“Responsabilidad sin quejas”

“Responsabilidad sin quejas”

Lucas 11, 42-46

En aquel tiempo, dijo el Señor: —¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!
Un jurista intervino y le dijo: —Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.
Jesús replicó: —¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!.
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Actualmente nos encontramos con la era de las quejas, por doquier se muestra gente inconforme sobre todo con los servicios, además de las mismas responsabilidades tanto cívicas como personales.

Reclamos que denotan un cansancio a veces ya crónico y degenerativo, es decir que va de mal en peor como un modo de vivir ya ordinario. Sin embargo aunque nuestra actitud sea ya de predisposición, hay que saber de igual modo identificar además de reconocer cuando una persona cumple cabalmente con sus deberes, haciéndolo notar. Pero parece que estamos discapacitados en medio de un orgullo tan tenso que impide ver el bien de los demás aunque lo tengamos al frente, dónde nada cuesta decir, “felicidades, que bien lo haces”.

Es un mal de falta de educación tan sólo identificar los defectos y errores en los demás, mientras estamos haciendo nuestras labores eficazmente parece que nadie lo nota, pero no cometas un error porque ese sale a relucir inclusive lo que no es en sí mismo, engrandeciéndolo a tal grado como si fuera una pena capital. Es decir, puro escándalo, recordando que con eso no se soluciona nada.

La ventaja es que de suyo evitamos las quejas con una eficaz responsabilidad, ya que si cada quien hiciera lo que debe cabalmente, el mundo sería otro y las quejas serían algo raro no ordinario.

Así como un mal genera otro peor, de igual manera y a la inversa un bien, genera otro mayor, por ello dentro del espíritu de los hijos de Dios, hagamos un buen ambiente reconociendo la responsabilidad de los demás sin quejas, y si te quejas es porque no puedes ver el bien en los otros, ánimo y oración para salir de esos baches. Caridad ante todo.

“En constante crecimiento”

“En constante crecimiento”

Mateo: 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en su huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”.

Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”. Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

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No son pocas las ocasiones en que pensamos que la etapa de formación educativa en las escuelas son lo que necesitamos para crecer y vivir una vida digna y llena de bienes, como quien busca un título o diploma para certificar quiénes somos.

Creemos que una vez concluidas estas etapas escolares ya terminamos, olvidando que  aunque llegues y hagas un doctorado o una maestría, no dejan de ser las plataformas básicas para de ahí continuar creciendo y, que al final no bastan porque vivimos en un mundo dinámico y en constante evolución que requiere de una permanente actualización.

Jesús lo revela muy claramente en sus ejemplos del Reino, hay que crecer y Dios provee todo para hacerlo, cuando el mundo tan sólo promueve el desarrollo material y económico, olvidando los valores y virtudes que precisamente completan la belleza de un proyecto.

Nunca dejamos de crecer, aunque no en lo físico, sí en nuestras almas que tienen la capacidad de crecer hasta la misma perfección divina, como el mismo Padre Eterno, No iguales, pero sí en similaridad. Por ello no dejes de cultivarte y crecer, no quedes estancado en alguna zona de confort, porque es una trampa y tú fuiste creado para ser libre y llegar más allá de lo que el mundo propone, hasta la riqueza inconmensurable del mismo Dios. Es un constante crecimiento.

“Tan importante lo poco como lo mucho”

“Tan importante lo poco como lo mucho”

Marcos: 12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”.

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

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Ante nuestros criterios muy humanos, bajo los esquemas económico utilitaristas, a simple vista nos encontramos que la cantidad importa bastante, y siempre solemos obtener más de lo que sea, excepto lo que incomoda.

Olvidamos que a los ojos de Dios, la cantidad es un simple número, o un volumen, pero en realidad lo que le importa es la acción y actitud con la que se posee o se dona.

Y es que no tenemos por que denigrar tanto lo mucho como lo poco, porque podemos movernos pendularmente de un extremo a otro. Por un lado si es mucho, no falta quien afirme que el dinero es maligno, y que quien lo posee se va a condenar. Aunque por el otro lado quien tiene poco o casi nada, de igual manera afirman que están lejos de la mano de Dios y hasta que es un castigo.

Por el contrario ambas situaciones son una bendición, ya que quien tiene mucho, bastante bien puede hacer, generar más riqueza para seguir progresando, así como ayudando con el trabajo digno y un sano desarrollo; y si hay pobreza, la generosidad de desprendimiento aunque sean dos monedas, habla de un corazón noble que aunque no las posea, tiene su confianza en Dios que proveerá y dará los medios para salir junto con nuestro trabajo adelante.

