“Odiados por hacer el bien”

Odiados por hacer el bien”

Lucas 21, 12-19 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os echarán mano, los perseguirán, entregándolos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. 

________________________

En nuestra cultura y tiempo actual, se ha estandarizado tanto el obrar mal, que parece absurdo hacer las cosas bien, ya todo mundo vive en situaciones de pecado que se les hacen tan naturales y ordinarias que las protegen, al grado de hasta exigirlas a los demás, sin ver las consecuencias de sus propios actos que redundan en ansiedad e infelicidad.

Parece heroico hacer el bien ordinario, sobre todo en aquellos que lo promueven para darse a conocer o aumentar su fama con esos motes colgados muy a fuerzas por los medios actuales de comunicación, que al final resultan en falsedad.

Pero si alguien cercano a nosotros hace el bien, nos parece mal porque hiere mi orgullo al sabernos no tan buenos y disponibles a realizar obras que nos hagan crecer en santidad. La herramienta de ataque es sencilla y al alcance de todo ser humano, es decir, la lengua, levantar falsos, atacar verbal y físicamente.

Nada nuevo ante un mundo cada vez más dominado por el maligno. El bien se convierte en enemigo. Es por ello que ante el mundo seremos odiados por dar testimonio del bien y del Señor Jesús. Sin embargo la felicidad otorgada por nuestro buen obrar, no se puede comparar con ninguna recompensa que en este mundo se extingue.

“No nos cansemos de hacer el bien”.

“Es evidente lo que tenemos que hacer”

“Es evidente lo que tenemos que hacer”

Lucas 3, 10-18

En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: “¿Qué debemos hacer?”
El contestó: “Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”. 

También acudían a él los publicanos para que los bautizara, y le preguntaban: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer nosotros?” 

El les decía: “No cobren más de lo establecido”. Unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?” El les dijo: “No extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtense con su salario”. 

Como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan era el Mesías, Juan los sacó de dudas, diciéndoles: “Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. El los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. El tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”. 

Con éstas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva. 

___________________________

Dentro del complejo comportamiento humano en cada una de sus vertientes tan originales y únicas como lo es cada persona, nos encontramos con los derechos que nos otorgan, sin dejar atrás las tan no reconocidas obligaciones, que en lo posible se suelen evitar, ya que nos manejamos en un mundo donde hacer el menor esfuerzo impera, a sabiendas que hay quien realice nuestros deberes eficazmente por nosotros.

Nada de nuevo tiene la actitud de quien se defiende cuando intuye que le van a pedir cuentas, solemos justificar el mal que hacemos sin promover el bien que debemos. Tanto ayer como hoy profesamos una demencia selectiva cuando hay que hacer las cosas bien, ya que tan impuestos estamos a evadir responsabilidades, o en su defecto a realizar los trabajos no como debiéramos, siempre arrebatados, a medias y sin calidad, que parece ser lo normal y hasta ofendiéndonos cuando alguien los hace bien.

Juan Bautista quien nos invita en este segundo domingo de adviento a estar preparados, no está pidiendo que hagamos algo imposible e inalcanzable de lograr en nuestras vidas para estar bien ante Dios, de suyo basta con que lo que solemos hacer en el día a día, lo hagamos a conciencia y bien hecho.

Es que resulta absurdo preguntar ¿qué es lo que debemos hacer?, como si no supiéramos, aunque a lo mejor en realidad no sabemos, porque vivimos en una cultura  mediática radicalista así como en un medio tan viciado y enfermizo que no sabemos comportarnos sana y correctamente.

Juan para prepararnos no pide más, el mensaje es sencillo y claro, basta con hacer bien los deberes ya obtenidos en confianza y responsabilidad. Esa es la mejor manera de continuar este tiempo de espera del Adviento, para celebrar la ya próxima festividad de la Navidad.

“Salían de sus labios”

“Salían de sus labios”

Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: —Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: —¿No es éste el hijo de José?

Y Jesús les dijo: —Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.

Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

————————————

Hay que saber distinguir entre una boca y otra lo que dice, y aunque es muy desagradable escuchar a gente mal hablada, para ellos parece lo más normal de el mundo y hasta piensan que agradan muy bien a los demás, ciertamente no deja de ser un espectáculo, aunque claramente hay que distinguir a aquellos que maldicen con toda la intención del mundo de ofender a Dios y a los hijos de Dios, para hacerlos sentir mal y provocarlos, a simplemente decir malditurías con un léxico que revela que la persona en sí es muy mal educada. 

Nada que ver con Jesús, quien invita a no decir esas malas palabras porque en sí ya llevan de suyo la marca del maligno, y aunque parezcan graciosas nunca dejan de improntar a quien las escucha; no lo hace no porque no pueda, ni porque quisiera parecer en onda, no lo hace por tan sólo saber que está respetando a una persona que es imagen de Dios, con una dignidad elevada a la de Cristo que se dignó hacerse hombre como nosotros, dignificando nuestra humanidad, aquella que está precisamente restaurando, por ello no las usa porque sabe a dónde van y cuál intención de ofender es su origen.

Sin embargo Jesús al hablar no tan sólo educadamente, sino con toda veracidad e integridad moral que respalda sus palabras, desconcierta a aquellos no suelen usar sus palabras para decir plenamente la verdad. Claro que saca de onda oír a alguien que no está metido en el mundo con su hablar corriente y de moda, sino que te habla con toda propiedad la verdad absoluta en sí misma. 

Esas son las palabras que salían de su boca y que incomodaron a muchos porque la verdad les ofendía, como hoy lo sigue haciendo ante muchos, a aquellos que les duele la verdad porque no son capaces de enfrentarla pero sí de evitarla. 

Esa es la boca que nos invita a imitar, no solamente la educada, sino la que dice la verdad plena, la que profetiza, es decir la que anuncia en su momento y denuncia a su vez lo que no es verdad. Esa es la boca que debemos imitar para semejarnos los cristianos cada vez más a Cristo.

“Gracia más efectiva que Magia”

“Gracia más efectiva que Magia”

Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

———————————————

Ante tanta propaganda y anuncios supersticiosos llenos de sortilegios, magias, hadas y adivinaciones por doquier, podemos abrir la esperanza a la posibilidad de las soluciones mágicas ante nuestras necesidades o proyectos ficticios olvidando la maravillosa realidad.

Nuestra mente es tan vasta y variada, que puede brincar de un estado a otro instantáneamente y en automático, esperando soluciones pasivas, sin nosotros mover tan sólo un dedo y por ende sin ningún esfuerzo o compromiso. Deseamos que el problema provocado por nosotros y nuestras actitudes, de las que ni conscientes somos por dicha atención y distracción en lo fantasioso, y que así de igual manera e inconsecuentemente deseamos se vaya. 

Más como lo cita el evangelio, hay que permanecer unidos a la vid, unidos a la realidad y unidos a la verdad, porque lo que fácil o mágicamente viene, fácil y mágicamente se va, sin inmutarnos, pero a su vez sin hacernos crecer.

Unidos a la vid, unidos a Cristo, garantiza la sabia directa para crecer y asirse firmemente, aún si los vientos son violentos o la sequía es dura, es mucho mejor abismalmente que no estar unidos a nada o a ficticias y efímeras fantasías. Por ello indudablemente la gracia es incalculablemente mayor a la magia, además de que la gracia sí es real.