“Saciar esas sedes”

“Saciar esas sedes”

Juan: 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.

La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.

La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”. Él le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve”. La mujer le contestó: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Tienes razón en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”.

La mujer le dijo: “Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu yen verdad”.

La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.

En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?’ Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?” Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.

Mientras tanto, sus discípulos le insistían: “Maestro, come”. Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen”. Los discípulos comentaban entre sí: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: ‘Uno es el que siembra y otro el que cosecha’. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto”.

Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el Salvador del mundo”.

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No es ninguna novedad el concepto de tener sed, ya que Dios mismo, a través de la biología que nos regaló en la naturaleza, hace que el mismo instinto de supervivencia esté alerta en todo momento para saciar las necesidades que tiene, entre ellos, el hidratarnos según se requiera para vivir.

Bajo ese mismo esquema, el Señor ha dado una analogía para entender claramente lo que es saciar, ya que no solamente tenemos sed del agua física, sino que de igual manera tenemos sed de muchas otras cosas, aquellas que necesitamos apagar, aquellas que incluso traemos arrastrando desde nuestra infancia, algunos por una cosa y otros por otra.

Sedes que buscan saciar el sentimos amados, aceptados, reconocidos, sed de justicia, sed de libertad, sed de buen trato, sed de dignidad, sed de ser escuchados, sedes que son saciadas precisamente con esa agua de la gracia que el Señor Jesús trae consigo y que hace presente y eficaz dondequiera que va, pero sobre todo aquellos que aceptan tener sed.

Caso concreto lo tenemos en la samaritana y su comunidad, que es saciada de esa esperanza en el Mesías y en la aceptación como pueblo, sed que se ve confortada a tal grado de pedirle a Jesús que se quede entre ellos.

Sedes que debemos saciar y no morir poco a poco de inanición. Si el propio organismo nos exige saciar la sed para vivir, me extraña que no reaccionemos cuando es necesario apagar aquello que va carcomiendo nuestras vidas poco a poco, como lo es el pecado que adormece la conciencia y la deja llegar a la muerte plena. Hay que saciar esas sedes y esa agua viva de la gracia tan sólo la provee el Señor Jesús.

“…Se llenaba de sabiduría”

“…Se llenaba de sabiduría” 

Lucas 2, 36-40 

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. 

Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. 

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Una de las propiedades muy actuales del mantenernos constantemente cercanos a Dios, es que sus gracias y dones, nos son compartidos en la medida que vamos disponiéndonos a recibirlos, los hechos lo van diciendo todo, la oración va teniendo sus frutos y la vida de lo sagrado sus consecuencias. 

El testimonio en esta fracción del evangelio es muy claro, ya se nos remarca que Ana, hija de Fanuel, que por cierto era ya anciana, no se apartaba del lugar sagrado en ningún momento, podría parecer fanatismo, pero en realidad se trata del haber encontrado ese tesoro que sacia de amor al estar en la presencia del Señor, fruto de la perseverancia en la oración, regalo de Dios, además de los frutos que parcialmente le irá dando hasta llegar a la vida eterna. 

Uno de esos regalos fue el de haber sido partícipe de ver al mismo Mesías, donde Dios hace patente sus promesas, verlas en pleno seguimiento y cumplimiento, conscientes de ello, es ya una bendición de Dios que no a cualquiera se le da, simplemente por el hecho de que no les interesa seriamente el asunto. 

La vida de la Gracia cuando se cuida da múltiples y grandes frutos, es por ello que es muy interesante el hecho de saber conservarnos en ella, en el caso de la familia de Jesús, no encontramos diferencia alguna de la misma, el hecho de hacer vida la Palabra a través de sus propios actos, redunda en la santidad de su propio hijo, el cual de la mano de ellos como remarca el mismo evangelio, se ve proyectada en la propia vida de Jesús que va creciendo, robusteciéndose y llenándose de sabiduría. 

