“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo.

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

“¿Qué tan lejos puedes ver?”

Mateo (15, 1-2. 10-14)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos escribas y unos fariseos venidos de Jerusalén y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?”

Jesús llamó entonces a la gente y dijo: “Escuchen y traten de comprender. No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre; lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre”. Se le acercaron entonces los discípulos y le dijeron: “¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tus palabras?” Jesús les respondió: “Las plantas que no haya plantado mi Padre celestial, serán arrancadas de raíz. Déjenlos; son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un hoyo”.

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Al respecto de la visibilidad podemos tomarla en tres vertientes, la primera: tal cual la reportan los meteorólogos, puede ser desde ilimitada hasta nula si es que hay niebla, ésta depende totalmente de los factores externos. La segunda es: la que reporta tu vista personal, es decir, sería perfecta si no presenta problemas de miopía o hipermetropía, entre otros males que afectan a la visión, ésta depende de su salud óptica. La tercera es un conjunto de las dos anteriores, mezclada con la propia experiencia y la sabiduría divina que nos ayuda a discernir en lo que vemos en el ahora y proyectarlo a futuro.

La tercera forma de ver las cosas es la que nos atañe, ya que de suyo existen limitantes  a la visión que para nada son externos, sino que en su totalidad dependen de nosotros, ya que nos imponemos a ver tan sólo las cosas que queremos ver y que buscamos intencionalmente, limitando el rango de situaciones y cosas que no conocemos por ignorancia al hacerlas aun lado como si nada tuviéramos que ver con ellas.

Dentro de esas limitaciones adoptamos ciertas posturas mental-visuales que ciertamente como vigas al frente del ojo, no dejan ver lo que está al frente ni la realidad de las cosas, eso limita la capacidad de actuar porque no se ve en realidad dónde ayudar, es por ello  necesario quitarlas para ver claro como y por dónde atender los demás de manera certera. 

De otra manera, sólo entorpecemos y dañamos con nuestra ceguera en el camino, y eso tampoco lo vemos, pensamos que ayudamos, cuando en realidad no. Es necesario eliminar todo cuando limite nuestra vista, para poder ver a lo lejos, ver hasta dónde pueden llegar los demás y hasta dónde puedo llegar yo. 

Si no podemos ver cómo ayudar al hermano, será señal de que necesitarás bastante ayuda, ya que demuestras no tener capacidad de ver inclusive lo tuyo

“Él traerá la claridad”

“Él traerá la claridad”

Mateo 11, 16-19 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: —«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.” Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.”Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.» 

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Ya no es ninguna novedad el hecho de que las personas vivan inmersas en medio de su inconsciencia y falta de conocimiento en todas las áreas de las ciencias, apegados a sus propios sentimientos, que sin mesura los consideran ordinarios y ya normales, cuando en realidad son exagerados y sin la menor intención de sanarlos.

Por esa misma situación para algunos, una misma acción por benéfica que sea es tomada  y juzgada según el criterio personal les domine, donde el dicho sabio se confirma: “como son, juzgan”. Por lo que para algunos el mismo Jesús será calificado, como dice el mismo evangelio, ya sea un endemoniado o un comilón.

El problema radica en que en realidad no es ni una cosa, ni la otra. Eso lo considera la gente porque no tiene mayor opción de opinión que su propia limitación, su universo cognoscitivo y racional es muy corto y, ver la realidad los rebasa, por ello dan un juicio muy propio a su nivel.

Jesús trae precisamente esa ampliación de la mente y el corazón, donde invita a salir de esas limitaciones elegidas y prosperar precisamente con la claridad de la verdad y la sabiduría de Dios, porque sus hechos dan la razón a la verdad que predica. 

Dejemos que su claridad nos ilumine en todos los sentidos de nuestra vida.

