“El Título es lo de menos”

“El Título es lo de menos”

Mateo 23, 27-32

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!»

________________________

Es my gracioso ver que en ciertas oficinas, consultorios y lugares de servicios, se encuentran repletas de diplomas y certificados como trofeos que pretenden hablar de quienes ahí laboran a manera de acreditar y dar seguridad a quienes los solicitan.

No digo que sea algo negativo, es muy bueno siempre y cuando respalde la eficacia de sus servicios, no en cuanto la cantidad, sino en la calidad.

Situación que precisamente Jesús nos invita a considerar en vistas a dar un auténtico servicio sincronizado con la intención que lleva.

A nadie se le puede negar un título, pero éste sale sobrado cuando la actitud y la labor realizada habla por si misma realizada con todo el empeño y la caridad impresa en cada detalle.

Es por ello que las obras hablan por sí mismas, respaldando un título, cualquiera que sea, desde el de estudiante, hasta el mayor título de moda en la actualidad.

Las obras lo dicen todo y el resto se confirma o sale sobrando ante cualquier título.

“Parece injusto…”

“Parece injusto…”

Mateo: 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’.
Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: `¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: `Vayan también ustedes a mi viña’.
Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.
Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’ De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.

___________________________

Resulta muy importante hoy en día la experiencia que cada persona tenga en su propio campo laboral porque todo cotiza, se mide en tiempos y dineros, de tal manera que el cumulo de horas hablan de la dedicación de una persona, aunque en realidad no de su calidad, que si permanece en el tiempo, algo dice de la misma.

En cierta manera deseamos que la recompensa por el cumulo de trabajo en lo espiritual, pareciese que redunde de igual manera en una mejor posición en el cielo, más sin embargo es muy claro el Señor cuando afirma en varias ocasiones que no es la misma manera ni de pensar, ni de vivir en la gloria eterna, su esquema no es como el de los hombres, además de que en realidad se está prometiendo la vida eterna.

El evangelio resalta que para muchos acostumbrados al esquema de este mundo pretenden exigir mayor paga que los que trabajan poco, y ciertamente parece injusto, ya que si todos son merecedores del premio eterno, lo es también en cuestión de dones otorgados porque Dios mismo sabe cuanto le puede pedir a unos y a otros, por lo que es un honor trabajar desde temprano a su lado, sabiendo que se respondió a tiempo.

Si ponemos nuestros esquemas llenos de avaricia mezclada con la soberbia y el orgullo, resulta un cumulo de experiencias para presumir en este mundo, más no para el otro, ya que la caridad, la sencillez y el haber trabajado sin esperar nada a cambio otorga más que lo cotizado en lo financiero. 

¿Qué pierdes?

¿Qué pierdes?

Mateo: 16, 24-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras. Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto primero llegar al Hijo del hombre como rey”.

_______________________

Dentro del mismísimo plan de Dios, está que absolutamente todos sean felices, conozcan y elijan su gloria libre y voluntariamente en ésta vida así como ver la diferencia del mal y del bien. El deseo de mantenerte cerca y en su amor es de Dios, pero la decisión de seguirlo es respetuosamente tuya. 

Hoy el mundo ofrece toda una gama de satisfacciones para vivir sin Dios y suplirlo ficticiamente con felicidades temporales y pasajeras. Claro nos hacen tener el vicio cautivamente a lo material, por lo que no queremos que termine esta vida, de tal manera que la eterna sale sobrando.

Pareciese que no pierdes nada, ahora pagando todo está asegurado y garantizado, pero me gustaría hacer notar algunas cosas que en el camino y muy discretamente se van perdiendo.

Lo primero que se pierde es la privacidad, ya dejas de ser tú como persona para ser un objeto con el que pueden negociar y lucrar. Por ende se pierde la dignidad, porque hasta el alma te la ofrecen en compra remunerada. La felicidad se convierte en algo que se compra y si no tienes dinero te hacen creer que eres infeliz. 

Pierdes la paz, todo te duele y te afecta reaccionando intolerantemente a la frustración, ya que un simple no, te trauma. Pierdes la fortaleza espiritual y todo lo que llegue adversamente te derrumbará.

Pierdes la belleza integral, porque por fuera en apariencia te podrás ver estéticamente muy bien, pero horrible por dentro, que se nota en lo que hablas, el trato a los demás y lo que publicas, es decir eres tu propio enemigo interno.

Pierdes mucho más cosas, pero ganas todo si permites a Cristo guiar tu vida y acrecentarla con todo lo anterior pero respaldado por la verdad y la santidad. No busques perder, sino ganar y con Él lo es posible todo.

