“Odiados por hacer el bien”

Odiados por hacer el bien”

Lucas 21, 12-19 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os echarán mano, los perseguirán, entregándolos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. 

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En nuestra cultura y tiempo actual, se ha estandarizado tanto el obrar mal, que parece absurdo hacer las cosas bien, ya todo mundo vive en situaciones de pecado que se les hacen tan naturales y ordinarias que las protegen, al grado de hasta exigirlas a los demás, sin ver las consecuencias de sus propios actos que redundan en ansiedad e infelicidad.

Parece heroico hacer el bien ordinario, sobre todo en aquellos que lo promueven para darse a conocer o aumentar su fama con esos motes colgados muy a fuerzas por los medios actuales de comunicación, que al final resultan en falsedad.

Pero si alguien cercano a nosotros hace el bien, nos parece mal porque hiere mi orgullo al sabernos no tan buenos y disponibles a realizar obras que nos hagan crecer en santidad. La herramienta de ataque es sencilla y al alcance de todo ser humano, es decir, la lengua, levantar falsos, atacar verbal y físicamente.

Nada nuevo ante un mundo cada vez más dominado por el maligno. El bien se convierte en enemigo. Es por ello que ante el mundo seremos odiados por dar testimonio del bien y del Señor Jesús. Sin embargo la felicidad otorgada por nuestro buen obrar, no se puede comparar con ninguna recompensa que en este mundo se extingue.

“No nos cansemos de hacer el bien”.

“Todo en privado”

“Todo en privado”

Marcos: 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.
Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.
Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

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En varias ocasiones Jesús se expresa muy comúnmente con parábolas, por la sencillez del lenguaje que maneja, para así utilizar una analogía común a un hecho ordinario de fácil comprensión.

Los tiempos actuales van educando de una manera que aún lo básico y comprensible resulta difícil de asimilar por el hecho de que los ejemplos carecen de valor, ya no se promueve el pensamiento abstracto ni la lógica racional, ahora todo es directo y nativo sin mayor profundización.

Eso afecta en la asimilación, porque a lo mejor la historia se considera bonita, pero no queda impregnada para una ejecución en la propia vida, se toma como algo ajeno a la persona.

Sin embargo, aunque sea muy bella la historia y de fácil comprensión, Jesús otorga aún más el don de la plena asimilación y profundización precisamente a los suyos, no como una explicación selectiva, sino como una confianza a aquellos que están cerca de Él, por ello les explicaba todo en privado.

De igual manera a todos aquellos que se acerquen a Él, en la meditación, en la constante oración, en la plena disposición y amor hacia su ser, con los dones de ciencia y sabiduría provenientes del Espíritu Santo, el Señor nos puede explicar todo en privado, pero hay que seguirlo y ser su amigo en un amor sano y comprometido.

“Tratar a los buenos, no, también a los malos.”

“Tratar a los buenos, no, también a los malos.”

Marcos: 2,13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: “¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?”
Habiendo oído esto, Jesús les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores”.

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En medio de una sociedad profundamente clasista, las estrechas catalogaciones están siempre al día, se dan el lo que llamamos las clases altas y lo mismo se da en las clases bajas, incluso en lo personal recreamos una escala de valores incluso con la propia familia y las amistades, catalogando y seleccionando a quienes cubren nuestros afectos vacíos y conveniencias.

Si esto nos es actualmente connatural al homo socialis, entonces la aplicación la hacemos uniforme en todos los ámbitos de la vida, con lo que el aspecto religioso no es excluido. Aunque se nos invite a practicar la más pura espiritualidad, marcamos esas odiosas barreras, que al final hablan de las internas nuestras.

Imposible no es superarlas, pero si es cuestión de trabajo asiduo así como una verdadera y real caridad. Porque eso de tratar y hacer el bien tan sólo con los que son afines a nuestro sector afectivo, en absoluto no redunda en crecimiento, porque no hay retos, no hay criterios contrarios, no hay confrontaciones que estimulen y violenten nuestra postura para corregirla o afirmarla con certeza. 

Es por ello que el verdadero mérito se obtiene cuando se realiza un esfuerzo y una donación donde parece que no podemos nada, pero resulta en motivación para seguir creciendo, porque no solamente desarrollamos la madurez, sino también la santidad.

