“¿Con quién andas?”

“¿Con quién andas?”

Mateo: 8, 28-34

En aquel tiempo, cuando Jesús desembarcó en la otra orilla del lago, en tierra de los gadarenos, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro. Eran tan feroces, que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Los endemoniados le gritaron a Jesús: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?”

No lejos de ahí había una numerosa piara de cerdos que estaban comiendo. Los demonios le suplicaron a Jesús: “Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos”. Él les respondió: “Está bien”.

Entonces los demonios salieron de los hombres, se metieron en los cerdos y toda la piara se precipitó en el lago por un despeñadero y los cerdos se ahogaron.

Los que cuidaban los cerdos huyeron hacia la ciudad a dar parte de todos aquellos acontecimientos y de lo sucedido a los endemoniados. Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se fuera de su territorio.

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No es raro que encontremos personas que se apegan a ciertas amistades ya sea porque suplen sus necesidades de ser amados y aceptados, o tan sólo porque piensan como tú y de dan siempre por tu lado; por otro lado encontramos a quienes no dependen de nadie y hasta pensamos que viven en soledad, según nuestro criterio, pero que en realidad están bien y son felices.

Otras veces las amistades se convierten en un recipiente dónde volcar nuestros ímpetus sean buenos o malos. Pero sin excepción toda relación manifiesta un poco lo que trae nuestro corazón.

De tal manera que quien trae paz, busca a aquellos que inciden en ese estado y lo desean compartir con quien la ha perdido; aunque por el contrario, encontramos que quienes no tiene paz ni sosiego, no tardan en frecuentar a quienes padecen del mismo sufrimiento y desesperación, tratando de mitigarlo con un sinfín de cosas que llegan no a buen término porque se convierten en adicciones.

Caso muy concreto con los endemoniados, unidos en su mismo mal, y que al ser expulsados por Jesús de la vida de esas persona, piden unirse los cerdos, nada digno, sino de su igual condición, ya que el mal, busca lo que está sucio, y por ende no llega a buen fin, como lo dice el evangelio, se despeñaron y ahogaron, por no buscar ni ayuda, ni el bien.

Es por ello importante el saber a quiénes frecuentas en amistad, porque si no tienen paz, pueden llevarte al igual que los cerdos a despeñarte y ahogarte en sus propias circunstancias, cuando el Señor no deja de alejarnos de aquello que nos daña y nos pierde sin remedio.

“Asalariados interesados”

“Asalariados interesados”

Juan: 10, 11-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre”.

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Queda muy clara la intención de Jesús cuando revela precisamente que no desea obtener un beneficio de aquellos que le han sido encomendados, todo en Él es una completa donación, todo generosidad, un amor no asfixiante, ni codependiente, sino dado en plenitud hasta el extremo donde no se puede amar más porque se ha dado todo.

El mayor interés al que llega Jesús, es el que no nos perdamos, solicitando tan sólo una respuesta en el mismo aspecto por el que obra, es decir el amor.

No viene asalariado, ya que entonces el interés del trabajo sería por la remuneración económica y el cuidado de las ovejas pasaría a un segundo término.

Es más que claro la evidencia que se nos da, donde la misma encarnación del Hijo de Dios, de suyo es ya un acto de amor por nosotros, al despojarse de su dignidad divina, para revestirse de la nuestra.

Un asalariado busca su propio bien, su propio interés, el del Señor es todo lo contrario, por ello ante un mundo donde todo se compra y se vende, pareciera que lo gratuito no tiene valor, cuando en realidad no tiene un precio alcanzable, a tal grado que mejor se otorga como un don.

Hasta allá llega su confianza y su obra por nosotros, para saber valorar esos valores que no alcanzamos a percibir de tan grandes que son, pero que se nos dan para aprender a evaluar eso que no tiene precio y lo apreciemos como tal.

“Falta de respeto”

“Falta de respeto

Mateo: 21, 33-43.45-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”.

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: la piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta.

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Ciertamente los tiempos nunca son los mismos, y en cada época se van vislumbrando nuevas maneras de comportamiento, algunas en mejora y otras muy desmejoradas. En cuanto al trato con las personas, no hace mucho aún se distinguía un tú de un usted, dando su lugar a los demás ya sea por su edad o por su autoridad.