“Necesidad de oración”

“Necesidad de oración”

Lucas: 11, 1-13

Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”.
Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan: ‘Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación’ “.
También les dijo: “Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo que viene a medianoche a decirle: ‘Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle’. Pero él le responde desde dentro: ‘No me molestes. No puedo levantarme a dártelos, porque la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados’. Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su molesta insistencia, sí se levantará y le dará cuanto necesite.
Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra, y al que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún padre que, cuando su hijo le pida pescado, le dé una víbora? ¿O cuando le pida huevo, le dé un alacrán? Pues, si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?”

_______________________

El hecho de orar y saber orar no es nada nuevo, ya desde las eras previas a la propia cultura organizada se encuentran vestigios, incluso dentro de los tiempos prehistóricos, como las pinturas rupestres que expresan sentimientos de culto y oración, así como personas que los propiciaban y dirigían independientemente de la creencia en la que intentando buscar y encontrarse con la divinidad profesaban.

Naturalmente tenemos el instinto de buscar a un ser superior, mismo que en los tiempos actuales y ya en antaño de igual manera se pretendía suplir con otros satisfactores que en realidad no cubren la necesidad, por lo que se sigue buscando, sin conocer o no querer conocer a quién puede hacerlo.

El camino de iniciación para el encuentro con Dios está contenido precisamente en la disposición de aceptar al Señor Jesús, abrir nuestro corazón y alimentarlo con los sacramentos y la oración. Posteriormente los pasos se repiten, pero se intensifica el grado de relación y de confianza precisamente por la oración. 

Ésta no consiste tan sólo en repetir oraciones comunes, cuando éstas, como el padre nuestro, aunque siendo perfectas, nos sirven como guías para obtener un mayor grado de diálogo posterior, donde después de recitarlas oramos de manera propia y personal, que es a donde debemos llegar.

Por ello remarco que la oración es una necesidad, porque sin ella quedamos incomunicados con Dios y con el mundo, a lo mejor no mudos, pero hablando de nada que realmente edifique y construya el Reino, así como la dignidad propia y de las demás personas.

“Recompensas”

“Recompensas”

Mateo: 10, 34-11,1

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “No piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada uno serán los de su propia familia.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que salve su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.
El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”. Cuando acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, Jesús partió de ahí para enseñar y predicar en otras ciudades.

________________________

Tan habituados estamos a vivir en este mundo, tan impuestos a comerciar y lucrar todo con valores monetarios, que cuando hablamos de recompensas pensamos en cuánto vamos a ganar, porque otro esquema no conocemos.

Tenemos toda una gama tan extensa y basta de realidades que permanecen y quedan en el tiempo, sobre todo aquello que no es material y que impregna nuestra alma, como lo son las obras que realizamos, que sin tener conciencia de ello conllevan consecuencias y por supuesto otorgan recompensas.

Pero esas recompensas no son virtuales, ni se nos dan hasta que llegamos a la gloria eterna, tienen su efecto en el aquí y el ahora, y son parte de la misma gloria de Dios. Más no las procuramos, no las vemos y no las esperamos, ya que no son canjeables por lo que deseamos en lo material.

Olvidamos que las recompensas espirituales en su momento, derivan en lo material para seguirlas acrecentando y promoviendo, como lo es la caridad, el amor, el servicio, la hospitalidad y todas las actitudes que dicen bien de nosotros desinteresadamente hacia el prójimo.

Pero si no van a ser para un mayor bien no llegan, si es un interés egotista no llegan, si no son para dar gloria a Dios aún en cosas materiales, no llegan. Pero sí llegan cuando lo haces nativa e instintivamente desde tu propio ser y caridad. Sin que te lo pidan, sin obligación ni compromiso, sin esperarlas llegan esas recompensas, porque Dios no se queda con nada sin efecto. Haz tus obras con la mayor naturalidad del mundo y la recompensa en su momento llegará, pero sobre todo esas que dedicas a los demás.

“Seguirlo”

“Seguirlo”

Lucas: 9, 51-62

Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?” Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió. Después se fueron a otra aldea.
Mientras iban de camino, alguien le dijo a Jesús: “Te seguiré a dondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.
A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”.
Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

_____________________________

Ante los miedos al compromiso que implica una sana relación humana, se dan cada vez con  más frecuencia, ya que el mundo de hoy vive despersonalizado, aparentando tras una pantalla o un celular ser quien no se es, aunque también existen los que se presentan valientemente tal cual son.