Hoy en nuestros días, la eficacia de la gracia de Dios sigue siendo la misma, no esperemos un personaje o un suceso importante para recibirla, cuando hoy la podemos hacer nuestra a través de la vida cercana con Dios, a través de la oración; de nosotros depende y de igual manera sus frutos. Por ello, de una gracia brota la que le sigue, pero si no la atendemos, trunca quedará. No desaprovechemos la oportunidad en vida de crecer constantemente en la gracia de Dios, que nunca es suficiente, siempre basta y en Dios será plena.

“Tiempo para ti”

“Tiempo para ti”

Marcos: 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.
Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.
Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

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A veces navegamos entre los extremos no tan sanos de administrar nuestros tiempos, y digo extremos porque podemos tomar postura ante la suma responsabilidad que tenemos con los nuestros al querer partirnos para poder atender cada una de las solicitudes que no demandan, aunado a eso los deberes que no dejamos de hacer.

Aunque también se pudiese dar la otra postura de no aprovechar el tiempo y perderlo sin tener conciencia de las consecuencias personales y la afectación a los que tenemos cerca.

Parece heroico nuestro actuar al vivir de manera sacrificada, que no se niega la labor que hacemos, pero por un lado tendremos que ubicar a conciencia, si el trabajo que hacemos no sobrepasa nuestra obligación o, si estaremos realizando el trabajo y mal imponiendo a aquellos que amamos y que les corresponde dicha labor.

Es muy justo y necesario de vez en cuando tomar esos tiempos para restaurarnos de manera integral y seguir funcionando eficientemente en todas las labores que hacemos. Por ello el mismo Jesús pide apartarnos un poco del trabajo que parece nunca termina, para una vez recuperados, vigorosos, tranquilos, descansados, con una mente fresca y sana para enfrentar lo que venga, porque cansados es imposible.

Es por ello vital un tiempo de descanso, sin el mismo tu exhaustivo trabajo, aunque no lo dejes de hacer, no será tan eficaz ni de calidad, porque faltará esa parte de ti íntegra que confirma una labor bien hecha y no tan sólo forzada y sacrificada. Ánimo, date un tiempo para ti, es en beneficio principalmente de tu familia y de los que estamos cerca de ti.

“Conformistas y consolados”

“Conformistas y consolados”

Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando es odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas».

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Los valores a través del tiempo, aunque son únicos e inmutables, la cultura del tiempo los va cambiando y hasta desvirtuando, de tal manera que llega a poner como valor absoluto inclusive los malos hábitos y los pone de moda, claro con sus debidas facturas a pagar que sin falta llegan a su tiempo, de lo cual no te informan, pero ese no es el problema, a fin de cuentas al final caemos en cuenta de que eso no era valor, sino todo lo contrario.

La cuestión radica en que aunque cada vez tenemos más y mejores situaciones así como oportunidades, sin embargo no dejamos de ser conformistas, lo cual me atrevo a afirmarlo porque no dejamos de buscar siempre lo mismo, parece que tenemos una rutina autocícilica en total dependencia con aquello que te atrae, dígase personas, cosas, bienes y entre otras cosas algunos vicios.

No llamo conformismo a tan sólo navegar por la miseria y la pobreza en aquellos que no quieren salir de su situación, sino que incluyo a los que de igual manera inundados en la riqueza se conforman con ello. 

Aquí es donde llamo a los consolados, aquella gama de personas que van desde los que buscan sólo tener para comer, hasta los que las riquezas y la abundancia de bienes les consuela, pero no les otorga la plena felicidad.  

Son esos que parece que les basta el consuelo de éste mundo, sin embargo no llegan a la dicha, el sentirse realmente orgullosos no de lo que tienen, sino de lo que son, de su experiencia, de su capacidad para llegar a los demás y alentarlos aún en sus propias necesidades, los que no se conforman con un auto del año por más renombre que tenga, ni se consuelan con un premio de millones, aunque esto sea bueno. La razón es porque eso no sacia a un corazón que espera lo que realmente lo llena, es decir la dicha de haber dado de sí, algo a los demás, de haber salido adelante a pesar del dolor, de saber caminar con la frente en alto y sin prejuicios.

