“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo.

“Delegación acompañada”

“Delegación acompañada”

Mateo: 16, 13-20

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

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Vivimos en un mundo de humanos, que destituye a los humanos, que promueve en base a derechos la participación en actividades que lo denigran y llevan al pecado de manera oficial para contradictoriamente remarcar el dolor generado y escandalizarse del mismo. Hace nuestra cultura que dejemos de confiar en la humanidad para idealizar instituciones y falsas seguridades.

Quitando la confianza en el hombre, le quita su autoridad, entonces quedamos al amparo directo de Dios, pero nos presentan un dios que no sabe salvar sin antes ser manipulados, por ende, terminamos confiando de manera rebelde en todo lo contrario a lo que se refiera a Dios, ya que el dolor se asienta como lo ordinario y un poco más no importa.

Dejamos de confiar en aquellos que precisamente por medio de su intercesión, delegados para ello, los ha llamado y preparado para que guíen en la verdad, dando a conocer la misma voluntad de Dios para toda la humanidad.

Es el caso de Pedro, no es elegido por su poder, sino porque precisamente sabe combinar su experiencia, su inteligencia, su entrega y su amor, con la gracia de Dios que complementa.

Podríamos decir que nadie es digno, de lo que Dios nos comparte por esa mala influencia que nos han sembrado sobre no confiar en los demás, pero Dios nos invita, participa y  hace dignos por su misericordia a ser instrumentos de su gracia.

Dios lo puede, falta que lo creamos, ya que Dios se vale de incluso las personas más indeseables para hacerte crecer y estar preparado para su gracia. Dios delega, pero no deja solo, delega y acompaña, ya que la persona hace el mínimo y Dios el resto.

“Hasta los extraños son invitados”

Mateo: 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y, postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”.

Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

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Podría resultar un poco incómodo tratar a extraños de los que no sabemos nada al respecto, como que preferimos desarrollarnos entre aquellos que nos son familiares para sentir seguridad y la confianza de gente ya conocida.

Cuando vamos a una fiesta, esperamos ver rostros con los que estamos familiarizados, y cuando no es así, no digo que sea imposible, pero la estancia no resulta igual.

En el plano de la religiosidad, entablamos relaciones con aquellos que conocemos en el ámbito de la fe, aunque no es garantía de que se haga una amistad confiable, ya es un principio de una relación con algo en común que es la fe.

Para Dios nadie es extraño, y aunque muchos no le conocen, Dios si les conoce y espera que lo identifiquen y le amen con un amor que ya les es profesado desde la eternidad, falta que nosotros nos convenzamos que todos son llamados a la conversión y a retornar a la casa del Padre.

Pareciese que nuestro juicio dicta que todos los malvados y alejados de Dios, aquellos que además se dedican a hacer el mal, serán excluidos del derecho a Dios y con ganancias en la condenación eterna porque se lo merecen según sus obras, pero no, Dios es un Dios que sabe esperar y hacer coincidir todas las circunstancias para que tengan la oportunidad de redimirse, el último que pierde la esperanza es Dios, y digo que la pierde cuando la persona decide condenarse y lo hace, ya que Dios respeta su decisión tomada libremente.

Pero no olvides que todos, inclusive hasta los extraños son invitados, cuanto más nosotros que estamos con el lugar puesto en el banquete para aprovecharlo.

“Saber valorar”

Saber valorar”

Mateo: 13, 44-52

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra. También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.

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Una de las características que se nos brindan al buscar a Dios, es la de identificarlo tal cual es y conocerle cada día un poco más, para ello es necesario frecuentarle en la oración, los sacramentos, la meditación, la escucha de la Palabra y el trato personal, donde se refuerza esa alianza de amistad y nos santifica.

El evangelio nos presenta cómo su misma gracia y sabiduría nos transforma a tal grado de aprender a elegir lo que realmente vale la pena y nos hace felices, ya que sin esos dones nos vamos a buscar tan sólo lo que materialmente tenemos al alcance, a lo mejor sí, llenándonos de riquezas que en su momento se acaban o las podemos perder y quedarnos con la simpleza de los bienes materiales sin crecer ni una pizca en amor y generosidad.

El ejemplo del Rey Salomón es muy claro cuando su reinado no lo basó en sus fuerzas armadas, ni es las arcas del tesoro, ni en su arsenal para la guerra, ni en las relaciones con los llamados famosos, sino que se basó en el don de la inteligencia y la sabiduría, dones que con ellos puede obtener y administrar en abundancia todos los anteriores.

Es por ello, que en el Reino de Dios aquí en la tierra, hay que saber valorar las grandes y pequeñas cosa que en realidad son importantes, como esa perla, ese tesoro escondido que tan sólo un buen valuador sabe identificar su valía.

