“Den a Dios, lo que es de Dios”

“Den a Dios, lo que es de Dios”


Mateo 22, 15-21


En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: —Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: —Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. Le presentaron un denario. Él les preguntó: —¿De quién son esta cara y esta inscripción?Le respondieron: —Del César.Entonces les replicó: —Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
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Ciertamente ¿a Dios qué le podríamos ofrecer?, si todo le pertenece, es el mismo autor y creador de todo, y como que no resulta muy lógico que Dios nos de lo mismo que le vamos a regalar, como que estamos impuestos a la novedad y a la sorpresa.
Nosotros estamos muy impuestos a regalar algo que agrade o sea útil a la persona receptora, pero a Dios se le puede regalar algo un poco más elaborado, con una intención muy bien definida, basta con devolver agradecidamente sus propios bienes, pero impregnados con la reciprocidad del amor.
Es como un padre de familia, que se sabe el proveedor único de los ingresos del hogar, más sin embargo, en algún aniversario, la familia le brinda un regalo, obtenido con mucho sacrificio, pero lleno de afecto y agradecimiento. Sería injusto si reclama que él mismo se dio al final de cuentas su propio regalo, por manos de los suyos, pero no, el regalo es auténtico porque devuelve con creces aquello que generosa y desinteresadamente da, aumentado con el detalle del amor y la dedicación especial que es lo que realmente vale la pena.
Dios en el mismo esquema, agradece que complementemos su creación y le devolvamos aquello mismo que Él nos ofrece pero con una acción que lo plenifica y lo hace especial porque ahora implica la respuesta bien intencionada del ser humano quien lo selecciona y lo dedica a Dios mismo.
Es por ello que, no importa dar a Dios lo que es de Dios, porque ahora es fruto en colaboración con el trabajo humano, así mismo es importante tomarle en cuenta en todas nuestras labores y pagas, porque no todo debe ser egoístamente para nosotros, de esa actitud nace el diezmo y las primicias, que aunque son suyas, dedicarlas a Él, demuestran nuestro total y concreto agradecimiento, muy bien aceptado y visto por Dios.

Estamos impuestos hasta obligadamente a pagar al César lo que le corresponde civilmente hablando, pero naturalmente deberíamos de pagar a Dios lo que generosamente nos da con sus propios bienes, como lo afirmamos en la eucaristía del día a día durante el ofertorio: “Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos…”, es muy bueno dar a Dios lo que es de Dios, porque ahora no habla de Dios, habla de ti.

“Insistencia”

Lucas 11, 5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”. Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos”. Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama, se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?.

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Es un común conocimiento el que Dios siempre está al pendiente de nosotros en todos los aspectos de la vida, así mismo atiende todas las necesidades de los que nos llamamos sus hijos y, aunque no está específicamente para ello, sin embargo las atiende.

Y es que Dios tiene tan grandes proyectos y expectativas sobre cada uno de nosotros, que procura insistentemente el momento en que nosotros deseemos desarrollarlas a su lado, pero a veces, a lo más que llegamos es a pedirle corrija situaciones cuando éstas nos golpean. 

Sin embargo Dios está para apoyarte en todo, ya sabemos que te sientes independiente y autónomo, y a lo mejor al momento crees poderlo todo de manera personal, pero inclusive en la abundancia y estabilidad de vida, Dios también está para con la mayor sabiduría e inteligencia apoyarte desde lo más mínimo hasta la mayor proyección de tus planes laborales y personales.

Por ello se nos recuerda, que en todo momento no hay que dejar de orar, no hay que dejar de pedir, no dejar de dar gracias, no dejar a Dios de lado, porque cuando lo alejamos de nuestras vidas, alguien más ocupará su lugar y ese alguien lo busca desesperadamente para poseerte a ti y tus bienes, no físicamente, pero si en tu pensar actuar y en el trato con los tuyos.

Sí, parece no ser escuchados, pero insistir, una y otra vez, porque la insistencia remarca el trato cercano con Dios, la purificación y la paciencia. Todo llega a su tiempo, no cuando quieres, sino cuando en realidad lo necesitas. Pero no dejes de insistir, así sea en el peor dolor sin ánimos para hacerlo, porque todo es escuchado, pero a su vez, a veces el Señor lo que espera es que te dispongas Tú a escuchar. Insistencia de parte nuestra y a su vez reconoce la insistencia de Dios que quiere hablarte, escúchalo.

