“Nuestra Señora de los Dolores”

Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo».

Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre».

Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

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Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares, 15 de septiembre

Por: Tere Fernández

Memoria

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte.

Los Evangelios muestran a la Virgen Santísima presente, con inmenso amor y dolor de Madre, junto a la cruz en el momento de la muerte redentora de su Hijo, uniéndose a sus padecimientos y mereciendo por ello el título de Corredentora.

La representación pictórica e iconográfica de la Virgen Dolorosa mueve el corazón de los creyentes a justipreciar el valor de la redención y a descubrir mejor la malicia del pecado.

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares.

Un poco de historia

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares. La fiesta de nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre y recordamos en ella los sufrimientos por los que pasó María a lo largo de su vida, por haber aceptado ser la Madre del Salvador.

Este día se acompaña a María en su experiencia de un muy profundo dolor, el dolor de una madre que ve a su amado Hijo incomprendido, acusado, abandonado por los temerosos apóstoles, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos.

Es Ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios. Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprender que, en el dolor, somos más parecidos a Cristo y somos capaces de amarlo con mayor intensidad.

¿Que nos enseña la Virgen de los Dolores?

La imagen de la Virgen Dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufri-mientos.

Cuida tu fe:

Algunos te dirán que Dios no es bueno porque permite el dolor y el sufrimiento en las personas. El sufrimiento humano es parte de la naturaleza del hombre, es algo inevitable en la vida, y Jesús nos ha enseñado, con su propio sufrimiento, que el dolor tiene valor de salvación. Lo importante es el sentido que nosotros le demos.

Debemos ser fuertes ante el dolor y ofrecerlo a Dios por la salvación de las almas. De este modo podremos convertir el sufrimiento en sacrificio (sacrum-facere = hacer algo sagrado). Esto nos ayudará a amar más a Dios y, además, llevaremos a muchas almas al Cielo, uniendo nuestro sacrificio al de Cristo.

Oración: 

María, tú que has pasado por un dolor tan grande y un sufrimiento tan profundo, ayúdanos a seguir tu ejemplo ante las dificultades de nuestra propia vida.

Tomado de Catholic.net

“El dolor ajeno”

El dolor ajeno”

Mateo: 11, 20-24

En aquel tiempo, Jesús se puso a reprender a las ciudades que habían visto sus numerosos milagros, por no haberse arrepentido. Les decía:

“¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Pero yo les aseguro que el día del juicio será menos riguroso para Tiro y Sidón, que para ustedes.

Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo, porque si en Sodoma se hubieran realizado los milagros que en ti se han hecho, quizás estaría en pie hasta el día de hoy. Pero yo te digo que será menos riguroso el día del juicio para Sodoma que para ti”.

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Cuantas veces no hemos sentido pena por alguien que se encuentra en una situación lastimera, o que está sufriendo, y es que aunque no tengamos una preparación profesional para ello, sabemos detectar cuando alguna persona vive una situación que no es la ordinaria, ya que puede estar en un dolor crónico causado por su propia forma de vida, sin ubicar la procedencia del mal, en el que se queda estancado y que claramente lo ve quien ha sabido salir de esas crisis que precisamente los han hecho madurar.

Jesús además de ser más que un profeta, sino el mismo Hijo de Dios, ve hacia donde se están orillado todos aquellos, que aún en masa, por la cultura deteriorada, viven situaciones denigrantes como si fuera lo normal y ordinario, sin la capacidad de proponerse una situación nueva, porque no hay quien la avale desde el mismo cieno que rodea el entorno.

No son amenazas las que remarca Jesús, son tan sólo las consecuencias lógicas que secundan una forma de vida no muy buena, que no se pueden evitar porque son parte de una elección personal, que Dios mismo no contradice porque respeta el uso de la inteligencia y la libertad mal usada de nuestra parte, aquella que nos ha regalado en plenitud.

Es muy claro el dolor ajeno que detectamos en quien vive saturado en medio de un mundo lleno de ruido y propuestas de alimentar el pecado, cayendo en un circulo vicioso del que no se puede salir por sí mismo. 

Si alguien detecta un error o mal en nosotros y su intención no es remarcarlo para dañarnos, sino ayudarnos a salir del mismo, vale la pena escucharle, porque la conciencia se nubla cuando el mal domina en nuestro actuar, y es Dios mismo que nos envía a quienes en medio de su amor nos quiere rescatar, escuchémosle. 

“Problemas: tan grandes como lo desees”

“Problemas: tan grandes como lo desees”

Lucas 12, 54-59 

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: «Chaparrón tenemos» , y así sucede. Cuando sopla el sur decís: «Va a hacer bochorno» , y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo. 