Sin embargo eso no era sinónimo de un respeto total, ya que de igual manera se les ofendía de manera distinta.

Si ahora independientemente del tuteo a cualquiera persona, incluso a los papás, la perdida del sentido de autoridad es mayor, y es que si no se tiene un modelo o patrón a seguir desde el hogar, resulta en imposible poder tener el debido respeto con cualquier otra autoridad al nivel que ésta se maneje.

Peor aún cuando con alevosía y ventaja, como lo es el caso del evangelio, se pretende derrocar para un fin insano. Por ello en este tiempo de preparación para la Semana Mayor, la propuesta es respetar para ser respetados, ya que una con lleva a la otra.

“Corresponsabilidad”

“Corresponsabilidad” 

Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.

Pedro le preguntó: —Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?

El Señor le respondió: —¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

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Más que sabido es el hecho de que todos los bienes adquiridos en tu vida, al final se quedan porque al morir no podemos llevarnos nada, más sin embargo vale la pena recordar que todos esos bienes tienen una misión a tu lado, y ésta es la de proporcionar todas las herramientas para que con ellas te santifiques con una justa y muy buena administración.

Son dones materiales que se nos dan para el camino de ésta vida en mutua corresponsabilidad con el Creador, y el mayor regalo de todos es la vida, aquella que se nos da precisamente para cuidarla el tiempo propio y necesario para devolverla a quien le corresponde.

Todo lo tenemos en corresponsabilidad, nada es totalmente nuestro aunque esté en nuestra posesión, hoy es tuyo, ayer fue de otro, mañana estará en responsabilidad de alguien mas. Porque los medios que Dios nos otorga siempre estarán disponibles para aquellos que en su plan divino los ha incluido y esos somos nosotros, por eso estamos aquí.

Más recibes, más produces, más te santificas, y con ello el premio merecido y aceptado de la vida eterna. y aún con poco obtienes el mismo premio, porque lo que importa no es la cantidad sino lo corresponsablemente administrado.

Por ello hacerlo todo bien, sin sentirnos los dueños aunque lo seamos, así los apegos no limitarán tu santificación 

“Cuestión de sabia administración”

“Cuestión de sabia administración”

Lucas: 12, 32-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino. Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está su tesoro, ahí estará su corazón.
Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos.


Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre”.


Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?” El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si este siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte que a los hombres desleales.


El siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más”.

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Es bien sabido que todos tenemos el derecho natural al poseer bienes en la cantidad que se desee y se puedan atender, todo de una manera personal y responsable, en donde en el cuidado se vea reflejada la misma persona poseedora. 

Cuando no se tiene control sobre uno mismo, y no se es dueño del dominio de las reacciones ante cualquier moción sentimental, ya sea de dolor o de alegría, corremos el riesgo de la misma manera compulsivamente al poseer bienes, desatar el deseo insaciable de obtener cada vez más.

Pensamos que tenemos toda la vida para seguir iguales, como si fuera ésta una garantía, olvidando el aspecto responsable de la administración, y no me refiero a la función empresarial, sino a la natural que se da en la propia vida. 

No importa la cantidad de bienes que se hayan obtenido, no olvidemos que somos responsables de ellos y de su justa utilización así como los frutos que deben de dar, ya que a mayores riquezas, de igual manera y en la misma escala se obtienen responsabilidades, no solo de poseer, sino de hacerlas llegar a buen fin.

Por ello no basta con pedir y pedir, hay que de igual manera solicitar la sabiduría y la paz para saber administrar aquello que nos ha sido otorgado, ya que es cuestión de sabia administración.

“Déjenlos Juntos”

“Déjenlos Juntos”

Mateo: 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.
Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: `Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’ El amo les respondió: `De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero’ “.

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Es una constante lucha por querer separar en todos los ámbitos de la vida y la sociedad a los que consideramos malos de los buenos, aunque no deja de ser una apreciación y conceptualización más humana que divina, Sin embargo la Sagrada Escritura así lo expone para marcar una diferencia entre quienes desean vivir y transmitir el mismo amor de Dios de los que no.

Para el Señor no existen los malos, de suyo el concepto del mal como tal, hablando filosóficamente es considerado como un bien imperfecto, que claramente puede si así lo desea, llegar a la perfección. 

