“Reconociendo el plan de Dios”


Lucas 7, 24-30 

Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: —«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con lujo? Los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti.” Os digo que entre los nacidos de mujer nadie es más grande que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él.» Al oírlo, toda la gente, incluso los publicanos, que hablan recibido el bautismo de Juan, bendijeron a Dios. Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de Dios para con ellos. ______________________
No es tan fácil introducirnos en el misterio de Dios, y no porque esté oculto, sino porque implica de base la voluntad y la fe que reconoce con una certeza moral su presencia y existencia. Cosa que no cualquiera está dispuesto a conocer, ya que el mundo con todo lo inminente nos cautiva y no como algo negativo, sino como una seguridad que nos brinda el agarrarnos de algo palpable que podamos experimentar y poseer en el aquí y el ahora.
Sin embargo una de las actitudes de Jesús es la de anunciar el Reino, por lo que todo aquello que refleja el cumplimiento de las promesas mesiánicas, es necesario hacerlo evidente para que la gente vea que es real la salvación.
No es la excepción que el mismo Jesús reconozca a Juan Bautista y lo acredite como lo que es, el que prepara el camino del Señor, como ya había sido profetizado. Por lo que es necesario evidenciar lo evidente, reconocer el mismo plan de Dios, porque tan distraídos estamos materialmente con las cosas del mundo, que olvidamos verlo y aceptarlo.

Por ello, es muy necesario anunciar, proclamar, extrovertir, aunque nos tachen de locos, la gran misericordia y el amor de Dios al enviarnos a su Hijo, ya que necesario siempre va a ser en nuestras vidas, pero lo complementan aquellos que aceptan y reconocen esa grandeza en las pequeñas cosas que el mismo Dios hace para permanecer entre nosotros.

“Ante dudas, pruebas”

Lucas 7, 19-23

En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Cuando llegaron a donde estaba Jesús, le dijeron: “Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro”. 

En aquel momento, Jesús curó a muchos de varias enfermedades y dolencias y de espíritus malignos, y a muchos ciegos les concedió la vista. Después contestó a los enviados: “Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso el que no se escandalice de mí”. 

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Es muy eficaz una explicación que demuestre aquello que disipa la duda, dándose en su momento una satisfacción que sacia el intelecto de conocer algo nuevo y comprobarlo. La metodología puede ser teórica, práctica, vivencial, narrativa, imaginativa y testimonial entre otras. Cada quien utiliza la que mayormente le facilite la asimilación aunque sistemáticamente utilizamos el método de aprendizaje tanto inductivo como deductivo. Curiosamente lo estandarizamos de tal manera que llegamos a optar por que todo conocimiento adquirido pase por los mismos y a veces no aplica como tal.

Entonces vienen las dudas, esa que no dejan de oscilar en nuestra mente de vez en cuando y que a su vez nos hacen reaccionar; cosa nada buena, porque de suyo la regla principal siempre será: “Ante la duda, es mejor no obrar”, pero por lo general se hace caso omiso y la duda la utilizamos como un elemento a proclamarlo mezclado con la crisis que conlleva de manera externa y por ende tratando de que la duda de lo que sea se implante como tal en los demás sin querer conocer la verdad al respecto, a veces usado sistemáticamente como tema común y compartiendo una crisis comunitaria entre los que adolecen de ello.

Jesús se arriesga a demostrar sí es el que se espera, el que habrá de venir, con los hechos, y digo que es un riesgo porque a lo mejor no alcanzan a descubrir quién es Jesús, pudiendo confundirlo con un curandero mágico, o con todo lo que se imaginen según su idiosincracia.

Sin embargo Jesús no quiere ufanarse de su ser, sabiendo que sí es el Mesías, no lo proclama a los cuatro vientos pidiendo un reconocimiento enfermizo, fanático y adictivo a Él. Por el contrario, lo demuestra con hechos concretos que vienen de la Gracia y Poder de Dios, para confirmar su ser y no tan sólo platicarlo.

Al Igual nosotros, más que estudiar una teología profunda, para iniciar a reconocerlo y conocerlo más de cerca, hay que ver de cerca los milagros que acontecen diariamente, desde al despertar, hasta poder respirar sin que nos haga falta el aire y miles de detalles más en los que se manifiesta, una vez identificado, puedes disipar tus dudas con el estudio eclesiástico teológico y así descubrir las pruebas que a un tiro de piedra las puedes encontrar.

“Que no se nos embote la mente”

Lucas 21, 34-36 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre». 

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Una de las advertencias más claras que nos hace Jesús, es la de tener mucho cuidado con los agentes externos que pueden en su momento debilitar las fortalezas, sobre todo aquellas que nos quitan la paz, concretamente lo expresa con los medios de su tiempo, es decir los vicios, la bebida, las ambiciones, etc. 