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Es un hecho que dentro de la vida perfecta que llevamos, y digo perfecta porque tenemos vida, independientemente de las circunstancias en donde nos desarrollemos, no dejará de haber situaciones y circunstancias no tan agradables a las que llamamos problemas, porque no concuerdan con nuestros propios planes, además de entorpecer el caminar del día a día. 

Siempre se harán presentes cuando menos lo esperamos, aunque si nos ponemos observadores, podemos percibir el cómo y por donde van a llegar. 

Ahora bien, el problema, que podríamos decir tiene una medida estándar, su percepción y afectación sin duda alguna, dependerá de cuán cansados estemos y la importancia que le demos. 

La atención que nos merezca un problema no varía, al igual que las obligaciones habituales de cada día. Pero en realidad será  tan grande como lo quieras evidenciar. No pasa nada si en el camino, con los problemas afectados de manera directa con los demás, se llega a un común acuerdo; pero será pesado si uno de ellos así lo quiere, lleno de cansancio, odio y orgullo hacerlo enorme. 

De tal manera que el problema será tan grande cuanto tú lo alimentes y le des excesiva importancia, sin merecer más de lo que en realidad necesita. Por ello no olvides que ante la realidad de los problemas, éstos serán tan grandes como tú lo desees.

“Tu consejo será lo que tu corazón posea”

“Tu consejo será lo que tu corazón posea”

Lucas: 6, 39-42

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.

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Es muy común el que tengamos en varias ocasiones la iniciativa de ayudar a los demás, y no dudo que sea de la mayor y más sana intención, lo cual es muy bueno, habla de un ser que sabe donarse y se preocupa por los demás.

Pero sin embargo nos encontramos con la realidad de que cada persona comparte incondicionalmente aquello que ha sido se depositado en su corazón, de tal manera que la formación que haya tenido en su vida, tanto experiencias positivas como negativas, será lo que proponga como soluciones.

Nos imponemos a vivir una vida única en el entorno familiar, a tal grado de percibir como ordinarias y naturales las formas y tratos con los que nos desarrollamos, como ese fuera el estándar que habrá que imponer a los demás, a tal grado de no percibir nuestras propias limitaciones o errores con los que hemos crecido porque está velado a nuestro ser, y por ende somos inconscientes de ello, cosa que otros sí lo ven, excepto nosotros.

Aquí es cuando exigimos a los demás que hagan un bien o corrijan su vida, como lo dice el evangelio, sin ver nuestras limitaciones y errores, a su vez no permitimos que nos corrijan porque creemos que así estamos bien, cuando la verdadera salud y el verdadero exigir al otro, vienen de la aceptación primeramente de las propias limitaciones.   

Es una bendición cuando tenemos la oportunidad de interiorizar, y buscar llegar a un crecimiento y a una madurez óptima, antes de exigirlo a los demás, porque si no es así, tu ayuda irá impregnada de tus propias soluciones erróneas que  los hará caer en tus mismos errores.  Tu corazón por más bien intencionado que esté, compartirá lo que tenga sano, pero también lo que tenga dañado.  

Por ello es muy importante revisar en salud qué tanta salud tenemos, y qué tan real es la ayuda que proveemos, porque si andamos mal, ayudaría mucho más el no intentar ayudar.

“El dolor de juzgar”

“El dolor de juzgar”

Lucas: 6, 36-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.

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Parece un común denominador tener una opinión tanto personal como ajena sobre toda circunstancia que acontezca en el mundo o en lo personal y comunitario. Opinión que resulta horrorosa por todo cuanto conlleva su emisión y afirmación.

Ya que cuando emitimos un juicio, no necesariamente resulta en productivo y solucionador de situaciones, sino todo lo contrario, sale con una muy buena medida de nuestro propio pensar y sentir, que por lo general va lleno de una dosis de odio personal, causado por el dolor que llevamos al no desear salir de nuestros propios problemas y vivir con ellos como lo ordinario en la vida e infelices o insatisfechos.

Por lo que cuando dejamos de emitir juicios, dejamos de sufrir por el qué y  el cómo de los demás, no los hacemos nuestros, ni les añadimos nuestra empapada de coraje. En realidad cuando un juicio es emitido, habla de cómo está nuestro corazón, se descubre ante los demás en la forma y el modo de expresar dicho juicio o crítica, habla más de si, que de lo que enjuicia.

