“Mis obras, Tus Obras Señor”

“Mis obras, Tus Obras Señor”

Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: –Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

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Dios en su infinita misericordia nos brinda día a día todo aquello que necesitamos, pero además nos proporciona de igual manera generosamente aquello que desea compartamos, podríamos pensar que se trata de dinero y bienes materiales, sí, también de los da, pero hay una obra mucho mayor que no afecta a nuestras avaricias y egoísmos, y esa es la acción de motivar, activar, entusiasmar a aquellos que viven apagados y que su fe ha quedado relegada a eventos sociales, más sociales que eventos.

Pero si nosotros somos los que estamos desmotivados, presos de nuestro confort en casa y situaciones actuales, olvidamos aquello que se nos compartió y que quieras o no, gritará en los más profundo de tu conciencia si no es canalizado para lo que te fue dado.

Olvidamos que incluso las obras que hacemos para nosotros mismos, de suyo son las mismas obras de Dios, porque participamos de su gracia, de su vida, de su Santo Espíritu, no es porque tu lo hagas de manera totalmente autónoma e independiente, sino porque estás ligado a una red tanto humana como divina para realizarlas.

Por ello cuando Jesús llama a los Doce, primeramente los envía de dos en dos, por apoyo físico y moral, además de sostenerse mutuamente en la fe depositada, aquella que es la que hará las obras porque vienen de Dios.

Es poder no es de ellos, no hacen milagros por autonomía, sino en base a aquel que les da la vida misma y la sostiene, por lo que tus obras, sean cual sean excepto las negativas, son de Dios, al beneficiarte beneficia a los demás porque todo está en su plan, y todo es para glorificar a Dios. Por ello te invito a decir: “Mis obras, sonTus Obras Señor”, y si no podemos hacerlo, entonces ¿sabrá de quien serán las obras y si estarán bien hechas?.

“Enviados con una finalidad”

“Enviados con una finalidad”

Lucas: 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.


Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.


Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes.

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El llamado, preparación, testimonio y seguimiento de Jesús, no son para ver si algo tomamos como una opción, porque no lo es. A todos aquellos que invitó a estar cerca de Él, precisamente los prepara para hacer extensiva su misión de preparar a toda la humanidad para implementar el Reino de Dios sobre nuestras vidas, no importa la circunstancia que vivamos.

No los envía para ver que hacen, que encuentran, que pueden aprender, o a que decidan por su propia voluntad para dar solución a problemas de los que pudiesen enterarse de ellos, porque de otra manera empaparán la solución con sus propias limitaciones, sino que van con la finalidad de llevar el anuncio de la Buena Nueva y a Jesús mismo.

Situación que hasta el momento no ha cambiado, por lo que a su vez nos invita a no perder el rumbo, porque el mensaje es claro: la gracia está por ser restaurada y la muerte pierde fuerza, el mal está condenado y el Espíritu Santo nos llenará de sus dones a quienes deseen recibirlo. 

Es por ello que cuando en el camino nos encontramos con ambientes que nos distraen o invitan incluso a claudicar, por muy agradable que sea lo que nos ofrecen, el mismo Jesús nos invita a rechazarlo, no a las personas, sí al mal y al pecado, de tal manera que ni el polvo se nos pegue a los pies, para no llevarnos fragmentos que remarquen estar sucios y nos quiten la paz.

El resultado es tal que hasta se alegran de que los mismos demonios se les sometan en el nombre de Jesús, pero si somos nosotros los que nos predicamos, entonces el mismo demonio utilizará tu debilidad y carencias para que el mal siga y no sea extirpado. La finalidad es clara, y cuando ésta no se cumple, el envío fracasa y Jesús, su salvación y gracia no llega a los demás.