Esos no conformistas y consolados son los que necesita el mundo tan necesitado de novedad y admiración de la propia vida que nunca deja de tener lo suyo, con o sin bienes. Por ello, no dejes que el mundo te consuele, busca siempre algo mejor.

“Un sitio tranquilo y apartado”

“Un sitio tranquilo y apartado”

Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

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Cuando pensamos en el descanso, esos lugares tranquilos y apartados los solemos identificar con las vacaciones fuera de nuestro hábitat tradicional, aunque hoy en día parece todo lo contrario, se buscan lugares tumultosos, llenos de ruido en los que nos gusta saturarnos del exceso del lugar donde nos encontremos hasta terminar aún más cansados, casi totalmente rendidos.

Ciertamente cada quien sabe cómo desgasta su vida, pero una cosa el Señor nos recuerda: siempre es bueno buscar esos momentos de verdadera paz y tranquilidad que son para nosotros, para restaurarnos y hasta regenerarnos. No estamos hablando de clubes con spa, sino de esos momentos que realmente son necesarios, que urgen en medio de una mundo vertiginoso que día a día va acelerando más, sin tiempo ni para resollar.

Son esos momentos de encuentro con nosotros mismos, de identidad, de valía, de serenidad para confrontarnos con el mismo Yo y superarlo, para una vez cubiertas las heridas causadas en el caminar se nuestra vida, mirar hacia el Creador, para simplemente dar un ‘gracias’ que lo diga todo.

Es por ello importante apartarnos como lo hacia el Señor con sus discípulos, no para huir y esconderse, sino para regresar llenos de la misma vida que plenifica el Señor.

Domingo, día de apartarnos de lo ordinario para estar donde debes, para dar gracias y para regenerarte dando cada vez más y lo mejor de ti. Día del Señor, día especial para recibir sus dones a través de los sacramentos, por ello se reserva, por lo especial que es, por lo especial que se nos da.  Que tengas un excelente día del Señor.

“¿Sabemos descansar?”

“¿Sabemos descansar?”

Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.

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Caminando durante este tiempo especial de gracias como lo es el adviento, nos encontramos con la propuesta del descanso, pero no estamos hablando de las ya esperadas y conocidas vacaciones de navidad, que por lo general es con lo que relacionamos los descansos, sino que la propuesta es más profunda, va al ámbito de nuestra tranquilidad, de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestra paz, ya que se nos propone dejar la tensión que causan todas las circunstancias negativas de la vida, donde no dan cabida a un cambio de vida ni en nosotros ni en los demás, que muchas veces deseamos.

Ese descanso, se refiere a depositar nuestra confianza en Dios, puesto que ahora llega aquel que transformará toda alma destruida y deteriorada por el pecado, aquel pecado que aparenta haber llegado para quedarse ya como una situación ordinaria en nuestras vidas y la cultura,  pero que sabemos no es así.

Hay que dejar de cuidarnos en demasía y dejar de cuidar a los demás con tensión, ya está por llegar aquel que al transformar cada una de nuestras almas, otorgará todas esas gracias y herramientas necesarias al restaurarnos, dando cabida a todo lo que conlleva poder estar purificados y ser templos vivos del Espíritu Santo.

Es una garantía que debe despejar los miedos y saber que ya viene aquél que lo hará posible todo, ya no dependerá de nosotros el cuidar el bienestar y la tranquilidad moral, porque Él hará posible todo eso que al momento no lo era.