Las relaciones humanas han venido a menos, existe más comunicación, pero menos trato directo, por lo que si somos temerosos de poder entablar una real relación con otra personas, ya que implica responder a una amistad, que siempre ha sido lo más ordinario, pero que ahora no se da tan fácilmente, implica el estar presente, el amar, el responder a las peticiones entre ambas personas. Pero todo eso da pavor y no se sigue ni a nada, ni a nadie.

Resulta en todo un reto seguir a Jesús, aunque lo encontremos en todos los medios como un anuncio de la buena nueva, solemos descartarlo ya que lo superfluo está a pedir de boca y resulta en una común alienación de la que da miedo salir y pensar diferente. Por eso la mayoría opina lo que opinan los demás, así no se comprometen. 

Olvidamos que seguir al Señor no es cambiar tu vida por un traje religioso, es dar testimonio en el mundo con valentía siendo tú mismo, tan sólo descartando aquello que te impide vivir una felicidad plena y llena de armonía y amor, eso mismo que Dios ha planeado que tengamos desde toda la eternidad, pero que renunciamos por el pecado al que fácilmente nos imponemos.

Es de héroes poderle decir al Señor: “Te seguiré a dondequiera que vayas”, que de igual manera se podría decir: “Te llevaré a dondequiera que yo vaya”, y sin cambiar para nada el entorno común, ni las amistades, porque a ellos mismos puedes darles testimonio sin exagerar del amor y de una vida digna sin el pecado por medio.

El Reino se construye desde dentro, y no desde fuera, inicia por ti y el resto se te facilitará porque ya la llevarás de ganar, el primer paso es seguirlo, el segundo es seguir.

“La paz que no se compra”

“La paz que no se compra”

Juan: 14, 27-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: `Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.
Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado”.

______________________

Hoy el mundo nos ofrece miles de productos para obtener la paz, unos son tomados, otros ungidos, otros medicados para anestesiar la mente, a la vez que se nos sugieren pagar tratamientos anti stress, de relajación, masajes, spas, viajes, o comprarte algo que sientas que te mereces como un premio a ti y que ciertamente tiene que ser caro para amortizar la conciencia de obtener algo que tenga valor y reconocimiento de los demás.

Sin embargo, absolutamente nada de eso otorga esa paz que surge del interior e inunda toda nuestra existencia, paz que ciertamente es un don, que como tal es gratuito, pero como tal, se pide, sobre todo en oración.

Esa es la paz que el Señor Jesús viene a traernos, y que nadie más da, así dures tres días en un centro de relajación, porque tan sólo te quitan lo tenso, pero la paz no te la dan, esa paz llega cuando uno confía, cuando uno se derrota sabiendo que nuestra frágil humanidad es limitada y que no lo puede todo, es entonces cuando se le permite al Señor tomar parte de tu vida, no para robarla y manipularte, sino para complementarla y llevarla a su máxima expresión haciéndonos uno en el amor con el creador.

Por ello no te dejes engañar, aprovecha todos los métodos pro relajación, pero no olvides que quien te da la total serenidad es el Señor.

“Miedo a fallar”

“Miedo a fallar”

Mateo 26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: ¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselos. El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: `El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de Él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.

___________________________

Mientras una persona se va esmerando por avanzar e ir creciendo en todos los aspectos de su vida, surge una constante de aprovechar lo que se nos brinda en el camino de capacitación o formación, ya que sabemos lo que en el futuro nos servirá, entonces nace un propio sentido de responsabilidad así como de orgullo por las metas alcanzadas.

Precisamente es en este punto cuando surge ese miedo a fallar, a hacer las cosas mal, porque bien sabemos que nos afecta, e incluso pedimos que nos digan si algo que realizamos no está bien hecho para corregirnos.

Pero la dimensión del miedo cambia cuando nuestra responsabilidad no recae tan sólo actividades o procesos, sino cuando se encuentran personas a nuestro cargo,  porque no se trata tan sólo de objetos, sino de otro ser a la par en dignidad que uno mismo. Más aún cuando se nos ha conferido en confianza la corresponsabilidad de alguien muy importante que carga sobre sí no tan sólo un muy buen cargo o postura, sino lo que a su alrededor  le conlleva estar ahí.

Es por ello que los discípulos de Jesús, y en concreto sus apóstoles, que están muy cercanos a Jesús, y en los que ha depositado de una manera especial toda su confianza, temen fallarle, porque ahora son conscientes y han sido testigos de los prodigios que ha hecho, por lo que el vínculo que los une es mayor y de gran responsabilidad.