Es por ello que ambas situaciones son muy importantes, lo poco y lo mucho, ya que la manera de cómo manejarlas habla de la bondad o del egoísmo y avaricia de quien las administra, sin olvidar que ambas nos llevan a Dios.

“Tenemos a quien escuchar…”

“Tenemos a quien escuchar…”

Lucas: 16, 19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.

El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’ “.

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Ya se nos ha convertido en un hábito vivir sin pendiente ante los deberes y la responsabilidad de la caridad, aunque tengamos a poca distancia nuestros centros de actividad pastoral y de formación religiosa, optamos por rellenar nuestros tiempos con actividades que a veces como su nombre lo dice quedan en un ocio sin beneficio común.

No significa que debamos vivir metidos en el templo orando todo el santo día, ya habrá un tiempo para cada cosa, pero en realidad incurrimos en una irresponsabilidad culpable cuando ese tiempo para nuestra alma y sus dones no es dedicado.

Como el mismo ejemplo que propone Jesús, que quien teniendo todas las oportunidades y capacidades para hacer el bien, no lo hace, ni se forma a sí mismo, deseando haber en su momento recuperar todo lo perdido, pero como la misma palabra lo expresa, ya está “perdido”.

Deseamos que un Dios paranormal y totalmente sobrenatural haga su presencia de manera apocalíptica para cambiar corazones, cuando día a día se predica su palabra, se hace presente en las eucaristías de todo el planeta, hoy que tenemos quien nos lo haga presente en el sacerdocio ministerial. Pero si no lo aprovechamos, no es porque dependa de Dios, sino de ti mismo, porque hoy tenemos a quien escuchar, todo hecho y dicho en el nombre del Señor Jesús. Mañana sabrá Dios. (y sí lo sabe).

“El Título es lo de menos”

“El Título es lo de menos”

Mateo: 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial.

No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

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Es my gracioso ver que en ciertas oficinas, consultorios y lugares de servicios, se encuentran repletas de diplomas y certificados como trofeos que pretenden hablar de quienes ahí laboran a manera de acreditar y dar seguridad a quienes los solicitan.

No digo que sea algo negativo, es muy bueno siempre y cuando respalde la eficacia de sus servicios, no en cuanto la cantidad, sino en la calidad.

Situación que precisamente Jesús nos invita a considerar en vistas a dar un auténtico servicio sincronizado con la intención que lleva.

A nadie se le puede negar un título, pero éste sale sobrado cuando la actitud y la labor realizada habla por si misma realizada con todo el empeño y la caridad impresa en cada detalle.

Es por ello que las obras hablan por sí mismas, respaldando un título, cualquiera que sea, desde el de estudiante, hasta el mayor título de moda en la actualidad.

Las obras lo dicen todo y el resto se confirma o sale sobrando ante cualquier título.

“La siembra, siempre es para el futuro”

“La siembra, siempre es para el futuro”

Lucas 14, 12-14 

En aquel tiempo, decía Jesús a uno de los principales fariseos que le había invitado: Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos: porque corresponderán invitándote y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; pero ya te pagarán cuando resuciten los justos. 

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Resulta ilógico e inconcebible pretender que una semilla de cualquier planta, con todo su potencial, dé los resultados esperados de manera inmediata, ya que implica un proceso, un tiempo y una espera.

Al igual que un agricultor, lo que siembra un día, en el momento justo lo cosechará. Pero con las prisas del inmediatismo que impera hoy en día, ya no se sabe esperar, todo se exige en el aquí y el ahora, incluso se sufre por no obtener lo que trabajamos o lo que queremos de manera inmediata.

El Señor nos propone un solución que acompaña nuestra vida, esa es la esperanza, aquella virtud que nos hace saber esperar y reconocer que todo lo que sembremos, ya sea palabra, obras, consejos, amistades, al momento presente son eso, una siembra y, a lo mejor con el tiempo nos toca cosecharlas.

No hay que olvidar que los bienes de los que hoy eres partícipe, alguna persona tiempo atrás los sembró y ahora los disfrutas. Así es como funciona la vida, hoy gozamos de lo que otros o inclusive tú sembraste ayer. 

Por ello se nos invita a hacer las buenas obras sin esperar una retribución o un gracias hoy, eso es una siembra, ya se te pagarán en esta vida y si no, están sembradas y garantizadas para cuando resuciten los justos.