“Problemas: tan grandes como lo desees”

“Problemas: tan grandes como lo desees”

Lucas 12, 54-59 

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: «Chaparrón tenemos» , y así sucede. Cuando sopla el sur decís: «Va a hacer bochorno» , y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo. 

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Es un hecho que dentro de la vida perfecta que llevamos, y digo perfecta porque tenemos vida, independientemente de las circunstancias en donde nos desarrollemos, no dejará de haber situaciones y circunstancias no tan agradables a las que llamamos problemas, porque no concuerdan con nuestros propios planes, además de entorpecer el caminar del día a día. 

Siempre se harán presentes cuando menos lo esperamos, aunque si nos ponemos observadores, podemos percibir el cómo y por donde van a llegar. 

Ahora bien, el problema, que podríamos decir tiene una medida estándar, su percepción y afectación sin duda alguna, dependerá de cuán cansados estemos y la importancia que le demos. 

La atención que nos merezca un problema no varía, al igual que las obligaciones habituales de cada día. Pero en realidad será  tan grande como lo quieras evidenciar. No pasa nada si en el camino, con los problemas afectados de manera directa con los demás, se llega a un común acuerdo; pero será pesado si uno de ellos así lo quiere, lleno de cansancio, odio y orgullo hacerlo enorme. 

De tal manera que el problema será tan grande cuanto tú lo alimentes y le des excesiva importancia, sin merecer más de lo que en realidad necesita. Por ello no olvides que ante la realidad de los problemas, éstos serán tan grandes como tú lo desees.

“Quien no aprovecha, pierde”

“Quien no aprovecha, pierde”

Lucas: 11,15-26

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Este expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa. Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Belzebú. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’.

Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes”.

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Cuantas veces pensamos que si no hacemos el mal, con eso basta para estar bien con Dios y los demás, que de igual manera si no aprovechamos los bienes y los dones sagrados, no pasa nada, cuando en realidad sí.

Es que no basta con no hacer el mal, sino que lo que cuenta, no es lo que no hacemos, sino lo que hacemos, y el bien está dentro del plan de nuestra salvación, ya que el mismo Señor Jesús remarca que no seguir a la verdad misma, al Dios único y salvador, a su enviado Jesucristo, es en realidad dar relevancia a lo que no es el bien, ni ubicarlo en su lugar.

Es estar en su contra, porque el mal exige una pasividad culpable, aquella que no obra en donde se requiere y en el momento justo, es no actuar para profesar sus dones, es desaprovechar su gracia, es no crecer en la santidad y mantenerla.

Porque la fe vincula a la acción, no a la flojera; el mal es no hacer, no seguir, no ganar, pero sí perder lo que por derecho es nuestro, y esa es la gracia de Dios. porque como lo dice el Señor: “el que no recoge conmigo, desparrama”

Permitamos a la fe que actúe y complete a la creación misma, con los dones que nos toca aportar.

“Una ley al alcance, para iniciar…”

“Una ley al alcance, para iniciar…”

Lucas: 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?” El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, ya tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”.
El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?” El doctor de la ley le respondió: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.

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Una manera de justificar nuestros actos muy cómoda es cuando tengo una tabla de comparación que me dicta lo que hay que hacer y lo que no, como lo es la ley, ya que las situaciones están resueltas y tarifadas, ya no se tiene que pensar para ver si se hace el bien o el mal. 

Pero en lo particular a mi no convence que deba de seguir una ley de la que dependa nuestra existencia de manera mecánica, como para uniformar a la humanidad, al final la ley no deja de ser un instrumento para mentes débiles y flojas, aquellas que necesitan que les digan lo que tienen que hacer y de igual manera los enjuicien para ver si andan bien o mal, al final depende del otro mi manera de obrar.

Desgraciadamente la gran mayoría utiliza este recurso de la ley, lo valida, lo promueve, lo estandariza y lo impone a los demás como el esquema único y exclusivo. Pero la ley solamente es el A B C por donde debemos de caminar, más no es la última palabra, Dios nos ha capacitado maravillosamente con una conciencia que proviene de la misma conciencia de Dios, es participada, pero que la apocamos con la letra.