Es por ello que cuando no se le conoce a Dios, no se le teme el fallarle, pero conociendo la magnitud de su amor personal hacia ti, nos obliga de manera natural y nada forzada a amarle, y por ende, hay un mayor temor a ofenderle, por ello en esta escala de amor, es natural y muy propio el miedo a fallar.

Es muy común que a quien no le importa fallar, es porque no conoce a quien le falla ni es consciente del daño que infringe, porque de igual manera no sabe amar. 

“Domingo de Ramos”

“Domingo de Ramos”

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

SEGÚN SAN LUCAS 22, 14-23, 56

He deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer

Llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios”. Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios”.
Hagan esto en memoria mía
Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”.
¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado!
“Pero miren: la mano del que me va a entregar está conmigo en la mesa. Porque el Hijo del hombre va a morir, según lo decretado; pero ¡ay de aquel hombre por quien será entregado!” Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que lo iba a traicionar.
Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve
Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de ellos debería ser considerado como el más importante. Jesús les dijo: “Los reyes de los paganos los dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Pero ustedes no hagan eso, sino todo lo contrario: que el mayor entre ustedes actúe como si fuera el menor, y el que gobierna, como si fuera un servidor. Porque, ¿quién vale más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Ustedes han perseverado conmigo en mis pruebas, y yo les voy a dar el Reino, como mi Padre me lo dio a mí, para que coman y beban a mi mesa en el Reino, y se siente cada uno en un trono, para juzgar a las doce tribus de Israel”.
Tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos
Luego añadió: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”. Él le contestó: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte”. Jesús le replicó: “Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces”.
Conviene que se cumpla en mí lo que está escrito
Después les dijo a todos ellos: “Cuando los envié sin provisiones, sin dinero ni sandalias, ¿acaso les faltó algo?” Ellos contestaron: “Nada”. Él añadió: “Ahora, en cambio, el que tenga dinero o provisiones, que los tome; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Les aseguro que conviene que se cumpla esto que está escrito de mí: Fue contado entre los malhechores, porque se acerca el cumplimiento de todo lo que se refiere a mí”. Ellos le dijeron: “Señor, aquí hay dos espadas”. Él les contestó: “¡Basta ya!”
Lleno de tristeza, se puso a orar de rodillas
Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos y lo acompañaron los discípulos. Al llegar a ese sitio, les dijo: “Oren, para no caer en la tentación”. Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga prueba; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Se le apareció entonces un ángel para confortarlo; él, en su angustia mortal, oraba con mayor insistencia, y comenzó a sudar gruesas gotas de sangre, que caían hasta el suelo. Por fin terminó su oración, se levantó, fue hacia sus discípulos y los encontró dormidos por la pena. Entonces les dijo: “¿Por qué están dormidos? Levántense y oren para no caer en la tentación”.
Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?
Todavía estaba hablando, cuando llegó una turba encabezada por Judas, uno de los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?”
Al darse cuenta de lo que iba a suceder, los que estaban con él dijeron: “Señor, ¿los atacamos con la espada?” Y uno de ellos hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino, diciendo: “¡Dejen! ¡Basta!” Le tocó la oreja y lo curó.
Después Jesús dijo a los sumos sacerdotes, a los encargados del templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: “Han venido a aprehenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido. Todos los días he estado con ustedes en el templo y no me echaron mano. Pero ésta es su hora y la del poder de las tinieblas”.
Pedro salió de ahí y se soltó a llorar
Ellos lo arrestaron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote. Pedro los seguía desde lejos. Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó también con ellos. Al verlo sentado junto a la lumbre, una criada se le quedó mirando y dijo: “Este también estaba con él”. Pero él lo negó diciendo: “No lo conozco, mujer”. Poco después lo vio otro y le dijo: “Tú también eres uno de ellos”. Pedro replicó: “¡Hombre, no lo soy!” Y como después de una hora, otro insistió: “Sin duda que éste también estaba con él, porque es galileo”.
Pedro contestó: “¡Hombre, no sé de qué hablas!” Todavía estaba hablando, cuando cantó un gallo.
El Señor, volviéndose, miró a Pedro. Pedro se acordó entonces de las palabras que el Señor le había dicho: `Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces’, y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente.
Adivina quién te ha pegado
Los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él, le daban golpes, le tapaban la cara y le preguntaban: “¿divina quién te ha pegado?” Y proferían contra él muchos insultos.
Lo hicieron comparecer ante el sanedrín
Al amanecer se reunió el consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y los escribas. Hicieron comparecer a Jesús ante el sanedrín y le dijeron: “Si tú eres el Mesías, dínoslo”. Él les contestó: “Si se lo digo, no lo van a creer, y si les pregunto, no me van a responder. Pero ya desde ahora, el Hijo del hombre está sentado a la derecha de Dios todopoderoso”. Dijeron todos: “Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?” Él les contestó: “Ustedes mismos lo han dicho: sí lo soy”. Entonces ellos dijeron: “¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca”. El consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
Entonces comenzaron a acusarlo, diciendo: “Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que él es el Mesías rey”.
Pilato preguntó a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Él le contestó: “Tú lo has dicho”. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: “No encuentro ninguna culpa en este hombre”. Ellos insistían con más fuerza, diciendo: “Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí”. Al oír esto, Pilato preguntó si era galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente por aquellos días.
Herodes, con su escolta, lo despreció
Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero él no le contestó ni una palabra.
Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos.
Pilato les entregó a Jesús
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo: “Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en él ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”.
Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo: “¡Quita a ése! ¡Suéltanos a Barrabás!” A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en libertad a Jesús; pero ellos seguían gritando: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Él les dijo por tercera vez: “¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”. Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificaran. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Hijas de Jerusalén, no lloren por mí
Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: `¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!’ Entonces dirán a los montes: ‘Desplómense sobre nosotros’, y a las colinas: Sepúltennos’, porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?”
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con él. Cuando llegaron al lugar llamado “la Calavera”, lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía desde la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes. Éste es el rey de los judíos
El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”. También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Éste es el rey de los judíos”.
Hoy estarás conmigo en el paraíso
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu
Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” Y dicho esto, expiró.
Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.
El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios, diciendo: “Verdaderamente este hombre era justo”. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, mirando lo que ocurría, se volvió a su casa dándose golpes de pecho. Los conocidos de Jesús se mantenían a distancia, lo mismo que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, y permanecían mirando todo aquello.
José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro
Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y justo, que no había estado de acuerdo con la decisión de los judíos ni con sus actos, que era natural de Arimatea, ciudad de Judea, y que aguardaba el Reino de Dios, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Pascua y ya iba a empezar el sábado. Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea acompañaron a José para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Al regresar a su casa, prepararon perfumes y ungüentos, y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.