“Enviados con una finalidad”

Lucas: 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”. Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

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El llamado, preparación, testimonio y seguimiento de Jesús, no son para ver si algo tomamos como una opción, porque no lo es. A todos aquellos que invitó a estar cerca de Él, precisamente los prepara para hacer extensiva su misión de preparar a toda la humanidad para implementar el Reino de Dios sobre nuestras vidas, no importa la circunstancia que vivamos.

No los envía para ver que hacen, que encuentran, que pueden aprender, o a que decidan por su propia voluntad para dar solución a problemas de los que pudiesen enterarse de ellos, porque de otra manera empaparán la solución con sus propias limitaciones, sino que van con la finalidad de llevar el anuncio de la Buena Nueva y a Jesús mismo.

Situación que hasta el momento no ha cambiado, por lo que a su vez nos invita a no perder el rumbo, porque el mensaje es claro: la gracia está por ser restaurada y la muerte pierde fuerza, el mal está condenado y el Espíritu Santo nos llenará de sus dones a quienes deseen recibirlo. 

Es por ello que cuando en el camino nos encontramos con ambientes que nos distraen o invitan incluso a claudicar, por muy agradable que sea lo que nos ofrecen, el mismo Jesús nos invita a rechazarlo, no a las personas, sí al mal y al pecado, de tal manera que ni el polvo se nos pegue a los pies, para no llevarnos fragmentos que remarquen estar sucios y nos quiten la paz.

El resultado es tal que hasta se alegran de que los mismos demonios se les sometan en el nombre de Jesús, pero si somos nosotros los que nos predicamos, entonces el mismo demonio utilizará tu debilidad y carencias para que el mal siga y no sea extirpado. La finalidad es clara, y cuando ésta no se cumple, el envío fracasa y Jesús, su salvación y gracia no llega a los demás.

“Los misterios de Dios”

“Los misterios de Dios”

Marcos: 12, 35-37

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mí derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?” La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

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Aunque Dios es totalmente evidente ya abierto a nuestro conocimiento, es un hecho que nuestra capacidad, que no deja de ser admirable, tiene un límite, y aunque aún no sabemos cual es su tope, resulta que ante la grandeza y total sabiduría de Dios, semejante a la nuestra porque nos fue participada, estas es tan sólo un atisbo de su magnificencia.

De alguna manera se adapta a nuestra lógica y trata de darnos a conocer aquellas verdades que podemos asimilar, sin entrar en conflicto con ellas por el hecho de que no las alcanzamos a comprender, de tal manera que nos hace partícipes de algo de su grandeza y misterios, no por ser ocultos, sino por insondables.

Es por ello que muchos misterios a veces los percibimos hasta un tanto ilógicos o contradictorios, cuando en realidad no lo son, y es que en la medida que nos vayamos conformando con Él, empezaremos a comprender con su propia sabiduría su obra y sus planes, gracias a que nos los participa en confianza, amistad y amor, a lo cual debemos responder con la misma actitud.

Los misterios de Dios, se vuelven claros y transparentes en la medida que retiremos nuestro ego y fijaciones mentales, estructuradas con un sistema educacional científico positivista, que no ve más allá de lo material. Sino que el mismo espíritu Santo nos lo irá revelando, pero necesita ver que deseamos recibir ese don, para entender los mismos misterios de Dios. 

“Estar orgullosos”

“Estar orgullosos”

Juan 3,1-8


Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer las señales milagrosas que Tú haces, si Dios no está con él”.Jesús le contestó: “Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios”. 

Nicodemo le preguntó: “¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?”. Le respondió Jesús: “Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu”. 

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Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.
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Existen situaciones en las que nos desarrollamos junto con personas, con lugares, con cosas que por su cercanía y presencia constante los percibimos como ordinarios en nuestra vida, somos los últimos en reconocer su importancia o su grandeza, todo por el hecho de no tener la ocasión de autoevaluarnos constantemente a manera de examen de conciencia para reconocer lo que tenemos, lo que somos, lo que hacemos tanto bueno como malo.

Perdemos la capacidad de maravillarnos, de tal manera que por buena que sea una cosa aburre, cayendo en el tedio día a día y por ende mirar nuestra vida y la de los demás como una proyección y, sin ser conscientes permanecer muy vacíos.

Es por ello muy importante volver a mirar y redescubrir el valor de todo cuanto nos circunda, la vida, el aire, las flores, la familia, los amigos, los bienes que poseemos de tal manera que nuevamente, no dejemos de dar las gracias por todo ello. 

Jesús solicita nuestra atención para redescubrir la gracia, esa que gracias al pecado hemos perdido, pero que puede totalmente ser restaurada, ya que en Jesús mismo encontramos el camino de recuperación.

