“Rumores inciertos”

“Rumores inciertos”

Juan: 21, 20-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: “Sígueme”. Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: `Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?’ Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué va a pasar con éste?” Jesús le respondió: “Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme”.

Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: ‘Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?’

Éste es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.

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Ya parece ordinaria la falta de certificación de la información que recibimos, sobre todo en un mundo sobresaturado de datos que en realidad comunican pero que no se asimilan y como la asimilación requiere un cierto tiempo, el cual no se tiene, se queda uno con lo primero que se escucha.

Por un lado es muy importante conocer la fuente que nos proporciona los datos, porque ante tanto sitio fraudulento, como dice el dicho: “una mentira dicha mil veces, se cree que es realidad”. Por lo que es necesario identificar quien menos dice mentiras en nuestros días.

Jesús puede a su vez mal entendido, y no es nada nuevo, ya que cada persona lo quiere asimilar según le acomode su forma de pensar o ser. Un ejemplo claro lo tenemos con esta mal interpretación que hacen los propios discípulos acerca de Juan, que si moriría o no, Jesús responde directo y claro, no es relevante esa información, ni tampoco importante, es como si dijera que hagan su trabajo y no se estén entrometiendo en cosas que no valen la pena detenernos en ellas.

Lo que sí sabemos es que en base a una suposición se desarrolló un rumor falso en medio de hombres de fe y de buena voluntad, ahora qué no ocurrirá con quienes viven inmersos en situaciones de dolor que desean hacer el mal.

Es por ello que decir la verdad directa con discreción y caridad es lo más sano, más que dar a entender cosas confusas que pueden girar en sentido opuesto en cualquier momento.

“Dar gustos. Ni se te ocurra”

“Dar gustos. Ni se te ocurra”

Mateo 11, 16-19

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante
a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: ‘Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado’. 

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: ‘Tiene un demonio’.
Viene el Hijo del hombre, y dicen: ‘Ese es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir’. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras”.

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Vivimos en un mundo segmentado imaginariamente por clases, estatus, posiciones, imágenes, que llega desde hasta el barrio hasta los apellidos, sin olvidar el color de piel entre otros más, todo orientado a crear dependencias de unos con los otros para ensalzar a las posturas según se promueven como las más altas.

Todo esto crea una lucha por la mentada aceptación, hay una lucha de clases tan marcada, sin necesidad de entrar en las antiguas leyes dialécticas socialistas, que en la realidad se viven como un modus vivendi reconocido por la cultura y esta sociedad enferma. La gente se muere por ser parte de tal o cual grupo o club, hasta en la escuela se dan segmentos y crecemos con ellos.

Esto causa un enorme sufrimiento, porque al final no deja de ser ficticia tanto una postura como la otra, dejando unos huecos tan vacíos, que mientras más grande sea la distancia, así será el dolor. Caemos en la insana situación de: para sentirnos amados y aceptados debemos de condescender y dar gusto a cualquiera por una mínima y reciproca paga afectiva que lleva a un conformismo que genera aún más vacío. 

Eso se vuelve cíclico y dañino, por ello el Evangelio nos remarca que al fin de cuentas, a nadie se le da gusto con nada, precisamente por esa división que desde siempre hemos alzado como murallas ideológicas que dañan ambos lados del muro. 

Hay que amarnos un poco más, ser como Jesús que nos invita a no caer en la trampa de la cultura viciada en que vivimos, para no darnos la permisividad de que el mundo nos utilice a su gusto. Cuando tengas un mejor aprecio de tu vida y tu persona, habrás recobrado no el orgullo, sino la dignidad de saber decir certeramente un “Basta”, un “ya no”.

Y.. seguir dando gustos, ni de chiste, ni se te ocurra, sería un retroceso y un degradar tu tan grande dignidad que de suyo proviene no del ser personas, sino del ser hijos de Dios. Cuídate como tal, ya que al final como termina este mismo evangelio todo será claro y las consecuencias se verán, ya que “La sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras” (Aquellas que al final dicen quién somos).

“Furiosos contra el Bien”

“Furiosos contra el Bien”

Lucas 6, 6-11

Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: —Levántate y ponte ahí en medio.

El se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: —Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?

Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: —Extiende el brazo.

El lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

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Es un deseo permanente que en la vida nos vaya bien a nosotros y a los demás, para instaurar un orden común com miras al crecimiento, tanto personal como colectivo porque todos salimos ganando.