Volvamos a  redescubrir lo que es importante, como tu familia, tus amigos, tu salud mental y física, los bienes materiales y las riquezas, la belleza de tu propia alma, y no utilizarlos tan sólo para beneficio abusivo e inmediato que termina en la nada, ya que con ellos puedes vivir y crecer hasta la misma eternidad.

“Cercanos para comprender”

“Cercanos para comprender”

Marcos: 12, 18-27

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió, para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete”.

Jesús les contestó: “Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados”.

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Los preceptos divinos, suelen ser muy claros, sencillos y de fácil asimilación, presuponiendo que se está en el contexto de la cercanía con el Señor. Pero aún estando cerca de Él, si no se mantiene vivo el depósito de la fe en la verdad, puede irse desvirtuando con el tiempo aún interpretado por los mismo líderes religiosos.

Es un compromiso y una tarea mantener integro dicho depósito de la fe, ya sea en el cuidado de las Sagradas escrituras, para que no se le cambie el sentido y la interpretación autentica y original, así como las sanas y vivas tradiciones que nos van llegando de generación en generación.

Por un lado, aunque la religión mantenga la autenticidad en la doctrina, la misma gente va haciendo sus versiones populares sin fundamento y se sostienen entre aquellos que no profundizan en el conocimiento de Dios y su Palabra, quedándose cómodamente en el concepto populachero, afirmándolo como si fuera el original.

Por ello Jesús quien conoce la verdad en sí misma, da a conocer que esos conceptos reinterpretados son erróneos, y a veces hace falta acercarse a la verdad y a Dios, autor de la misma para entenderlo en toda su plenitud por obra de su Santo Espíritu.

Pero si no somos capaces de acercarnos y disponer nuestra alma a que Dios nos otorgue su ciencia y sabiduría, mucho menos entenderemos a ciencia cierta sus preceptos, en medio de un maravilloso plan concebido en su amor, y por ende mucho menos se asimilará el concepto popular que está digerido sin razón y basado en sentimentalismos.

“Conocer al Paráclito”

“Conocer al Paráclito” 

Juan: 15, 26-16, 4

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo”.

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Muchas personas toman como un hecho que lo que se imaginan, proviene de Dios, cuando en realidad no dejan de ser pensamientos según la lógica y la voluntad de la persona, que en ocasiones dice ser instrumento de Dios cuando no.

Para que Dios nos haga partícipes de su voluntad, que se sigue manifestando, aunque en materia de revelación de su palabra, ya ha dado a conocer su designio salvador, aporta su gracia para hacerla eficaz, pero para ello es necesario precisamente llevar una vida cercana a Él.

Vida que inicia por la aceptación de su verdad y voluntad hecha vida en cada uno de nuestros actos, todos dirigidos hacia el bien común y la santidad. Vida que se conoce precisamente por medio de su Santo Espíritu, quien participa de la misma claridad, inteligencia y sabiduría de Dios.

Es por ello, que el requisito indispensable, es llevar una vida digna en su gracia, participar de sus dones y sacramentos, pedirlos en oración, disponer nuestra alma y, así entonces, el Señor una vez conociendo que realmente queremos ser participes de sus dones, los otorga inundándonos con su Espíritu Santo, que complementa su obra en nosotros.

Si nuestra vida no es conforme a la vida de la gracia, entonces no es Dios quien nos ilumina, sino nosotros mismos en el mundo de las grandes elucubraciones o, en su defecto el maligno que nos miente y confunde, que para eso no es ni tardo, ni perezoso.

“Ver al Padre..”

“Ver al Padre..”

Juan: 14, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre”.

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Todo el proyecto de la creación, como el mismo San Juan nos lo presenta al inicio de su evangelio, tan lleno de contenidos teológicos y profundos, lo hace en referencia a Dios, uno y trino, donde el Padre manifiesta toda una estructura que se respalda en la misericordia y sobre todo en no permitir el dejar que se pierdan aquellos a quienes ama y no han sabido usar su propia libertad otorgada.

En Realidad toda la historia de la salvación hace referencia al Padre, a Jesús y al actor en todo cuando acontece: el Espíritu Santo. Todo manifiesta su presencia y su amor, pero cuando el mundo nos distrae olvidamos todo lo divino, anclándonos a cuanto nos da seguridad en esta vida.

Es por ello que tan llenos de lo material, que de igual manera es necesario, se nos invita a dirigir la mirada hacia el Padre Celestial, que se manifiesta en toda su creación, en su plan de salvación y mayormente en su Hijo Jesucristo.

Ya que en todo Jesús realiza las obras del Padre y no hace nada si no es por la misma voluntad de su Padre, llegando a ser Jesús una replica fiel de su ser, de tal manera que ver a Jesús es ver al mismo Padre.