La verdadera ley no está escrita en papel, está grabada en tu propio ser, en lo más profundo de tu alma, pero no para sacarla a juzgar, sino para vivirla en la libertad del Espíritu con la dignidad de Hijos de Dios, donde su base es el amor, por lo que queda abolida de inmediato al saber en realidad qué es lo correcto en nuestro obrar y pensar, pero no lo hacemos, dependemos de la ley para que el otro me juzgue.

Dios no juzga como nosotros pensamos, fue necesario dar una regla para que la gente que aún no ha llegado a conocer esa ley interna que plenifica la propia vida, sino que navega en la inmanencia de lo material, sin mirar un poco al interior de sí mismos donde radica la plenitud de los Dones de Dios, pero que saturamos nuestros sentidos con el ruido del mundo para permanecer en un estado de trance con lo externo, sin llegar a darnos cuenta de lo que podemos.

“Yahveh: el que es”

“Yahveh: el que es”

Juan: 8, 51-59

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”.
Los judíos le dijeron: “Ahora ya no nos cabe duda de que estás endemoniado. Porque Abraham murió y los profetas también murieron, y tú dices: ‘El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre’. ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?”
Contestó Jesús: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, aquel de quien ustedes dicen: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se regocijaba con el pensamiento de verme; me vio y se alegró por ello”.
Los judíos le replicaron: “No tienes ni cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” Les respondió Jesús: “Yo les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”. Entonces recogieron piedras para arrojárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

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Significado del Nombre Divino

Yahveh es uno de los nombres hebreos arcaicos, tales como Jacob, José, Israel, etc. (cf. Ewald, “Lehrbuch der hebr.Sprache”, 7ª ed., 1863, p.664), derivado del imperfecto de tercera persona de modo que atribuye a una persona o cosa la acción de la cualidad expresada por el verbo a modo de un adjetivo verbal o un participio. Furst ha coleccionado la mayoría de estos nombres y llama a la forma forma participialis imperfectiva. Como el Nombre Divino es una forma imperfecta del verbo hebreo arcaico “ser”, Yahveh significa “El que es”, Aquel cuya nota característica consiste en ser, o simplemente El Existente.

Aquí nos confrontamos con la cuestión, si Yahveh es el hiphil imperfecto o el qal imperfecto. Calmet y Le Clere creen que el Nombre Divino es una forma hiphil; por tanto significa, según Schrader (Die Keilinschriften und das alte Testament, 2da.ed., p.25), Aquel que trae a la existencia, el Creador, y según Lagarde (Psalterium Hieronymi, 153), Aquel que causa la llegada, Aquel que cumple Sus promesas, el Dios de la Providencia. Pero esta opinión no está en armonía con Éxodo 3,14, ni hay rastro en hebreo de una forma hiphil del verbo que signifique “ser”; además, esta forma hiphil es proporcionada en idiomas afines mediante la forma pi’el, excepto en siríaco donde el hiphil es raro y de ocurrencia tardía.

Por otra parte, Yehveh puede ser un imperfecto qal desde un punto de vista gramatical y la exégesis tradicional de Ex. 3,6-16, parece necesitar la forma Yahveh. Moisés le pregunta a Dios: “Si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre (de Dios)? ¿Qué les responderé?” (Ex. 3,13) Al contestar, Dios regresa tres veces diferentes a la determinación de Su nombre.

Primero, Él usa el imperfecto en primera persona del verbo hebreo “ser”; aquí la Vulgata, los Setenta, Aquila, Teodosion y la versión arábiga suponen que Dios utiliza el imperfecto qal; solamente los Tárgums de Jonatán y de Jerusalén implican el imperfecto hiphil. Por tanto tenemos las variantes: “Yo soy el que soy” (Vulg.), “Yo soy el que es” (LXX), “Yo soy el que será” (Aquila, Teodoción), “El Eterno que no cesa” (Ar.); solamente los Tárgumes arriba mencionados ven alguna referencia a la creación del mundo.