Sin embargo a pesar del ideal, encontramos la cruda realidad en la que vemos que el sufrimiento y el dolor se hacen presentes por doquier en todas la etapas de la vida. Ciertamente el plan de Dios es hacernos felices ya desde ésta vida, pero nuestra humana debilidad fracturada por las insidias del maligno hacen mella si no es en un lado, lo es en el otro, el hecho es que nadie se escapa.

Desgraciadamente aún las personas mejor posicionadas y no se diga las que viven en la miseria, suelen reaccionar idénticamente con una inconformidad ante todo que ralla en un divorcio con la propia vida, tienen un odio nativo engendrado y alimentado desde el interior que suele salir a relucirse en todas las oportunidades que sean posibles durante el día.

Todo aquel que no tiene paz, que no sabe perdonar, que no está reconciliado consigo mismo y con el mundo, será incapaz de dar una muy buena opinión de la belleza que se le presente al frente. Les duele todo y claro, con el orgullo a todo lo que da, a eso aunada la envidia, forman el complemento perfecto para la infelicidad, tanto personal como con los que se le crucen en el camino.

Es por ello que se ponen furiosos contra el bien, no lo toleran, su inestabilidad emocional dañada por el dolor, les impide tener una opinión distinta a la vivida en su momento, ya que como así lo sienten, piensan que es real.

Mientras más grande sea el bien, mayor reacción negativa tendrán aquellos que no quieren salir de este estado de trance, inducido por el maligno y adoptado por nosotros. Es una lucha constante, pero siempre victoriosa si permites entrar al Señor en tu vida y dejarlo obrar para que sane eso que no podemos perdonar y perdonarnos. Entonces invertirás la furia, porque ahora será una furia contra el mal, pero controlada por la caridad.

“Cuando yo calumnio”

“Cuando yo calumnio”

Mateo: 5, 43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Sean, pues, perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

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Es muy frecuente que estemos atentos a cuanto nos acontece, sobre todo si alguien me ofende, solemos saltar al instante y ponernos en actitud defensiva, cuando no a veces ofensiva.

Pero cuando soy yo quien ofende, hasta me parece un juego y lo vemos como normal, claro, en mis esquemas y en mi criterio, es cuando sentimos que estamos bien y que el resto del mundo anda mal porque todo lo siento como un ataque personal.

Es entonces cuando calumnio para sacar ese miedo que traigo, aquel que no percibo porque no soy consciente de ello, aquel que todos ven excepto yo, aquel que me impide crecer porque no lo reconozco, en mí, pero sí en los demás, aquel que no acepto y me hace hacerme el herido y ofendido cuando alguien lo remarca.

Porque cuando yo calumnio, saco todos mis miedos y ansiedades, evito que la gracia de Dios haga su efecto en mí y soy el principal obstáculo para mi propia santidad.

Sin embargo el Señor no me rechaza, me acepta y desea que supere todo cuando me quita mi felicidad, aquella que no alcanzo a conocer porque me conformo con poco y no pido su plenitud.

Sólo falta que alcance a vislumbrar el cuan grande puedo crecer a su lado, ya que aún siendo yo injusto, no deja de darme cuanto necesito, mostrándome hasta donde puede llegar mi perfección, ya que fuimos hechos a su imagen y semejanza, y el límite en la santidad, es del tamaño como el mismo Padre celestial.

“Mal enterados”

“Mal enterados”
Marcos: 3, 20-21
En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.

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No nos resulta en nada extraño que la información que nos llega sea adquirida por otras personas, y para variar, vaya impregnada de sus juicios y opiniones muy particulares, en donde nos presentan una realidad parcial o falsa, ya que no conocen a profundidad ni la verdad, ni a la persona.
Caso muy elocuente y breve que se nos presenta en esta fracción del Evangelio de Marcos, donde conociendo a Jesús desde otra perspectiva, se les hace raro el que haya tenido un cambio de vida al iniciar su ministerio. 
Y es que las personas no pueden asimilar ni aceptar el hecho de que una persona sea y actúe de manera distinta a como la conocemos de toda la vida, por ello la conclusión más práctica y fácil, será declararlo loco y dejar el pleito a sus familiares para que se encarguen, desestabilizando y perturbando su paz, que no deja de ser un reflejo de cómo viven los informantes.
Es por ello necesario tener la prudencia de no dejarnos impregnar por las apreciaciones y conclusiones de quién no tiene paz, ya que estarán mal enterados, e inclusive cerrando su mente y corazón ante la verdad para que predomine su versión, y con ello la oportunidad de crecimiento en Cristo Jesús.