“Un regalo que no se rechaza”

“Un regalo que no se rechaza”

Juan: 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.

El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él.

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Uno de los conceptos que conocemos como propiedades de Dios es la generosidad, en la que sin dudar sabe darnos todo cuanto necesitamos, a veces decimos que desmedidamente, pero eso es falso, ya que no desborda ni desparrama gracias al por mayor porque por un lado se pueden desperdiciar y por el otro nos pueden mal imponer a tener en exceso y ni una ni otra son buenas.

Por ello, la medida del Señor para dar y darse es tan basta que da a plenitud, por lo que cuando más se le pide, más otorga siempre en el consecuente aprovechamiento, y ahí es donde no se mide, sino que da lo justo y necesario, que jamas es limitado de tal manera que no sacie.

En este evangelio de San Juan nos revela cómo el mismo Padre en esa expresión siempre de amor, nos entrega a su propio Hijo, que a su vez lo ama entrañablemente y con toda la confianza del mundo le otorga el regalo de rescatarnos y recuperar la vida eterna, así como librarnos del pecado. 

Pero si rechazamos ese regalo, el que se torna rebelde, no significa que Dios lo castigue y condene, sino que quien lo rechaza a su vez rechaza su amor, su gracia, su perdón, sus dones, su luz y su verdad, por ello nos lo dice “no verá la vida” pero por propia negación de quien no lo acepta, entonces al estar alejado de Dios, todo se torna en vacío y oscuridad, y esa tan mentada cólera de Dios, será tan terrible, pero no por que Dios la infunda, sino por el horror de saberse y experimentar el no estar en Él.

Es por eso que un regalo así no se rechaza, y si se rechaza quedas no tan solo sin regalo, sino en el vacío.

“El mejor testimonio”

“El mejor testimonio”

Juan: 5, 31-47

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Si yo diera testimonio de mí, mi testimonio no tendría valor; otro es el que da testimonio de mí y yo bien sé que ese testimonio que da de mí, es válido.
Ustedes enviaron mensajeros a Juan el Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz. Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre.
El Padre, que me envió, ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no habita en ustedes, porque no le creen al que él ha enviado.
Ustedes estudian las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues bien, ellas son las que dan testimonio de mí. ¡Y ustedes no quieren venir a mí para tener vida! Yo no busco la gloria que viene de los hombres; es que los conozco y sé que el amor de Dios no está en ellos. Yo he venido en nombre de mi Padre y ustedes no me han recibido. Si otro viniera en nombre propio, a ése sí lo recibirían.
¿Cómo va a ser posible que crean ustedes, que aspiran a recibir gloria los unos de los otros y no buscan la gloria que sólo viene de Dios?
No piensen que yo los voy a acusar ante el Padre; ya hay alguien que los acusa: Moisés, en quien ustedes tienen su esperanza. Si creyeran en Moisés, me creerían a mí, porque él escribió acerca de mí. Pero, si no dan fe a sus escritos, ¿cómo darán fe a mis palabras?”.

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Actualmente los testimonios no son muy tomados en cuenta, ya que la moda son tan sólo las buenas intenciones y las acreditaciones de la persona por la opinión y por los puntos acumulados de los demás, de tal manera que el propio ejemplo ya no importa, sin lo que digan los otros según les amanezca la luna.

Los mismos programas en los medios de comunicación nos hablan de ese esquema, donde el valor, el talento y la belleza de una persona no vale por si misma, sino por la que saque más dinero dentro de una votación populachera y pagada, en donde se le da todo el crédito al común de las masas ya manipuladas tendenciosamente. 

Con esos criterios ya sembrados en las personas que, sin valores firmes oscilan entre el azul celeste y el rosa pastel, sin la mayor complicación ni cuestionamiento razonable, es muy evidente que cuando decidan, por lo general ante una necesidad, busquen a Dios en la secta que mejor les acomode y les suplan su atención personal.

Los testimonios reales dan miedo porque ante tanta fragilidad mental resultan violentos e incomprensibles en voluntades pequeñas. Es necesario fortalecernos, crecer, enfrentar los testimonios como el de Cristo, y hacerlos nuestros para que hablen aún más fuerte que nuestra propia voz sin gritar, porque se notarán solos y sin necesidad de publicidad, ya que las obras se sostienen a sí mismas por sí solas, pero aunadas a las palabras de verdad, forman el complemento perfecto para manifestar quién se es en realidad.