Hoy en día existes muchas cosas mas que pretenden hacernos perder la paz, mantenernos con la mente cansada y en total dependencia, vivimos saboteados y saturados de ruidos, música, televisión, en fin, todos los medios electrónicos que lo único que hacen es distraernos para jamás poder hacer ponderadamente decisiones sabias a futuro o de manera necesaria e inmediata. 

Es por ello que se nos invita a saber guardar una prudente distancia de todos ellos, con un uso ponderado y responsable, para no caer en dependencia, pero sobre todo tener una mente libre y descansada, que sepa discernir en su momento lo mejor y no sea víctima de las prisas y decisiones arrebatadas. 

Esto se hace guardando los tiempos necesarios para la propia reflexión, la oración, el agradecimiento a Dios, los sacramentos, cosas dispuestas en el tiempo que se pueden realizar, pero si las consideramos inútiles e inalcanzables, será un signo claro de que la mente ya está embotada, tan saturada que no da cabida a aquello que la beneficia.

La vida acelerada conlleva la superficialidad y el dolor impresos en un mismo andar. Busquemos esos tiempos que se convierten en sagrados y benéficos para tu salud tanto física como mental, donde no se te garantiza que no puedas equivocarte, pero donde las soluciones serán mas visibles, accesibles a la mano porque ahí están, sólo falta liberar la mente para verlas.

“Ver lo imperceptible”

Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Chaparrón tenemos”, y así sucede. Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo».

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En general somos muy buenos para presuponer e interpretar lo que vemos a simple vista, a eso lo llamamos primera impresión, sin embargo deberíamos de tener en cuenta que no basta para dar una opinión certera si en realidad no conocemos de lo que opinamos a fondo.

Las conclusiones no dejan de llegar a nuestra mente para posteriormente asentarlo como cierto o real, quedando como una afirmación procesada y aceptada, aunque en sí mismo no tenga fundamento ni referencias palpables para afirmarlo.

Para ese tipo de percepciones estamos atentos por doquier, pero se nos dificulta ver a Dios a través de los signos palpables y evidentes, le reconocemos en teoría para negarlo o afirmarlo, pero en realidad da miedo verlo directamente, un miedo ancestral que desde el antiguo testamento de la Biblia está reflejado (Ex. 33 18ss), era algo que no se podía tolerar, pero que en realidad refleja el temor a ser conscientes de nuestras faltas ante la santidad en pleno.

Sin embargo Dios hace notar su presencia de múltiples maneras, dejando rasgos de su poder y bondad, capacidad tenemos para ello, aunque le cambiamos la identidad llamándolo suerte, circunstancias, coincidencias, destino, etc… 

Se nos invita a ver lo imperceptible, que dejemos la mala imposición a reconocer tan sólo lo fisicamente palpable, todo lo que tiene materia, y que alcancemos a ver al que une y define cada átomo sosteniendo la forma física que ves. Entonces conocerlo y amarlo.

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo.

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Mateo (15, 1-2. 10-14)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos escribas y unos fariseos venidos de Jerusalén y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?”

Jesús llamó entonces a la gente y dijo: “Escuchen y traten de comprender. No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre; lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre”. Se le acercaron entonces los discípulos y le dijeron: “¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tus palabras?” Jesús les respondió: “Las plantas que no haya plantado mi Padre celestial, serán arrancadas de raíz. Déjenlos; son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un hoyo”.

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo

“Él traerá la claridad”

“Él traerá la claridad”

Mateo 11, 16-19 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: —«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.” Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.”Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.» 

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Ya no es ninguna novedad el hecho de que las personas vivan inmersas en medio de su inconsciencia y falta de conocimiento en todas las áreas de las ciencias, apegados a sus propios sentimientos, que sin mesura los consideran ordinarios y ya normales, cuando en realidad son exagerados y sin la menor intención de sanarlos.

Por esa misma situación para algunos, una misma acción por benéfica que sea es tomada  y juzgada según el criterio personal les domine, donde el dicho sabio se confirma: “como son, juzgan”. Por lo que para algunos el mismo Jesús será calificado, como dice el mismo evangelio, ya sea un endemoniado o un comilón.

El problema radica en que en realidad no es ni una cosa, ni la otra. Eso lo considera la gente porque no tiene mayor opción de opinión que su propia limitación, su universo cognoscitivo y racional es muy corto y, ver la realidad los rebasa, por ello dan un juicio muy propio a su nivel.

Jesús trae precisamente esa ampliación de la mente y el corazón, donde invita a salir de esas limitaciones elegidas y prosperar precisamente con la claridad de la verdad y la sabiduría de Dios, porque sus hechos dan la razón a la verdad que predica. 

Dejemos que su claridad nos ilumine en todos los sentidos de nuestra vida.

“Problemas: tan grandes como lo desees”

“Problemas: tan grandes como lo desees”

Lucas 12, 54-59 

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: «Chaparrón tenemos» , y así sucede. Cuando sopla el sur decís: «Va a hacer bochorno» , y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo. 