“Desamparados”

“Desamparados”

Mateo: 9, 32-38

En aquel tiempo, llevaron ante Jesús a un hombre mudo, que estaba poseído por el demonio. Jesús expulsó al demonio y el mudo habló. La multitud, maravillada, decía: “Nunca se había visto nada semejante en Israel”. Pero los fariseos decían: “Expulsa a los demonios por autoridad del príncipe de los demonios”.
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

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Mientras vamos por la vida, como una reacción natural buscamos sentirnos seguros, aceptados, amparados, protegidos, entre otras necesidades que suplen nuestra autoestima y superación personal. 

Sin embargo nos encontramos en un mundo oportunista que sabiendo nuestras necesidades, las acentúa para posteriormente lucrar con ellas, haciéndote sentir una falsa seguridad y una falsa aceptación según los cánones que te presenta, de una manera económica para amarrarnos en los negocios y depender de sus productos, ya sean de belleza, de modas, de autos, casas, o en la apariencia física externa. Para todas esas carencias te proponen una solución a muy buen precio.

Sin embargo la realidad nos dice a toda costa que las personas aún pagando todo eso, se siguen sintiendo insatisfechas e inseguras, y es que en realidad seguimos desamparados porque no se está supliendo la principal seguridad que es la que sostiene el alma y no tan sólo lo físico, seguimos extenuados en la búsqueda cuando la solución está más cercana de lo que pensamos.

Para lo físico, comiendo sano y haciendo un buen ejercicio moderado basta para que el mismo cuerpo responda generosamente con salud y a su vez con belleza; pero si no alimentamos el alma, seguiremos mirándonos tristes y desamparados, como el mismo Jesús lo dice, “como ovejas sin pastor”, lo malo es que nos encanta ira así por la vida, ya que el premio de consolación es que hay miles igual que nosotros de desamparados y  que siguen alimentando el desamparo.

Tan bella que es la vida cuando la podemos vivir en todo su potencial, ya que Dios nos otorga los dones necesarios para ello, pero hay que pedirlos, y si el orgullo domina, resulta imposible pedir y dar gracias. 

Hay que salir del desamparo, tener un Guía, y ese es el Señor, para caminar seguros y felices, sin la incertidumbre de la inconsciencia al caminar, que nos hace caer y no levantarnos.

“Enviados con una finalidad”

“Enviados con una finalidad”

Lucas: 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.
Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”. Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

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El llamado, preparación, testimonio y seguimiento de Jesús, no son para ver si algo tomamos como una opción, porque no lo es. A todos aquellos que invitó a estar cerca de Él, precisamente los prepara para hacer extensiva su misión de preparar a toda la humanidad para implementar el Reino de Dios sobre nuestras vidas, no importa la circunstancia que vivamos.

No los envía para ver que hacen, que encuentran, que pueden aprender, o a que decidan por su propia voluntad para dar solución a problemas de los que pudiesen enterarse de ellos, porque de otra manera empaparán la solución con sus propias limitaciones, sino que van con la finalidad de llevar el anuncio de la Buena Nueva y a Jesús mismo.

Situación que hasta el momento no ha cambiado, por lo que a su vez nos invita a no perder el rumbo, porque el mensaje es claro: la gracia está por ser restaurada y la muerte pierde fuerza, el mal está condenado y el Espíritu Santo nos llenará de sus dones a quienes deseen recibirlo. 

Es por ello que cuando en el camino nos encontramos con ambientes que nos distraen o invitan incluso a claudicar, por muy agradable que sea lo que nos ofrecen, el mismo Jesús nos invita a rechazarlo, no a las personas, sí al mal y al pecado, de tal manera que ni el polvo se nos pegue a los pies, para no llevarnos fragmentos que remarquen estar sucios y nos quiten la paz.

El resultado es tal que hasta se alegran de que los mismos demonios se les sometan en el nombre de Jesús, pero si somos nosotros los que nos predicamos, entonces el mismo demonio utilizará tu debilidad y carencias para que el mal siga y no sea extirpado. La finalidad es clara, y cuando ésta no se cumple, el envío fracasa y Jesús, su salvación y gracia no llega a los demás.