“Detrás del trabajo”

“Detrás del trabajo”

Juan: 5, 17-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en sábado): “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo”. Por eso los judíos buscaban con mayor empeño darle muerte, ya que no sólo violaba el sábado, sino que llamaba Padre suyo a Dios, igualándose así con Dios.


Entonces Jesús les habló en estos términos: “Yo les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta y sólo hace lo que le ve hacer al Padre; lo que hace el Padre también lo hace el Hijo. El Padre ama al Hijo y le manifiesta todo lo que hace; le manifestará obras todavía mayores que éstas, para asombro de ustedes. Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela. El Padre no juzga a nadie, porque todo juicio se lo ha dado al Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre.


Yo les aseguro que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida.


Les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre.


No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.

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Cada quien justifica su forma de trabajar afirmando y proclamando como si no hubiera mejor opción, si alguien en realidad lo siente así, es una ventaja, ya que ha identificado la mejor manera de ejercer los dones que ha recibido de una manera que los pone al servicio y se beneficia a su vez de los mismos.

Aunque hay otros tantos más, que no identifican su verdadera vocación de servicio ni sus dones, porque no los ha cultivado y laboran infelizmente por necesidad donde se les facilite y les den la oportunidad.

No hay que olvidar, que el éxito en el trabajo depende de nuestro empeño y de la manera como nos desenvolvemos, ya que al conjuntar nuestras virtudes, nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestros hechos, las bendiciones llegan por poner en practica todos los recursos recibidos de parte de Dios y los reconocemos como tales.

Detrás de cada trabajo está la mano de Dios que sostiene misericordiosamente todas las circunstancias que hacen posible un pleno desarrollo de nuestro ser así como el de la sociedad, y aunque no se le reconozca, por pensar que los frutos son obra nuestra y de nuestra dedicación y esfuerzo, hay que tener muy en cuenta que no eres autónomo porque hasta del aire dependes.

“Dejar crecer”

“Dejar crecer”

Juan: 3, 22-30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea y permaneció allí con ellos, bautizando. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salim, porque ahí había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba, pues Juan no había sido encarcelado todavía.
Surgió entonces una disputa entre algunos de los discípulos de Juan y unos judíos, acerca de la purificación. Los discípulos fueron a decirle a Juan: “Mira, maestro, aquel que estaba contigo en la otra orilla del Jordán y del que tú diste testimonio, está ahora bautizando y todos acuden a Él”.
Contestó Juan: “Nadie puede apropiarse nada, si no le ha sido dado del cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: ‘Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de Él’. En una boda, el que tiene a la novia es el novio; en cambio, el amigo del novio, que lo acompaña y lo oye hablar, se alegra mucho de oír su voz. Así también yo me lleno ahora de alegría. Es necesario que Él crezca y que yo venga a menos”.

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Resulta en una bendición participar de dones que parecen ser connaturales a nuestro ser, como si fueran únicos y propios, de los que nos adueñamos a veces no tan certeramente como una propiedad con exclusividad. 

Sin embargo el Espíritu del Señor los otorga por doquier, precisamente ahí donde se necesitan, y aunque su gama es muy basta, sobre todo diversa, no duda en participar a su vez de los mismos dones a diferentes personas sin distinción porque su gratuidad así lo requiere dentro de un plan mayor que el nuestro y sabiamente dispuesto.

En ocasiones se entrecruzan las humanas y ahí sí personales limitaciones, precisamente adquiridas en base a una carencia afectiva que no pedimos, pero que heredamos por aquellos que en su momento no supieron manejar sus propias limitaciones y daños, a su vez heredados, no como una maldición, sino como una repetición de patrones aprendidos en un esquema familiar donde nos desarrollamos.

Es entonces cuando brotan esas necesidades de protagonismo, intentando llamar la atención para obtener algo de cariño y aceptación del que carecemos, entonces malamente opacamos a quienes a la par brillan y participan de los mismos dones. 

Olvidamos que aunque un millón de personas tengan las mismas capacidades, son para crecer y hacer crecer con ellos, porque en realidad te son un apoyo y todos son necesarios en su momento, por ello al igual hay que dejarlos crecer, ya que si en algo no puedes cumplir con lo que te toca, ellos lo completarán dentro del mismo plan de Dios.

Es tan solo entender que es cuestión de múltiple participación en conjunto y en lo personal, porque con ello puedes santificarte.