza, y empeora sin percibirlo cuando lo alimentamos ya de manera natural.

Jesús pretende una salud total preventiva, por ello recomienda no aceptar ni tan sólo las malas intenciones, porque dejan secuela. Ya de nosotros depende el cuidarnos o el contraer la enfermedad de la permisividad, que al final llega a ser crónica, degenerativa y mortal.

“¿Qué puedes comprar con dinero?”

“¿Qué puedes comprar con dinero?”

Lucas: 16, 9-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero”.
Al oír todas estas cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se burlaban de Jesús. Pero Él les dijo: “Ustedes pretenden pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce sus corazones, y lo que es muy estimable para los hombres es detestable para Dios”.

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Hoy en nuestros días todo se mide en bienes monetarios, cualquier desastre, trabajo, hasta la salud se mide en billetes; se hace trabajar arduamente para recabar cifras astronómicas que si las contáramos de una en una, una vida no alcanzaría, se ha convertido en irreal e inadministrable tanto dinero, aunque ciertamente desgasten su vida para ello.

Parece que todo tiene un precio, sin embargo existen realidades y cosas que ni teniendo todo el dinero del mundo se pueden comprar. A lo mejor se pueden tener personas y valores espirituales, pero comprarlos a necesidad y discreción resulta en un farsa.

¿Quién no desea tener una millonada bajo el colchón o invertido en múltiples bienes?, claro que eso solucionaría un sin fin de situaciones que en este mundo se manejan como ya lo había mencionado, en cifras y estadísticas.

Sin embargo nadie puede comprar lo más valioso que poseemos: la propia vida, se pueden hacer los intentos de conservarla en los mejores hospitales del mundo, sin embargo esa es un don que no se puede calcular en números, ni conservar al propio gusto y tiempo, y junto con ella todos los dones que la adornan, no entran en el esquema de valores monetarios con precios concretos, sino en el de los valores espirituales donde la medida la tiene sólo Dios.

Por ello no te afanes en solamente adquirir lo que puedes adquirir con dinero, anímate a adquirir lo gratuito y que más vale, la gracia de Dios con todas las vertientes en los dones derramados por su Santo Espíritu, porque tendremos todo, pero sin Dios al final no tenemos nada.

“Les será quitado…”

“Les será quitado…”

Mateo 21, 33-43.45-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo».

Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia».

Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.

Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron: –«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos».

Y Jesús les dice: –«¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?»

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.

Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

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Las promesas de Dios siempre llegan a buen fin, y las que parecieran juicios temerarios sobre ciertas circunstancias de vida  no aptas para el discernimiento y desarrollo espiritual no son amenazas, ya que encontramos muchas afirmaciones que remarcan la negativa de perder la gracia de Dios.

La cuestión radica no en que Dios mismo sea malo y castigador, eso ni en lo más mínimo se puede concebir, sino que por el contrario, cuando no conocemos, ni nos acercamos a Dios, tenemos una conciencia errónea sobre su ser y sobre sus designios, porque creemos que Dios es muy pero muy bueno, y lo es, pero nos atenemos creyendo que al ser nosotros el principal objeto de su amor, en automático y por su infinita bondad nos salvará indudablemente pasando por alto su justicia.

Eso en ese esquema no es posible, ya que nos pide un mínimo como corresponsables de la misma creación y de nuestras propias vidas y, ahí no depende de la bondad de Dios, sino de la nuestra para con nosotros mismos, si es que deseamos y queremos ser salvos.

Por ello no nos asuste el hecho de que si desatendemos nuestra propia vida íntegramente, es decir, sin hacer a un lado el aspecto espiritual, será un hecho que daremos por perdido eso que nunca en realidad deseamos, por lo que sin lugar a dudas nos será quitado, pero si por el contrario lo cuidas y cultivas constantemente se te dará aún más con creces.