“Con la frente en alto”

“Con la frente en alto”


Lucas 21, 20-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».
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Cuando escuchamos acerca de los acontecimientos apocalípticos que revelan un fin generalizado, lo más común es reaccionar con temor, incertidumbre, miedos, es una reacción ante lo desconocido o la misma muerte, puede ser también que reaccionemos buscando un refugio, ya que hasta con la más mínima lluvia es lo que hacemos.
Sin embargo la actitud de quienes nos hacemos llamar Pueblo de Dios, Iglesia, Cristianos, debería de ser la de aquellos que el temor no debería de hacernos suyos, ya que nuestra confianza se supone, debe de estar siempre puesta en Dios, además de no escondernos, ya que eso revela un miedo mayor, porque no se han aprovechado las suficientes obras de caridad que Dios dispone en nuestras vidas como un ejercicio de crecimiento en la fe y en el amor.
La reacción natural en esas circunstancias sería la de enfrentarlas con la cabeza en alto, no como quien revela un orgullo insano de quien desprecia a los demás o se siente elegido selectivamente, por el contrario, elevar la frente con la verdadera dignidad de los hijos de Dios, de aquellos que sus obras ordinarias hacen un llamado a la valentía, porque son hechas según Dios, donde el temor es nulo porque el encuentro con el Señor será gozoso y lleno de esperanza.
Esos signos negativos de los que habla el evangelio, son los que la personas alejadas de Dios los harán realidad ante su reacción insegura de no saber qué hacer. Quien vive la paz y la gracia de Dios constantemente en su vida, no se contaminará del terror, sino que sabrá en su momento que hacer. 

Por ello a pesar de las dificultades que nos golpean colateralmente por el mal de los demás, que eso no nos asuste, no lo hagamos nuestro, no olvidemos de guardar la compostura y tener siempre la frente en alto, como quien aguarda un encuentro lleno de amor al que esperamos, porque sabemos que vendrá, cumpliendo su promesa.

“Corresponsabilidad”

Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.

Pedro le preguntó: —Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?

El Señor le respondió: —¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

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Más que sabido es el hecho de que todos los bienes adquiridos en tu vida, al final se quedan porque al morir no podemos llevarnos nada, más sin embargo vale la pena recordar que todos esos bienes tienen una misión a tu lado, y ésta es la de proporcionar todas las herramientas para que con ellas te santifiques con una justa y muy buena administración.

Son dones materiales que se nos dan para el camino de ésta vida en mutua corresponsabilidad con el Creador, y el mayor regalo de todos es la vida, aquella que se nos da precisamente para cuidarla el tiempo propio y necesario para devolverla a quien le corresponde.

Todo lo tenemos en corresponsabilidad, nada es totalmente nuestro aunque esté en nuestra posesión, hoy es tuyo, ayer fue de otro, mañana estará en responsabilidad de alguien mas. Porque los medios que Dios nos otorga siempre estarán disponibles para aquellos que en su plan divino los ha incluido y esos somos nosotros, por eso estamos aquí.

Más recibes, más produces, más te santificas, y con ello el premio merecido y aceptado de la vida eterna. y aún con poco obtienes el mismo premio, porque lo que importa no es la cantidad sino lo corresponsablemente administrado.

Por ello hacerlo todo bien, sin sentirnos los dueños aunque lo seamos, así los apegos no limitarán tu santificación

“Repréndelo a solas…”

“Repréndelo a solas…”

Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

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Cuando una persona desea hacer valer su autoridad, ésta no depende de lo mucho que grite y se imponga, eso no es de gente civilizada, suele ser herramienta de tiranos, porque una autoridad basada en el terror y el temor, no se le respeta ni se le reconoce como tal y, es que el evangelio es muy claro cuando afirma, que si hubiese necesidad de corregir a alguien, lo tendría que hacer alguien con auténtica autoridad, no alguien que amenace y ponga en mal en publico.