Aquí es donde se nos invita a saber descansar, dejar de pensar que todo depende de nosotros, ya viene esa ayuda, por lo que hay que saber dejar nuestra confianza en Dios, nada fácil cuando llevamos toda una vida al pendiente de los nuestros. Hay que saber descansar, porque tensos y atareados es imposible tener tiempo para vislumbrar esas gracias, con la tendencia a no aprovecharlas, porque impuestos al ritmo desenfrenado y saturados de quehaceres podemos caer en la trampa de creer que si no hacemos todo a ese ritmo fallamos a los nuestros.

Es tiempo de espera, seamos capaces de poder decir, “Ven, Señor Jesús” y date el tiempo de descansar junto con María, su madre, en su regazo.

“Un descanso real”

“Un descanso real”

Mateo: 11, 28-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.

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Hay muchas maneras de descansar, algunas personas suelen hacerlo cambiando de actividad, como dice el dicho: “descansando, haciendo adobes”; otros a través de un total abandono de su lugar y actividades ordinarias; hay quien lo hace en base a lo que el consumismo le propone, hasta vendiéndole ‘tiempos compartidos’ y viajando a centros de recreo, que al final termina uno más cansado.

En todas ellas, cada quién opta por el descanso que mejor le agrada y según sus posibilidades, ya que en todas hoy en día hablan de una distracción que da la sensación de restablecer ánimos y fuerzas.

Sin el ámbito de negar todas esas propuestas, Jesús además sugiere que no solamente descansemos de la actividad física, mental y laboral, sino que de igual manera pongamos en medio de nuestros cansancios, una total confianza en Él para depositarle aquello que nos quita la paz, lo que aún en vacaciones nos roba el sueño, y que implica a su vez dejarnos ayudar por Él.

Es entonces cuando el descanso es total y real, sin dejar de hacer lo que nos corresponde en medio de cada situación difícil, pero con la certeza de que Dios está a nuestro lado a pesar de que las cosas no transcurren como deseamos y pedimos.

Pero si la confianza está en tan sólo lo que podamos hacer nosotros u otras personas, siempre quedará la incomodidad de que a lo mejor no salen las cosas bien, por el contrario, poniendo todo en sus benditas manos, nos irá guiando hasta encontrar la solución real, con las gracias y paz necesarias en el ínter de que se llega todo a buen fin.

“Tiempo para ti”

“Tiempo para ti”

Marcos: 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.
Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.
Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

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A veces navegamos entre los extremos no tan sanos de administrar nuestros tiempos, y digo extremos porque podemos tomar postura ante la suma responsabilidad que tenemos con los nuestros al querer partirnos para poder atender cada una de las solicitudes que no demandan, aunado a eso los deberes que no dejamos de hacer.

Aunque también se pudiese dar la otra postura de no aprovechar el tiempo y perderlo sin tener conciencia de las consecuencias personales y la afectación a los que tenemos cerca.

Parece heroico nuestro actuar al vivir de manera sacrificada, que no se niega la labor que hacemos, pero por un lado tendremos que ubicar a conciencia, si el trabajo que hacemos no sobrepasa nuestra obligación o, si estaremos realizando el trabajo y mal imponiendo a aquellos que amamos y que les corresponde dicha labor.

Es muy justo y necesario de vez en cuando tomar esos tiempos para restaurarnos de manera integral y seguir funcionando eficientemente en todas las labores que hacemos. Por ello el mismo Jesús pide apartarnos un poco del trabajo que parece nunca termina, para una vez recuperados, vigorosos, tranquilos, descansados, con una mente fresca y sana para enfrentar lo que venga, porque cansados es imposible.

Es por ello vital un tiempo de descanso, sin el mismo tu exhaustivo trabajo, aunque no lo dejes de hacer, no será tan eficaz ni de calidad, porque faltará esa parte de ti íntegra que confirma una labor bien hecha y no tan sólo forzada y sacrificada. Ánimo, date un tiempo para ti, es en beneficio principalmente de tu familia y de los que estamos cerca de ti.