Esa misma naturaleza la manifiesta el Señor cuando en medio de su misericordia, ante nuestra ideológica segregación y división entre buenos y malos, afirma que los dejen crecer juntos, ya que Dios mismo sabe canalizar y utilizar el mismo mal para desarrollarnos y hacer un bien mayor.

Así que no suframos por los que hacen todo bien y nos molesta, o los que lo hacen todo mal y nos afecta, todo está en el plan de Dios, a lo mejor las circunstancias y las personas en algún momento cambian o se invierten los papeles, uno nunca sabe, por ello el Señor no tiene prisa de juzgarnos ya que el tiempo es suyo.

“Dispuestos a todo”

“Dispuestos a todo”

Marcos: 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos. Pero Herodes insistía: “Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado”.

Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.

Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” Su madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”.

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo, que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

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Las personas del mundo actual, así como del antiguo, siempre ha luchado por buscar el poder, el reconocimiento, la fama, la fortuna, el posicionamiento, y aunque sea un derecho natural el poseer, existen situaciones en las que éstas llegan a convertirse en una obsesión y hasta en una enfermedad.

Juan Bautista no tenía enemigos, su actuar y prédica no era belicoso, sin embargo si había un ser que se afectaba directamente: el maligno, y claro, por ende se convertía en uno de sus mayores enemigos a quien tenía que sacar de la jugada.

Es bien sabido que el maligno, con todas las capacidades que Dios le dio y que no le retiró, porque Dios no da y quita, sí podemos perderlas, pero no quitarlas caprichosamente; el maligno en medio de su sagacidad, suele aprovechar las debilidades de los humanos y usarlas a su favor.

Por lo que en Herodes y su concubina Herodías, enfermos de poder, experimentando todos los abusos posibles, tienen un alma débil y perfecta para implantar el mal y sentirse ofendidos por la verdad que Juan Bautista predica. 

Es por ello que respaldados por el pecado son capaces de estar dispuestos a todo para no perder el lugar de poder al que han llegado y aunque a Herodes le perturba y mueve su corazón la obra de Juan Bautista, Herodías no permite que crezca y sea influenciado por la verdad, por lo que actúa maléficamente mandando asesinar a quien pone en riesgo su pecado.

Es preciso fortalecer el Espíritu para no permanecer en las consecuencias del pecado tan fácilmente y así matar la conciencia, ya que débiles, somos capaces de caer tan bajo como alimentemos el mal.

“Ten compasión…”

“Ten compasión…”

Lucas: 17, 11-19

En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!”
Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.
Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?” Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.

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Varias son las culturas y los tiempos en que la concepción que se tenía de Dios difería de la realidad, ya que la toma de conciencia primeramente de sí mismos ha tardado en demasía, con la novedad de que aún no hemos terminado de definirnos ni de afirmar quien somos porque cada vez cambiamos los propios conceptos. En esa misma escala se encuentra nuestra comprensión de quién es Dios, cómo actúa, y a veces definiéndolo como muy radicalista.

Es un hecho que la misma teología hoy en día, aunque apoyada por el método científico en cuando a la Biblia se refiere, serán interpretaciones de punta, pero dista mucho de ser de avanzada, podríamos afirmar sin dudar que todo el progreso teológico sigue en pañales, y no por arcaico, sino porque nuestra idiosincracia no da para más.

Va evolucionando y eso ya es una ventaja, pero los términos de amor, caridad, compasión, siguen rallando en lo visceral, en lo sentimental, más no en el sentido y la acción profunda que cada uno de ellos desarrolla en su ejecución, porque olvidamos que no terminan en el aquí y el ahora, sino que se proyectan en una trascendencia que deja huella en los nuestros y que llega hasta Dios en la eternidad.

Por ello cuando a Jesús le piden que tenga compasión de ellos, es decir de esos leprosos, habría que ver hasta dónde iba a llegar su obra, el resultado es muy claro, de los diez que recibieron el milagro, nueve no tenían la capacidad de mirar más allá en la obra que Jesús había realizado, para ellos fue tan sólo un curandero, pero no transformó sus vidas, mientras que tan sólo uno, fue capaz para empezar, de regresar a dar tan siquiera las gracias, que es un atisbo dónde inicia la trascendencia y la transformación en la persona de la obra de Dios.