“Un amor confirmado”

“Un amor confirmado”

Juan: 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.

Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”. Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Tan pronto como saltaron a tierra vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”.

Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Quién eres?, porque ya sabían que era el Señor.

Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.

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Los cuarenta días posteriores a la resurrección se enmarcan en un ámbito de recuperación de la fe y manejo de las impresiones dolorosas que le siguieron a la crisis de la crucifixión, que por cierto no son nada fáciles, sobre todo en el contexto de injusticia sobre el que se desarrollaron.

Sin embargo todo eso era necesario, porque el tamaño del pecado del ser humano manifiesta su esencia y podredumbre cuando éste se expone, sobre todo se revelan todas las  bajezas y situaciones que maneja en su hábitat natural. Pecado que es enfrentado y que aunque sea lo más nefasto y de lo peor que podemos encontrar. Aquí Jesús es el único capaz de lidiar y enfrentarlo para sanarlo de raíz en la historia de la humanidad.

Y lo que fue un éxito aparente para el mal al matar a Jesús, resultó en una victoria en el plan de la salvación con su resurrección, porque la muerte fue tomada en cuenta y restaurada, por lo que era necesario que el mal se diera a conocer en todo su esplendor y así de igual manera y de un tamaño mayor sería la misericordia y donación del mismo Hijo de Dios para eliminarlo. Ante un pecado grande, un gran redentor.

Dicha gracia no puede ser encomendada en responsabilidad a cualquiera, se requiere un corazón que de igual manera sepa responder al tamaño del amor que se le confía, por ello Pedro es interrogado no como quien resulta en un buen cuate de compañía, para dejarle una empresa, sino como un gran corazón confiable el cual es interrogado y confirmado en el amor tres veces, porque una no basta.

Al igual a nosotros nos serán encomendadas responsabilidades, pero el tamaño de éstas serán acorde a la capacidad de tu corazón, sobre todo en el amarlas y llevarlas a buen término, para que no envidiemos a los que tienen grandes encomiendas y de las cuales también por consecuencia se benefician de ello, porque dependerá del trabajo con que tu corazón esté dispuesto a donarse y no sólo a recibir. Para ello se necesita un corazón confirmado en el amor.

“Y comenzó a enviarlos de dos en dos…”

“Y comenzó a enviarlos de dos en dos…”

Mc 6, 7-13

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

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Tenemos que hacer una distinción en la manera de respuestas que le damos al Señor, no es lo mismo ser llamado que ser enviado, cuando hablamos del llamado, hablamos de una respuesta muy personal e individual de la cual nadie va a responder por ti; de igual manera nadie puede obligarte a hacer algo que no deseas, porque a fuerzas nada.

Ese llamado concretamente a ser discípulo de Jesús es libre y voluntario, implica una invitación que se puede dar de mil maneras concretas, a su vez requiere una respuesta que implica tu corazón, tu mente y tu ser, nada nuevo en ti, excepto la extirpación del pecado.

Ese llamado es particular porque te implica a ti solamente, pero eso no significa que la relación con Dios será exclusiva, es muy cierto que es un Dios personal pero no es íntimamente particular, la relación no es Dios-Yo; Yo-Dios, sí es Dios-Yo; Nosotros-Dios. La actitud debe ser generosamente comunitaria.

Al hablar del discípulado, precisamente estamos hablando de la respuesta hecha obras que nunca es individual, por eso los envía de dos en dos, porque la salvación es comunitaria; la caridad, la bondad, el amor y todas las obras de misericordia que complementan nuestra vida de gracia se hacen al otro, al prójimo, al hermano, no se hacen a uno mismo, así no es válido.