Es por ello que si deseamos evitar ese dolor que vamos alimentando y acumulando cada vez más en nuestro corazón, dejemos de juzgar, evitemos esa ansiedad, y simplemente cuando tengamos la suficiente paz, acerquémonos a ayudar si es que nos toca, porque acelerados, aceleramos aún más el dolor de los demás.

“¿A Dios le gusta el Dolor?”

“¿A Dios le gusta el Dolor?”

Lucas: 21, 20-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando vean a Jerusalén sitiada por un ejército, sepan que se aproxima su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en la ciudad, que se alejen de ella; los que estén en el campo, que no vuelvan a la ciudad; porque esos días serán de castigo para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Pobres de las que estén embarazadas y de las que estén criando en aquellos días! Porque vendrá una gran calamidad sobre el país y el castigo de Dios se descargará contra este pueblo. Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que se cumpla el plazo que Dios les ha señalado.
Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación”.

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Es un hecho que conocemos todos al respecto de la historia de la salvación en lo que se refiere a la Encarnación, es decir, el misterio del Dios hecho hombre, el Emmanuel, el Dios con nosotros, Aquél que toma la condición humana sin perder la divina, hecho que nos acerca aún más a Él por amor y pura iniciativa suya.

Pues éste hecho de la Encarnación, precisamente viene a sublimar todo el género humano de todos los tiempos, es lo que podríamos llamar el milagro del unirnos y elevarnos a lo divino para vivir y permanecer siempre al lado de Dios. En Este proceso el camino es el de Jesucristo, quien nos muestra las pautas y el camino a seguir para cada vez más asemejarnos a él hasta que en su momento seamos todos uno con Él. Es un crecimiento espiritual que se ve reflejado en la propia vida y en nuestro propio ser y actuar.

Sin embargo, parece que el proceso lo queremos hacer a la inversa, en vez de elevar nuestra vida a la calidad y categoría de lo sublime, de lo divino, pretendemos antropomorfizar a Dios, es decir, ponerlo a nuestro nivel, creer que piensa y obra como nosotros las para así justificar nuestro comportamiento y nuestra típica manera y tendencia de ser.

Entonces nuestras limitaciones se las colgamos a Dios, si somos corajudos, Dios es el corajudo y lleno de ira por excelencia, si castigamos, Dios es el ajusticiador supremo,   imaginando que Dios piensa como nosotros erróneamente, por lo que cuando se nos habla en ésta lectura en lenguaje apocalíptico, pensamos el cómo puede ser posible que realice tantas atrocidades y no tenga compasión inclusive de los niños y las embarazadas.

Algo que olvidamos es que ese lenguaje es una forma de hablar, sin embargo está lleno de esperanza, porque aunque el escritor sagrado, manifieste los miedos y temores de la humanidad en el mismo, no deja de remarcar la gran misericordia de Dios ya que inclusive a los infantes los tiene contemplados en su plan. Así como un bebé puede perderse a temprana edad, no deja de ser un enviado que cumplió su misión ya que transformó algo en la familia por la que pasó. No es que a Dios le guste el Dolor, nosotros somos los adictos a la adrenalina, al dolor, y lo ponemos en boca de Dios, pero nada queda fuera de su misericordia y su bendita mano, falta que en vez de ver el mundo con dolor, lo veamos con misericordia y así la cosa radicalmente cambia. Inténtalo.

“Nuestra Señora de los Dolores”

“Nuestra Señora de los Dolores”

Lucas 2, 33-35

En aquel tiempo, el padre y la madre del niño estaban admirados de las palabras que 

les decía Simeón. El los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”. 

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Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares, 15 de septiembre

Por: Tere Fernández

Memoria

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto a la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte.

Los Evangelios muestran a la Virgen Santísima presente, con inmenso amor y dolor de Madre, junto a la cruz en el momento de la muerte redentora de su Hijo, uniéndose a sus padecimientos y mereciendo por ello el título de Corredentora.

La representación pictórica e iconográfica de la Virgen Dolorosa mueve el corazón de los creyentes a justipreciar el valor de la redención y a descubrir mejor la malicia del pecado.

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares.

Un poco de historia

Bajo el título de la Virgen de la Soledad o de los Dolores se venera a María en muchos lugares. La fiesta de nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre y recordamos en ella los sufrimientos por los que pasó María a lo largo de su vida, por haber aceptado ser la Madre del Salvador.

Este día se acompaña a María en su experiencia de un muy profundo dolor, el dolor de una madre que ve a su amado Hijo incomprendido, acusado, abandonado por los temerosos apóstoles, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos.

Es Ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios. Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de Ella y comprender que, en el dolor, somos más parecidos a Cristo y somos capaces de amarlo con mayor intensidad.