Es por ello que se refiere a la táctica de la caridad, primero hay que reprenderlo a solas, pero con una plática afable, remarcando el daño que produce por si no se diera cuenta la persona que lo genera, porque si lo hacemos llenos de coraje y con gritos, en realidad no solucionamos nada, solo remarcamos la falta y la exponemos en la batalla campal, pero así jamás se corrige, la persona al verse atacada lo que hará será defenderse en el mismo rubro de la violencia verbal o física.

Además quien reprenda debe de ser aquella persona que le tenga confianza para guiarlo y sobre todo aquello que pide se corrija, sea un testimonio oficial, no certificado, pero si con el respeto ganado por su propia forma de llevar su vida.

Como que está de moda olvidarnos de la caridad y antes de ayudar a crecer a una persona, lo publicamos a los cuatro vientos con detalle de versiones corregidas y aumentadas, siendo los afectados los últimos en enterarse. Está de moda el “Ventanear” como si fuera lo más ordinario. Olvidamos que quien lo hace, al final es responsable principal y directo de lo que haga y diga, con o sin pruebas contra su hermano.

Y si piensas ayudar, analiza primero si eres la persona adecuada, no vaya a ser que entorpezcas con tus propios problemas la ayuda, o hacerlo a tu muy particular manera. Si no nos toca, déjaselo a quien sí puede; que te enteres del mal ajeno, no significa que te toque solucionarlo, al final de cuentas Dios tiene en su bendita mano cada situación y sabrá cruzar en el momento adecuado a la persona indicada, si eres tú, hazlo, si no, encomiéndalo a Dios.

“Abusos personales”

“Abusos personales”

Mateo: 24, 42-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre.

Fíjense en un servidor fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado de toda la servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento. Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que le encargará la administración de todos sus bienes.

Pero si el servidor es un malvado, y pensando que su amo tardará, se pone a golpear a sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará severamente y lo hará correr la misma suerte de los hipócritas. Entonces todo será llanto y desesperación”.

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La gran caridad que tiene Dios para con nosotros nos ha hecho partícipes de tal cantidad de dones y gracias, de una manera tan excelente y en plena libertad, que pensamos que nos pertenecen, olvidando que somos seres amados por Dios, los que se nos han confiado en alegría y total responsabilidad de los mismos, creemos que son nuestros y de nadie más, sin importar lo que hagamos con ellos.

Pero precisamente eso es no entender el plan de Dios ni a Dios mismo, es muy cierto que debemos de amarnos, cuidarnos y aceptarnos para estar disponibles a la misión encomendada en este mundo, pero cuando quitamos a Dios, nos convertimos en unos entes egocéntricos imparables e irresponsables de nuestra parte en la comunidad y sociedad en general.

Entonces en vez de utilizar todo cuanto hemos recibido para nosotros y también para los demás, como el plan de Dios lo comunica, simplemente abusamos sin remordimiento de conciencia. 

Pensamos que nuestros errores no impactarán a nadie, por la falta de conciencia de que somos comunidad y de que sin ella no somos nadie. El problema se revela cuando sin saber ver por donde sus propios egoísmos y errores les golpean queriendo culpar al resto por su frustración.

Por ello hay que no permitirnos auto dañarnos con el pecado y los abusos personales, ya que somos los actores y receptores de nuestras propias consecuencias.

“¿Con quién andas?”

“¿Con quién andas?”

Mateo: 8, 28-34

En aquel tiempo, cuando Jesús desembarcó en la otra orilla del lago, en tierra de los gadarenos, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro. Eran tan feroces, que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Los endemoniados le gritaron a Jesús: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?”

No lejos de ahí había una numerosa piara de cerdos que estaban comiendo. Los demonios le suplicaron a Jesús: “Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos”. Él les respondió: “Está bien”.

Entonces los demonios salieron de los hombres, se metieron en los cerdos y toda la piara se precipitó en el lago por un despeñadero y los cerdos se ahogaron.

Los que cuidaban los cerdos huyeron hacia la ciudad a dar parte de todos aquellos acontecimientos y de lo sucedido a los endemoniados. Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se fuera de su territorio.