“Ataques dentro y fuera”

“Ataques dentro y fuera”
Mateo 16, 13-23
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?
Ellos contestaron: —Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
El les preguntó: —Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: —Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió: —¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: —Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: —¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.
Jesús se volvió y dijo a Pedro: —Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.
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Es más que evidente los constantes ataques que recibe toda la Iglesia, desde el Papa hasta el que está por nacer donde le quitan todos los derechos a la vida, para contradictoriamente remarcarlos exageradamente desde la infancia para quitar la autoridad a los padres y así no implantar valores, sino tan sólo los que manipulan en la educación deficiente que se brinda oficialmente en las instituciones educativas.
Es una pena ver cómo se vocifera y se juzgan las fallas cometidas dentro de la misma por la humana debilidad peor y sin misericordia, como si no vinieran de las leyes divinas, exaltando tanto al pecado que el perdón les queda corto y por ende, sin caridad ni trato humano digno.
Los ataques de fuera de la Iglesia desde siempre han estado presentes en la historia, desde su nacimiento hasta nuestros días, esos ya los consideramos como el pan nuestro de cada día.
Lo que considero aún más malo, es que el mismo demonio utiliza a las personas dentro de la misma Iglesia, aquellas que viven guardando una imagen externa de pulcra rectitud, pero me pregunto ¿dónde queda la caridad y la bondad?, si se la pasan comiendo cristiano todo el santo día, juzgando a los que no viven correctamente y satanizándolos, sin poder acercarnos a los pecadores para ayudarlos, ni entablar el menor diálogo porque son los primeros que nos señalan y nos excluyen de su santa comunidad. 

Los que más dañan son los de dentro, porque en realidad el demonio les hace creer que hacen el bien, pero los usa para el mal. Sin embargo muestro mis respetos para las personas con una fe auténtica y maduras, que no se dejan engañar ni enganchar de esos que viven para ello, aquellos que viven cuidando y promoviendo un vida digna y santa, que no viven escandalizados de todo, líbrenos Dios de esos malos cristianos persignados y se dejen ayudar por los que sin apariencias viven el evangelio sin mayor aspaviento. 

“Atributos erróneos”

“Atributos erróneos”

Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: —Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: —Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.
El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

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Cuando conversamos con los demás, por lo general no dejamos de tener una opinión sobre el tema en curso, sobre todo participando como si fueran verdad y muy nuestros los comentarios que escuchamos, ya sean de los demás o así como de los medios de información que más que claramente parcializan la verdad.

Entonces nos auto convencemos de lo que digamos porque lo hacemos nuestro, respaldados en el decir de alguien mas, aunque su opinión no esté bien y certeramente fundamentada, es decir, nos quedamos con el chisme y eso nos basta.

Lo malo es que cuando nos llega el conocimiento de la verdad sobre el asunto, no lo aceptamos, porque sería negarnos a nosotros mismos que dimos una opinión errónea y duele descubrirnos en la mentira y así mismo como personas no confiables.

Ya lo dice un dicho: ‘de sabios es auto corregirse’ porque habla de nuestra humildad ante la verdad, realzando la confiabilidad y la aceptación a la corrección.

Por ello no es novedad tanta mala información que circula en todos los medios, especialmente en las redes sociales, donde cualquier persona sin fundamento se pone a opinar sobre lo que no conoce o malamente pretende tergiversar, quedándonos con una opinión errónea como la de Herodes, donde sus contactos navegan en ese medio desinformado, la cual como consecuencia llevó a Juan bautista a la muerte.

Toda información conlleva consecuencias, y no se si te des cuenta hasta dónde afectas a aquellos que juzgas y criticas, porque eres responsable de lo que les pase.

"Ataques Capitales"

“Ataques Capitales”

Mateo 10, 24-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto, que no llegue a descubrirse; nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».

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Ciertamente vivimos en un medio un tanto corrompido por el mal y las envidias que están a la orden del día; en todos los ámbitos de la vida surgen ataques, pero curiosamente no son ejecutados por los que le carcome el odio, sino que manipulan y mueven a otras personas, las cuales en medio de sus más pequeños dolores, les canalizan el odio a un fin específico aunque no tenga que ver nada con su persona en lo particular, es decir, es una manipulación en medio de las crisis de los demás.

Este esquema de ataque, es típico del maligno, por decir así es su modus operandi, prácticamente el demonio viene a ser el autor intelectual y los ejecutores, todos los débiles y vulnerables en su espíritu. 

Dichos ataques además de indirectamente afectar a las personas, van dirigidos de manera directa a los dirigentes, a las autoridades, a las cabezas que son parte fundamental en las sociedades. Es por ello que critican y atacan desde la autoridad familiar hasta la máxima autoridad cívica en el mundo. 