El hermano es el que te lleva de la mano a la salvación, con todos sus pros y contras, porque si caminas sólo te pierdes, además harás extraordinariamente sus obras porque serás instrumento de su gracia. Por ello no te olvides que vamos juntos, lo que hagas por tu hermano y con tu hermano irá marcado hasta la vida eterna, lo que no, de igual manera.

“Enviados con una finalidad”

“Enviados con una finalidad”

Lucas: 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Cuando entren en una casa digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.
Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”. Los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les contestó: “Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les someten. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

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El llamado, preparación, testimonio y seguimiento de Jesús, no son para ver si algo tomamos como una opción, porque no lo es. A todos aquellos que invitó a estar cerca de Él, precisamente los prepara para hacer extensiva su misión de preparar a toda la humanidad para implementar el Reino de Dios sobre nuestras vidas, no importa la circunstancia que vivamos.

No los envía para ver que hacen, que encuentran, que pueden aprender, o a que decidan por su propia voluntad para dar solución a problemas de los que pudiesen enterarse de ellos, porque de otra manera empaparán la solución con sus propias limitaciones, sino que van con la finalidad de llevar el anuncio de la Buena Nueva y a Jesús mismo.

Situación que hasta el momento no ha cambiado, por lo que a su vez nos invita a no perder el rumbo, porque el mensaje es claro: la gracia está por ser restaurada y la muerte pierde fuerza, el mal está condenado y el Espíritu Santo nos llenará de sus dones a quienes deseen recibirlo.

Es por ello que cuando en el camino nos encontramos con ambientes que nos distraen o invitan incluso a claudicar, por muy agradable que sea lo que nos ofrecen, el mismo Jesús nos invita a rechazarlo, no a las personas, sí al mal y al pecado, de tal manera que ni el polvo se nos pegue a los pies, para no llevarnos fragmentos que remarquen estar sucios y nos quiten la paz.

El resultado es tal que hasta se alegran de que los mismos demonios se les sometan en el nombre de Jesús, pero si somos nosotros los que nos predicamos, entonces el mismo demonio utilizará tu debilidad y carencias para que el mal siga y no sea extirpado. La finalidad es clara, y cuando ésta no se cumple, el envío fracasa y Jesús, su salvación y gracia no llega a los demás.

"Parece que vamos solos"

“Parece que vamos solos”

Mateo 14, 22-36

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: —¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!
Pedro le contestó: —Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.
El le dijo: —Ven.
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: —Señor, sálvame.
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: —¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: —Realmente eres Hijo de Dios.
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados.

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Cuando Jesús envía a sus discípulos a que se adelanten al siguiente destino, pareciese que sin Él les pasan cosas negativas con mayor frecuencia, como si estuvieran desamparados porque el viento les era contrario y las olas sacudían la barca.

En realidad con ó sin Jesús las adversidades llegan porque no es magia protectora la que brinda, como si fuera un amuleto de buena suerte, esas cosas adversas no se pueden evitar, pero de lo que sí debemos de ser conscientes es de su presencia y compañía todo el tiempo entre nosotros, porque los miedos hacen perder el rumbo y visualizarnos solos.

Pero eso no deja de ser tan sólo un sentir porque en la realidad se demuestra a Jesús al pendiente de todo, sí, parece que vamos solos, sin embargo basta dedicar un momento personal de oración para redescubrirlo tan cercano como siempre. A veces nos asusta, pero es porque nuestra propia percepción está alterada y distorsionamos en nuestros miedos su presencia.

Es por ello que jamás estarás solo, aún cuando tu seas quien se separe, Él jamás desistirá de cuidarte, aunque el daño que te hagas a voluntad lo respeta, porque es tu decisión, le dolerá verlo, pero nunca estarás solo.