De tal manera que, hay que estar orgullosos de tener la oportunidad y capacidad de ver, escuchar, tratar y estar con Jesús diariamente, y por ello dichosos, la salud está a la mano, Jesús está a nuestro lado, de manera mejor no podemos aprovechar la situación, pero qué pena si no lo aprovechas, porque si no te alimentas teniendo el banquete a la mano, qué será cuando éste sea retirado, hasta las migajas desearemos encontrar confundidos y en necesidad espiritual, así cualquier falso Mesías nos podrá embaucar.

Aliméntate del Pan de Vida, de Jesús, prepararte para celebrar su nacimiento, para que te dispongas plenamente a recibir sus dones esta navidad, porque las migajas que otros te dan, inclusive con esos famosos regalos tan ansiados, nunca te llenarán.

“La importancia de las obras hoy”

“La importancia de las obras hoy”

Mateo: 25, 31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante Él todas las naciones, y Él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’. Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.

Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.

Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’ Y Él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

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Ante un mundo donde todo es apariencia y buenas voluntades virtuales, es necesario recordar la importancia de hacer una acción concreta, donde nuestra alma se vea saciada de hacer un bien real.

Tiempo de cuaresma es tiempo de caridad, no de buenas intenciones, sino de hechos reales que hagan crecer nuestro espíritu y el de nuestros hermanos necesitados.

Por ello se nos proponen los mismos hechos que el evangelio remarca como valiosos a los ojos de Dios, aquello que transforma nuestra alma y la hace fortalecerse para enfrentar cualquier adversidad, porque el mismo Dios nos afirma en su gracia y la ensancha para abarcar a todos aquellos que coincidan en el camino de nuestra vida.

Nada más valioso que las obras hechas en el hoy, con las oportunidades que Dios nos pone en el día a día, las que debemos de no evadir ya que son puestas para ti y tu gracia.

¿Todavía no entienden ni acaban de comprender?

¿Todavía no entienden ni acaban de comprender?

Marcos: 8, 14-21

En aquel tiempo, cuando los discípulos iban con Jesús en la barca, se dieron cuenta de que se les había olvidado llevar pan; sólo tenían uno. Jesús les hizo esta advertencia: “Fíjense bien y cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes”.

Entonces ellos comentaban entre sí: “Es que no tenemos panes”. Dándose cuenta de ello, Jesús les dijo: “¿Por qué están comentando que no trajeron panes? ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? ¿Tan embotada está su mente? ¿Para qué tienen ustedes ojos, si no ven, y oídos, si no oyen? ¿No recuerdan cuántos canastos de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil hombres?”.

Ellos le contestaron: “Doce”. Y añadió: “¿Y cuántos canastos de sobras recogieron cuando repartí siete panes entre cuatro mil?”. Le respondieron: “Siete”. Entonces Él dijo: “¿Y todavía no acaban de comprender?”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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La distracción puede ser un síntoma fijo en nuestra personalidad o puede ser pasajero por el cansancio u otros factores, pero es importante que lo ubiquemos porque de ello depende la comprensión de la realidad así como de la verdad plena. Otras veces la misma necesidad hace fijar nuestra mente en lo que necesitamos como una obsesión que gana toda atención.

Situación que ante las enseñanzas, los mensajes, inclusive el mismo testimonio vivencial, pudiera desdecirnos del amor y seguimiento del Señor, saldrían en esos momentos las verdaderas intenciones o la falta de entendimiento ante toda la dedicación para asimilar el mensaje infructuosamente.

Jesús al estar hablando de un tema importante, se lo cambian espontáneamente, sin ninguna relación con el mismo muy de repente sus discípulos, sale a relucir lo que a ellos les preocupaba: “Es que no tenemos panes”.

Eso suele pasar cuando no tenemos un orden de prioridades en la vida, porque pareciese que tan sólo tienen importancia las circunstancias que en el momento se presentan instintivamente, como lo son las necesidades fisiológicas.

Por eso el Señor exige ordenar y saber sacrificar los instintos, no para mortificarlos, sino para fomentar aquellos dones más excelentes como es la inteligencia, la caridad, la paz, el dominio de sí mismo, entre otros.

Cuando navegamos entre nuestros instintos no usamos mucho la cabeza, y con justa razón el Señor después de manifestar todas sus gracias y capacidades tiene el derecho de decirnos: ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? Por ello trata de ordenar tu vida inteligentemente, ponte metas, así la tomaras de las riendas, pero si te dominan los instintos, entonces no eres dueño de tu propia vida.