Arriésgate a tratar a los pecadores, a los no deseados, a los odiosos, porque en realidad son los que más te necesitan y es preciso les compartas los dones que no poseen, pero que en ti son una muestra de la bondad de Dios al saberte bendecido por no estar en esa situación y sabes que ellos también pueden crecer.

No importa que te llamen pecador por acercarte a ellos, porque los que más pecan, son los que juzgan y no hacen nada, creyéndose sanos en medio de su demencia despiadada y compartida en común.

“A qué se parece…”

“A qué se parece…”

Lucas 13, 18-21

En aquel tiempo, Jesús decía: —¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.

Y añadió: —¿A qué compararé el Reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.

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Las analogías son siempre un ejemplo muy claro para comparar situaciones y entenderlas mejor, aunque yo le pondría el pero de la reinterpratacion que al final resulta un tanto acomodaticia, sin embargo aquí el ejemplo es unívoco, no da margen a cambios radicales.

Y es que en realidad el reino de Dios, nada tiene que ver con uno de la tierra, en cuanto a estructura algo se semeja, pero sin las limitantes humanas, sin embargo cuando no se le entiende muy bien, aquello que conocemos del Reino como estructura socio-política lo queremos aplicar tajantemente al celestial.

Sin embargo es muy claro, que precisamente las comparaciones son específicas para clarificar las funciones y actitudes que se deben de tomar en un ámbito real de vida ordinaria, ya que la presencia del Reino de los Cielos, no es un lugar físico, sino una constelación de valores que se aplican de ipso facto al aquí y al ahora.

Actitudes que cambian el entorno y las relaciones entre los hijos de Dios, ya que si nos atenemos a los esquemas humanos, la realidad nos lleva a que en su momento corrompen el corazón humano, mientras que los valores del Reino de los cielos fomentan la rectitud incluso en los ámbitos actuales donde nos desenvolvemos, a tal grado que nos llevan incluso a la santidad.

Por ello es importante conocer la comparación, para el ámbito real coronarlo con lo espiritual y así plenificar el ambiente y nuestras vidas.

“Instruyendo”

“Instruyendo”

Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: —El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.

Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: —¿De qué discutíais por el camino?

Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: —Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.

Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: —El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

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Es un hecho que nadie nace con un conocimiento inducido, es decir, sabiéndolo todo, sino que en el transcurso de una vida, vamos incrementando nuestro conocimiento día a día, y digo una vida, porque no es exclusivo de tan sólo una etapa de la vida como lo puede ser desde la infancia con preescolar, primaria, secundaria, bachillerato, universidad, postgrados u doctorados, ya sea según el interés de cada quien y, se desee más o se quede uno estancado en alguna de las anteriores etapas.

Lo anterior tan sólo lo es en relación al conocimiento científico que nos prepara para ejercer una carrera u oficio. Sin embargo, en el plano del conocimiento de la fe, acontece exactamente lo mismo, ya que la fe no se limita al puro sentimiento divergente en cada uno de nosotros, no implica la importante voluntad únicamente, sino que además se concretiza y acrecienta con el estudio de lo sagrado.

El inicio de éste caminar espiritual se da con el Kerygma, es decir el primer anuncio que implica el aceptar el amor a Dios y la evangelización, pero que continúa con la catequesis, y no me refiero a tan sólo la que prepara para la primera comunión o la confirmación, que es donde la mayoría nos atoramos, teniendo por ende un conocimiento de Dios a veces a nivel infantil o en su defecto puberto.

Imagínense si San Pablo o San Pedro se hubieran quedado en esa fe infantil, sin una profundización teológica de los misterios de Dios, ya me imagino cómo hubieran sido escritas sus cartas, que ciertamente a Palabra de Dios no hubieran llegado. Pero si han sido un modelo a tal grado de considerarlas de inspiración Divina y Sagradas, ciertamente lo son por el grado de conocimiento de Dios, su amor y espiritualidad a la que llegaron, con una dedicación y entrega incondicional a la causa de la redención del género humano, es decir, haciéndose uno con Cristo.

Ciertamente nosotros no somos ellos, pero ese conocimiento que manifiestan de Dios, no lo es tan sólo porque les nace del corazón, sino que como el mismo Evangelio lo explica, Jesús les dedicaba su tiempo para Instruirlos, es decir, profundizar en el conocimiento de Dios de manera teológica y espiritual, así como en la fortaleza humana psicológica para saber entender la situación humana y su comportamiento, no para juzgarla, sino para manejarla con compasión.