Si no conocemos a Jesús, no encontraremos al Padre, que en ocasiones lo pretendemos buscar en lo extraordinario y lo espectacular, cuando desde lo más pequeño y simple manifiesta su grandeza. No hace falta más para ver al Padre, cuanto todo nos habla de Él. Sólo hay que abrir nuestros ojos para verlo.

“Conocer su voz”

Conocer su voz”

Juan: 10,1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

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Dentro de la propia naturaleza, existen factores de confianza y conocimientos natos, aquellos que nos hacen identificar a aquellos donde pertenecemos. El caso concreto lo tenemos con las crías de los animales recién nacidos, así como de los humanos, que identificamos los sonidos y olores muy propios de nuestros padres.

Es en ese rubro donde el Señor nos invita a identificar y conocer su voz, aquella que nos sea familiar, que la sintamos llena de confianza y que nos de esa fortaleza cuando la escuchamos para seguir adelante ante un mundo que pretende amedrentar todas nuestras seguridades.

Donde cuando lleguen esas voces que nos invitan a perder el rumbo y la paz, sepamos que en realidad no son familiares y por ende no las sigamos, así como las ovejas, que siguen a quien las cuida y protege.

Es por ello recomendable, saber lo importante que es identificar esa voz con la que nos habla amorosamente el Señor, dejar un momento para conocerla, eliminar todas aquellas voces que nos aturden y que no permiten escuchar el murmullo del Señor en la oración, en su palabra, en las Sagradas Escrituras y en la Eucaristía.

Después de identificada, escucharla no es difícil, y evitar las voces que no provienen de Él, mucho más fácil.

“¿Hasta dónde conocemos?”

“¿Hasta dónde conocemos?”

Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

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Escuchamos en el evangelio que aquel que viene de lo alto está por encima de todos, pero no se trata de una superioridad en contraposición con una inferioridad del resto, sino que en realidad, se refiere a que ese lugar que ocupa lo es en virtud precisamente de la responsabilidad que conlleva, ya que mientras más alto esté, más responsabilidad tiene de aquellos que están desproveídos sin esa conciencia total de sus deberes y su propio ser.

Es su responsabilidad hacerlos crecer en ese estado de conciencia y también de conocimiento para que no queden limitados a su propia capacidad, sino que tienen la virtud de conocer cada vez más y ser cada vez más. 

Pero nos da miedo conocer porque sabemos que seremos más responsables de nosotros mismos y de los demás, por ello preferimos no adentrarnos en los misterios de Dios ni tampoco en el de los otros cercanos a nosotros. 

Ese que viene de lo alto, lo ve todo, aquello que no vemos porque no estamos ahí, pero que podemos hacerlo si lo decidimos. De aquí la importancia del “Testimonio”, que no solo habla, sino que comparte vivencialmente aquello que no conocemos.

Vale la pena conocer cada vez más, y más aún los misterios de Dios, los cuales dejan de ser misterio, porque no lo son, sino que son revelados generosamente, pero que seguirán siendo insondables para los que no los quieren conocer. Anímate, que la gracia va acompañada con ello.

“Cuando creemos saber”

“Cuando creemos saber”

Juan: 7,1-2. 10.25-30

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: “¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”.

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: “Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado”. Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

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No resulta ninguna novedad que dentro de nuestras actividades laborales, nos prendamos de aquellos conocimientos que hasta los hemos convertido en especialidades  tan sólo sobre un aspecto laboral o magisterial, y es que es normal que quedemos prendidos de aquello que dominamos y usufructuemos para salir adelante, por capacidad, pero a veces por miedo a no saber emprender otras tareas.

Entonces opinamos, pero en todo orientados a avalar la información sobre la que tenemos dominio, que a veces es limitada frente al vasto mundo de información y verdad. información que nos sirve para hacer presencia y darnos autoridad en el saber, lo malo es que con ello llegamos a juzgar y a imponer criterios muy personales.

Caso nada nuevo que le acontece al Señor Jesús, cuando ya han hecho la opinión suya, acerca de negar su mesianismo sin reconocer quién es en realidad, típico de los Judíos y líderes religiosos de su tiempo, aunque no todos.

Y es que pesa e importa el qué dirán si no pienso como los demás, por eso mejor nos sumamos al conglomerado de mentiras, para no entrar en conflicto con el común del pueblo, y nos las creemos.

Es por ello que cuando creemos saber es cuando más nos equivocamos, si es que nuestra opinión no es conforme a la verdad que no indagamos, es mejor en caso de duda no obrar, pero si te quieres hacer el importante puedes imponer tu opinión que más consecuencias negativas te traerá que beneficios.