“Santidad por práctica”

“Santidad por práctica”

Mateo 7, 21. 24-27 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

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 Por lo general existe una noción de la santidad como algo que se pide a Dios y lo otorga a algunos cuantos de manera selectiva, con algo mágico, inexplicable y místico, lo cual es totalmente falso, la santidad precisamente entra como parte de nuestro curriculum, al igual que a un piloto aviador le cuentan como pericia la horas de vuelo, la santidad será medida por el ejercicio ordinario de la misma.

Es por ello que en este tiempo de gracia del Adviento, se nos invita a retomar el rumbo y a ejercitar la gracia para fortalecer esa alma que suele ser debilitada por el pecado, quedando vulnerable a todo cuanto se le presente de manera negativa.

Pero no tan sólo este tiempo de preparación debemos de retomar las prácticas sagradas, sino que iniciando con un arranque propio como lo es el adviento, continuemos practicando de manera regular y asidua, todas lo que nos haga crecer de manera sustentable la santidad, como una casa bien cimentada sobre roca firme.

Hay que practicar, no hay de otra, porque pedirla, tener fe y no hacer nada, no ayuda mucho, lo mejor es el cúmulo de horas trabajadas en la ordinariedad de nuestra vida, haciendo bien lo que debemos, como Dios manda, que no pasa de una exigencia natural dentro de nuestra vida, pero a conciencia.

“El Bien forzado, se aprovecha”

“El Bien forzado, se aprovecha”

Lucas 18, 1-8 

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara». Y el Señor añadió: Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche ? ¿o les dará largas ? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? 

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Hay ciertas ocasiones en que incomodos por situaciones negativas con los demás, solemos catalogar a todos como malvados, y lo convertimos en una tabla genérica donde toda persona que cumpla cierto perfil se le imprima la etiqueta aunque no la merezca.

Pero las personas que aún así cometen actos deplorables, sería un error afirmar que son malas, porque no lo son, que tengan momentos y actos no tan buenos, no significa que esas persona sea totalmente depravadas.

Si toda persona que ha cometido errores fuera intrínsecamente mala, la salvación sería un mito, no tendría caso ni buscarlas, ni insistirles, Pero si Jesús mismo se acerca a los más alejados, es por que sabe que esos corazones son recuperables.

De hecho los así llamados malos, a los suyos, incluso a ellos mismos se procuran bienes y lo hacen muy bien; aunque el bien sea forzado no deja de ser un bien, aunque sea obligado, no deja de ser un bien, aunque sea por compromiso aún llenos de odio, el bien se aprovecha, ya que Dios se manifiesta donde menos lo esperamos.

Por ello todo bien, venga de quien venga, procede de ese corazón que aunque dañado, sabe dar incluso lo mejor que posee, y eso es una gracia de Dios.

“Sin salirnos del mundo”

“Sin salirnos del mundo”

Juan: 17, 11-19

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura.

Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad”. 

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El mismo evangelio de San Juan nos habla del mundo, identificándolo como todo aquello que ha sido entregado al maligno y el cual lo posee, con el cual pretende hacernos perder toda espiritualidad y dones otorgados por Dios, manteniéndonos apegados tan sólo a los bienes materiales como lo absoluto, presentándolo como lo único existente, ya que su lógica se basa tan sólo en lo sensitivo y visual de los sentidos físicos que poseemos.

Sin embargo Jesús desde siempre intercede por nosotros para hacernos conocer y saber lidiar de la misma manera con todo lo espiritual que nos lleva y desarrolla a todo nuestro potencial con los dones otorgados por Dios, para no atarnos tan sólo a los bienes de la tierra.

Jesús nunca ha rechazado los dones y bienes materiales de la tierra, de hecho es muy claro cuando afirma en su intensa y profunda oración que no pretende sacarnos del mundo para angelizarnos, porque sería de igual manera negar su propia creación como algo malo, y no lo es, al contrario, pide estar aquí en el mundo, sin olvidarnos de los bienes del cielo.

Ya que si rechazamos el mundo para mantenernos totalmente dedicados a lo espiritual, olvidamos las herramientas que nos ha dado en el medio donde debemos de dar testimonio, es decir, en el mundo, sin ser del mundo, sino de Dios, pero plenificando el mundo para la misma gloria de Dios, renovando la faz de la tierra hasta implantar el mismo Reino de los Cielos aquí en la tierra, desterrando al maligno y devolviéndolo a Dios a quien le pertenece.

Por ello no hay que desesperarnos ya que el mundo ha sido dominado por el maligno, pero la obra se lleva a cabo, paso a paso firme, con el testimonio de amor implantado el el mismo mundo y sin salirnos del mundo.