Ese conocimiento de Dios es al que nos invita Jesús a estar en constante crecimiento, pero si nos damos por bien pagados con lo recibido en el kindergarten, creo que ya es ventaja el sabernos persignar. No hay mayor excusa que nuestro propio interés, por lo que la invitación a conocerle siempre cada vez más, está al alcance de la mano, y aunque el pleno y grandioso misterio de Dios sea inalcanzable, lo poco y mucho a su vez que aquí se nos revela, es suficiente para llegar a comprenderlo en su momento al estar en su presencia en la vida eterna. Pero mientras a darle al estudio con la catequesis de adultos,  ya que no basta con decirle Señor, Señor, !ahh¡ y que no falte la caridad de por medio.

“Con peras y manzanas”

“Con peras y manzanas”

Mateo 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: —El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.

Les dijo otra parábola: —El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: “Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo”.

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Solemos imaginar que Dios es totalmente complicado y hablar de teologías aún más. Hoy en día asistir a una breve catequesis sacramental nos causa crisis, pero es parte del sistema en que vivimos, ya que el problema no es la catequesis, sino la escasa y pobre educación que brindan, dónde enseñan conceptos tan básicos y ya digeridos intelectualmente hablando, que da flojera pensar en cosas nuevas.

Parece un problema mayor, pero en realidad tiene solución, de hecho, en tiempos de Jesús, la gran mayoría de la población era analfabeta, eran muy pocos los que tenían el derecho y los medios para acceder a una básica educación. 

Sin embargo, Jesús nos presenta el plan de Dios sin mayor complicación, nos habla de una manera tan sencilla, que no hay necesidad de explicación más la que en su momento se utiliza para profundizar en algún aspecto en particular, Por ello utiliza las parábolas, ejemplos claros y sencillos que arraigan desde la raíz al mismo ser humano sin complicaciones.

Es por ello que sin mayores ciencias nos explica todo tan sencillamente como decimos: “con peras y manzanas”, algo tan común que todos conocemos, aunque tampoco está impedido para hablarnos de la más alta concepción de Dios, todo a su nivel, todo a su tiempo, todo para todos.

“Pero a sus discípulos les explicaba todo en privado…”

“Pero a sus discípulos les explicaba todo en privado…”

Marcos: 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”. Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender.

Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

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Uno de los recursos que utiliza el Señor Jesús es la parábola, designa una forma literaria que consiste en un relato figurado del cual, por analogía o semejanza, se deriva una enseñanza relativa a un tema que no es el explícito.

Es en esencia, un relato simbólico o una comparación basada en una observación verosímil. La parábola tiene un fin didáctico, por lo que la enseñanza de Jesús se da en ese estilo, sobre todo para transmitir el mensaje de una manera sencilla, en base al nivel cultural de aquellos más marginados, es decir, no hay excusa para no entender el contenido.

En este caso trata de dar a conocer qué es el Reino, semejante a una semilla con toda la cualidades y potencialidad de crecer lenta, segura e imperceptiblemente, a veces pareciese tan pequeña que no le damos importancia, más tan grande que llega desarrollarse admirablemente.

Pero aquellos que son sus amigos, aquellos que buscan su presencia, aquellos que gozan estar cerca de Él, les otorgaba la gracia de explicarles explícitamente todo en privado, profundizar en toda la grandeza y belleza del misterio revelado por el mismo Verbo Encarnado.

Hasta allá nos invita a ser partícipes de la Palabra, hasta allá podemos llegar, sólo necesitamos estar cerca de Él, hacerlo nuestro amigo y gozar de su presencia, donde la parábola ya no bastará, no será necesario el cuentito en el que nos quedamos, seremos parte de su gracia y amor, primero en nuestro propio ser, luego siendo uno con Él y con los demás.

“Cuando creemos saber”

“Cuando creemos saber”

Juan: 7,1-2. 10.25-30

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: “¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”.

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: “Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado”. Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

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No resulta ninguna novedad que dentro de nuestras actividades laborales, nos prendamos de aquellos conocimientos que hasta los hemos convertido en especialidades  tan sólo sobre un aspecto laboral o magisterial, y es que es normal que quedemos prendidos de aquello que dominamos y usufructuemos para salir adelante, por capacidad, pero a veces por miedo a no saber emprender otras tareas.