“¿Sabemos descansar?”

“¿Sabemos descansar?”

Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.

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Caminando durante este tiempo especial de gracias como lo es el adviento, nos encontramos con la propuesta del descanso, pero no estamos hablando de las ya esperadas y conocidas vacaciones de navidad, que por lo general es con lo que relacionamos los descansos, sino que la propuesta es más profunda, va al ámbito de nuestra tranquilidad, de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestra paz, ya que se nos propone dejar la tensión que causan todas las circunstancias negativas de la vida, donde no dan cabida a un cambio de vida ni en nosotros ni en los demás, que muchas veces deseamos.

Ese descanso, se refiere a depositar nuestra confianza en Dios, puesto que ahora llega aquel que transformará toda alma destruida y deteriorada por el pecado, aquel pecado que aparenta haber llegado para quedarse ya como una situación ordinaria en nuestras vidas y la cultura,  pero que sabemos no es así.

Hay que dejar de cuidarnos en demasía y dejar de cuidar a los demás con tensión, ya está por llegar aquel que al transformar cada una de nuestras almas, otorgará todas esas gracias y herramientas necesarias al restaurarnos, dando cabida a todo lo que conlleva poder estar purificados y ser templos vivos del Espíritu Santo.

Es una garantía que debe despejar los miedos y saber que ya viene aquél que lo hará posible todo, ya no dependerá de nosotros el cuidar el bienestar y la tranquilidad moral, porque Él hará posible todo eso que al momento no lo era.

Aquí es donde se nos invita a saber descansar, dejar de pensar que todo depende de nosotros, ya viene esa ayuda, por lo que hay que saber dejar nuestra confianza en Dios, nada fácil cuando llevamos toda una vida al pendiente de los nuestros. Hay que saber descansar, porque tensos y atareados es imposible tener tiempo para vislumbrar esas gracias, con la tendencia a no aprovecharlas, porque impuestos al ritmo desenfrenado y saturados de quehaceres podemos caer en la trampa de creer que si no hacemos todo a ese ritmo fallamos a los nuestros.

Es tiempo de espera, seamos capaces de poder decir, “Ven, Señor Jesús” y date el tiempo de descansar junto con María, su madre, en su regazo.

"La moda: Sucumbir"

“La moda: Sucumbir”


Mateo 13, 18-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del Reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la Palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno».

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Entre acelerones y pasividades mantenemos una forzada vida en los tiempos actuales. Por un lado tan ocupados y llenos de actividades laborales así como familiares que parecen faltarle horas al día, Inmersos en un activismo en el cual meten inclusive a los hijos, que terminan por cansarlos y pasar por desapercibidas las etapas de su infancia y adolescencia, por ello luego en medio de ese cansancio se vuelven rebeldes y los padres sin tiempo para asimilar la situación se preguntan el por qué, creyendo que todo lo hacen bien.

Por otro lado los pasivos, a quienes todo les pesa y también todo les molesta porque les interrumpe abruptamente su estática atmósfera, forzándolos a actuar aunque sea en lo más mínimo, casi comportándose como parásitos totalmente inútiles pero sí aprovechando la labor de los que trabajan sin cesar.

Parece una idea muy radicalista, de hecho son extremos entre los que oscilamos, a veces inconscientes de una solución mejor, porque pensamos que eso es ya lo ordinario.

Ante ésta situación que se vive, después de un saturado cansancio, lo más fácil es sucumbir, dejar todo, y hasta lo promueven como un común denominador, cuando lo convierten en estadísticas afirmando que lo más normal es que una persona cambie de actividad laboral o de pareja al menos 5 veces en su vida.

Es un plan que llevan acabo y del que en medio del acelere ni cuenta nos damos a dónde vamos, pero ellos sí saben a dónde nos quieren llevar.

Por ello orar, meditar, descansar y pensar lo mejor para nosotros y para los demás.