¿Que nos enseña la Virgen de los Dolores?

La imagen de la Virgen Dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufri-mientos.

Cuida tu fe:

Algunos te dirán que Dios no es bueno porque permite el dolor y el sufrimiento en las personas. El sufrimiento humano es parte de la naturaleza del hombre, es algo inevitable en la vida, y Jesús nos ha enseñado, con su propio sufrimiento, que el dolor tiene valor de salvación. Lo importante es el sentido que nosotros le demos.

Debemos ser fuertes ante el dolor y ofrecerlo a Dios por la salvación de las almas. De este modo podremos convertir el sufrimiento en sacrificio (sacrum-facere = hacer algo sagrado). Esto nos ayudará a amar más a Dios y, además, llevaremos a muchas almas al Cielo, uniendo nuestro sacrificio al de Cristo.

Oración: 

María, tú que has pasado por un dolor tan grande y un sufrimiento tan profundo, ayúdanos a seguir tu ejemplo ante las dificultades de nuestra propia vida.

Tomado de Catholic.net

“¿Seguiremos llorando?”

“¿Seguiremos llorando?”

Juan 20, 11-18

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: –«Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: –«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: –«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: –«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice: –«¡María!»

Ella se vuelve y le dice: –«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice: –“Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro»”.

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: –«He visto al Señor y ha dicho esto».

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¡Ahh! cómo nos encanta hacernos los sufridos, aparentar dolor, tristeza y casi hasta agonía, y todo, por el simple hecho de que nos gusta llamar la atención, cuando en realidad no seamos masoquistas dónde nos encante profundizar y permanecer en el dolor.

En realidad, por doquier encontramos adicciones a ciertos tipos de tristeza, y buscamos provocar a los demás para que broten, para que reaccionen mal y así poder echar culpas, quedando a su vez nosotros como los mártires ofendidos.

Pero ante la oportunidad de la felicidad, ¿realmente seguiremos alimentando la tristeza y permaneciendo en ella?, al parecer sí, tenemos el caso de María de Magdala, que a pesar del testimonio de la resurrección, no puede salir de su adicción y obsesión al dolor, que aunque sea muy grande, la solución le es dada, pero no la ha tomado ni asimilado como tal.

Es necesaria otra crisis mayor que desencadene esas ataduras sentimentales, por ello Jesús, con toda la caridad del mundo, y dándose cuenta de que las palabras previas al anuncio de la resurrección parecían nulas en la mente de los suyos, apocadas por el miedo y el dolor, es entonces cuando se hace presente el Señor, para que ese impacto y testimonio les haga cambiar de giro su mente y la alegría ayude a ubicar la realidad, sin irse al otro extremo de la euforia.

Jesús tiene todo en su control, por ello no permite que nadie siga llorando, porque es en vano ya que la vida plena no lo amerita, pero hay que darse cuenta de ello, si no, pues seguiremos llorando y a ver hasta cuándo.“¿Seguiremos llorando?”

Viernes de Pasión

Viernes de Pasión

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan 18, 1-19, 42.

En aquel tiempo Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón,donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre ÉL, se adelantó y les dijo:
—¿A quién buscáis ?
C. Le contestaron:
S. —A Jesús el Nazareno.
C. Les dijo Jesús:
—Yo soy.
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles <retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
—¿A quién buscáis?
C. Ellos dijeron:
S. —A Jesús el Nazareno.
C. Jesús contestó:
—Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.
C. Y así se cumplió lo que había dicho: <me diste.»
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
—Mete la espada en la vaina. Él cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año, el que había dado a los judíos este consejo: <solo hombre por el pueblo.»
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Ese discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el palacio del Sumo Sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:
S. —¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre ?
C. El dijo:
S. —No lo soy.
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina.
Jesús le contestó:
—Yo he hablado abiertamente al mundo: yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. —¿Así contestas al Sumo Sacerdote?
C. Jesús respondió:
—Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, Sumo Sacerdote.
Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
S. —¿No eres tú también de sus discípulos?
C. El lo negó diciendo:
S. —No lo soy.
C. Uno de los criados del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. —¿No te he visto yo con él en el huerto?
C. Pedro volvió a negar, y en seguida cantó un gallo.  Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron en el Pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua.
Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos y dijo:
S. —¿Qué acusación presentáis contra este hombre?
C. Le contestaron:
S. —Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.
C. Pilato les dijo:
S. —Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.
C. Los judíos le dijeron:
S. —No estamos autorizados para dar muerte a nadie.
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a
morir.
Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. —¿Eres tú el rey de los judíos?
C. Jesús le contestó:

—¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
C. Pilato replicó:
S. —¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?
C. Jesús le contestó:
—Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
C. Pilato le dijo:
S. —Conque, ¿tú eres rey?
C. Jesús le contestó:
—Tú lo dices: Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.
C. Pilato le dijo:
S. —Y, ¿qué es la verdad?
C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S. —Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Volvieron a gritar:
S. —A ése no, a Barrabás.
C. (El tal Barrabás era un bandido.)
Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. —¡Salve, rey de los judíos !
C. Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. —Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura.
Pilato les dijo:
S. —Aquí lo tenéis.
C. Cuando lo vieron los sacerdotes y los guardias gritaron:
S. —¡Crucifícalo, crucifícalo!
C. Pilato les dijo:
S. —Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.
C. Los judíos le contestaron:
S. —Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el Pretorio, dijo a Jesús:
S. —¿De dónde eres tú ?
C. Pero Jesús no le dio respuesta.
Y Pilato le dijo:
S. —¿A mí no me hablas ? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?
C. Jesús le contestó:
—No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. —Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «El Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S. —Aquí tenéis a vuestro Rey.
C. Ellos gritaron:
S. —¡Fuera, fuera; crucifícalo!
C. Pilato les dijo:
S. —¿A vuestro rey voy a crucificar?
C. Contestaron los Sumos Sacerdotes:
S. —No tenemos más rey que al César.
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado <> (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: JESÚS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS.
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:
S. —No escribas «El rey de los judíos>>, sino <judíos».
C. Pilato les contestó:
S. —Lo escrito, escrito está.
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. —No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca.
C. Así se cumplió la Escritura: <mi túnica.»
Esto hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
—Mujer, ahí tienes a tu hijo.
C. Luego dijo al discípulo:
—Ahí tienes a tu madre.
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
—Tengo sed.
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre dijo:
—Está cumplido.
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. Él que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: <al que atravesaron.»

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. El fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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Tan sólo nos queda remarcar, que además de la consternación que nos lleva a experimentar un amargo sabor por tal atropello de la dignidad, no sólo de un ser humano, sino de aquél que fue enviado para restaurar precisamente lo que lo lleva a su propia muerte, aquél que del mismo pecado se valdrá para restaurarlo íntegramente y volverlo a su antiguo estado de gracia en cada uno de nosotros.

Es una pena ver hasta dónde, llegan nuestros miedos en todos los estratos sociales, a defendernos no importa quien caiga, pero no deja de ser una muestra de cuán tan bajo podemos caer y destrozar nuestra integridad, todo por nuestro pecado que hemos hecho nuestro.

Hasta allá puede llegar la humanidad, hasta allá podemos llegar nosotros, sobre todo si nos descuidamos y olvidamos el amor de Dios.

“Nuestra Señora de los Dolores”

“Nuestra Señora de los Dolores”

Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo».

Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre».

Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

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Este día que se remarca a Maria como Nuestra Señora de los Dolores, no significa que la enmarquemos en el ámbito del dolor como su principal advocación, tampoco es referida a enfatizar el dolor, sino que en realidad se resalta esa santa mujer que mostró una entereza y una capacidad asombrosa para manejar el dolor.

Por lo general identificamos también a María como aquella mujer dulce, sumisa, obediente, servicial, abnegada, en oración, todo amor y todo bondad; Una mujer de hogar, la podríamos asociar con la fragilidad, pensando que una crisis de la talla de la crucifixión  y muerte injusta de su hijo la iba a resquebrajar.

Pero no, demostró entereza, una madurez y fortaleza que ya la quisiera ver en el hombre mas valiente del mundo, el cual no puede con su miedo disfrazado de valentía. Fortaleza que le viene del cuidado y cultivo de una fe confiada totalmente en el plan de Dios, donde todas esas fragilidades que el mundo tacha, son en realidad su principal fortaleza.

Donde no negamos la intensidad del dolor que conlleva, no es que no sienta, lo siente todo de igual manera que cualquier ser humano, con la diferencia que tiene un don llamado esperanza, que basado en la fe, sabe y cree lo que le sigue, es algo que supera toda tragedia, reacciona sin violencia, sino con caridad para con sus agresores al no atacarlos con reclamos en medio de su dolor, no, la recompensa de la obra será la redención del género humano, porque su “hágase en mí” es completo, no solo la gracia, no solo lo bueno, sino todo el paquete de la salvación humana, el cual incluye el dolor.

Es por ello, que no es por más reconocerla como tal, porque su ejemplo ilustra toda situación de dolor humana y nos demuestra como manejarla y crecer con ello.