Entonces opinamos, pero en todo orientados a avalar la información sobre la que tenemos dominio, que a veces es limitada frente al vasto mundo de información y verdad. información que nos sirve para hacer presencia y darnos autoridad en el saber, lo malo es que con ello llegamos a juzgar y a imponer criterios muy personales.

Caso nada nuevo que le acontece al Señor Jesús, cuando ya han hecho la opinión suya, acerca de negar su mesianismo sin reconocer quién es en realidad, típico de los Judíos y líderes religiosos de su tiempo, aunque no todos.

Y es que pesa e importa el qué dirán si no pienso como los demás, por eso mejor nos sumamos al conglomerado de mentiras, para no entrar en conflicto con el común del pueblo, y nos las creemos.

Es por ello que cuando creemos saber es cuando más nos equivocamos, si es que nuestra opinión no es conforme a la verdad que no indagamos, es mejor en caso de duda no obrar, pero si te quieres hacer el importante puedes imponer tu opinión que más consecuencias negativas te traerá que beneficios.

“No teman…”

“No teman…”

Mateo: 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y

los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su

rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

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Cuando vamos acompañados en la vida, sentimos que vamos seguros, nos sentimos respaldados, audaces, nos envalentonamos porque sabemos a quien tenemos en las espaldas o al lado, hasta nos atrevemos a amenazar así como a hacer berrinches, porque  sabremos que estarán a pesar de mi actitud aquellos que me aman.

Pero en realidad eso no es valentía, ésta llega cuando a pesar de que todo mundo de da la espalda sigues aún adelante, valiente es aquel que se defiende solo y no necesita un grupo de guardaespaldas callejeros que estén de tu parte o tu propia familia. Valiente es aquel que alza la voz para estar en contra de lo que sabe que no está bien, sin conformarse o aborregarse con el resto.

Valiente es quien se arriesga a ser original, sin depender de la aceptación de los demás, es aquel que aunque sus amigos le den la espalda se mantiene en pie. Es el que vale por sí mismo y no por lo que digan los demás, lo que tenga acumulado y lo que presuma sus bienes.

Es el que como Jesús, es el que como Abraham, nos motiva a levantarnos y a no tener miedo ante la adversidad, aunque esta se presente inminente y dolorosa sin certeza en el futuro. Es a seguir, sin caer en medio de este camino cuaresmal o cualquier otro de crecimiento a pesar del resto que no se atreven a salir de su zona de confort.

Por ello en este segundo domingo se cuaresma se nos invita a no claudicar, a no caer, a no ceder ante los que ni siquiera lo intentan. Por ello no teman, hay que levantarnos y continuar ya que la gloria nos espera en su momento.

“Diferentes efectos”

“Diferentes efectos”

Mateo: 13, 1-9

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo: “Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”.

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Cuando estamos en el ámbito del conocimiento y profundización de la Palabra de Dios, de entrada la lectura nos da un primer impacto literal, en donde su sentido se toma tal como fue transmitido el mensaje, que de suyo ya lleva un mensaje fundamental en el que podemos quedar varados si es que no se profundiza aún más.

De suyo, la misma Palabra de Dios, no es estática, esa no es su dinámica, sino que que es viva, actual, alimento y es transformadora. Sin embargo una característica especial es que contiene una capacidad de adaptación a la situación que vive cada persona, que impresiona, ya que aunque sean palabras humanas, Dios utiliza nuestro lenguaje para manifestarse con una expresividad única en donde se revela y se hace presente el mismo Dios.

Es por ello que esa palabra es única, y por ende tiene diferentes efectos en las personas, ya que en todas es muy eficiente la reacción, no importa si se dé de manera negativa o positiva, porque aunque remueva dolor y cause enojo, ya está surgiendo efecto si la persona se resiste a aceptarla, por ello la reacción negativa.

Lo vemos en la misma parábola del sembrador, el efecto no es el mismo para todos los terrenos, y cada quien aprovecha lo que puede, si embargo no permaneces infructuosa y estática, mueve el terreno y lo cambia cuando se le permite.

Un error muy común es esperar que la misma Palabra de el efecto en los demás como lo dio en ti, jamás será igual, cada terreno tiene un proceso, un tiempo y una respuesta en su momento, da diferentes efectos; el que los suscita es el Señor y es quien los acompaña, porque sabe cómo y por donde ir llevando a cada uno.

Por ello, no desesperar, hay que aprovechar lo que nos regala de su conocimiento, y respetar el caminar de los demás, para no entorpecer la misma obra de Dios.