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No es raro que encontremos personas que se apegan a ciertas amistades ya sea porque suplen sus necesidades de ser amados y aceptados, o tan sólo porque piensan como tú y de dan siempre por tu lado; por otro lado encontramos a quienes no dependen de nadie y hasta pensamos que viven en soledad, según nuestro criterio, pero que en realidad están bien y son felices.

Otras veces las amistades se convierten en un recipiente dónde volcar nuestros ímpetus sean buenos o malos. Pero sin excepción toda relación manifiesta un poco lo que trae nuestro corazón.

De tal manera que quien trae paz, busca a aquellos que inciden en ese estado y lo desean compartir con quien la ha perdido; aunque por el contrario, encontramos que quienes no tiene paz ni sosiego, no tardan en frecuentar a quienes padecen del mismo sufrimiento y desesperación, tratando de mitigarlo con un sinfín de cosas que llegan no a buen término porque se convierten en adicciones.

Caso muy concreto con los endemoniados, unidos en su mismo mal, y que al ser expulsados por Jesús de la vida de esas persona, piden unirse los cerdos, nada digno, sino de su igual condición, ya que el mal, busca lo que está sucio, y por ende no llega a buen fin, como lo dice el evangelio, se despeñaron y ahogaron, por no buscar ni ayuda, ni el bien.

Es por ello importante el saber a quiénes frecuentas en amistad, porque si no tienen paz, pueden llevarte al igual que los cerdos a despeñarte y ahogarte en sus propias circunstancias, cuando el Señor no deja de alejarnos de aquello que nos daña y nos pierde sin remedio.

“Asalariados interesados”

“Asalariados interesados”

Juan: 10, 11-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre”.

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Queda muy clara la intención de Jesús cuando revela precisamente que no desea obtener un beneficio de aquellos que le han sido encomendados, todo en Él es una completa donación, todo generosidad, un amor no asfixiante, ni codependiente, sino dado en plenitud hasta el extremo donde no se puede amar más porque se ha dado todo.

El mayor interés al que llega Jesús, es el que no nos perdamos, solicitando tan sólo una respuesta en el mismo aspecto por el que obra, es decir el amor.

No viene asalariado, ya que entonces el interés del trabajo sería por la remuneración económica y el cuidado de las ovejas pasaría a un segundo término.

Es más que claro la evidencia que se nos da, donde la misma encarnación del Hijo de Dios, de suyo es ya un acto de amor por nosotros, al despojarse de su dignidad divina, para revestirse de la nuestra.

Un asalariado busca su propio bien, su propio interés, el del Señor es todo lo contrario, por ello ante un mundo donde todo se compra y se vende, pareciera que lo gratuito no tiene valor, cuando en realidad no tiene un precio alcanzable, a tal grado que mejor se otorga como un don.

Hasta allá llega su confianza y su obra por nosotros, para saber valorar esos valores que no alcanzamos a percibir de tan grandes que son, pero que se nos dan para aprender a evaluar eso que no tiene precio y lo apreciemos como tal.

“Falta de respeto”

“Falta de respeto

Mateo: 21, 33-43.45-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”.

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: la piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta.

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Ciertamente los tiempos nunca son los mismos, y en cada época se van vislumbrando nuevas maneras de comportamiento, algunas en mejora y otras muy desmejoradas. En cuanto al trato con las personas, no hace mucho aún se distinguía un tú de un usted, dando su lugar a los demás ya sea por su edad o por su autoridad.

Sin embargo eso no era sinónimo de un respeto total, ya que de igual manera se les ofendía de manera distinta.

Si ahora independientemente del tuteo a cualquiera persona, incluso a los papás, la perdida del sentido de autoridad es mayor, y es que si no se tiene un modelo o patrón a seguir desde el hogar, resulta en imposible poder tener el debido respeto con cualquier otra autoridad al nivel que ésta se maneje.

Peor aún cuando con alevosía y ventaja, como lo es el caso del evangelio, se pretende derrocar para un fin insano. Por ello en este tiempo de preparación para la Semana Mayor, la propuesta es respetar para ser respetados, ya que una con lleva a la otra.

“Corresponsabilidad”

“Corresponsabilidad” 

Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.

Pedro le preguntó: —Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?