_________________________________

Éste día se dedica a la meditación personal de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, se invita a reflexionar en el momento o pasaje que más nos haya impactado o llamado la atención.

“Tradiciones cerradas”

“Tradiciones cerradas”

Juan: 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: “Este es verdaderamente el profeta”. Otros afirmaban: “Éste es el Mesías”. Otros, en cambio, decían: “¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?” Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.


Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: “¿Por qué no lo han traído?” Ellos respondieron: “Nadie ha hablado nunca como ese hombre”. Los fariseos les replicaron: “¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita”.


Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: “¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?” Ellos le replicaron: “¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta”. Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.

_____________________________

Los cambios que en nuestra cultura van dando, marcan pautas muy bien delimitadas y hasta en ocasiones radicales a las anteriores, sobre todo al día de hoy, de una manera muy acelerada. Ante esta realidad algunas tradiciones que se basan en la forma de vida y hábitos suelen modificarse y abrirse a un nuevo esquema de pensamiento, porque resulta absurdo seguir viviendo anacrónicamente.

Además ante tanto cambio a algunas personas les resulta bastante difícil modificar su esquema de vida y de igual manera sus creencias a las que se aferran, sobre todo cuando en realidad no conocen la profundidad de la Palabra de Dios, que como palabra viva es activa y eficaz va dando pautas a un crecimiento progresivo, y en la misma teología que se nos va revelando cada vez en una mejor comprensión.

Por ello al mismo Jesús lo juzgan, porque aunque diciéndose doctos en las escrituras, es claro que no la han comprendido plenamente, sobre todo porque los criterios humanos y legales con los que vivían, los hacían cerrarse en sus nacionalismos racistas y exigentes de manera hasta caprichosa.

Aquí es donde las tradiciones cerradas nublan la realidad y se desfazan; situación que aunque no sea en el aspecto religioso puede afectarnos si no vivimos actualizados y bien informados de manera certera en la realidad. La fe nos ayuda a tener en claro junto con la sabiduría e inteligencia la mejor opción ante lo nuevo y no caer en lo falso que no conocemos, porque tendremos como referencia la verdad.