Ese tener compasión, no es para Dios, es para nosotros mismos que debemos de tener dedicación hacia nuestra propia alma y permitirnos aceptar aquella gracias que vienen de Dios, donde el signo primero es la salud física, pero que depende de nosotros hacerlo llegar más allá, trascender y permitirnos en su totalidad ser sanos, ser salvos.

“Corresponsabilidad”

“Corresponsabilidad” 

Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.

Pedro le preguntó: —Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?

El Señor le respondió: —¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

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Más que sabido es el hecho de que todos los bienes adquiridos en tu vida, al final se quedan porque al morir no podemos llevarnos nada, más sin embargo vale la pena recordar que todos esos bienes tienen una misión a tu lado, y ésta es la de proporcionar todas las herramientas para que con ellas te santifiques con una justa y muy buena administración.

Son dones materiales que se nos dan para el camino de ésta vida en mutua corresponsabilidad con el Creador, y el mayor regalo de todos es la vida, aquella que se nos da precisamente para cuidarla el tiempo propio y necesario para devolverla a quien le corresponde.

Todo lo tenemos en corresponsabilidad, nada es totalmente nuestro aunque esté en nuestra posesión, hoy es tuyo, ayer fue de otro, mañana estará en responsabilidad de alguien mas. Porque los medios que Dios nos otorga siempre estarán disponibles para aquellos que en su plan divino los ha incluido y esos somos nosotros, por eso estamos aquí.

Más recibes, más produces, más te santificas, y con ello el premio merecido y aceptado de la vida eterna. y aún con poco obtienes el mismo premio, porque lo que importa no es la cantidad sino lo corresponsablemente administrado.

Por ello hacerlo todo bien, sin sentirnos los dueños aunque lo seamos, así los apegos no limitarán tu santificación

“La lista mágica”

“La lista mágica”

Marcos 10, 17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: —Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Jesús le contestó: —¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.

Él replicó: —Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: —Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: —¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!

Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: —Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.

Ellos se espantaron y comentaban: —Entonces, ¿quién puede salvarse?

Jesús se les quedó mirando y les dijo: —Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.

Pedro se puso a decirle: —Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

Jesús dijo: —Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más —en casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones—, y en la edad futura, vida eterna».

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Hay personas a las que el orden les aterra, e independientemente de haber llegado a esa situación, no nos compete juzgarlos, a fin de cuentas ellos son responsables de sí mismos y de su propia vida. 

Por otro lado a su vez existen aquellos que el orden impera en todo cuanto hacen, un hábito bueno siempre y cuando no lo llevemos al extremo rallando en una obsesión. Es de suyo un valor ya en sí mismo, a quienes en su momento se les facilita llevar a feliz cumplimiento cuanta norma y valores se les presenten como modelo de vida. En éste caso los llamamos los valores cívicos.

Sin embargo para con Dios de igual manera a veces solicitamos la lista mágica, es decir aquel conjunto de mandatos y sugerencias para vivir en regla el cristianismo. Caso concreto lo tenemos en el joven rico, que piensa que todo lo puede obtener fácilmente porque tiene los medios económicos que lo sustentan ampliamente sin dificultad, pensando que de igual manera podría tener la famosa lista de cosas como pendientes a cumplir de manera ascendente.

Ciertamente hay una lista, la cual es remarcada en los mandamientos de la ley de Dios, peo esa lista implica una evolución que no queda en el cumplimiento tajante y frío del mandato, sino que es un constante perfeccionamiento día a día en la misma norma, de tal manera que lleguemos a desprender el mismo el aspecto legal, para hacerlo vida fundamentado en la caridad, en el trato, en las obras, en el diálogo, y todo lo que concierna a nuestra vida. 

Es un camino de perfección que no se limita al “No hagas” sino que culmina en el ser y quehacer más allá de los simples renglones escritos. Por ello no busques tan sólo la lista mágica, ya que de la magia se pasará a la gracia, que es mayor aún, llegando hasta la vida eterna y la felicidad correspondiente ya desde esta vida, culminando en la presencia del que más que la ley es el amor en sí mismo.