El Señor le respondió: —¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

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Más que sabido es el hecho de que todos los bienes adquiridos en tu vida, al final se quedan porque al morir no podemos llevarnos nada, más sin embargo vale la pena recordar que todos esos bienes tienen una misión a tu lado, y ésta es la de proporcionar todas las herramientas para que con ellas te santifiques con una justa y muy buena administración.

Son dones materiales que se nos dan para el camino de ésta vida en mutua corresponsabilidad con el Creador, y el mayor regalo de todos es la vida, aquella que se nos da precisamente para cuidarla el tiempo propio y necesario para devolverla a quien le corresponde.

Todo lo tenemos en corresponsabilidad, nada es totalmente nuestro aunque esté en nuestra posesión, hoy es tuyo, ayer fue de otro, mañana estará en responsabilidad de alguien mas. Porque los medios que Dios nos otorga siempre estarán disponibles para aquellos que en su plan divino los ha incluido y esos somos nosotros, por eso estamos aquí.

Más recibes, más produces, más te santificas, y con ello el premio merecido y aceptado de la vida eterna. y aún con poco obtienes el mismo premio, porque lo que importa no es la cantidad sino lo corresponsablemente administrado.

Por ello hacerlo todo bien, sin sentirnos los dueños aunque lo seamos, así los apegos no limitarán tu santificación 

“Cuestión de sabia administración”

“Cuestión de sabia administración”

Lucas: 12, 32-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino. Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está su tesoro, ahí estará su corazón.
Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos.


Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre”.


Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?” El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si este siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte que a los hombres desleales.


El siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más”.

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Es bien sabido que todos tenemos el derecho natural al poseer bienes en la cantidad que se desee y se puedan atender, todo de una manera personal y responsable, en donde en el cuidado se vea reflejada la misma persona poseedora. 

Cuando no se tiene control sobre uno mismo, y no se es dueño del dominio de las reacciones ante cualquier moción sentimental, ya sea de dolor o de alegría, corremos el riesgo de la misma manera compulsivamente al poseer bienes, desatar el deseo insaciable de obtener cada vez más.

Pensamos que tenemos toda la vida para seguir iguales, como si fuera ésta una garantía, olvidando el aspecto responsable de la administración, y no me refiero a la función empresarial, sino a la natural que se da en la propia vida. 

No importa la cantidad de bienes que se hayan obtenido, no olvidemos que somos responsables de ellos y de su justa utilización así como los frutos que deben de dar, ya que a mayores riquezas, de igual manera y en la misma escala se obtienen responsabilidades, no solo de poseer, sino de hacerlas llegar a buen fin.

Por ello no basta con pedir y pedir, hay que de igual manera solicitar la sabiduría y la paz para saber administrar aquello que nos ha sido otorgado, ya que es cuestión de sabia administración.

“Déjenlos Juntos”

“Déjenlos Juntos”

Mateo: 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.
Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: `Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: `De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero’ “.

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Es una constante lucha por querer separar en todos los ámbitos de la vida y la sociedad a los que consideramos malos de los buenos, aunque no deja de ser una apreciación y conceptualización más humana que divina, Sin embargo la Sagrada Escritura así lo expone para marcar una diferencia entre quienes desean vivir y transmitir el mismo amor de Dios de los que no.

Para el Señor no existen los malos, de suyo el concepto del mal como tal, hablando filosóficamente es considerado como un bien imperfecto, que claramente puede si así lo desea, llegar a la perfección. 

Esa misma naturaleza la manifiesta el Señor cuando en medio de su misericordia, ante nuestra ideológica segregación y división entre buenos y malos, afirma que los dejen crecer juntos, ya que Dios mismo sabe canalizar y utilizar el mismo mal para desarrollarnos y hacer un bien mayor.

Así que no suframos por los que hacen todo bien y nos molesta, o los que lo hacen todo mal y nos afecta, todo está en el plan de Dios, a lo mejor las circunstancias y las personas en algún momento cambian o se invierten los papeles, uno nunca sabe, por ello el Señor no tiene prisa de juzgarnos ya que el tiempo es suyo.