La segunda vez, Dios usa de nuevo el imperfecto de la primera persona del verbo hebreo “ser”; aquí las versiones siríaca, samaritana y persa, y los Tárgumes de Onkelos y Jerusalén retienen la palabra hebrea, así que uno no puede decir si consideran el imperfecto como la forma qal o la hiphil; la versión arábiga omite la cláusula completa; pero los LXX, la Vulgata y el Tárgum de Jonatán suponen aquí el imperfecto qal: “El que es, me ha enviado a ustedes” en lugar de “Yo soy, me ha enviado a Uds.”: (Vulg.); ho on me envió a ustedes” (LXX.); “Yo soy el que soy yel que será, me ha enviado a ustedes” (Targ. Jon.).

Finalmente, la tercera vez, Dios usa la tercera persona del imperfecto, o la forma misma del nombre sagrado; aquí la versión samaritana y el Tárgum de Onkelos retienen la forma hebrea; los LXX, la Vulgata y la versión siríaca traducen “Señor”, aunque de acuerdo a la analogía de los dos pasajes anteriores, deberían ser traducidos: “El que es, el Dios de vuestros padres,… me ha enviado a ustedes”; la versión arábiga sustituye “Dios”. La exégesis clásica, por lo tanto, considera Yahveh como el qal imperfecto del verbo hebreo “ser”.

Aquí se nos presenta otra pregunta: ¿Es el ser predicado de Dios en Su Nombre, el ser metafísico denotando nada sino la existencia misma, o es un ser histórico, una manifestación transitoria de Dios en el tiempo?

La mayoría de los escritores protestantes consideran el ser implícito en el nombre Yahveh como uno histórico, aunque algunos no excluyen del todo ideas metafísicas tales como la independencia de Dios, la constancia absoluta, la fidelidad a Sus promesas y la inmutabilidad en Sus planes (cf. Driver, “Hebrew Tenses”, 1892, p.17). Las siguientes son las razones alegadas para el significado histórico del “ser” implícito en el Nombre Divino:

▪ El sentido metafísico del ser era un concepto muy abstruso (N. T.: recóndito, de difícil comprensión) para los tiempos primitivos. Aun, algunas de las especulaciones egipcias de los primeros tiempos son casi tan abstrusas; además, no era necesario que los judíos del tiempo de Moisés comprendieran totalmente el significado implícito en el nombre de Dios. El desarrollo científico de su sentido debe ser dejado a los futuros teólogos cristianos.

▪ El verbo hebreo hayah significa más bien “llegar a ser” que “ser” permanentemente. Pero autoridades serias niegan que el verbo hebreo denote estar en movimiento en lugar de en una condición permanente. Es cierto que el participio habría expresado más claramente un estado permanente; pero luego, el participio del verbo hayah se halla sólo en Ex. 9,3, y pocos nombres propios hebreos son derivados del participio.

▪ El imperfecto expresa principalmente acción de alguien que entra otra vez en escena. Pero éste no es siempre el caso; el imperfecto hebreo es un verdadero tiempo aoristo, que prescinde del tiempo y, por lo tanto, mejor adaptado a los principios generales (Driver, p.38).

▪ “Soy el que soy” parece referirse a “Estaré contigo” del v.12; ambos textos parecen ser aludidos en Oseas 1,9, “No seré de ustedes”. Pero si esto es cierto, “Yo soy quien soy” debe ser considerado una elipse: “Yo soy quien está con ustedes”, o “Yo soy quien soy fiel a mis promesas”. Esto es suficientemente duro; pero llega a ser inadmisible en la cláusula: “Yo soy el soy, me ha enviado”.