Saben muy bien que si atacan la cabeza, se desorganiza todo el resto, y así quedar presos de una “nueva” autoridad no auténtica y manipuladora, sobre todo para uso económico y consumista sin valores de por medio.

Se le llama independización, pero en realidad es una vulnerabilidad a expensas de quien  los manipula. Por ello se nos invita a mantenernos en la unidad, respetando la autoridad que habla de la nobleza del corazón y de los valores trascendentales que aún llegan a nosotros y que podemos proyectar a los demás. Hay que cuidar la autentica autoridad, porque será la que nos irá guiando a la verdad, ya que viene de Dios y es para vivirla en comunidad.

"Las risas nerviosas e ignorantes"

“Las risas nerviosas e ignorantes”

Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: —Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá.
Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió, y al verla le dijo: —¡Animo, hija! Tu fe te ha curado.
Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: —¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida.
Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

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Tener el don de poder tomarse la vida en serio pero a su vez a la ligera en aquello que resulta en su momento gracioso, es bueno, la distracción y la broma bien intencionada positivamente alegra la vida, la risa resulta naturalmente como una expresión de esa felicidad que causa dicha situación.

Pero no siempre la risa es auténtica, puede manifestarse como una expresión de miedo, de ignorancia, cuando no sea la más hipócrita: de burla. Recurso que sin dudar utilizan los  que quieren dar una imagen de importancia y valentía, falsa por supuesto, que en realidad  manifiesta un temor profundo y un miedo a que vean la real persona que son.

A Jesús lo deseaban amedrentar burlándose de su acción, sobre todo aquellos, los que no tienen fe y por ende no creen ni en sí mismos ni en los demás, saliéndoles natural la burla que habla de su propia educación y confianza en los demás. 

Eso no es ningún impedimento para Jesús, claro que humanamente hieren, pero su capacidad y manejo de situaciones es mayor, por lo que además aprovecha la circunstancia para darles a conocer hasta dónde les llega su fortaleza y conocimiento.

Resucita a la niña, sana la mente de los demás, da testimonio del amor de Dios y la atención a sus hijos, aumenta la fe de sus discípulos y a su vez hace presente el Reino de los Cielos. Por lo que la risa no fue impedimento para todo ello, como tampoco lo puede ser tomarnos de su mano, para que los nuestros, a pesar de las burlas y risas nerviosas e ignorantes de los demás, quienes desean truncar tu misión, aquella que el Padre te ha encomendado salga a flote, porque puedes manejar eso y más.

“Murmuraban entre ellos…”

“Murmuraban entre ellos…”
Lucas 15, 1-3.11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: –«Ése acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola: –Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna».
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».
Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Éste le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado porque lo ha recobrado con salud.
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya  a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».
El padre le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».
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Dentro de la pedagogía que usa Jesús, sin extirpar en ningún momento su caridad, ante las adversidades que le llegan por medio de otras personas ya sea con ataques, críticas y murmuraciones, no se rinde, sino que al contrario, de esa misma ocasión se prende para ya una vez puesta la atención de los demás en sí mismo, aunque ésta sea negativa, la utiliza para implantar una enseñanza que es la apta para esa circunstancia concreta.
El caso es muy claro, ya que ante el juicio temerario de posicionarlo en una postura social y religiosa supuestamente inferior a la de los que lo juzgan, Jesús no para en rechazos o defensas hacia sus atacantes, sino que utiliza la ocasión para con la mayor caridad demostrarles el error en su postura y hacerles notar la gran misericordia que de esa acción surge.
La parábola del Hijo Pródigo, es la perfecta parábola, que ademas de remarcar el amor incondicional de un padre, sin ofender a nadie presenta cada uno de los personajes para que en el trayecto de la narración, tengamos la oportunidad de identificarnos con alguno y corregir actitudes, pero sobre todo esas habladurías que se nos hace fácil externar y que no llegan sino a desdecir la buena fama, así como la autoridad de quien es centro de nuestra atención.
Las murmuraciones suelen brotar tan sólo de aquellos corazones que no tienen en sí mismos paz, y que van dirigidas a un ataque contra la otra persona, defendiendo mi postura y denigrando a la otra como un sistema de defensa muy bajo y cruel que no es legítimo.

Es por ello que quien murmura, denota su inseguridad y sus miedos ante los demás, defendiéndose antes de ser atacados, aún cuando el supuesto ataque nunca llegue. No hay nada como la honradez y caridad que de suyo habla, inclusive sin palabras.