“Fueron de aldea en aldea”

“Fueron de aldea en aldea”
Lucas 9, 1-6
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: —No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.
Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.
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Un sello característico de la actividad evangelizadora, es la dinamicidad en la transmisión de la Palabra de Dios, no es depositada en algún lugar para darla a conocer, ni en libros o en pergaminos que era lo que se usaba en su tiempo, es confiada de una manera extraordinaria, porque de suyo es depositada en las manos humanas, en seres vivos y concretos quienes serán los que la compartirán de una manera viva.
Es un hecho que la mejor evangelización es la personalizada, aquella que se comparte de una manera directa, cara a cara, ser humano a ser humano, corazón a corazón, es mucho más convincente, porque es proclamada por alguien que en su vida ya la ha experimentado.
No estoy negando con esto que los demás medios sean ineficaces, de suyo lo son en su esquema, pero nada como el trato directo y cálidamente humano, Hoy tenemos mil medios en los cuales podemos hacer contacto con cientos o millones de otras personas, pero no es recíproco, es en una sola vía.
Por ello Jesús remarca la importancia de la comunicación directa y, sobre todo del testimonio de vida, es por eso que pide no ir asegurados en sus propios bienes materiales, sino en una confianza absoluta en Dios, quien será el que en realidad haga la obra, por eso necesita instrumentos vivos y eficaces como lo es la Palabra de Dios, la Buena Nueva, que siempre lleva vida a los que han perdido el sentido de la misma.
Antes lo hacía de aldea en aldea, hoy es lo mismo, porque las palabras de suyo dicen mucho, pero el ejemplo de vida arrasa sobre todos ellos, es la palabra misma hecha vida concreta y testimonial. Por éste medio se facilita la transmisión, pero no se asegura la recepción, porque es indirecto e imparcial, se necesita la presencia que es la que habla de un verdadero amor concreto que podemos dar tanto tu como yo.

Si podemos hagámoslo, no de aldea en aldea si tus obligaciones primordiales no lo facilitan, pero ahí donde estás, puedes dar esa Buena Nueva con tu testimonio y con tu propia vida.

“Precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas…”

“Precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas…”
Mateo 10, 16-23
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas. Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos yante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes. El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padrea su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro que no alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel, antes de que venga el Hijo del hombre”.
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No tiene nada de malo el tener total confianza en el género humano, esa misma confianza habla de la nobleza del corazón de una persona, capaz de confiar y creer en los demás. Más sin embargo, no cabe de más este consejo que el mismo Jesús nos da, sean precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas.
La situación que embarga este tema no se refiere concretamente en el fiador, sino aquellos en quienes se le confía dicha confianza, por lo general, aún la misma gracia de Dios hay que saber en quien la depositamos, porque pueden profanarla y no darle el debido respeto, sobre todo para aquellos vivaces que creyéndose muy listos, abusan de la bondad de las personas, aquellas quienes no tienen ninguna dificultad en realmente hacer una generosidad.
Por ello no hay que quedarnos en un solo aspecto, si sólo afirmamos y promovemos el ser precavidos como las serpientes, entonces siempre estaremos a la defensiva, actitud que desdice el buen trato y promueve las malas lenguas, de ahí nacerá la desconfianza para con todos y el trato alejado y frío.
Por el contrario si pretendemos siempre ser sencillos como las palomas, cualquier lobo rapaz dondequiera que estés te atacará y abusará de tus muy buenas obras e intenciones, eso es riesgoso porque pueden atentar contra tu confianza hasta perder la buena compostura y dejar de hacer esas obras que podemos realizar sin dificultad. Esos matan hasta la esperanza y las ganas de hacer el bien.
No hay como en medio de la caridad y la sabiduría de Dios el saber emplear ambas características mesuradamente para detectar abusos en un campo o en el otro y poderlos canalizar en su momento a un bien mayor.
Dios no se equivoca, no hay que dejar de hacer sus obras, el señor confía en los dones depositados sobre nosotros, pero también nosotros debemos de confiar a su vez en ellos y aplicarlos siempre en su nombre y en su gracia.
Por ello el consejo sigue siendo hoy en día siempre válido: “ser precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas”.