Desde entonces el imperfecto hebreo aceptadamente no ha de ser considerado como un futuro y puesto que la naturaleza del lenguaje no nos fuerza a ver en él la expresión de la transición o del llegar a ser, y puesto que, además, la temprana tradición es bastante fija y el carácter absoluto del verbo hayah ha inducido aun a los más ardientes partidarios de su sentido histórico a admitir en los textos una descripción de la naturaleza de Dios, las reglas de la hermenéutica nos urgen a tomar las expresiones en Ex. 3,13-15, por lo que valen. Yahveh es El Que Es, es decir, Su naturaleza se caracteriza mejor por Ser, si de hecho debe ser designada por un nombre propio personal diferente del término Dios (Revue biblique, 1893, p.338). Las teorías escolásticas en cuanto a la profundidad del significado latente en Yahveh descansan por tanto, sobre un sólido fundamento. Los seres finitos son definidos por su esencia: Dios puede definirse únicamente por ser, puro y simple, nada menos y nada más; no el ser abstracto común a todo y característico de nada en particular, sino por ser concreto, el ser absoluto, el océano de todo ser sustancial, independiente de cualquier causa, incapaz de cambio, excediendo toda duración, porque Él es infinito: “Alfa y Omega, el principio y el fin… aquél que era, es y será, el Todopoderoso” (Apoc. 1,8). Cf. [[Santo Tomás de Aquino|Santo Tomás, I.13.14; Franzelin, “De Deo Uno” (3ª ed., 1883, tesis XXIII, pp 279-86).

Fuente http://ec.aciprensa.com/wiki/Yahveh

“Tradiciones cerradas”

“Tradiciones cerradas”

Juan: 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: “Este es verdaderamente el profeta”. Otros afirmaban: “Éste es el Mesías”. Otros, en cambio, decían: “¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?” Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.


Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: “¿Por qué no lo han traído?” Ellos respondieron: “Nadie ha hablado nunca como ese hombre”. Los fariseos les replicaron: “¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita”.


Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: “¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?” Ellos le replicaron: “¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta”. Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.

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Los cambios que en nuestra cultura van dando, marcan pautas muy bien delimitadas y hasta en ocasiones radicales a las anteriores, sobre todo al día de hoy, de una manera muy acelerada. Ante esta realidad algunas tradiciones que se basan en la forma de vida y hábitos suelen modificarse y abrirse a un nuevo esquema de pensamiento, porque resulta absurdo seguir viviendo anacrónicamente.

Además ante tanto cambio a algunas personas les resulta bastante difícil modificar su esquema de vida y de igual manera sus creencias a las que se aferran, sobre todo cuando en realidad no conocen la profundidad de la Palabra de Dios, que como palabra viva es activa y eficaz va dando pautas a un crecimiento progresivo, y en la misma teología que se nos va revelando cada vez en una mejor comprensión.

Por ello al mismo Jesús lo juzgan, porque aunque diciéndose doctos en las escrituras, es claro que no la han comprendido plenamente, sobre todo porque los criterios humanos y legales con los que vivían, los hacían cerrarse en sus nacionalismos racistas y exigentes de manera hasta caprichosa.

Aquí es donde las tradiciones cerradas nublan la realidad y se desfazan; situación que aunque no sea en el aspecto religioso puede afectarnos si no vivimos actualizados y bien informados de manera certera en la realidad. La fe nos ayuda a tener en claro junto con la sabiduría e inteligencia la mejor opción ante lo nuevo y no caer en lo falso que no conocemos, porque tendremos como referencia la verdad.

¿Todavía no entienden ni acaban de comprender?

¿Todavía no entienden ni acaban de comprender?

Marcos: 8, 14-21

En aquel tiempo, cuando los discípulos iban con Jesús en la barca, se dieron cuenta de que se les había olvidado llevar pan; sólo tenían uno. Jesús les hizo esta advertencia: “Fíjense bien y cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes”.