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Es un hecho que dentro de la vida perfecta que llevamos, y digo perfecta porque tenemos vida, independientemente de las circunstancias en donde nos desarrollemos, no dejará de haber situaciones y circunstancias no tan agradables a las que llamamos problemas, porque no concuerdan con nuestros propios planes, además de entorpecer el caminar del día a día. 

Siempre se harán presentes cuando menos lo esperamos, aunque si nos ponemos observadores, podemos percibir el cómo y por donde van a llegar. 

Ahora bien, el problema, que podríamos decir tiene una medida estándar, su percepción y afectación sin duda alguna, dependerá de cuán cansados estemos y la importancia que le demos. 

La atención que nos merezca un problema no varía, al igual que las obligaciones habituales de cada día. Pero en realidad será  tan grande como lo quieras evidenciar. No pasa nada si en el camino, con los problemas afectados de manera directa con los demás, se llega a un común acuerdo; pero será pesado si uno de ellos así lo quiere, lleno de cansancio, odio y orgullo hacerlo enorme. 

De tal manera que el problema será tan grande cuanto tú lo alimentes y le des excesiva importancia, sin merecer más de lo que en realidad necesita. Por ello no olvides que ante la realidad de los problemas, éstos serán tan grandes como tú lo desees.

“Quien no aprovecha, pierde”

“Quien no aprovecha, pierde”

Lucas: 11,15-26

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Este expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa. Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Belzebú. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’.

Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes”.

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Cuantas veces pensamos que si no hacemos el mal, con eso basta para estar bien con Dios y los demás, que de igual manera si no aprovechamos los bienes y los dones sagrados, no pasa nada, cuando en realidad sí.

Es que no basta con no hacer el mal, sino que lo que cuenta, no es lo que no hacemos, sino lo que hacemos, y el bien está dentro del plan de nuestra salvación, ya que el mismo Señor Jesús remarca que no seguir a la verdad misma, al Dios único y salvador, a su enviado Jesucristo, es en realidad dar relevancia a lo que no es el bien, ni ubicarlo en su lugar.

Es estar en su contra, porque el mal exige una pasividad culpable, aquella que no obra en donde se requiere y en el momento justo, es no actuar para profesar sus dones, es desaprovechar su gracia, es no crecer en la santidad y mantenerla.

Porque la fe vincula a la acción, no a la flojera; el mal es no hacer, no seguir, no ganar, pero sí perder lo que por derecho es nuestro, y esa es la gracia de Dios. porque como lo dice el Señor: “el que no recoge conmigo, desparrama”

Permitamos a la fe que actúe y complete a la creación misma, con los dones que nos toca aportar.

“Una ley al alcance, para iniciar…”

“Una ley al alcance, para iniciar…”

Lucas: 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?” El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, ya tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”.
El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?” El doctor de la ley le respondió: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.

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Una manera de justificar nuestros actos muy cómoda es cuando tengo una tabla de comparación que me dicta lo que hay que hacer y lo que no, como lo es la ley, ya que las situaciones están resueltas y tarifadas, ya no se tiene que pensar para ver si se hace el bien o el mal. 

Pero en lo particular a mi no convence que deba de seguir una ley de la que dependa nuestra existencia de manera mecánica, como para uniformar a la humanidad, al final la ley no deja de ser un instrumento para mentes débiles y flojas, aquellas que necesitan que les digan lo que tienen que hacer y de igual manera los enjuicien para ver si andan bien o mal, al final depende del otro mi manera de obrar.

Desgraciadamente la gran mayoría utiliza este recurso de la ley, lo valida, lo promueve, lo estandariza y lo impone a los demás como el esquema único y exclusivo. Pero la ley solamente es el A B C por donde debemos de caminar, más no es la última palabra, Dios nos ha capacitado maravillosamente con una conciencia que proviene de la misma conciencia de Dios, es participada, pero que la apocamos con la letra.

La verdadera ley no está escrita en papel, está grabada en tu propio ser, en lo más profundo de tu alma, pero no para sacarla a juzgar, sino para vivirla en la libertad del Espíritu con la dignidad de Hijos de Dios, donde su base es el amor, por lo que queda abolida de inmediato al saber en realidad qué es lo correcto en nuestro obrar y pensar, pero no lo hacemos, dependemos de la ley para que el otro me juzgue.

Dios no juzga como nosotros pensamos, fue necesario dar una regla para que la gente que aún no ha llegado a conocer esa ley interna que plenifica la propia vida, sino que navega en la inmanencia de lo material, sin mirar un poco al interior de sí mismos donde radica la plenitud de los Dones de Dios, pero que saturamos nuestros sentidos con el ruido del mundo para permanecer en un estado de trance con lo externo, sin llegar a darnos cuenta de lo que podemos.