Entonces ellos comentaban entre sí: “Es que no tenemos panes”. Dándose cuenta de ello, Jesús les dijo: “¿Por qué están comentando que no trajeron panes? ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? ¿Tan embotada está su mente? ¿Para qué tienen ustedes ojos, si no ven, y oídos, si no oyen? ¿No recuerdan cuántos canastos de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil hombres?”.

Ellos le contestaron: “Doce”. Y añadió: “¿Y cuántos canastos de sobras recogieron cuando repartí siete panes entre cuatro mil?”. Le respondieron: “Siete”. Entonces Él dijo: “¿Y todavía no acaban de comprender?”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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La distracción puede ser un síntoma fijo en nuestra personalidad o puede ser pasajero por el cansancio u otros factores, pero es importante que lo ubiquemos porque de ello depende la comprensión de la realidad así como de la verdad plena. Otras veces la misma necesidad hace fijar nuestra mente en lo que necesitamos como una obsesión que gana toda atención.

Situación que ante las enseñanzas, los mensajes, inclusive el mismo testimonio vivencial, pudiera desdecirnos del amor y seguimiento del Señor, saldrían en esos momentos las verdaderas intenciones o la falta de entendimiento ante toda la dedicación para asimilar el mensaje infructuosamente.

Jesús al estar hablando de un tema importante, se lo cambian espontáneamente, sin ninguna relación con el mismo muy de repente sus discípulos, sale a relucir lo que a ellos les preocupaba: “Es que no tenemos panes”.

Eso suele pasar cuando no tenemos un orden de prioridades en la vida, porque pareciese que tan sólo tienen importancia las circunstancias que en el momento se presentan instintivamente, como lo son las necesidades fisiológicas.

Por eso el Señor exige ordenar y saber sacrificar los instintos, no para mortificarlos, sino para fomentar aquellos dones más excelentes como es la inteligencia, la caridad, la paz, el dominio de sí mismo, entre otros.

Cuando navegamos entre nuestros instintos no usamos mucho la cabeza, y con justa razón el Señor después de manifestar todas sus gracias y capacidades tiene el derecho de decirnos: ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? Por ello trata de ordenar tu vida inteligentemente, ponte metas, así la tomaras de las riendas, pero si te dominan los instintos, entonces no eres dueño de tu propia vida.

“Hacer lo ordinario, o no”

“Hacer lo ordinario, o no”

Marcos: 3, 20-21

En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.

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Dentro de los esquemas mentales ordinarios mantenemos un margen central al que llamamos salud mental, de tal manera que si alguna persona raya en un comportamiento fuera de ese margen la declaramos insana o cuerda.

Sin embargo hay que considerar que lo que para ciertos ambientes es normal, para los otros no y, se juzgan mutuamente ya que no son acordes, ni a sus costumbres ni a su forma de pensar, pero eso no significa que los unos o los otros estén locos.

La loquera llega cuando en realidad el comportamiento es en extremo ilógico, irresponsable y dañino. Aunque hoy en día hay quien intencionalmente en su salud maliciosamente se comporta así. 

La cuestión radica en que ya desde antaño a cualquiera que se saliera de la norma le llamaban loco, y es que a Jesús lo juzgaban de igual manera, pero no por enfermedad mental, sino porque los demás que lo conocían personalmente durante su crecimiento, distan de identificarlo con esa persona que se manifiesta hoy en día y que creían conocer.

En realidad la novedad es la que destaca y quienes no la entienden lo más fácil y práctico será negarle, declarando insano a quien dista de ser como el común de nosotros los mortales. Por ello hacer lo ordinario te cataloga en la normalidad, pero no hacerlo, incluso cuando sea para un bien mayor, es incomprensible sobre todo para los que no quieren cambiar ni crecer en las nuevas áreas, incluso las espirituales que se nos brindan con la novedad de Jesús y no por ello para defendernos deberíamos de llamarlo loco.